LA VOZ DEL CORAZÓN

Autora:Amama Oca


La víspera mi madre me baño. Yo miraba cómo planchaba el vestido, era el mejor que tenía, y cómo se le resbalaban las lagrimas por sus mejillas, ella se las secaba con rabia. A mi me parecía que mi madre estaba emocionada por mi comunión, pero era porque al día siguiente iban a juzgar a mi padre, él era prisionero de guerra, también preparo un crucifijo con un lazo blanco. ¡Que bonito me parecía!
Amaneció un día de sol. Sentí las manos de mi madre acariciándome el pelo.
-Venga cariño, despiértate, tenemos que ir a la iglesia, que es tu Primera Comunión.
Comenzó a vestirme. ¡Que guapa me veía con el lazo blanco!, las sandalias las estrené, pero eran de loneta. Llegue a la iglesia. Estaban los tres primeros bancos adornados con sabanas y algunas flores. Me coloque a la orilla de otra niña. ¡Ella si que estaba guapa con su vestido largo y blanco y el velo era precioso! Me sentí tan insignificante...
Unos minutos antes de comenzar la misa se acercó a mi el cura: acogiéndome de la mano me llevó al último banco. Volví la mirada buscando a mi madre; ella estaba en una esquina queriendo ocultar sus lagrimas.
Aquello fue para mí la mayor humillación que se le puede hacer a una niña. cuando salimos ella me abrazó y rápidamente nos fuimos para casa. Allí estaba un guardia civil con un papel en la mano. Mi madre temblaba cuando lo cogió. El guardia con cara de pocos amigos le hizo firmar un resguardo. Ella entro en casa y en aquel momento desató todo su dolor. A mi padre le condenaron a cinco años en el batallón de trabajadores.
Mi madre se quedo sola con cinco hijos y su padre, un anciano de ochenta años.
Este fue el día de mi Primera Comunión. Desde entonces tengo atragantados a los curas y a veces pienso: ¿habrá Dios? Mi vida continuo como la de una niña más de la posguerra; con muchas privaciones. Un día al salir de la escuela una vecina me dijo:
-Ha venido tu padre.
Corrí hasta casa. Él estaba con las mangas de la camisa remangadas. Me cogió en volandas con un brazo, ¡que segura me sentí!. Ahora ya no me podía pasar nada tenía a mi padre...
Aún mis ojos le ven, tumbado en el prado picando la guadaña, canturreando; esto siempre lo hacia los domingos, entre semana no tenía tiempo; él era metalúrgico. Otra veces le pedía a mi madre unos trozos de tela vieja y con una navaja se iba a injertar los árboles, también los podaba; era un enamorado de los árboles frutales.
Siempre decía que no quería que sus hijos pasasen deseos de fruta, teníamos de todas las clases. Cómo resuenan en mis oídos sus canturreos y sus silbidos. Se arremangaba cuando tenía calor, se tiraba la boina para atrás; era la estampa de un buen padre y un buen hombre.
Los años fueron pasando. Llego mi juventud, ¡que bonita era la vida!. Mis padres consiguieron rehacer su hogar, ¡que feliz me sentía!. Llegaron mis primeros amores, mis pies eran como dos alas, volaban y volaban..., las ilusiones eran todas de color de rosa. Los veranos mi casa se llenaba de primos, que risas en las campas dando vuelta a la hierba, nos quemaba el sol, pero éramos jóvenes y felices.
Me case muy enamorada con el único amor de mi vida tuve dos hijos que fueron, son, toda mi vida.
Necesite trabajar y aportar un dinero a mi economía, me hacia mucha falta, pero el machismo me asfixiaba, no encontraba salida, hasta que me coloque en un despacho de pan y por las tardes acudía a un centro de promoción de la mujer.
Mis padres envejecieron con dignidad. Mi padre murió, no pudo recuperarse de los abatares de la guerra. Mi madre también falleció, pero le sobrevivió unos cuantos años.
Mi corazón les recuerda con cariño. Si es que hay Dios Él los tendrá cerca de su mirada.



Autora:Amama Oca



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