Página/12 - 14 de noviembre de 1998
El auto de Lewis se detiene en el Hollywood Bvrd. --por donde se pasea Vivian en busca de clientes-- y ah� se atasca. Kit, la amiga de Vivian (deliciosa Laura San Giacomo), le dice que no se pierda la oportunidad y aborde al sin duda millonario poseedor de semejante auto. Vivian, contone�ndose, se acerca hacia Lewis y, en menos de un minuto, es ella la que est� manejando el auto y llevando a Lewis al Beverly Hills Hotel. Lewis la lleva a su habitaci�n. Lo que sigue es el resto de la peli y no es nuestro tema. Quiero decir, de todos los temas de la peli (Lewis-Pigmalion y Vivian-Cenicienta o la Cindifuckingrella, como dice Kit) s�lo vamos a detenernos en uno: la notable intervenci�n de Vivian en los negocios de Lewis. Estamos en esto: Lewis es obscenamente millonario, Vivian es una prostituta que derrocha encanto. Lewis la contrata por una semana y --no pod�a ocurrir de otro modo-- hacen el amor y se preguntan cosas uno al otro. As�, Vivian le pregunta qu� tipo de negocios hace. O sea, de qu� se ocupa. Lewis dice me ocupo de ganar dinero. Vivian le pregunta haciendo qu�. Lewis le dice no hago nada, s�lo gano dinero y con el dinero que gano... gano m�s dinero. Vivian (acostumbrada a la tradicional organizaci�n burguesa del mundo) le dice que no entiende. Que para ganar dinero uno tiene que fabricar algo y venderlo. Lewis le dice que �l no fabrica nada. Al contrario, desmonta f�bricas, las vende en partes, las convierte en dinero y con ese dinero sigue haciendo dinero. A Vivian esto parece no gustarle. Lewis la lleva a una cena de negocios (para la cual la ha hecho vestir maravillosamente). En esa cena se encuentra con el naviero James Morse (Ralph Bellamy). Lewis quiere --seg�n sus h�bitos de capitalista hiperfinanciero, posmoderno y salvaje-- desmontar la empresa de Morse, dejar a toda esa gente en la calle y volatilizar en papeles, en dinero, todo lo que era una instituci�n venerable y familiar que hab�a ofrecido trabajo a muchos obreros a lo largo de mucho tiempo, esos tiempos laboriosos de la burgues�a productiva. Lewis y Morse discuten. Morse quiere no vender la empresa, sino salvarla. Y s�lo puede hacerlo si Lewis se asocia con �l. Pero Lewis no tiene nada que ver con el capitalismo productivo. Es un hombre de finanzas. No produce mercanc�as, s�lo quiere ganar dinero para ganar m�s dinero. El abogado de Lewis, que es malvad�simo y se llama Philip Stuckey (formidable Jason Alexander), es el m�s interesado en desmontar la empresa naviera de Morse y hacerla picadillo, es decir, dinero. Todo pinta mal. Pero... aqu� interviene Vivian, la Hollywood hooker. (O si prefieren: la puta hollywoodense.) Y ella es tan pero tan buena que se apiada de Morse y de todos los que perder�n su trabajo. Y le dice a Lewis (quien, al cabo, es su Pr�ncipe, pero no el de Maquiavelo sino el de la Cenicienta) que no sea malo, que tenga coraz�n, que haga cosas buenas. En suma, que se asocie con Morse, salve la empresa naviera y mantenga los valores esenciales del viejo capitalismo: la producci�n, el trabajo, las mercanc�as. Los valores de un mundo todav�a objetal, tangible, humano. No el v�rtigo del capitalismo salvaje en que Lewis se ha acostumbrado a vivir. Y (as� son los cuentos de hadas) Lewis acepta. Despide de la enorme sala de reuniones a todos los financistas --tambi�n a Philip Stuckey, su abogado-- y se encierra con Morse para negociar el salvataje de la empresa naviera. Lewis se vuelve bueno. �C�mo? Retornando al viejo capitalismo burgu�s. El dinero est� al servicio de la producci�n. Hay f�bricas, hay m�quinas, hay trabajo, hay obreros. (Tal vez Vivian Ward ley� El horror econ�mico de Viviane Forrester y qued� devastada por el dolor. Al cabo, noten la simetr�a: Vivian-Viviane. No creo que los guionistas de Mujer bonita le hayan puesto Vivian a Julia Roberts pensando en Viviane Forrester pero, para qu� negarlo, la casualidad es sugerente.) El malvado Philip Stuckey sospecha que esa zorra de Vivian algo ha tenido que ver en este descalabro moral de Lewis. S�lo esa sucia prostituta de Hollywood Boulevard pudo hacer retroceder al brillante Edward Lewis a los p�ramos olvidados y arcaicos del capitalismo burgu�s. La busca en el Hotel Beverly Hills y la quiere violar. Aparece Lewis y le da una formidable trompada. (Se lastima la mano, cosa que indica que Lewis no est� acostumbrado a dar pi�as sino a contar dinero.) Stuckey, humillado y furioso, se va. Lewis queda con Vivian. Y el final es superfeliz. Lewis ha transformado a la Cenicienta (la hizo millonaria) y la Cenicienta transform� a Lewis: hizo de �l un hombre sensible, un burgu�s ligado a la producci�n y no a la especulaci�n financiera. Para qu� negarlo: para Hollywood, todav�a, los pr�ncipes buenos son los que est�n ligados a la productividad y crean fuentes de trabajo. Y las cenicientas-hadas son las que devuelven la sensibilidad al coraz�n fr�o de los millonarios, y los arrancan de las garras del capitalismo salvaje, que es odioso, tan odioso como Philip Stuckey, que quiso violar a la buena de Vivian s�lo porque ella no compart�a los postulados morales del capital fin de milenio. Imaginen ahora la secuela de Mujer bonita. Me han dicho que el gui�n ya est� listo. Me han dicho que en Mujer bonita II Edward Lewis, atrozmente arruinado por sus absurdas inversiones navieras, se transforma en el pimp (o cafishio) de Vivian quien, por su empecinamiento en enfrentar los designios inexorables del capitalismo salvaje, ha retornado al Hollywood Boulevard para ejercer su viejo oficio. Un perfecto y maravilloso final infeliz. De esos que --seg�n Quintin-- son los �nicos que me gustan a m�. |