Auschwitz y la filosof�a
Por Jos� Pablo Feinmann


El 27 de enero de 1945 --se cumplieron cincuenta y cinco a�os el jueves pasado-- el ej�rcito sovi�tico liber� a los �ltimos 66.000 detenidos que permanec�an en el campo de Auschwitz. En 1944, Eichmann llega a Hungr�a, ocupada por los ej�rcitos nazis en el mes de marzo de ese a�o, y en menos de seis semanas env�a a Auschwitz 450.000 jud�os. Nunca hab�an llegado tantos, as� de una vez, al campo de exterminio. El gobierno h�ngaro colabor� con entusiasmo, con eficacia. A�n en agosto de 1944 (conviene retener estas fechas porque la guerra estaba irremediablemente perdida para los alemanes, en tanto que las matanzas del campo continuaban con una din�mica propia) llegan a Auschwitz 90.000 jud�os que provienen del ghetto de Lodz, en Polonia. "El 2 de noviembre de 1944, Himmler, viendo la partida perdida y llevado por la falaciosa esperanza de salvarse, de aliarse �l, incluso con sus SS, a los americanos, para combatir a los rusos, suspendi�, sin conocimiento del F�hrer, las deportaciones y las exterminaciones. El 26 de noviembre, a una orden suya, eran destruidos los crematorios y las c�maras de gas" (Le�n Poliakov, Auschwitz, documentos y testimonios del genocidio nazi. Este libro es de 1965 y es el primero que le� sobre Auschwitz, cuando a�n no sab�a qu� ten�a que ver la filosof�a con este horror. O lo estaba buscando. Me agrada citarlo ahora).

  Si algo distingue a los fil�sofos de la escuela de Frankfurt es el hacer girar el pensamiento en torno de la insoslayable realidad del genocidio. Sobre todo lo hicieron Theodor Adorno y Max Horkheimer. Tambi�n Walter Benjamin. Aqu� vamos a seguir las reflexiones de Adorno, cuyo c�lebre dictum acerca de la imposibilidad de escribir poemas (o simplemente escribir) despu�s de Auschwitz sigue movilizando conciencias, incomodando, acorralando al pensar en el abismo del horror. (G�nther Grass acaba de citar el dictum de Adorno en el discurso que dio al recibir el Nobel. No es casual. La pregunta acecha a todo escritor: �es posible escribir despu�s de Auschwitz?).

  Adorno es el fil�sofo que plantea (el �nico que lo hace tan extremadamente luego de la Segunda Guerra Mundial) que Auschwitz implica un quiebre, una ruptura en la tradici�n de la cultura occidental. Siempre la filosof�a habl� de las condiciones de la barbarie, de la barbarie como algo que, en el extremo del horror, pod�a ocurrir. Para Adorno esto cambia con Auschwitz. La barbarie ya ocurri�. El filosofar, luego de Auschwitz, se despliega a partir de esta certeza: la barbarie no s�lo es posible, sino que ya ocurri�. Y el imperativo categ�rico que debe extraerse de esta constataci�n emp�rica es que Auschwitz no vuelva a ocurrir. Este imperativo podr�a formularse as�: act�a de tal modo que ninguno de tus actos pueda contribuir a crear las condiciones de posibilidad de otro Auschwitz. (Supongo que todo argentino sensible habr� ya advertido que no estamos hablando s�lo de Auschwitz, sino que a nosotros el tema nos toca muy particularmente. Por ejemplo, formular�a de este modo el imperativo categ�rico de todo argentino: act�a de tal modo que ninguno de tus actos pueda contribuir a crear las condiciones de posibilidad de otra ESMA.)

