Mi confesor

¡Oh! polvo amasado con arte
forma caprichosa en tu diseño
recubierto de blanco esmalte.

En tan íntimos momentos
sin reparos ni vergüenza
nos desnudamos tu y yo.

Siempre con la boca abierta
esperando los detritus
o la meada severa
o ese viento huracanado.

Y al terminar el rosario
el agua baja en torrentera
para ayudarte a engullir
tal amasijo de mierda.

Mikel Ruiz



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