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Miles de fieles desfilaron por la Basílica de San Pedro para despedir al Papa Se espera que durante los próximos tres días más de un millón de peregrinos pasen frente al cuerpo de Juan Pablo II. Más temprano, había sido trasladado entre los fieles a través de la Plaza de San Pedro. Silenciosos, con el rosario entre las manos y una plegaria en los labios, decenas de miles de peregrinos rindieron hoy su último saludo al papa Juan Pablo II después que su cuerpo fue transportado en una plataforma púrpura a la Basílica de San Pedro. Los “ujieres” vaticanos no daban tiempo al público a detenerse o hacer una prolongada genuflexión ante los restos del pontífice. Muchos de ellos lloraban abiertamente a su paso ante el catafalco. Otros tuvieron que recostarse contra el muro presas de la emoción y el cansancio a la salida del templo, diseñado por Bramante y Miguel Angel, en 1626. Los medios italianos dijeron que la policía intervino para controlar la aglomeración, después que el público fue autorizado a ingresar a la iglesia tras un servicio religioso en el que participaron cardenales, prelados y dignatarios. Sin embargo, no se informó de desórdenes ni heridos. |
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Los fieles se persignaron al caminar frente al féretro, y algunos tomaban fotografías del fallecido pontífice vestido con una toga de color carmesí y su mitra blanca de obispo. Las puertas se abrieron más de una hora antes de la anunciada por los funcionarios del Vaticano para que el público comenzara a ingresar. Un aplauso reverente de decenas de miles de personas saludó el paso de los doce portadores del féretro, flanqueados por guardias suizos con sus cascos coronados de plumas, que transportaron el féretro en una plataforma de color carmesí. Luego de trasponer la Puerta de Bronce, atravesaron la plaza y entraron en la basílica en medio de una nube de incienso. La procesión, con el trasfondo de sacerdotes que entonaban la Letanía de los Santos, comenzó en la Sala Clementina, donde se había instalado la capilla ardiente desde el domingo. Televisada por la emisora del Vaticano, la procesión avanzó solemnemente por las salas decoradas del Palacio Apostólico. Antes del comienzo de la procesión, el camarlengo Eduardo Martínez Somalo, cardenal encargado de manejar los asuntos de la Iglesia entre la muerte de un Papa y la asunción de otro, oró y roció el cuerpo con agua bendita. Las imágenes de la procesión se multiplicaron en pantallas gigantes en la Plaza de San Pedro y en la avenida principal hacia la basílica, donde observaban atentamente más de 200.000 peregrinos y turistas. Miembros del Colegio de Cardenales, los príncipes de la Iglesia ataviados con capas rojas, acompañaron la procesión, junto con obispos y otros prelados. Caminaron lentamente por los salones engalanados por frescos mientras cantaba un coro, pasando una por una la Scala Nobile, la Prima Loggia, la Sala Ducale, la Sala Regia. |
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Al trasponer la Puerta de Bronce, la procesión atravesó la plaza en dirección a la basílica en medio de los aplausos del público. En el interior de la basílica, el cuerpo fue depositado en una plataforma frente al altar central y el camarlengo volvió a bendecirlo con agua bendita e incienso. Luego, el cardenal Martínez presidió un servicio ritual de oraciones en latín. Los cardenales tributaron su respeto y a partir de ese momento el cuerpo quedó expuesto al público. El cardenal Navarro Valls precisó que la basílica permanecerá abierta toda la noche. “Me encantaría decirle a él cuánto lo amo”, dijo Lorenzo Cardone, un niño de 9 años que hacía fila junto a sus padres aguardando entrar en la basílica. La
Hermana Emma, una religiosa italiana de avanzada edad, señaló
que el Papa merecía todas las muestras de afecto público.
“Cada paso que doy no es nada comparado con lo que hizo él”,
agregó. |
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