Un hombre de piel oscura

Autor: Mikel Ruiz


Ca�a la tarde, el sol se fund�a con el horizonte rojizo, salpicado por alguna nube blanca, daba al paisaje un tono rom�ntico contrastando con el color arena del suelo, que la escasa vegetaci�n dejaba ver.
La peque�a cala donde se encontraba Halen, escondido entre las rocas, revestidas de verd�n, la arena blanquecina, formada por diminutas part�culas de conchas. El olor del salitre de la mar que penetraba por todos los poros de su cuerpo le embriagaba. El color del agua verde, como reci�n hecho, si no seria por lo dram�tico de la situaci�n, ser�a una invitaci�n al sue�o.
Halen no conoc�a el mar en su pueblo del interior, el mar ten�a otro color, color pardo de arena quemada por siglos de sol abrasador. Este oc�ano interior carec�a de olas, la arena era batida por el siroco, el mismo viento encargado de curtir la piel de los habitantes de las aldeas a lo largo de los siglos. Una aldea en un peque�o valle al socaire de los fuertes vientos que soplaban desde el este. Unas casitas humildes entre peque�os cerros, salpicados de diminutos rodales verdes, y rudo esparto; endebles reba�os de cabras que junto a la parcela de huerta formaban parte de la humilde econom�a familiar.
Los hombres se dedicaban al pastoreo, trashumando un reducido reba�o, viejo y cansado, sin m�s aliciente que el mordisquear, lo que les proporcionaba el escaso sustento, mientras careaban el ganado, trenzaban cuerda de esparto que previamente hab�an secado, que luego les servir�an para transportar haces de le�a, o amarrar el propio ganado. Tener un burro en la aldea era signo de prosperidad, algunas familias manten�an al penco por la categor�a que daba al clan, eran burros so�olientos con las orejas ca�das hacia los lados, sus escasas fuerzas no pod�an mantenerlas erguidas, las moscas se apilaban a racimos, parec�an no molestarles, despu�s de vivir tantos a�os juntos, dando vueltas a la rueda de la noria, de la que sacaban agua en los desvencijados cangilones.
El sol ya se hab�a ocultado tras las colinas, un tenue resplandor, como una llamarada se divisaba en el horizonte, el crep�sculo con su juego de luces y tonos parec�a haberlo trasladado a otro lugar, su alejada aldea, su familia, sus amigos bull�an en su mente, su amada Jarifa, todo quedaba atr�s.
Halen quedo inm�vil, se o�an pasos, su respiraci�n empez� a agitarse, como si hubiera sido sorprendido in fraganti por el ojo oculto que todo lo ve, su mirada desencajada intentaba ver algo que la noche se lo imped�a, las aletas de la nariz dilatadas, el pulso acelerado, su rostro cambio de semblante. Prosegu�a el murmullo, cada vez m�s cercano, diviso a lo lejos una silueta, al borde del talud que separaba el agua de tierra firme; hacia se�ales con los brazos, indicando adelante. En esos instantes pasaron por su mente tantas cosas, que pens� que estaba perdido, se entregar�a a la polic�a sin oponer resistencia. El tumulto se o�a cada vez m�s cercano, ya distingu�a varias siluetas sobre el barranco, que fueron saltando y buscando acomodo entre las rocas. Halen respir� aliviado, el aire se le hacia m�s ligero, sus pulmones agradec�an aquellas bocanadas de aire fresco. Tras aquellos interminables minutos envueltos en el miedo, y la tensi�n, su pulso se fue moderando, la piel fue adquiriendo tono, la saliva pastosa y reseca dio paso a otra m�s liquida.
Observaba desde su atalaya los pasos de todos y cada uno de los reci�n llegados, como si fueran intrusos, hab�a que asegurarse antes de darles la bienvenida. O�a fragmentos de conversaciones en una lengua desconocida, sonidos ininteligibles antes jam�s escuchados.
