El Santo Padre y las mujeres asesinas
Por Osvaldo Bayer desde Bonn

t.gif (862 bytes) El p�ndulo ha terminado su trayectoria hacia el centro e inicia el camino por el ala del deber. Las valijas han sido preparadas antes de esta nota. All�, en Buenos Aires me esperan los pasillos llenos de voces eternamente juveniles que me hacen recordar las m�as de hace medio siglo cuando uno se iniciaba, las voces de los pasillos que llevan a las aulas. All� estaremos otra vez escuch�ndolas, dialogando con ellas, con las voces estudiantiles para hablar de la experiencia de la humanidad y ensayar salidas en b�squeda del gran encuentro.
Mientras tanto dejo esta Europa tan llena de contradicciones como antes, pese a los cambios. Tiene Alemania un nuevo gobierno socialdem�crata-verde donde los verdes entraron al lujoso lenocinio del poder preguntando si all� se toma limonada y los socialdem�cratas, en pocos d�as demuestran ser otra vez artistas eximios en aquello de cambiar todo para no modificar absolutamente, absolutamente nada. Eso s�, cambiaron la marca de la cosm�tica pol�tica y se apoltronaron para recomenzar el eterno debate de que si primero hay que subir los salarios para que la gente pueda gastar m�s y mover la producci�n, o rebajar los impuestos para atraer capitales. Sonre�r a la izquierda y a la derecha, sonre�r eternamente como las mujeres de las vidrieras de las viejas callejuelas de los puertos. Pero al primer ca�onazo del capital le dieron el pase en blanco a su ministro Lafontaine, que cre�a que pod�a doblar por la zurda.
Pero no nos pongamos discepolianos y empecemos a hablar en voz alta, a hacer las preguntas que en una clase de Etica nos har�an adolescentes medianamente inteligentes. Por ejemplo, uno de los tantos problemas: �por qu� se sacrifica al pueblo kurdo y no se da la voz de alto a la infame pol�tica de Turqu�a contra esa minor�a? �Por qu� jam�s se recuerda el genocidio que cometi� ese pa�s con los armenios en la segunda d�cada de este siglo con la matanza cobarde de cientos de miles de ni�os, mujeres y hombres? La primera pregunta tiene una respuesta indigna pero pol�ticamente correcta: es que Alemania ha firmado un contrato fabuloso para la venta de armas a Turqu�a. (Los diputados verdes todav�a no han preguntado por esa inmoralidad, siguen tomando la naranjada que sol�citos les alcanzan los sonrientes funcionarios de la “Realpolitik”.) El ministro del Interior socialdem�crata Otto Schily se ha mostrado indignado por las manifestaciones de los kurdos en las calles alemanas que no produjeron ni muertos ni heridos, s�lo cuatro j�venes kurdos –entre ellos una chica de dieciocho a�os– sin armas que fueron asesinados con un tiro en la nuca cada uno por la custodia del consulado israel� en Berl�n cuando intentaron entrar en esas oficinas. Pero sobre este inexplicable hecho de sangre todos se callan la boca: terreno extraterritorial, comentan los que tendr�an que intervenir pero miran hacia otro lado. Es que el pueblo kurdo no tiene “lobby”, palabra m�gica. Por ejemplo: el secuestro de Ocalam rompi� contra todos los principios jur�dicos que deber�an regir la vida de Occidente, pero es que Turqu�a permite una base a los norteamericanos para desde all� atacar a Irak. Todo es explicable, desde el punto de vista del oportunismo y el inter�s econ�mico y pol�tico.
Podr�amos traer en profusi�n esta tem�tica de la actual Europa. Pero vamos a centrarnos en un tema que mueve a la sociedad alemana y que es de debate en todo el mundo: el aborto. Hab�amos escrito ya que Alemania logr� una de las leyes sobre el tema m�s sabias basadas en la opini�n de expertos cient�ficos en la materia, de las asociaciones de mujeres, de psic�logos, soci�logos, pol�ticos y de las iglesias. Los obispos alemanes aceptaron en principio la ley pero no as� el Papa. Para quien aborto es directamente un crimen. (Esto no obsta para que el Santo Padre corra adefender a uno de los m�s aviesos y alevosos asesinos de uniforme: Pinochet.) Los obispos alemanes se reunieron y le enviaron a Wojtyla una propuesta para suavizar diferencias. Todav�a no ha llegado la respuesta. Pero mientras tanto han salido a la palestra varios te�logos cat�licos para terminar con la farsa. Eugen Drewermann, que adem�s de ser te�logo es psicoterapeuta, le ha replicado en forma concisa con argumentos que servir�n para esclarecer a muchos obispos, principalmente del Tercer Mundo, que no saben c�mo enfrentar este problema profundamente humano. Drewermann