El nieto
del poeta

Por Osvaldo Bayer

 

�Cu�ntos versos habr�n pasado por ese cerebro lleno de sue�os que la naturaleza resolvi� poner en la cabeza de Juan Gelman! Lo recuerdo joven cuando dialog�bamos con aquellos poetas mayores que nos quedaron en el recuerdo luminoso, Ra�l Gonz�lez Tu��n y Jos� Portogalo, ellos con la nostalgia y la lucha: aqu�l como un muchacho eternamente curioso, �ste, siempre como un campesino furioso que est� por partir al frente de Teruel para derrotar a sus enemigos constantes: los ricos, los milicos, la cana, los alcahuetes, los soplones, los curas gordos. Y Juan Gelman, un muchacho silencioso, pero con mil versos impresos en p�ginas blancas. Esos a�os cincuenta, con aquel general Aramburu fusilando al amanecer en la madrugada fr�a y el pa�s dolido, aterido, y aquel Juan Gelman dispuesto a interpretarlo, a ayudarlo meti�ndose en la poes�a de la acci�n y en la acci�n de la poes�a, como se dec�a en aquellos tiempos llenos de espera.Despu�s vino la participaci�n, el no negarse, en estar en la primera fila. Prefiri� la definici�n a la poltrona semisabia de los que hablan de la tristeza a la juventud con voz engolada, o con gesto medi�tico de que hay que votar porque el pa�s necesita un De la R�a o un Duhalde. Gelman tom� el camino digno de las posibles equivocaciones, pero del decir presente.Lo recuerdo en aquel encuentro en Alemania, ya en tierras del exilio pero no de la derrota �ltima sino del tomar nuevas fuerzas. Hicimos juntos apenas un peque�o libro que se llam� Exilio, �l todo poes�a; yo llen� de datos y registros al lector. Despu�s el regreso. El barco en el dique de carena para partir de nuevo. La ballena blanca incit�ndonos con sus juegos m�s al� y m�s ac� del horizonte. (“Porque mi tierra es �nica, no la mejor, es �nica”, escribiste). Y volvimos, pudimos volver, aunque nos hab�an prometido –uniformados de dedos gordos y anillos de oro y pistola al cinto– que “nunca m�s �bamos a pisar el suelo de la Patria”). Volvimos. Pero ese regreso hab�a sido distinto: nos diferenciaba cruelmente la suerte. Juan, el poeta, hab�a perdido a su hijo, y a aquella nueva hija que te trajo tu hijo a quien embaraz� para darte un nieto. Los milicos de Videla y Massera hab�an asesinado a tu hijo de un tiro en la cabeza. Los uniformados, como siempre, trataron de matar a la poes�a asesinando al hijo del poeta. Un tema para Esquilo. Para Shakespeare, para Von Kleist. Porque fue as� y no hay s�mbolos en esto: siempre negaron la poes�a y cuando tuvieron ante s� a la mejor criatura del poeta intentaron borrarla. Un balazo. No ya destruir la solidaridad o el altruismo. No, la poes�a. Pero es m�s, intentaron destruir la vida: secuestraron aquella nueva hija, la que llevaba en su vientre el milagro de toda alegr�a: el nieto del poeta. Inenarrable la bestialidad. Inenarrable la perversi�n. Inenarrable la crueldad: esa nueva hija del poeta fue secuestrada, llevada al Uruguay por los esbirros mercenarios de la otra orilla. All� se le quit� el hijo. El Nieto del Poeta. Ladrones de la vida, cobardes, s�rdidos disfrazados con el uniforme de la verg�enza. Verg�enza que llevar�n pegada durante todos los siglos.