El hombre del siglo
Por Jos� Pablo Feinmann

 

Un semanario norteamericano hizo una encuesta. Sabemos que en la actual coyuntura de fin de siglo todo es encuestable. Los mejores m�sicos, los mejores escritores, los mejores boxeadores. O los peores. O los m�s representativos. Nadie establecer� un juicio definitivo sobre nada. S�lo se revelar�n las tendencias que --en el mentad�simo fin de milenio-- exist�an sobre diversos, infinitos temas. S�lo eso.

Un semanario norteamericano --dec�a-- hizo una encuesta. Los encuestados deb�an elegir al "hombre del siglo". No al mejor, no al peor, sino al que encarnaba el esp�ritu de este siglo. Gan� Hitler. Despu�s, lejos, Elvis Presley. Y, en otro semanario, con otra encuesta pero con los mismos criterios, gan� la Madre Teresa. Quienes votaron por Elvis lo hicieron desde la valoraci�n generacional, desde la nostalgia o desde el amor a la m�sica. A cierta clase de m�sica. Quienes votaron por la Madre Teresa interpretaron se les ped�a que dijeran qui�n fue el personaje m�s positivo, el m�s digno de ser imitado. Quienes votaron por Hitler entendieron hondamente la pregunta y entregaron una respuesta provocativa, dolorosa y de hondo valor cognoscitivo. Porque es as�: Adolfo Hitler es el hombre del siglo XX, su paradigma. Quien mejor lo representa en su demencia guerrera, en su intolerancia, en su desprecio por la vida.

A la vez, decir que Hitler es el hombre del siglo implica un juicio sobre quienes han vivido en �l, sobre todos los que toleraron, callaron, impulsaron, fueron c�mplices en el silencio o en la acci�n decidida. Hitler no existi� solo. Tuvieron que ocurrir muchas cosas para que tal personaje ocupara el lugar que ocup�. El siglo XX ha sido tan destructivo que estuvo a punto de destruir la civilizaci�n. Hitler, el hombre del siglo, lo hubiera hecho sin hesitaci�n alguna. Si no ocurri� fue porque --entregada la ciencia nazi a los delirios gen�ticos tipo Josef Mengele-- lleg� s�lo a las puertas del poder at�mico. Si los cient�ficos nazis le entregaban a Hitler la bomba at�mica, no festej�bamos el 2000. (Tal vez sea lo �nico que deber�amos festejar este viernes 31 de diciembre: que a�n existe la civilizaci�n y existe, por lo tanto, la esperanza de que sea otra cosa en el futuro.)

Esa loca b�squeda de la perfecci�n aria, de la raza de se�ores, esos dislocados y crueles y cruentos estudios gen�ticos de Mengele lograron no centralizar las investigaciones en la creaci�n del poder at�mico de la naci�n alemana. De otra forma, Hitler hubiera contado con algo o mucho m�s que los misiles V-2 que arroj� sobre Londres en 1944. Hubiera contado con la bomba at�mica. Y hubiera llevado la ratio destructiva del siglo XX a su extremo perfecto: acabar con el mundo tal como sol�amos conocerlo. (Wernher von Braun, el cient�fico que le desarroll� a Hitler los misiles V-2, emigr� luego a Estados Unidos y sigui� trabajando como si nada. Se hizo una pel�cula con Curt J�rgens, Mi meta son las estrellas. Porque, en USA, las metas de Von Braun, que es, desde luego, el Doctor Ins�lito de Kubrick, cambiaron: se dedic�, como miembro eminente de la NASA, a los sat�lites y a los cohetes interespaciales. As�, el mundo, que pudo haberle debido su destrucci�n total, acab� debi�ndole su inestimable colaboraci�n en el Saturno 5 y en la haza�a de llevar al hombre a la Luna, esa haza�a de la "humanidad", debida, en gran parte, a un hombre de Hitler. Esto revela, no una casualidad ni una curiosidad, sino una cierta l�gica de la historia: Hitler fue un soldado, un indeseable, pero eficaz soldado del capitalismo, y era l�gico que su m�s genial cient�fico terminara trabajando en la NASA. Estos son datos para escribir en el Manual del perfecto idiota neoliberal.)

