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Ala vega de Federico
Al volver aquella esquina sent� mi coraz�n ajado y quise desandar aquellas piedras clavadas al suelo igual que mi coraz�n traspasado por mil dardos
lento en su palpitar helada la sangre me corr�a la mirada hiriente y mis manos maldec�an con gesto de dolor mi torpe cobard�a.
dos manantiales negros bajo los solsticios de mi su frente que no cesan de mirar y mirar para no verte
al comp�s que el agua cae voy maldiciendo mi suerte si yo hubiera acariciado aquel rizo de su frente aquellos labios de fuego aquella vara de mimbre que le arranque de las manos cuando iban a abrazarme a la orilla del granado.
Mikel Ruiz
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