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ADIOS AL PEREGRINO: CLARIN EN EL VATICANO: EL SEPELIO DE KAROL WOJTYLA Multitudinario y conmovedor último adiós a Juan Pablo II Un millón de personas despidieron ayer los restos del Papa en el funeral realizado en el Vaticano. Entre los invitados había 2.000 funcionarios de alto rango de todo el mundo. La gente clamaba "¡Santo! ¡Santo!" En el funeral más multitudinario de la historia, con un millón de personas movilizadas en distintos puntos de Roma y cientos de millones que siguieron la ceremonia por televisión y radio, Roma y el mundo dijeron ayer por la mañana adiós a Juan Pablo II, quien reinó durante 26 años y medio. Doscientas delegaciones oficiales, con más de 2.000 funcionarios de máximo nivel, asistieron a la ceremonia litúrgica en la Basílica de San Pedro que presidió el cardenal alemán Joseph Ratzinger, quien figura como uno de los favoritos para suceder al Papa que falleció el sábado pasado, tras dos días de agonía. Los ritos de larga tradición fueron dominados por una novedad inesperada. La multitud lanzó gritos de "¡Santo! ¡Santo!" en favor de Karol Wojtyla, dominada además por la congoja y el afecto intensos. Alineados en el sagrario de la Basílica, sobre la Plaza San Pedro, 160 cardenales observaron con un poco de asombro el reclamo popular que les exigía la canonización inmediata del pontífice polaco. |
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| Un
ataúd de madera pobre de ciprés, similar al que guardó
los restos de Pablo VI y Juan Pablo I en 1978, fue colocado con los restos del
Papa, delante del altar. Sobre el féretro, un ejemplar de los Evangelios,
cuyas hojas agitó un fuerte viento frío que levantó los
hábitos rojos de los cardenales.
El cardenal Ratzinger pronunció una óptima homilía, cargada de emociones que fue 13 veces interrumpida por los aplausos. En ella trazó un perfil humano y religioso de su amigo Wojtyla. El sermón culminó con miles de personas con lágrimas cuando Ratzinger, emocionado, dijo: "Podemos estar seguros, que nuestro amado Papa está ahora en la ventana de la casa del Padre, nos ve y nos bendice". El cardenal alemán aludía a la ventana del tercer piso del Palacio Apostólico, ayer cerrada, por la que se asomaba Juan Pablo II. "Es inolvidable el último domingo de Pascua cuando el Santo Padre, signado por el sufrimiento, apareció otra vez por aquella ventana y nos dio a todos la bendición Urbi et Orbi". En ese momento y durante 10 minutos la plaza comenzó a gritar "¡Santo! ¡Santo!", mientras los jóvenes cantaban en italiano "Giovanni Paolo" y ritmaban con aplausos, como le gustaba al pontífice fallecido. Trescientas mil personas, que llegaron desde la madrugada a los alrededores
de San Pedro, estuvieron en la plaza y sus alrededores, mientras que otras
setecientos mil se repartieron en grandes espacios de la ciudad donde habían
sido colocadas 26 pantallas gigantes. |
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| Las
aglomeraciones, sobre todo de jóvenes y con una gran presencia de decenas
de miles de polacos, contrastaban con el silencio en el resto de la ciudad.
Hasta las seis de la tarde (cinco horas menos en la Argentina), estuvo prohibido
el tránsito de coches. Fueron muchos y merecidos los elogios a los italianos
por lo bien que organizaron la recepción de tantos peregrinos y la seguridad
de todos, poderosos y comunes. "Fue como si Roma recibiera a otra Roma",
dijo el alcalde centroizquierda Walter Veltroni. Se estima que, con la asistencia
de ayer, unos cuatro millones de personas ocuparon pacíficamente Roma.
El presidente norteamericano George Bush, acompañado por su mujer Laura y dos expresidentes (su padre George y Bill Clinton) llegaron diez minutos antes de las diez de la mañana. Estaban ya los reyes de España y el resto de los líderes mundiales. Los 165 cardenales presentes se alinearon, en un momento de la ceremonia, en dos filas que flanqueaban el féretro. Lo mismo hicieron poco después 24 patriarcas y metropolitanos católicos de rito oriental. Karol Wojtyla "aceptó siempre la propia misión y el proyecto divino", dijo Ratzinger. "Nunca quiso salvar su propia vida, tenerla para sí". Al final de la ceremonia, los 12 porteadores pontificios vestidos de frac volvieron a cargar en sus hombros el ataúd con los restos del Papa. Subieron lentamente hasta las grandes puertas de la basílica y giraron el féretro para exponerlo por última vez a la multitud, que comenzó a aplaudir y a llorar y gritaron "¡Santo! ¡Santo!", un clamor que nadie podrá desoír, sobre todo el futuro Papa. El cortejo emprendió después el camino hacia el interior de la basílica, mientras las campanas de San Pedro doblaban en homenaje a Karol Wojtyla. El ataúd fue llevado a las grutas pontificias, donde esperaba el sepulcro cerca de la tumba de San Pedro. A las 14.20 esta ceremonia a la que no fueron admitidas las cámaras de televisión, había terminado. Clarin, 9 de abril de 2005 |
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