Página/12. 5 de abril de 1999

LA PRIMERA GUERRA DEL SIGLO XXI

Por Jos� Pablo Feinmann

t.gif (862 bytes) El fin del siglo XX parec�a culminar con una reflexi�n sobre el horror. Llevar a primer plano temas como Auschwitz, Hiroshima o Gulag expresaba el deseo de pensar, desde la racionalidad, las causas de esos desastres y la elaboraci�n de las conductas que pudieran tender a evitarlos. Era admitir que este siglo hab�a sido el m�s sanguinario de todos los atravesados por la raza humana –a causa de la utilizaci�n criminal de la alta tecnolog�a– y era, tambi�n, reconocer que una reflexi�n profunda sobre las causas de la muerte alentar�a la esperanza de iniciar el tercer milenio bajo los laboriosos imperativos de los derechos humanos, de la paz.
La guerra de los Balcanes ha arrasado esas esperanzas. En Yugoslavia se libra hoy la primera guerra del siglo XXI. En un mundo globalizado, la OTAN, bajo el liderazgo poderoso de Estados Unidos, ha asumido el concepto de “intervenci�n de humanidad”, para el cual ha considerado no tener que consultar a la ONU, que es, se supone, la organizaci�n jur�dica de la globalizaci�n. Y bien, no: la OTAN, la maquinaria de guerra, ha intervenido fuera del margen de la juridicidad. Ha intervenido con la guerra, no con la justicia. Una intervenci�n de humanidad no puede darse dentro del marco de la guerra, ya que la guerra es la inhumanidad, es la m�s enorme agresi�n que se le puede inferir a la persona humana.
Es como si, para librarnos de Videla, la OTAN hubiera decidido bombardear Buenos Aires. Como si para liberar a Chile de Pinochet hubiera decidido bombardear Santiago. Hubiera sido a�adir un desastre a otro. Y fortalecer a los tiranos que, apelando al nacionalismo, hubieran logrado eco en sus pueblos castigados por el poder�o b�lico extranjero. Como hoy lo hace Milosevic en Belgrado.
Milosevic es un tirano sanguinario, urdido por la megaloman�a y el delirio, a lo Hitler, de la pureza �tnica. Pero la soluci�n no es bombardear Belgrado. Hay muchas acciones econ�micas y diplom�ticas que se pueden encarar para debilitar a un tirano. Esa es la intervenci�n de humanidad. La intervenci�n que no implica la guerra. Que no implica a�adirle muerte a la muerte. Se equivocan quienes comparan las acciones contra Milosevic con las acciones contra Pinochet. No se trata del mismo caso de “globalizaci�n de la Justicia”. En principio, la OTAN ha actuado al margen de la Justicia, ya que eludi� toda autorizaci�n de la ONU, dej�ndola en rid�culo. Y Baltasar Garz�n no es Clinton. Se mueve en el �mbito de la juridicidad, no en el de la guerra.
La guerra consolida a los tiranos. Les da el “marco nacional” que dicen defender, les restituye la noci�n de “patria” que pasar�n a encarnar. “No me atacan a m�, atacan a nuestra patria”, ser� el f�rreo argumento que esgrimir�n. Y frente a ellos est�n los otros guerreros, los gendarmes del mundo, los aleccionadores. Los que creen que la intervenci�n de humanidad no es la justicia sino la guerra. La muerte. De este modo, la OTAN, con su accionar b�lico, con su desprecio por la muerte inconmensurable de civiles, es el otro rostro de Milosevic. El que lo completa en esta sinfon�a del horror. Con la que termina el siglo XX y se inicia el XXI en un mundo para el que dese�bamos –luego de las atroces experiencias del horror– algo distinto. La barbarie contin�a.

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