Página/12 - 16 de mayo de 1998
Sin embargo, durante este siglo demoledor, se mantuvieron algunos de los grandes relatos. Se mantuvo la idea de Dios, es decir, la idea de un sentido, de un fundamento, de una coherencia y de un posible feliz desenlace de la historia de los hombres. Dios fue suplantado por la Historia, en el marxismo. Por el Progreso y la Tecnolog�a en el capitalismo eficientista. Y, al calor de estas utop�as seculares, los hombres lucharon y vivieron y murieron, casi siempre con la certeza de que lo hac�an por algo. Ese algo es lo que no existe ahora. Mueren aceleradamente los par�metros para encuadrar y comprender la historia. Los marcos referenciales para leer el diario. Por ejemplo, durante mucho tiempo se dec�a vivir en la "era at�mica". Se viv�a una "paz nuclear" basada en el temor de las dos superpotencias a destruir el planeta por medio de una guerra at�mica que, nadie lo ignoraba, ser�a final. As�, el poder de destrucci�n aseguraba la paz. Era un esquema totalizador. Se pod�a comprender el mundo desde ah�. Estaban los rusos y los yanquis. Los rusos cuidaban su largo y ancho y satelizado espacio territorial y los yanquis el suyo. Reinaba la doctrina de la Seguridad Nacional, del enemigo interno, de la infiltraci�n. Uno era comunista o era yanqui, era capitalista. Y s�lo ellos (la USA y la URSS) ten�an las bombas de la absoluta destrucci�n. Bien, este relato de la historia estall� en mil pedazos. Se cay� la URSS y, al caerse, son muchos los que tienen el poder at�mico. Hasta es posible que muy pronto lo tengan todos. Hasta nosotros. Durante estos d�as la versi�n ca�tica del viejo relato nuclear se focaliza en la India. Tienen a un l�der nacionalista, el primer ministro Atal Bihari Vajpayee, que ha hecho estallar cinco bombas at�micas subterr�neas en un estado des�rtico de nombre Rajast�n. Este se�or parece estar un poco demente, lo que no ser�a grave si no tuviera a su disposici�n un arsenal nuclear. Su demencia se expresa en una fuerte paranoia que la hace creer --y recordemos: los paranoicos siempre tienen raz�n-- que China y Pakist�n quieren pulverizarlo. A su vez, el l�der del gobierno paquistan�, Di Nahuaz Sharif (que es, claro, la versi�n ca�tica de aquel elegante y fragoroso Omar Sharif, que cabalgaba junto a Peter O'Toole en Lawrence de Arabia, all� por la prehistoria), le dijo a Clinton que �l tambi�n har� explotar algunas bombas. En suma, se acab� el encuadre tranquilizador de la guerra fr�a. Ya no hay bipolaridad nuclear. Hay multipolaridad nuclear. Los pa�ses perif�ricos, atrasados, barb�ricos, tienen los juguetes de la destrucci�n absoluta y tienen, tambi�n, ganas de usarlos. El Dr. Strangelove ya no asesora a los yanquis. Ahora es posible que est� junto Atal Bihari Vajpayee. O junto a Di Nahuaz Sharif. Ahora es posible que les aconseje apretar los botoncitos y lanzar los fuegos artificiales del final. Por si alguien lo olvid�: el doctor Strangelove era el protagonista (lo hac�a Peter Sellers) de una pel�cula de Stanley Kubrick --filmada durante la sencilla y pac�fica "paz at�mica" o "guerra fr�a"-- que se llamaba, entre nosotros, Dr. Ins�lito, pero que en Espa�a ten�a un t�tulo revelador: �Tel�fono rojo? �Volamos hacia Mosc�! Obs�rvese lo sencilla que era entonces la Historia. Si sonaba el tel�fono rojo, hab�a que volar hacia Mosc�, porque era s�lo a causa de los rusos que ese tel�fono pod�a sonar. Hoy, esa peli se llamar�a: �Tel�fono rojo? �Hacia d�nde volamos? Parece que volamos todos. A su vez, la fe en la justicia de las instituciones (otro de los grandes ideales del Iluminismo) tiene tambi�n su versi�n degradada. No hace mucho, en el estado de Virginia, ejecutaron --con inyecci�n letal-- al argentino Angel Bread. Ahora, la multimillonaria Susan Cummings quem� de cuatro impecables balazos al polista, tambi�n argentino, Roberto Villegas. Que nadie crea que el Estado-verdugo de Virginia la conden� a la inyecci�n letal. No: "homicidio impremeditado", dijeron. Sesenta d�as de c�rcel y 2500 d�lares de multa. En suma, cuando un argentino mata, el estado de Virginia lo mata. Cuando a un argentino lo matan, el estado de Virginia perdona. �Contin�a la campa�a antiargentina? Y la utop�a del amor tambi�n ha sido estragada por la insensibilidad fin de milenio. A comienzos de los a�os setenta todos ve�amos una pel�cula: Verano del '42. En ella, un adolescente se iniciaba sexualmente con una mujer adulta y hermosa. Y todos nos enamor�bamos de ella (Jennifer O'Neill) y todos so��bamos con haber sido �l. Hoy, asistimos a la versi�n degradada de ese relato. Hoy, la maestra Patricia Ch�vez tiene que disculparse por haber escrito cartas sentimentales a un jovencito de doce a�os. Tiene que decir: "nunca lo bes�". Teme ser carbonizada como una bruja medieval en el horno destinado a los acosadores sexuales. Si los grandes relatos han muerto, sus restos pat�ticamente palpitan en sus versiones ca�ticas o en sus versiones degradadas. El siglo XX culmina sin dejar nada en pie. O s�lo deja su caricatura, su mueca. "Somos la mueca de lo que so�amos ser", dec�a Disc�polo, ese realista tr�gico. |