-Por Ala que no salga la luna.- esto ya le resulto m�s familiar, cuando el grupo m�s cercano a �l, preguntaban cuando viene el barco:
-Ya deber�a estar aqu�, habr� tenido problemas, o simplemente nos a enga�ado y robado nuestro dinero.si salimos tarde estamos perdidos, la arribada tiene que ser antes del amanecer, la polic�a espa�ola nos estar� esperando, las posibilidades de llegar a la costa ser�n escasas, nos atraparan y nos devolver�n a casa, para gloria del rey Hachemita.
el frio ya se dejaba notar, la brisa se torno viento, la humedad de la noche mojaba sus ropas, nadie se atrev�a a ponerse en pie, y mucho menos a dirigirse al resto de los expedicionarios, que aguardaban la llegada de la barcaza que habr�a de llevarlos hasta la pen�nsula. El cielo estaba a rebosar de estrellas, la luna llena con su cara redonda parec�a sonre�r, el agua del que hasta hacia unas horas parec�a verde, se hab�a tornado negra como el alquitr�n, moteada de espuma blanca al romper las olas. A lo lejos una luz mortecina parec�a hacer gui�os, con el vaiv�n de las olas, todos permanecieron inm�viles hasta que el tras atl�ntico estuvo amarrado a puerto. Halen se acerco lo suficiente como para asegurarse que no era un guarda costas. No es que estuviera muy acostumbrado a ver barcos pero aquello le parec�a casi un vote salva vidas, si ten�an que hacer la traves�a en aquel cascaron.
-Que Ala los proteja � pens� � de las iras del maren nostrum. La embarcaci�n se encontraba a unos cincuenta metros de donde se hallaba el pasaje, una luz se alzo haciendo se�ales para que se apresuraran al abordaje. Los cuerpos fueron tomando forma, hasta ese momento hab�an sido meras sombras agazapadas en medio de la noche, cada cual tomo su equipaje, consistente en alguna prenda de abrigo que les ayudara a soportar las fr�as temperaturas que tendr�an que sufrir durante la traves�a, algunos frutos secos que les proporcionaran energ�a en �el ojo de aguja� que es el estrecho.
Pasados unos minutos todo el pasaje encontraba a bordo buscando acomodo entre las viejas tablas del casco, misi�n imposible, las escasas medidas a penas cinco metros de manga por tres de eslora, para veinticinco personas, despu�s de intentarlo de mil formas todos adoptaron la misma, sentados en el suelo, con la cabeza apoyada en las rodillas. A su espalda quedaba �frica su pueblo, su familia su amada jarifa, al norte de frente, lo incierto. La barcaza vieja desvencijada encendi� el renqueante motor, y enfilaron en direcci�n al estrecho, cobijados en el manto negro de la noche. Apenas recorridos unos kil�metros, se oy� el llanto de un bebe, un tremendo escalofri� recorri� todo su cuerpo, pregunt�ndose por qu�, una y otra vez se hacia la misma pregunta, la respuesta tambi�n era la misma: ser pobres y africanos.
El viento empez� a soplar g�lido como la sangre que corr�a por sus venas, el mar se encrespaba por momentos, salpicando el agua al romper las olas contra la proa de la patera, haci�ndose necesario ponerse ropa de abrigo.
Halen se acerco al patr�n de la embarcaci�n para preguntarle en que zona iban a desembarcar.
-Es imprevisible, - respondi� sin mirar hacia atr�s � todo depende de la mar, de la vigilancia, en principio deber�amos llegar a Tarifa pero...
El ni�o segu�a llorando, el fr�o y los saltos de la chalupa no le dejaban conciliar el sue�o, a pesar de los esfuerzos de su madre por abrigarlo ci��ndolo a su pecho. Halen saco de su bolsa vieja y rota, un d�til y se lo acerco a los labios. La miel del d�til atenu� moment�neamente sus gemidos, su madre lo agradeci� con un escueto Sal�n.
