Se le qued� mirando. Hac�a tiempo que no le ve�a, pero estaba seguro de que era �l. Estaba cambiado.
─�Es que ha pasado mucho tiempo! ─se dijo─ y seguro que �l no sabe quien soy yo.
Se acerc� y le pregunt�.
─�No me conoces? �T� no eres Pin?
El otro se le qued� mirando y dijo:
─T� cara se me hace conocida, pero no caigo.
─Ver�s soy Pon �No te acuerdas que jug�bamos aqu� juntos y sujetos en el mismo pelo, en la cabeza de Irene, la del caser�o de La Pe�a.
─�Ahora s�! T� eres aquel piojo que siempre me dec�a lo que ten�a que hacer para sobrevivir ─dijo Pin
─El mismo!, y veo que aprendiste bien la lecci�n, pues te has convertido en un piojo precioso ─dijo Pon.
─T� tambi�n est�s muy bien, se nota que picas alto ─dijo Pin.
─Hombre llevo mucho tiempo en la cabeza de Irene, la del caser�o de La Pe�a, y me he ganado un puesto muy bueno junto a la oreja.
─�Pero t� c�mo has vuelto a la cabeza de Irene la del caser�o de La pe�a? ─le dijo Pon.
─Pues veras. Viv� un tiempo en una cabeza rubia rizada, all� estuve muy comodo, pero tuve que marcharme pues me amenazaron de muerte ─dijo Pin.
─�Y eso? ─pregunt� Pon.
─Siempre he recordado tus ense�anzas y he procurado estar al loro ─dijo Pon
─Un d�a not� como un fr�o seguido de un olor muy malo y me empec� a marear.
─Seguro que ser�a la gripe ─dijo Pon.
─�Nada de eso! Lo que me mareaba estaba en un frasco y en el papel de dicho frasco se ve�a una calavera y dos huesos cruzados y pens� � �sta me la quiere meter cruzada!, as� que me fui.
─Y has vuelto a las ra�ces ─dijo Pon con sorna.
─S�, pero antes de venir he rodado por varias cabezas. El mes pasadoestuve en la de julia la tortillera �te acuerdas de ella? ─dijo Pin.
─S� que me acuerdo, pero lo que no sab�a es que era tortillera, pero si estaba casada con Julio ─dijo Pon.
─Y est� ─dijo Pin─. Lo de tortillera es porque hace tortillas para pinchos y se las vende a Mar�a la del Cubilete. Las hace buen�simas, pero las del otro d�a se le quemaron. Se puso a hablar por telefono y no se acord� que las ten�a en el fuego. Las tuvo que tirar a la basura, pero eso fue un accidente.
─�Cu�nto me alegro de que hayas vuelto! �Me he acordado muchas veces de ti! Pensaba: �Qu� ser� de Pin? �Qu� pelo habr� tomado? Veras que bien lo vamos ha pasar, aqu� no corres ning�n peligro, puedes andar por todo el casco sin que te pase nada, porque Irene la del caser�o de La Pe�a no conoce lo del frasco de la calavera, el �nico frasco que conoce es el de empinar el codo.
Pon no cab�a en si de gozo. Su amigo de pelo hab�a vuelto, adem�s estaba de guapo�A Pon le hab�a costado mucho salir del armario, pero por fin lo hab�a hecho. �l no ten�a ninguna duda, le gustaban los piojos y se propuso conquistar a Pin aunque para ello tuviera que dejarle el mejor sitio junto a la oreja de Irene, la del caser�o de La Pe�a. Pero Pin estaba enamorado de una liendre albina que viv�a en la cabeza de Julia la tortillera. As� que cuando Pon le pidi� relaciones Pin le dijo:�Vete por ah� a picar! �NO ME SEAS MARIC�N!
Y aqu� termina esta historia
de dos piojos: Pin y Pon.
Pin queria a la albina,
y Pon era maric�n.