Volver

Autora:Amama Oca


Esperando al amanecer con los latidos del coraz�n desacompasados por los nervios, me levante de la cama, asom�ndome a la ventana respire hondo, llenando los pulmones de vida, contempl� el cielo cuajado de algodones blancos, nada hacia presagiar lo que aquel d�a ten�a reservado para m�, una ni�a de cinco a�os.
Entr� mi madre en la habitaci�n y comenz� a vestirme; yo ve�a la tristeza reflejada en su cara, desayunamos un taz�n de leche caliente; a media ma�ana me cogi� de la mano y nos fuimos. Mi hermana nos segu�a, ella ya sabia lo que iba a suceder. Cuando conseguimos llegar al puerto de Santurce, aquello era un caos; la gente corr�a despavorida sin saber a donde dirigirse; al llegar al control de embarque, mi hermana tir� de m� separ�ndome de mi madre. Cuando llegamos a la bodega no ten�amos donde sentarnos, a�n no hab�a dejado de llorar, luego cerraron las compuertas y apagaron las luces, en aquel momento, se oyeron sirenas y explosiones; el barco comenz� a ladearse como una c�scara de nuez en el salvaje torrente de una catarata; los aviones de Franco nos estaban bombardeando.
Qued� gravado en mi retina aquel cuadro, los gritos eran de miedo y terror, las madres desesperadas abrazaban a sus hijos para calmarlos, cuando ellas mismas gritaban y vomitaban de miedo.
Todos ten�an a sus madres, mi hermana y yo est�bamos solas, ella con once a�os y yo con cinco, cuando todo se calm� ca�mos las dos abrazadas encima de toda inmundicia y miseria; llor� hasta el agotamiento, poco a poco fui cayendo en un sopor, estaba en el caser�o corriendo por los prados verdes con olor a hierba reci�n cortada, mi madre me llamaba para darme la merienda, un fuerte balanceo me despert� volvi�ndome a la realidad.
Hab�an abierto las compuertas, por ellas entraba un torrente de luz, respire el aire puro y limpio del mar. Nos hicieron subir a cubierta, cuando mis ojos se acostumbraron a tata claridad, comprob� como el barco se acercaba a una costa que no conoc�a, era Burdeos.
Volv� la mirada hacia atr�s queriendo ver mi tierra querida; pero mi viaje continuaba con un rumbo incierto, sin saber donde nos llevar�a, ni cuando volver�amos a ver a nuestra madre. Al desembarcar nos vacunaron y ah� comenz� un interminable viaje en tren, a mi hermana se le infectaron las vacunas, cuando termino el viaje est�bamos en la frontera con Italia, a�n conservo la imagen de las voluntarias de la Cruz Roja d�ndonos de comer en todas las paradas que hac�amos.
Cuando mis familiares consiguieron llegar a recogernos hab�an pasado tres meses, nos volvimos a Bayona, y el viaje lo hicimos en coche cama, al pasar por Lourdes nos despertaron para que vi�ramos las luces de la Catedral.
Mis t�os nos trataron con cari�o pero yo siempre que nos sent�bamos para comer lloraba; con el paso de los meses llegaron mis hermanos con mi madre; y al terminar la guerra volvimos a nuestra casa. Cuando nos acerc�bamos vi a mi abuelo apoy�ndose en el bast�n, temblaba de emoci�n y el perro saltaba a nuestro alrededor demostrando su alegr�a.



Autora:Amama Oca



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