ha salido a la palestra para enfrentar al Papa mientras casi todos sus hermanos en la fe agachan la cabeza y se ponen de rodillas ante el “pont�fice”. Dice Drewermann: “Aborto no es sin�nimo de crimen. La posici�n de la Iglesia de Roma se puede comparar con el fanatismo de las sectas religiosas de Estados Unidos. Quiere hacer creer en forma dogm�tica que todo aborto es un crimen”. Y contra lo que sostiene el Papa de que la vida humana comienza en el momento de la fecundaci�n del �vulo, replica el te�logo: “�C�mo puede sostener eso? Hasta hace pocos a�os predicaba contra la ‘muerte blanca’, es decir, la p�rdida de semen que ‘no deb�a ser dilapidado’. Esto es tan absurdo como la prohibici�n estricta de todo anticonceptivo”. “Desde hace poco –expresa Drewermann– la Iglesia de Roma se remite a la biolog�a. Repite que cada �vulo fecundado, cada cigoto, contiene la genoma de un ser humano. �Pero, acaso por eso, un cigoto es un ser humano? S�, sostiene la moral papal con demanda de infalibilidad y acusa a cientos de miles de mujeres, que usan espiral, de aborto prematuro y boicotea con todos los medios una discusi�n razonada sobre ‘despu�s de la p�ldora’. Pero la biolog�a no sirve para tal rigorismo: ella conoce s�lo los pasos de la evoluci�n y no idiosincrasias ya listas”. “Por eso –contin�a– sostiene la Iglesia de Roma que en el momento de la concepci�n Dios crea un alma inmortal”. Dice que “este juicio es por dem�s discutible en su mezcla de biolog�a y metaf�sica. Por ejemplo, el Papa ruega, ‘acompa�ado de las almas de los ni�os abortados’ para que Dios perdone a sus madres ‘convertidas en asesinas’. Pero cigotos se pierden en abortos espont�neos.”
Y Drewermann, con una iron�a genial, se pregunta: “�Es entonces Dios un asesino s�lo porque la naturaleza tiene que probar cu�ndo la vida es posible biol�gicamente? �Es que acaso una mujer desde el comienzo ya no tiene derecho a ning�n plazo para decidir si puede soportar f�sica, ps�quica y socialmente un embarazo? Se puede creer en la ‘creaci�n’ de los hombres por Dios y en su resurrecci�n tambi�n sin la teor�a del alma de Plat�n; pero el plazo de la decisi�n en el problema del aborto s�lo deber�a vencer cuando el cerebro del feto est� tan conformado que sean posible las primeras reacciones ante el dolor y el miedo. En suma: quien aborta un feto hasta el tercer mes no mata a ning�n ‘ni�o’. Por eso ninguna mujer que aborta as� es una asesina”. Y para las que lo hacen despu�s, la ley contempla una serie de necesidades de urgencia.
Luego, Drewermann recurre al principio de bondad, que deber�a acompa�ar todos los pasos del pensamiento cristiano: “Los seres humanos en estado de necesidad necesitan comprensi�n y no condena. Deber�a ser cristiano el saber qu� necesidad de ‘salvaci�n’ tiene el ser humano desamparado. En cambio, la Iglesia Romana ignora conscientemente la dimensi�n de lo tr�gico en la vida humana en beneficio de una dogm�tica salvacionista m�gica-sacramental. Quien a�n siempre hace uso de la excomuni�n como castigo por el aborto no ejercita humanidad, s�lo quiere tener raz�n en vez de escuchar a Dios.”
Cuando uno lee esto y repara en la soberbia de los pr�ncipes de la Iglesia de Roma no puede dejar de pensar en la terrible figura que significa que el Papa, que llama asesinas a las mujeres que abortan, haya pedido por Pinochet, say�n de la tortura y el crimen. �Qu� dolor deben haber sentido todas las madres de las v�ctimas de Pinochet! En cambio, el general disfrazado de falso prusiano habr� eructado ruidosamente y se debe haber pedorreado de puro gusto y haber hecho el corte de manga cuando seenter� del mensaje del Vaticano. El Papa con �l. Por eso, perm�taseme algo que escribo con todo el coraz�n: mi abrazo a las Madres de Plaza de Mayo que le expresaron al Santo Padre toda la rabia contenida ante su pedido por el verdugo. Mi apoyo solidario a las Madres por esa misiva “imprudente”. As�, como acostumbran ellas. Las �nicas que son capaces. Comp�rense esas palabras escritas con la sangre de sus hijos con la misiva alcahueta y llorona del se�or Presidente de los argentinos al Pont�fice Wojtyla. Creemos que ah� en esas dos cartas est� definida la Etica de los argentinos. Una, en su extremo altruismo e indignada y desbordante sed de justicia. La otra, chorreante de palabras de moralina gacha y redituable, a la que se nos tiene acostumbrados y por la que se nos propone reeleccionismos.

 

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