Tomado del diario argentino Página/12   21/4/2001



Por Jos� Pablo Feinmann

1 Tiene que existir una l�gica interna, un acuerdo profundo, una necesidad compartida entre la dictadura militar, el peronismo y el radicalismo para que Domingo Cavallo haya sido figura de los tres �proyectos de pa�s� que esas fuerzas pol�ticas propusieron. El pasaje de Cavallo por el escenario procesista fue breve pero decisivo: estatiz� la deuda privada. O sea, transfiri� al Estado las obligaciones financieras de las empresas. As� �surge� Cavallo: como un hombre que carga sobre los cansados y te�ricamente desacreditados hombros del Estado miles y miles de d�lares que aliviar�n a los empresarios y debilitar�n al pa�s, tanto como para iniciar lo que ya ha concluido: el Estado no existe; las empresas, s�.
Acaso Cavallo represente como nadie la muerte del bipartidismo. Se crey� que la Alianza ven�a a romper el bipartidismo. Pero no: hubo una purga interna en la Alianza (purga que determin� la exclusi�n del Frepaso) y de esa purga sali� consolidado el viejo bipartidismo: este pa�s que se reparten entre peronistas y radicales, fingi�ndose unos campeones de la justicia social; otros, de la democracia pol�tica. Cavallo liquida el bipartidismo no porque construya una fuerza pol�tica alternativa sino porque unifica a peronistas y radicales. Ya no son dos, son uno. �C�mo explicar si no que un superministro del peronismo (Cavallo-Menem) se transforme en superministro del radicalismo (Cavallo-De la R�a)? 

2 Hagamos algo de (breve) historia. Cuando De la R�a lo pone a L�pez Murphy cree asegurarse su relaci�n con los mercados. LM es un economista profesional que responde a la ideolog�a de los economistas profesionales: s�lo existe la econom�a. Era obsesiva en LM la frase acerca de solucionar el d�ficit fiscal. Fue su bandera. Era la bandera de los suyos, los economistas de FIEL. Esa bandera revela que los economistas no tienen una visi�n totalizadora. S�lo �ven� n�meros. La realidad es un paisaje macro en el que meramente entran los factores que determinar�n el �nico equilibrio que anhelan. No el del pa�s, no el de la sociedad en su conjunto, sino el equilibrio fiscal. De este modo, agreden a todos aquellos sectores que son, para ellos, superfluos: la educaci�n, la cultura, el trabajo. (Con respecto a la relaci�n entre los economistas y la cultura debemos se�alar que es coherente lo que hacen. Un economista de FIEL se emociona acaso con tradicionales lecturas de Adam Smith, o con Hayek o con Friedman y su acercamiento a lo filos�fico llegar� a Karl Popper y su bandera de la sociedad abierta, pero no m�s. No leen otros libros. No les interesa el teatro, ni el cine, ni la m�sica. La vida tiene forma de n�meros; su coraz�n palpita en la Bolsa y todo el resto es basura sentimental. �C�mo no habr�an de agredir a la universidad, a la educaci�n, ponerles IVA al teatro, a los libros, a las entradas de cine?)
En este sentido la imagen tosca y cuartelera de LM el breve fue paradigm�tica. Hab�a llegado la hora de hacerle cumplir a este pa�s con sus verdaderos compromisos, que no son internos, sino externos. Porque �eso� es el equilibrio fiscal: cumplir con los acreedores externos. Para �eso� hay que sacrificar lo interno. Es decir, para �eso� hay que reventar a los que viven aqu�, en la interioridad del pa�s: maestros, profesores, m�sicos, comerciantes, meros empleados, actores, escritores, m�dicos, etc. Cuando el �riesgo pa�s� disminuye para los banqueros, aumenta para los habitantes de la Argentina. Ellos disminuyen el �riesgo pa�s� haciendo de este pa�s un lugar cada vez m�s riesgoso para vivir. De aqu� que tantos se vayan. 
3 Esta relaci�n entre �riesgo pa�s� y �pa�s riesgoso� merece un desarrollo mayor. Cuando �ellos� disminuyen el �riesgo pa�s� y se serenan porque est�n m�s cerca de la utop�a neoliberal del equilibrio fiscal, �nosotros� sabemos que el pa�s se nos volver� m�s riesgoso, que mostrar� su cara m�s impiadosa: falta de trabajo, recesi�n, inseguridad pol�tica, social y aumento de esa delincuencia que es el temido �estallido social� nuestro de cada d�a. As� las cosas, el tosco, frontal, antip�tico L�pez M. cay� abruptamente. A los pocos d�as aparece Cavallo. Se lo ve sonriente, distendido, seguro, anda en mangas de camisa, parece un populista. Pero ya no es el Cavallo de los noventa. La sociedad civil lo recibe con benepl�cito porque enarbola un curioso razonamiento: �Cavallo nos meti� en �sta; Cavallo nos va a sacar�. No es tan f�cil. El superministro de los noventa ten�a un fuerte apoyo pol�tico. La econom�a es, siempre, econom�a pol�tica, algo que LM y los suyos ni siquiera atisban comprender. Cavallo s�. Sorprende entonces su jovialidad. El primer Cavallo (el que lanza la convertibilidad) era un engranaje �sin duda poderoso� de la alianza liberal-peronista que signific� el gobierno de Carlos Menem quien, recordemos, se empe�aba en decir que detr�s de Cavallo hab�a una conducci�n pol�tica, con lo cual salvaba su orgullo y dec�a una verdad. Menem pudo (como l�der del populismo peronista) sofocar la protesta sindical y manipular a las bases empobrecidas del pa�s, esos lejanos hijos del Estado keynesiano peronista, quienes todav�a esperan que el peronismo vuelva a ser peronista, algo que les da aire a los peronistas para desarrollar pol�ticas antikeynesianas, opuestas a las del �primer peronismo�, tal como lo hizo Menem y, haci�ndolo, sostuvo pol�ticamente a Cavallo.
Pero hoy, �qui�n sostiene pol�ticamente a Cavallo? He aqu� la gigantesca diferencia entre el Cavallo de los noventa y el Cavallo del dos mil. Hoy no lo tiene a Menem, lo tiene a De la R�a. Es decir, est� solo. Pol�ticamente solo, ya que si existe en la Argentina un pol�tico incapaz de nuclear poder y respaldar un plan econ�mico todos sabemos qui�n es: es ese se�or que se escapa a Italia (aconsejado por un ni�o travieso y algo posmo tard�o que responde al estrafalario nombre de A�to) y se entrevista con Balbo, con Batistuta y con Valeria Mazza mientras el pa�s se desliza hacia contradicciones insolubles. 

