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ADIOS AL PEREGRINO: CLARIN EN EL VATICANO: LA PATRIA DE KAROL WOJTYLA Más de 800.000 polacos en Cracovia despidieron a "su padre" Hubo dolor, abrazos y silencio en el último adiós. Desde Polonia siguieron los detalles de los funerales a través de pantallas gigantes. "El era uno de los nuestros", se escuchaba entre los jóvenes polacos. Hinde
Pomeraniec. CRACOVIA. ENVIADA ESPECIAL El dolor se palpitaba en las caras de cansancio y en los gestos lánguidos de los que iban llegando ayer a Blonia, el lugar en el que los habitantes de Cracovia decidieron despedir "al padre", como dicen aquí cuando hablan de Karol Wojtyla, el polaco que condujo el Vaticano durante más de 26 años. Hubo abrazos, silencio y orgullo en el adiós de las más de 800 mil personas que siguieron los detalles de los funerales a través de pantallas gigantes. Kamil y Piotr tienen poco más de 20 años y mucho en común. Dicen que les cuesta creer que puedan llegar a querer al próximo Papa como a Juan Pablo II ("él era uno de los nuestros...") y que junto con sus amigos prefieren pasar estos días de duelo juntos y movilizados. La noche del jueves fueron a la concentración que reunió a un millón de personas y llenó de velas la ciudad. Los más jóvenes lanzaron la idea de la marcha a través de Internet, en foros y chats, y también por medio de mensajes en los celulares. |
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Marko tiene unos 55 años y llegó en bicicleta. Dice que es católico, "aunque no fundamentalista". "Cuando Wojtyla asumió tuve la sensación de que iba a cambiar algo en Polonia. Siempre tuve la sospecha de que lo eligieron para que pasara eso. No sé qué creen los demás —se defiende—, pero luego de ver todo lo que ocurrió, pienso que no fue una elección inocente, sino política", argumenta. Ese "todo lo que ocurrió" del que habla fue que entre 1979 y 1980 comenzó en este país una rebelión pacífica en contra del régimen comunista que terminó por derribar el Muro de Berlín y darle alas a la independencia de los países de la ex URSS y del bloque del Este. No hay polaco que no sienta que el Papa ha sido uno de los actores políticos más importantes dentro de aquel proceso de liberación. Jozefa tiene el pelo corto y blanco. Y desconfianza, hasta que se larga a hablar. Está con su marido y su hermana, todos cerca de los 60. Ya estuvo en este mismo campo en junio del 79 y en 2002, cuando vinieron 3 millones de personas a ver al Papa. En el día del adiós, recuerda los comienzos del romance, allá por 1978. "Fue una sorpresa", cuenta. "Cuando salió al balcón del Vaticano por primera vez, sonaron las campanas y todos salimos a festejar", recuerda. Maggie es estudiante y tiene 24 años. Para ella, los corazones quedan rasgados con esta muerte. "Tendremos respeto por el próximo Papa, pero amor... Nadie puede tener dos padres", reflexiona con agudeza. Suena la antigua campana de la catedral de Wawel y sobre las pantallas los movimientos anuncian el final. Comienzan a cargar el féretro con los restos del Papa. Un hombre abraza por detrás a su mujer y esconde su cara en la nuca de ella. Un matrimonio joven acurruca a su bebé y toma de la mano al de cinco. Dos amigas se entrelazan los dedos. Una mujer sola reza de rodillas sobre el césped. El aire huele a huérfano. Cataratas de personas abandonan en silencio el campo. Una mamá lleva de la mano a sus dos nenas, vestidas con ropas folclóricas de Cracovia y banderitas del Vaticano. En la calle nadie quiere hablar del testamento y de si hubo una mano negra que evitó que el Papa descansara para siempre en su país. Wlodzierz Zapart es periodista del Gazeta Krakowska, el diario local más importante. Asegura que no tienen interés en ingresar en la polémica post mortem y que es claro que Wojtyla dejó la decisión en manos de los cardenales. Muerto Wojtyla, todo lo vinculado con él en Polonia ya es mito, peregrinación y souvenires. Blonia, el campo que está tomado por los jóvenes desde el jueves, mide unas 48 hectáreas y está en el centro de los dos estadios principales de fútbol, el Cracovia (del que era hincha el Papa) y el Vístula, el River-Boca eslavo. Ayer, como esas personas que no pueden dejar de juntarse con la familia luego de la muerte de un ser querido porque no resisten volver solos a casa, la gente se instaló en el campo después de las seis de la tarde, esta vez en clave de fútbol. Lejos de las guerras habituales de los fines de semana, olas de hinchas subieron y bajaron las calles exhibiendo banderas, bufandas y logos, por primera vez en son de paz. "Lo hacemos por Wojtyla, lo hacemos por Wojtyla", tronaban los vozarrones, mientras desde un primer piso, dos ancianas menuditas de batón los aplaudían y estimulaban. "Que vengan con nosotros, que vengan con nosotros", les devolvían los muchachotes con cara de chicos malos, que ayer no habían tomado una gota y gritaban entusiastas: "Mi corazón está contigo" o "Todos saben que en Cracovia, el único que manda es Wojtyla ", con el ritmo de "Guantanamera". Dos seminaristas se entremezclaban con la horda. La imagen de sus sotanas agitándose a dúo al ritmo de cantito de hinchada ya es inolvidable. Ayer, en la casa en la que el Papa vivía cuando era arzobispo de Cracovia y en la que se siguió alojando en cada visita, pequeñas multitudes se turnaban en la oración, encendían velas y escuchaban grabaciones. Celebraban sus discursos, sobre todo aquellos que Juan Pablo II daba obligado desde su ventana antes de dormir, cuando hablaba hasta la madrugada y le pedían "una más" a cada rato, como podrían haberlo hecho con la más célebre y rotunda estrella de rock. |
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Fidel "coincide" con el Pontífice El presidente cubano Fidel Castro, en un largo discurso en La Habana, calificó a Juan Pablo II de "hombre excepcional" con quien, manifestó, tuvo "coincidencia total" en la evaluación de los problemas mundiales. "Mientras leía los documentos del papa Juan Pablo II, descubrí una coincidencia total entre sus planteamientos teóricos y los míos", referidos a la situación internacional, dijo Castro, quien evocó durante cinco horas conceptos del Pontífice como "capitalismo salvaje" y "globalización de la solidaridad". Asimismo, Castro calificó de "hipócrita" la presencia del presidente George W. Bush en los funerales de un Papa que "tanto se opuso a la guerra y el imperialismo". LA HABANA. AFP Clarin, 9 de abril de 2005 |
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