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Promesas desde Carabanchel
Autora: Elena Bolzoni
Carabanchel, 2 – de abril de 2005
Mi querida Mary:
Me despierta la tenue luz matinal que entra de forma diagonal por el ventanuco enrejado. Marca de las mañanas grises del invierno. Cuando venga la primavera amanecerá con más alegría, y la raya diagonal se convertirá en pequeños hoyuelos, que nos darán la hora, según su posición.
Mary, tenias razón. No había motivos drásticos para que me implicara en el contrabando, pero las prisas por comprarnos el piso me apremiaron. Ya viene el pajarillo a recoger la miga de pan como todas las mañanas. El muy... me mira como diciendo...ale, yo estoy libre y tú enjaulado. Si, si, pero bien que vienes a comer la miga.
Mary, tenias razón. Con lo que me costo tragar la bolsa; una arcada tras otra, hasta que entro. Luego venia el traslado, si por lo menos hubiera sido en avión..., pero tuvo que ser en barco, con lo que me mareo parecía que estaba montado en una noria; encima no pude hacer de vientre hasta el destino.
Siento el ruido de llaves por los pasillos; el guardián la introduce en mi cerradura y abre, no para darme los buenos días, sino para hacer la inspección de rutina. Me preparo y voy a desayunar, las mesas compartidas, los compañeros con los que me llevo más o menos bien, y más tarde el taller. Te estoy haciendo un joyero de madera tallada, y te guardo otra sorpresa.
Mary, no te vayas con Juan, no le hagas caso a sus insinuaciones, son malévolas, nadie te va a querer como yo. No te ofrezco riquezas, (como la canción) te ofrezco mi corazón, te juro que aquí, en esta soledad profunda estoy cambiando.
Por las tardes nos imparten clases de informática, de logística y muchas cosas más.
Saldré para ir a la universidad. Mary, es broma, pero te prometo que cambiaré.
Esta mosca me está mareando, la matare, no puedo decir, no valgo ni para matar una mosca, no se por qué se dice esto cuando... ¿quién no ha matado una mosca en su vida? Se la daré a la araña que trabaja en su tela. La atrapa con gusto; aunque espero con paciencia, no la veo comer, pero al día siguiente ha desaparecido, ¿dónde la guardara?. Me gusta verla tejer: en su saliva tiene los hilos que afanosamente une y con los que forma la tela. Mary, si ella trabaja para hacer su casa,¡qué debo hacer yo, para tener la nuestra! Buscare alguna solución.
Estoy pensando que debemos casarnos, por varias razones: la primera es que tengo celos de Juan; la segunda; que los matrimonios tienen más horas libres para compartir con su pareja (además a solas) y la tercera, que te quiero mucho. Vete pensando lo que digo.
Me llaman para cenar, veremos la tele, me echare en el camastro, y vuelta a empezar.
Tu fiel amante.
Antonio Gómez