El resto del pasaje sumidos es sus pensamientos atenazados por el miedo, no hablaban entre ellos, dormitaban, esa sensaci�n de aparente tranquilidad, presagiaba el horror que Vivian todos ellos, el temor a que el mar se los tragara, o que fueran detectados por la patrullera de la guardia civil, la c�rcel, la repatriaci�n...Si consigo ganar la costa � hablaba Halen consigo mismo � caminare de noche hasta alejarme de la zona, durante el d�a descansare, alejado de los caminos ir� por donde sea dif�cil localizarme. Encontrare un trabajo y cuando gane dinero lo enviare a mi familia, para que tambi�n ellos puedan vivir mejor; tengo que conseguir papeles, un contrato de trabajo y si no lo consigo estar� perdido. Los deseos de Halen eran justos y nobles pero los elementos no parec�an estar a su favor, el fondo de la patera encharcado de agua, hacia que el tiempo pasara m�s lentamente.
Cerro los ojos, la imagen de su amada fluyo a su mente con inusual rapidez, sus ojos verdes, su piel morena aceitunada, su pelo. Te juro que volver� mi amada mujer, volver� para llevarte conmigo, construiremos nuestro hogar lejos de la aldea donde crecimos, pero ella siempre estar� en nuestros corazones.
Un fuerte golpe de mar le saco de su abstracci�n, la embarcaci�n dibuj� un �ngulo recto, hasta el punto de sentir v�rtigo en su ca�da libre, hasta estrellarse otra vez sobre el agua, alguna exclamaci�n de miedo se dejo o�r, que a medida que el mar prosegu�a con sus embestidas se iban generalizando. El patr�n ordeno silencio, obedecieron todos, todos menos el bebe, Su llanto arreciaba por momentos, los esfuerzos de su madre no consegu�an callar al peque�o, estos exasperaban al patr�n que volvi� a gritar con m�s fuerza silencio Halen respondi� con tono irritado:
-Es solo un bebe. � su madre lo miro de manera furtiva para agradecerle la intercesi�n, volviendo enseguida a bajar la mirada con gesto sumiso, como hab�a sido siempre en la vida de la mujer �rabe, cuanto hubiera dado Halen por pisar tierra firme en aquellos momentos de angustia en que el bote en el que se encontraba tenia la certeza de que iba a zozobrar, el viento de poniente silbaba cada vez con m�s fuerza, nadie dec�a nada pero era evidente que todos eran presas del p�nico, las miradas desencajadas, las manos fuertemente agarradas a los bordes laterales, para evitar que en la ca�da del bote al agua pudieran ser despedidos, y se los tragara el mar.
a lo lejos se ve�an como algunas luces mortecinas, intu�a que aquello seria la pen�nsula, concretamente Tarifa, fuere lo que fuere el tiempo se hacia interminable, pasaban los minutos y no parec�an acercarse a las luces de referencia, segu�an vi�ndolas igual de distantes, para algunos pasajeros la traves�a del estrecho se hab�a convertido en un verdadero infierno, el v�rtigo, las nauseas, los v�mitos, el miedo en definitiva, presentir el peligro, sentir la muerte sentada a tu lado, seca y fr�a, indiferente, esperando el momento oportuno para abrazarlos y lanzarlos al agua, ya no hab�a vuelta atr�s las cartas estaban echadas, continuar era peligroso, volver hacia Marruecos, no lo era menos.
halen hablaba para sus adentros, �tengo que llegar como sea, le promet� a mi amada Jarifa que volver�a a buscarla, si no vuelvo, la aria infeliz, ya no podr�a amar a otro hombre como estoy seguro que ella me ama a m�, tampoco otro hombre la amar�a de la misma forma que yo la amo. Que Ala y todos sus profetas nos protejan, y la rectitud de su luz divina nos gui� con acierto hasta la costa. �Otro golpe de mar, voces entrecortadas, la angustia iba aumentando por momentos, aquello se hacia insoportable, calados hasta los huesos, ateridos de fr�o, la tensi�n se pod�a cortar con un hilo y para colmo no pod�an soltar la adrenalina acumulada en todas aquellas horas desde que salieron de sus casa, en esas condiciones ni un grito les estaba permitido.
