Lucas se sobresalt� cuando sinti� que una mano le tocaba suavemente el hombro.
- Lo siento, joven, es muy tarde y vamos a cerrar. �Est� bien?
- S�, padre, estoy bien. No me hab�a dado cuenta de lo tarde que es. Muchas gracias por todo.
Despu�s de estrechar la mano del cura, Lucas sali� de la iglesia. No quedaba nadie en la calle. Mir� hacia el cielo, segu�a de un azul intenso y sin una sola nube. La ola de calor parec�a que no iba a terminar nunca. Se aflojo la corbata. El traje le pesaba como una losa debido al sudor, pegado a su piel le imped�a moverse con agilidad. Comenz� a caminar con desgana. Las im�genes de todo lo ocurrido en los �ltimos d�as pasaban como una pel�cula por su mente.
Solo, se hab�a quedado solo. Todo hab�a ocurrido tan r�pido que no hab�a sido consciente de lo que significaba hasta ese momento. La muerte de su abuelote hab�a cogido por sorpresa. No era que pensara que fuera a vivir para siempre, pero si que a�n le quedaban muchos a�os. Estaba tan lleno de energ�a y vitalidad�
El abuelo Monchi, as� le llamaban los m�s allegados, hab�a sido un hombre de fuertes convicciones, de car�cter duro y un poco �spero al que todo el mundo respetaba. No era muy dado a demostrar sus afectos: poco cari�oso y algo tosco, se hab�a ganado, sin embargo, el cari�o y la admiraci�n de su �nico nieto. Y Lucas hab�a conseguido lo que ni su abuela ni su padre lograron, romper la coraza que rodeaba el coraz�n de su abuelo y entrar dentro. El vinculo entre ambos se fue haciendo con el paso de los a�os cada vez m�s fuerte, sobre todo cuando uno a uno todos los seres queridos se fueron yendo hasta quedar solos ellos dos.
Lucas suspiro. Tem�a el momento de entrar en su casa y enfrentarse a la realidad. Y ese momento hab�a llegado. Parado frente a la puerta de su casa y con las llaves dando vueltas entre sus dedos, dudaba si entrar o echar a correr. Tomo aire y abri� la puerta. Todo segu�a igual que cuando tuvo que salir corriendo detr�s de la ambulancia hacia el hospital. Desde entonces no hab�a vuelto a pisar la casa, incluso el traje del funeral se lo hab�a prestado un amigo, evit�ndole as� tener que volver al piso.
Lucas atraves� como una exhalaci�n la sala y se dirigi� al cuarto de ba�o. Se quito la ropa sudada y se meti� en la ducha. Estuvo por lo menos veinte minutos debajo del grifo. Cuando salio del ba�o, ya seco, se sent�a mejor. Al volver a la sala, lo primero que vio fue la boina negra de su abuelo, Ca�da A un lado de su sill�n. Lucas se agacho y la cogi� entre sus manos con mucho cuidado, con reverencia, como si tuviera miedo de que se fuera a romper. La acaricio, el tacto era suave. Inspiro con fuerza, todav�a tenia el olor de la colonia que utilizaba su abuelo. Se sent� en el sof� y mientras pasaban por su mente peque�os retazos de su vida juntos, sus manos no dejaban de acariciar la boina. En un impulso sin, pensarlo, se la puso. Al principio se sent�a raro, incluso rid�culo poco a poco se fue encontrando m�s a gusto con ella. Como le gustar�a vivir las aventuras que su abuelo le contaba, ver lo que realmente paso, saber como se hab�a sentido.
De repente algo cambio, la habitaci�n parec�a moverse. al principio de forma muy suave, pero luego empez� a girar con m�s fuerza, m�s y m�s hasta que Lucas no pod�a distinguir ning�n objeto. Todo daba vueltas y m�s vueltas hasta que se sumergi� en una envolvente oscuridad. No o�a nada, no ve�a nada y parec�a flotar en el aire. Asustado cerr� los ojos.
Una mano tiraba insistentemente de su brazo. Sobresaltado, abri� los ojos. Lo primero que vio fueron las copas de unos �rboles muy altos y muchos arbustos a su alrededor. Parec�a estar en un bosque. A lo lejos se o�an ruidos, sonidos que no lograba reconocer. Se froto la frente y se dio cuenta de que llevaba puesto un casco. Se miro el cuerpo, bestia un uniforme, parar�a del ejercito. No entend�a nada estar�a so�ando, pero todo parec�a tan real� Cada vez m�s cerca se o�an ruidos que parec�an disparos, aunque no estaba muy seguro puesto que solo los hab�a o�do en la televisi�n.
Le volvieron a tirar del brazo, esta vez con m�s fuerza.
-Maldita sea, Monchi, �se puede saber qu� diablos estas haciendo? �quieres que nos maten a todos? Los nacionales se nos van a echar encima y t� durmiendo la siesta.
-Lucas mir� a su interlocutor. Un hombre alto, moreno, con barba de barios d�as y vestido con un uniforme id�ntico al suyo, le miraba fijamente. Parec�a cansado y unos c�rculos negros rodeaban sus ojos. Lucas contest�:
-�Qui�n eres? �D�nde estoy?
El hombre le mir� at�nito y d�ndole un peque�o golpe en la cabeza dijo:
Despierta de una vez, hombre, soy Miguel y te recuerdo que estamos en Santander con los nacionales pis�ndonos los talones. As� que mueve el culo o nos van a poner como un colador.
Lucas empez� a sudar profusamente, no pod�a ser lo que estaba pensando. mientras corr�an por el bosque le pregunt� a Miguel:
-Por favor, dime, �Qu� d�a es hoy?
Miguel freno en seco.
-Oye, �se puede saber que te pasa? No se te estar� yendo la cabeza �verdad? Estamos a veinte de abril de 1937. y ahora d�jate de tonter�as y acelera el paso.
Lucas ech� a correr detr�s de Miguel. Con las balas silbando a su alrededor, las aventuras que su abuelo le contaba sobre la guerra ya no le parec�an tan emocionantes. Al fin y al cabo su vida no era tan aburrida ni mon�tona. Comprendi� que era mejor la aventura de vivir la suya propia que revivir las experiencias de otros. Mientras corr�a, la duda y el temor le oprim�an el pecho: �conseguir�a salir de all� br>