4 �Cu�les son las contradicciones insolubles? Cavallo, sin el apoyo pol�tico del pero-menemismo, va a fracasar. Est� en el aire. Es su propio (excepcional) v�rtigo el que lo hace girar. Pero no le va a durar mucho. Ha dejado de ser un t�cnico y se acerca a ser algo ins�lito: un economista con eso que se llama �cintura pol�tica�. Pero no tiene un partido detr�s y �l no podr� crear uno. Entretanto, la Argentina tiene que pagar sus deudas externas y s�lo imagina pagarlas sacrificando a sus castigados ciudadanos internos. 
�Qu� har�n? �Ellos� har�n lo siguiente: rearmar el frente pol�tico neoliberal-peronista, �nica f�rmula que puede imponer en el pa�s el plan de sufrimiento, hambre y deculturaci�n que piden los �mercados�. Ese frente requiere tres elementos: 1) Ruckauf y el peronismo en lugar de De la R�a y los sushis. 2) Extrema, poderosa militarizaci�n de la polic�a. 3) Condiciones carcelarias despiadadas y cuasicampos de concentraci�n en la provincia de Buenos Aires que, no casualmente, el periodismo independiente ha denunciado en estos d�as. De este modo, en medio de este horizonte tenebroso, vivir aqu� ser� para los argentinos un gran riesgo y la lucha de todos deber� darse, no en base a un modelo de sustituci�n social, que por el momento es imposible, sino luchando por la preservaci�n de la vida, por la alimentaci�n, por los derechos humanos, por la cultura como veh�culo de la denuncia. Nuestro horizonte de hoy acaso no sea suprimir la barbarie, pero s�, absolutamente, impedirle su despliegue impune.

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