ya se divisaban los arenales, se sent�an m�s cercanos en la distancia y el tiempo, a veces se dejaban ver unas r�fagas de luz, que tan pronto desaparec�an, unos instantes para dejarse ver de nuevo, esta vez si que el grito entrecortado del piloto les hizo ver que estaban cerca de la costa y que esas luces que se ve�an que parec�a que jugaban a esconderse de sol a sol, eran las guardacostas espa�olas. Hab�a llegado el momento de la verdad se la jugaban todas a una carta, todos deber�an colaborar para que todo marchara lo mejor posible y evitar contratiempos. Pronto llegar�an a la arena, se hacia necesario apagar la luz del bote.
-Que nadie se asuste que no pasa nada solo es una medida de seguridad para no ser vistos, apagaremos el bote para evitar ser detectados por el sonar del radar, a partir de este momento avanzaremos m�s lentos pero m�s seguros. En cuanto encallemos en tierra r�pidamente saltaremos al agua, y cada cual buscara refugio como pueda y donde pueda, a partir de ese momento mi trabajo habr� terminado. Si por desventura alguno es detenido por la guardia civil no desvelara bajo ning�n concepto el punto de donde partimos. Tambi�n cuanto m�s tarde declar�is vuestra nacionalidad m�s tiempo gan�is para que las organizaciones humanitarias os puedan ayudar, suerte y que Ala os proteja, recordar lo que os he dicho: si alguien da nombres y datos que nos puedan identificar �l y su familia lo pagaran. Un golpe seco sacudi� el viejo cascaron, esa evidente que no hab�an encallado en la arena, una v�a de agua se dejo notar acto seguido del estruendo; el peque�o casco se part�a en dos, hab�a que saltar al agua y nadar tratando de ganar la orilla, algunos parar�an haber nadado con bastante asiduidad pero en el caso de Halen y la madre de aquella criatura, el agua no era un elemento que dominaran, las tablas del bote no ofrec�an demasiada resistencia, tantos a�os flotando sobre las aguas, en esta ocasi�n se negaron a colaborar aunque solo fueran unos metros m�s, ya el agua alcanzaba las rodillas, no hab�a m�s alternativa que saltar o hundirse, con el bote. Halen pens� en su amada, en su aldea, en su familia...Se lanzo al agua, dio unas brazadas pero apenas avanzo unos cent�metros, continuaba agitando los brazos en un nadar poco ortodoxo y menos practico pues apenas si se mov�a del lugar del naufragio. Oy� unas voces que enseguida identifico con la madre de aquella criatura que no hab�a cesado de llorar desde que salieran de Marruecos. Como pudo se acerco hasta ella, con intenci�n de socorrerla, tom� el cri� con una mano y la mujer desapareci� bajo el agua. Como pudo se asi� a una tabla ancha, del fondo de la barcaza, mientras sujetaba al ni�o a la tala con su brazo derecho, con el otro remaba, y se dejaba llevar por la fuerte corriente hasta la costa, tras un rato de remar, una de las veces que hundi� su brazo en el agua, sinti� como la mano tocaba la arena. Prosigui� remando, cada vez que sumerg�a el brazo era evidente que estaba en la costa, se puso de pie, tardo un rato en guardar el equilibrio, en seguida tomo al peque�o para salir del agua lo antes posible llegar a tierra firme y ponerse a salvo. Corri� en paralelo al agua para evitar dejar huellas que pudieran delatar la presencia de personas llegadas de forma clandestina, de esta manera evitar�a ser buscado, ahora con el peque�o su huida se hacia m�s dificultosa, pero estaba dispuesto a asumir el reto de ponerlo a salvo, al final de la playa, trepo por unas rocas que conduc�an a tierra, sigui� caminando con el peque�o acoplado a sus espaldas, que rendido por el cansancio, hab�a dejado de llorar, se interno en una ca�ada, caminando siempre hacia el este.