En 1933 nadie pod�a no saber qui�n era Hitler y qu� se propon�a. �Nadie hab�a le�do Mi lucha? Era como si Jack el Destripador, antes de cometer sus asesinatos, hubiese escrito y publicado un libro con p�rrafos como el siguiente: "Me propongo asesinar prostitutas en Whitechapell. Me propongo destriparlas, arrancarles los ri�ones, enviar uno a la polic�a y comerme el otro". Hitler, en el cap�tulo II de su panfleto, hab�a escrito: "Creo ahora que al defenderme del jud�o lucho por la obra del Supremo Creador". Y en el cap�tulo III: "Repugnante me era el conglomerado de razas reunidas en la capital de la monarqu�a austr�aca; repugnante esa promiscuidad de checos, polacos, h�ngaros, rutenos, serbios, croatas, etc., y, en medio de todos ellos, a manera de eterno bacilo disociador de la humanidad, el jud�o y siempre el jud�o". Y tambi�n en el cap�tulo III: "La democracia del mundo occidental de hoy es la precursora del marxismo, el cual ser�a inconcebible sin ella. Es la democracia la que en primer t�rmino proporciona a esta peste mundial el campo propicio de donde el mal se propaga despu�s".

Las "democracias occidentales" y el capitalismo alem�n hab�an resuelto abrirle el paso. Acabar�a con el comunismo y luego todos acabar�an con �l. Incluso no ser�a justo decir que el capitalismo alem�n esperaba la derrota de Hitler una vez derrotados los comunistas. Los Krupp, Thyssen, Stinnes, Seeckt estaban c�modos con Hitler. �C�mo no apoyar a alguien que hac�a girar la econom�a capitalista en torno de la industria de armamentos y suprim�a todo tipo de conflicto social?

Se suele escamotear la pertenencia de Hitler al capitalismo por medio de un enfoque sobrepolitizador, que es parte fundante del Manual del perfecto idiota neoliberal. La cuesti�n instrumenta hacia la derecha el pensamiento de Hannah Arendt, porque es, en gran medida, el neoliberalismo quien ha puesto de moda los textos de Arendt, sobre todo Los or�genes del totalitarismo. As� le�do el texto de Arendt dice lo siguiente: la contradicci�n del siglo XX es entre democracia y totalitarismo, los totalitarismos se basan en ideolog�as que plantean la intolerancia, la incapacidad de integrar o respetar lo distinto; los totalitarismos se valen del Estado para imponer la dominaci�n ideol�gica y crear "sociedades cerradas" (aqu� entra el toque Popper). Los grandes totalitarismos del siglo XX han sido el nacionalsocialismo y el comunismo. Hitler y Stalin, la extra�a pareja. De este modo, el perfecto idiota neoliberal tiene su esquema victorioso: el siglo XX ha sido un desastre porque extravi� los caminos de la democracia liberal, que son los caminos del mercado libre. El mercado libre abomina del Estado, de las ideolog�as y acepta la diversidad. El presidente Menem expres� acabadamente esta receta en la Argentina. Todos sabemos qu� es abominar del Estado: es desintegrarlo, vender sus esferas insustituibles, crear una descomunal corrupci�n. Abominar de las ideolog�as es afirmar que las ideas han muerto y aceptar la diversidad significa que algunos son y ser�n ricos y otros son y ser�n pobres, eternamente.

Ser�a altamente inadecuado interpretar que pretendo encuadrar a Hitler en el capitalismo y crear luego una amplia zona de inocencia sobre las cat�strofes de este siglo. No, �ste es el siglo de Stalin y el Gulag, el de Truman e Hiroshima y el de Massera y la ESMA. (Otro experimento capitalista, �o no estaba la ESMA al servicio de los Mart�nez de Hoz, del m�s concentrado capitalismo argentino?) Es el siglo de las guerras, de los genocidios, el siglo que m�s vidas humanas ha segado, el siglo que puso la m�s alta tecnolog�a al servicio de la muerte. La contradicci�n del siglo XX no es la que se establece entre democracia y totalitarismo, sino la que se establece entre la vida y la muerte. Y la muerte ha resultado victoriosa. A su servicio estuvieron las llamadas democracias occidentales, el comunismo y esa forma de capitalismo que fue el nacionalsocialismo. De este modo, al ser la muerte el hecho m�s esencial y fundante de este siglo, es coherente que el m�s paradigm�tico, el m�s ejemplar de sus protagonistas sea Adolfo Hitler, un asesino.

 

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