�D�nde est� el Nieto del Poeta? Sanguinetti, el actual presidente uruguayo, lo sabe, pero si no lo quiere saber, lo puede saber. Claro, eso necesita coraje civil, tener estirpe de estadista noble. Hasta ahora se ha callado la boca. Mand� un d�bil: “Me voy a ocupar”. D�se prisa, se�or presidente, deje todo lo que est� haciendo y, si es dem�crata, encare usted mismo la investigaci�n. Usted conoce los nombres de todos los militares uruguayos responsables, usted sabe qui�nes delinquieron contra lo m�s sagrado: contra el acto de dar a luz y robar el fruto de los frutos. Robarle el Hijo a la Madre. Para despu�s hacer desaparecer a la madre. Mentes sucias, manos sucias, la hez de la creaci�n, los que no llegar�n a conocer jam�s el para�so. Tiene tiempo todav�a, se�or presidente Sanguinetti, antes de irse. No deje la mancha que lo va a seguir siempre: la cobard�a del bur�crata, del c�mplice por estirpe de lameculo; del secuaz por conveniencia. Arroje todos los trapos sucios y ponga el pecho desnudo para la verdad, para la verdadera nobleza.Nuestro general Balza contin�a haci�ndose t�midos golpecitos de p�same al pecho para disimular el encubrimiento. Ensaya pasos de baile y genuflexiones de reclinatorio para esconder la torva tropa de asesinos que lo miran desde la penumbra. Habla con voz aflautada de “excesos” para cubrir el estercolero que es su instituci�n toda. La cueva de los asesinos ha sido limpiada con crema desodorante, pero el hedor putrefacto de la cobard�a m�xima lo acompa�a en cada uno de sus gui�os de piolada ganadora de tiempos.Todos los abuelos, todos los hijos y todos los nietos vamos a salir en b�squeda del Nieto del Poeta. Y lo hallaremos.Saramago ha escrito estas generosas palabras desbordantes de sabidur�a: “Doctor Julio Sanguinetti: ayude a Juan Gelman, ayude a la Justicia, ayude a los muertos, a los torturados y a los secuestrados ayudando a los vivos que los lloran y los buscan, ay�dese a s� mismo, ayude a su conciencia, ayude al nieto desaparecido que no tiene, pero que podr�a tener”. Y el docto historiador Hobsbawm le dice al presidente uruguayo: “Solamente usted puede dar una respuesta definitiva. Lo insto muy respetuosamente a hacerlo”.�El presidente electo argentino Fernando de la R�a tambi�n nos va a ayudar a encontrar al Nieto del Poeta? O se seguir� escondiendo en la verg�enza que significa haber dado el s� a la ley m�s felona que conoce la humanidad: el libre albedr�o para los peores asesinos de siglos, la mano levantada como saludo fascista para dar piedra libre a torturadores, secuestradores, ladrones, asesinos. Obediencia debida y Punto final. La felon�a de los llamados dem�cratas. Los nombres que la votaron quedar� en las piedras milenarias de la vileza de los que no merecen el nombre de humanos. �Qu� har�n aquellos aliancistas que no votaron esas ignominias pero que hoy acompa�an en el poder a los que intentaron impedir el camino de la Justicia? Nos acompa�ar�n a encontrar el Nieto del Poeta o se esconder�n en la ro�a constante de la burocracia y los cargos?Es muy conocida y repetida aquella frase nacida en la sabidur�a popular que se�ala que “quien ha matado a una persona es llevado al tribunal antes que quien es el asesino de cien mil seres humanos”. Pero a esto le podemos contraponer esta otra sabidur�a de los pueblos: “El pasado no termina jam�s”. Pese a indultos, obediencias debidas, puntos finales; pese a repentinas declaraciones “nacionalistas” de los Jaunarena y los Menem de que los asesinos s�lo deben ser juzgados en jurisdicciones nacionales, cuando justamente ellos pisotearon la Justicia con las miedosas leyes de la impunidad. Y el ansia de justicia est� saltando fronteras. Ya no bastanlos arreglos entre asesinos y paniaguados que terminan siendo secuaces del ultraje.El poeta Juan quiere conocer a su nieto. Vamos a darle la mano y formar en la primera fila. Porque no puede haber otra dimensi�n de la dignidad: ya que cuando, radiante, del fondo de los jardines florecidos aparezca sonriendo el Nieto del Poeta, volver�n de sus manos todos los nietos inhallados. Y se alegrar�n los abuelos. Y los padres ya podr�n descansar para siempre porque se sabr�n presentes.

 

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