PIRULOS


Por Osvaldo Bayer
Desde Bonn

t.gif (862 bytes) El diario de esta ciudad trajo un pirulo de tapa. Cita a la p�gina de los avisos clasificados del Tagesspiegel de Berl�n, en la secci�n de “Mucamas”. Dice: “Joven maestra, habla alem�n, ruso, ucraniano, ingl�s y polaco. Busca trabajo como mucama (limpieza, cocina, etc.)”. Sin comentario. Evidentemente se trata de una mucama globalizada. Con casos as� podemos sostener que hemos pasado ya a ser una sociedad de servicios cada vez mejores. Quien tenga dudas, lea la informaci�n del General Anzeiger de ayer: la firma distribuidora Otto Versand anuncia que ya puede cumplir con el servicio de llevar el desayuno a la cama. Ni el emperador Caracalla pudo so�ar alguna vez con esto �porque hay que ver qu� desayuno! Con las delicias del paladar de todos los continentes y todos los mares. (No voy a caer en la impudicia de citar aqu� la estad�sticas de Naciones Unidas de los ni�os que se mueren de hambre). Es decir que no podemos negar que los que est�n bien en este neoliberalismo final est�n cada vez mejor. Ahora s�, el pobre diablo sin trabajo que vaya aprendiendo unos cuantos idiomas si quiere llegar a limpiar pisos o llevar desayunos.
Es interesante el estudio de la sociolog�a del primer mundo a trav�s de los avisos clasificados. Pero tambi�n de algunas noticias de primera p�gina para hacer callar a los pesimistas: “Siemens aument� sus ganancias en un 17 por ciento mientras que las ventas lo hicieron en un 12 por ciento, en los primeros seis meses de este a�o”. Esos son n�meros, esas son medallas. Esto anda cada vez mejor. Y si a esta informaci�n se agrega la que est� en la columna de al lado se nota que a la globalizaci�n no la para nadie: “La empresa Madaus de medicamentos se tecnifica cada vez m�s y eso hace posible que deje cesante al 41 por ciento de su personal”. Cifras reci�n salidas del horno. Claro, est� bien calculado: Madaus produce medicamentos y echa a gente y como se sabe que entre los desocupados hay m�s enfermos que entre los que tienen trabajo, va muy bien la f�rmula: m�s medicamentos, m�s enfermos, m�s ganancias. Eso es lo que se llama una econom�a sana. (Uno se averg�enza cuando lee libros de ciencias econ�micas del siglo pasado. Por ejemplo, aquel ingl�s Alfred Marshall, el de los Principles of Economics que se consideraba un capitalista progresista –yo lo calificar�a un capitalista inteligente– y que puso ese lema irrefutable: “El capital m�s valioso es el que se invierte en los seres humanos”. Claro, este intelectual de la econom�a lleg� a eso as�: “Comenc� a visitar los barrios m�s pobres de las diversas ciudades, recorr� calle tras calle y mir� en el rostro a los m�s pobres de los pobres. Fue cuando decid� estudiar lo m�s profundamente posible los principios de la Econom�a Pol�tica”.
Pero volvamos a la realidad de este dorado 1999: lo leemos en la primera del Frankfurter Rundschau. El tema es McDonald’s y sus restaurantes para las generaciones globalizadas. Se trata de un ins�lito caso de rebeld�a para los tiempos que corren. Un estudiante que era empleado en McDonald’s resolvi� iniciarle juicio a la todopoderosa empresa. Este estudiante merece ser nombrado: se llama Oliver Gottwald. Oliver, especie de Espartaco de fines del siglo veinte, se present� ante la justicia porque McDonald’s lo hab�a dejado cesante de un d�a para el otro. �Qu� hab�a ocurrido? Un d�a se le hab�a presentado el jefe de personal para decir que ten�a que firmar una cl�usula en el contrato de trabajo donde �l, el empleado, deb�a hacerse cargo de la mitad de las cargas sociales que debe –por ley– pagar la empresa. Y le hizo ver que si se negaba a hacerlo lo iban a poner de patitas en la calle. Todos los otros empleados aceptaron. Pero Oliver, no. Y como la empresa norteamericana tiene sus principios basados en los sagrados principios de la libertad, le dio el empuj�n necesario para que Oliver pensara su futuro en las colas de desocupados. Ni corto ni perezoso, Oliver recurri� a la justicia. La justicia cit� al representante empresarial, pero �ste no fue, haci�ndole saber al juez que “no pod�a concurrir porque estaba de vacaciones”.