hab�an pasado varias horas desde que abandonara la playa para internarse tierra adentro, la tensi�n y la larga caminata empezaron a hacer mella en su cuerpo, cerca de ellos a medida que se acercaban se ve�a con m�s nitidez una columna de humo, Halen se alerto pensando que hab�a tomado el camino equivocado, dejo su peque�a bolsa junto al peque�o recostados sobre un alcornoque, se fue acercando con cautela para no ser visto, cuando estuvo lo suficientemente cerca se dio cuenta de que estaba ante una carbonera, parec�a que estaba abandonada no se ve�an rastros de persona alguna en sus alrededores, lo que le tranquilizo sobremanera, regreso hasta el lugar donde hab�a dejado al peque�o, lo tom� en sus brazos y corri� raudo hasta las inmediaciones dela carbonera donde pasar�an la noche sin temor a pasar fr�o, extendi� sus ropas para que se secaran, acurrucando al peque�o contra su pecho saco de su bolsa unos d�tiles, ciruelas y unos higos secos que se dispuso a comer, dando trozos de higos a su protegido que devoraba con ansiedad. Cuando sus ropas estuvieron secas se acomodaron cerca del fuego y se durmieron, un sue�o profundo hasta el punto de que el fuerte sol no consigui� despertarlos. Al amanecer, una voz de hombre les despert�:
-Oiga, �qui�nes son ustedes, qu� hacen aqu�? � Halen, se despert� sobresaltado tom� el cri� en sus brazos y estuvo a punto de echar a correr, pero el hombre lo tom� por el brazo. � tranquilo muchacho � dijo � no te voy a hacer da�o � prosigui�. Las preguntas se fueron amontonando. Como pudo le explico al carbonero, su origen y procedencia lo que hab�a ocurrido con la madre del peque�o. Le explico cuales eran sus planes para proseguir el camino, el campesino se mostraba comprensivo, pero no estaba seguro de que este hombre con ese ni�o pudiera llegar muy lejos, sent�a pena y una profunda compasi�n se apodero de �l recordando sus a�os de emigrante en Europa.
Estaba decidido a tomarlo como ayudante, y ofrecerles una oportunidad a �l y al ni�o para que pudieran seguir adelante. Junto a la carbonera hab�a una casa peque�a desabitada desde hacia varios a�os, pero que a Halen le pareci� todo un palacio, all� se quedo con el peque�o al que empez� a llamar Ibrain en recuerdo a su padre. La fortuna parec�a sonre�rle. Pero ese d�a no todo fueron buenas noticias, el carbonero le informo que una patera, que hab�a intentado ganar la costa el d�a anterior, hab�a naufragado con un saldo de veintitr�s personas muertas y tres desaparecidos. Halen pens� en que Jarifa ya se habr�a enterado pero como hacerle saber que estaba bien, que hab�a sido afortunado, que hab�a salvado su vida y la del peque�o Ibrain. De momento contaba con un amigo que ni le hab�a delatado a la polic�a ni le hab�a hostigado sino todo lo contrario se mostraba dispuesto a ayudarle en todo lo que estaba a su alcance para garantizar su seguridad y la de su ni�o. Cerro los ojos tras acomodarse en el viejo catre, su pensamiento fue presto corriendo al encuentro de Jarifa que le estaba causando tormento el no poder comunicar con ella y hacerle saber como se encontraba, tal vez ma�ana pueda solucionarlo con Manuel, tal vez �l pueda ayudarme. Ahora tengo que descansar y ma�ana ayudare a Manuel en su trabajo. Jarifa amada, mi vida y mi pensamiento est�n contigo que Ala nos bendiga y haga posible que pronto nos encontremos para colmar nuestra dicha. Construiremos nuestro hogar aqu� en esta tierra hasta que un d�a aunque ya seamos ancianos podamos regresar a nuestra aldea a descansar a la sombra de nuestros antepasados, bendecidos por Ala y sus profetas.

Hosted by www.Geocities.ws

1