  La cr�tica a la raz�n instrumental (a la raz�n que surge para someter a la naturaleza) que Adorno y Horkheimer hab�an llevado a cabo en Dial�ctica del iluminismo encuentra su ejemplo en Auschwitz. Su culminaci�n. Es esa raz�n instrumental la que se entrega a lo destructivo. Pretende construir la civilizaci�n y termina construyendo la barbarie, ya que naci� para someter. Sin embargo, �sa ha sido la cultura. Esa cultura y la cr�tica de esa cultura fueron el universo de ideas que no logr� impedir que la barbarie ocurriera. �Por qu� la fiereza del dictum adorniano? �Por qu� no se puede escribir despu�s de Auschwitz? Porque en Auschwitz la cultura demostr� que de sus entra�as surge la barbarie. O, al menos que es incapaz de frenarla. �De qu� sirvi� entonces esa cultura? �Y de qu� servir� que critiquemos a Auschwitz otra vez desde la cultura? Adorno nos lleva a un callej�n sin salida. Si criticamos a Auschwitz desde la cultura, lo hacemos desde un universo conceptual que no impidi� que Auschwitz surgiera. Porque esto es lo alarmante: Auschwitz surgi� en medio de una sociedad altamente culturalizada. Surgi� en un pueblo de grandes fil�sofos, m�sicos y poetas. Y si criticamos Auschwitz al margen de la cultura, alejados de la cultura, lo estaremos haciendo desde la barbarie, de la cual Auschwitz es el mayor exponente. De aqu� que Adorno escriba: "Toda la cultura despu�s de Auschwitz, junto con la imperiosa cr�tica a �l, es basura (...) Quien aboga por la conservaci�n de la andrajosa y culpable cultura se convierte en c�mplice, mientras que quien la rechaza promueve directamente la barbarie que demostr� ser la cultura" (Cfr. Carl Friedrich Geyer, Teor�a cr�tica, Alfa, p. 137).

  El encierro adorniano abre las posibilidades de su c�lebre dictum. Si despu�s de Auschwitz no es posible escribir, es porque fue la cultura la que produjo o no imposibilit� Auschwitz, que surgi� de sus entra�as. �C�mo, entonces, criticarlo desde la cultura? Pero si apartamos la cultura, queda la barbarie. �C�mo criticar Auschwitz desde la barbarie si Auschwitz es la barbarie? De este modo, la raz�n demuestra la imposibilidad de la raz�n. Porque Auschwitz es un hecho racional. Es un triunfo de la raz�n instrumental. (Aqu� deber�amos pensar en Hannah Arendt conceptualizando a Eichmann como bur�crata del Mal. Como eficientista del Mal. Como la racionalidad banalizada del Mal.)

  "La camarilla dominante en Alemania (escribe Adorno) movi� a la guerra porque se hallaba excluida de las posiciones del poder imperialista" (Minima moralia, Taurus, p. 105). Pero tuvo a su frente a un testarudo est�pido, que llev� a Alemania a la testarudez. Y no pese a su cultura, sino por su cultura. Escribe Adorno. "Necesariamente hubo de sonar para los alemanes la hora de esa estupidez. Pues s�lo aquellos que en econom�a mundial y conocimiento del mundo eran en igual medida limitados pudieron atraerlos a la guerra y encaminar su testarudez hacia una empresa no moderada por ninguna reflexi�n" (Ibid, p. 105). Sin embargo, que esta empresa no estuviera moderada por ninguna reflexi�n fue parte de la cultura alemana. El irracionalismo de Auschwitz fue parte de la racionalidad de la cultura alemana. Y Adorno escribe una frase hegelianamente deslumbrante: "La estupidez de Hitler fue una astucia de la raz�n" (Ibid, p. 105).

  El desaf�o de Adorno nos incluye. No s�lo porque somos parte de la humanidad, sino porque somos argentinos y tenemos nuestro Auschwitz. Sus v�ctimas fueron menos, pero no fue menor su horror. Nuestro Auschwitz es la ESMA. As�, vale para nosotros la dr�stica problem�tica adorniana. �Se puede escribir despu�s de la ESMA? Si la cultura argentina produjo ese horror, �c�mo superarlo desde esa cultura? Y si se abandona la cultura, caemos en la barbarie y la barbarie es la ESMA. Algunos, r�pidamente, dir�n: criticar a la ESMA desde otra cultura, desde una cultura antag�nica a la que la produjo. Pero la cuesti�n no es tan sencilla. No lo fue, al menos, para Adorno. Que dijo que toda la cultura despu�s de Auschwitz junto con la cr�tica a Auschwitz era basura.

  La filosof�a, dec�a Hegel, no tiene por qu� ser edificante. Lo verdaderamente filos�fico es siempre problem�tico. La filosof�a no regala vidrios de colores ni vende esperanzas para dormir mejor. Creo que el dictum de Adorno es extremo, y de aqu� su riqueza, su fascinante incomodidad. Creo que se puede escribir despu�s de Auschwitz. Que se puede escribir despu�s de la ESMA. Creo, sobre todo, que se debe escribir despu�s de Auschwitz y la ESMA. Pero, por ahora, ese mandato encuentra m�s fundamentos en la voluntad que en la raz�n.

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