Ahora, todo el mundo espera ver que pasar� en esta nueva versi�n de David contra Goliath. El diario adelanta que es muy posible que lajusticia le d� la raz�n a Oliver, pero que si bien puede ganar jam�s volver� a ser retomado en el trabajo. Claro, todo es seg�n qui�n tiene la manija. Manija y coima son la nueva �tica de estos tiempos. Pero es que si se obliga a la empresa a retomar a Oliver, �d�nde quedan los sagrados principios de la flexibilizaci�n y la desregulaci�n? Por aquello de que: bueno es todo aquello que es �til a la econom�a, todo aquello que tiende a limitarla debe ser eliminado de inmediato. Si Oliver gana el juicio es posible que emigre el gran capital. �Entonces? No. Por algo en Estados Unidos fueron ahorcados los cuatro anarquistas que hace justo 122 a�os exig�an las ocho horas de trabajo. Esos obreros estaban contra la libertad. Por lo menos contra la libertad empresarial, palabra liminar, hoy. No, eso ahora no va a pasar con Oliver, porque los m�todos de convencimiento son mucho m�s inteligentes ahora. Pero eso s�, a Oliver le va a costar conseguir un nuevo trabajo. Nada es gratuito en este democr�tico mundo de libertades. Porque, principios son principios.
El poeta alem�n J�rgen Fuchs escribi� poco antes de su temprana muerte, ocurrida hace pocos d�as, esta frase: “El capitalismo mat� a la poes�a”. Su experiencia lo hab�a deprimido totalmente. El hab�a sido uno de los intelectuales en la Alemania comunista m�s combativo contra el denominado “socialismo real”. Fue expulsado a la Alemania Federal y aqu� hizo una larga experiencia. Su alma sensible no soport� la realidad de que quien no marcha al mismo ritmo se queda en la cola de los vencidos. No tuvo ya esta vez la fuerza de salir a la calle a protestar. Pero creemos que esta vez se equivoc�, J�rgen Fuchs: el capitalismo puede hacer, de lo m�s sagrado, una mercader�a vendible. Pero lo �nico que nunca va a poder matar es a la poes�a, que es invencible.
La pr�xima v�ctima es la cultura. Aqu� se ha iniciado el gran debate. La cultura es una mercader�a que tambi�n debe autofinanciarse y, en lo posible, dar ganancias.
Los responsables de teatros, museos y orquestas sinf�nicas califican a esto de la verdadera “decadencia de Occidente”. Se financian por s� mismos o cierran. Orientarse en el mercado y en la demanda. “As� morir�n sin remedio las artes creativas”, dijo el titular del Instituto Goethe, Hilmar Hoffmann. Muera la cultura, viva la diversi�n. La discusi�n ahora est� en manos de expertos financieros. Goethe ya no da ganancias. Beethoven, apenas. Los viejos tambi�n s�lo cuestan, no dan ganancias, �por qu� no los flexibilizamos? Pero no hay que ver todo negativo. Hay cosas positivas como lo que ocurre en Bonn, en la casa donde naci� Beethoven: all� funciona un venta de art�culos beethovenianos: remeras con la cabeza del genial sordo, o platos con su firma, o vasos con los nombres de sus sinfon�as. En los diarios sale la lista con todo el surtido. Comprar, comprar, ganancias, ganancias. Aprendamos de Siemens, aprendamos de Estados Unidos.
Esto lo han aprendido muy bien los socialistas europeos. Despu�s del famoso acuerdo Shroeder-Blair, todo ha comenzado a hacerse a su tiempo y moderadamente. El ministro de Econom�a del gobierno socialdem�crata-verde de Alemania va a ahorrar, lo que los conservadores no hicieron. Por eso est� ya el proyecto “socialista” de no subirles m�s a los jubilados la cuota de los convenios firmados de cada respectivo gremio, sino s�lo el porcentaje de inflaci�n. Pero eso es apenas un bot�n de muestra. Hay que ajustarse el cintur�n. Pero no los que tienen mucho, porque si no se van, sino los dependientes. El gobierno “de izquierda” quiere reducir a un 40 por ciento la cuota del Estado, esto significa reducir subvenciones, leyes sociales y personal administrativo. Es decir, un paso m�s hacia el neoliberalismo. El profesor Leonhard Hajen, de la Universidad de Hamburgo, le han respondido al primer ministro que el neoliberalismo no ha solucionado ning�n problema. El neoliberalismo reduce la pol�tica y la sociedad a la l�gica del mercado y de la competencia. En forma extrema ese sistema paraliza la falta de solidaridad de la sociedad. Por ah� no est� la soluci�n. Un gobierno de “izquierda” tiene que extremar la imaginaci�ny poner en duda todo lo que lleva a la desigualdad y a la falta de dignidad. El mercado todav�a no ha podido matar los ideales de un sistema solidario, y no los va a poder matar nunca.
Y un tema para otro pirulo de tapa: el primer ministro alem�n Schroeder, a la vez titular del partido socialdem�crata, ha escrito una carta personal a todos los afiliados a ese partido. Encabez� la carta con “queridos amigas y amigos”. Un afiliado a ese partido –al cual pertenecieron Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht– record� con tristeza que antes, los titulares del partido encabezaban sus cartas a los afiliados con las palabras: “Queridos compa�eras y compa�eros”.

 

 

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