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Contrariamente a los movimientos expresionista y cubista, el futurista (surgido en
Italia en el primer decenio del siglo XX, como movimiento Rico en teor�a, y pobre en realizaciones, el futurismo se derrumb� definitivamente aun antes de la ca�da del fascismo, que tanto le debe, y no despierta en la actualidad el menor inter�s.Del futurismo se recuerdan sus responsabilidades hist�ricas y sus rid�culas grandilocuencias.
Tren suburbano, obra de G. Severini Un comentario objetivo debe reconocer su indiscutible impacto internacional, especialmente en las lenguas romances; la oportunidad de su ruptura con uno de los academicismos culturales m�s vac�os y ret�ricos de Europa -el italiano-; y, en �ltimo extremo y pese a todos sus excesos, hay que rendir tributo a sus intuiciones: desde una filosof�a social comunista debe recordarse con cierto respeto a quien alz� la bandera, frente a la moral cristiana, de la "nueva religi�n moral de la velocidad"... El repaso de sus caracter�sticas principales puede contribuir a un balance desapasionado. Naci� con el Primer Manifiesto Futurista, publicado por su fundador el 20 de Febrero de 1909 en "Le Figaro" de Par�s, en el que proclam� como formas de expresi�n del futurismo la agresividad, la temeridad, el salto mortal, la bofetada, el pu�etazo.
Dynamismo de un autom�vil (1911), de Luigi Russolo Reivindicaron el tema de la m�quina, y dieron por finalizado su camino en el posible punto de partida. En todo caso, como observaron los imaginistas ingleses, no hab�a cosa m�s irrisoria que el deslumbramiento l�rico en torno a un avi�n cuyo modelo iba a quedar desfasado a los pocos a�os. La velocidad y la m�quina futurista no son reales; son m�s bien un fetiche literario con el que se deroga la realidad presente en nombre del futuro. Otros caballos de batalla del movimiento son la exaltaci�n de la intuici�n y del sensualismo "latinos" frente a la inteligencia; reivindicaci�n del valor y la audacia (virtudes de las que Marinetti dio aut�nticas pruebas enfrent�ndose en solitario a p�blicos hostiles a lo largo de sus giras y viajes); primac�a de "lo viril" frente a "lo femenino", punto en el que se traduce un claro puritanismo mis�gino ultraconservador; exaltaci�n de la energ�a, de la acci�n ("el pu�etazo y la bofetada", claro antecesor literario de la "dial�ctica de los pu�os y las pistolas"); revaloraci�n del nacionalismo, el patriotismo, el militarismo y, consecuentemente, la guerra.
Todos estos principios deb�an articularse en unas t�cnicas expresivas (resumidas en el
Manifiesto T�cnico de la Literatura Futurista, del a�o 1912) ciertamente m�s sugerentes
y que alcanzaron una aut�ntica difusi�n internacional. Tambi�n se debe a los futuristas la supresi�n del "yo" en el poema. Otras propuestas -como la desaparici�n del adjetivo y del adverbio- resultaron m�s dif�ciles a la hora de la pr�ctica. En todo caso, su concepci�n espacial tipogr�- fica del poema o del texto responde a los mismos principios y ha ejercido una misma, si no mayor, influencia que la de los cubistas.
Dynamismo de un ciclista (1913), de Boccioni. Por �ltimo, existe un aspecto de suma importancia en la actualidad: el futurismo es el primer movimiento que afirma los l�mites de la literatura, el primero que rompe con cierta sacralidad literaria e intenta traspasar las fronteras de lo literario para recuperar un punto de conexi�n con la vida. Que eligieran el camino de la acci�n y del compromiso fascistas es algo hist�ricamente comprensible. Pero fueron ellos los primeros en plantear un problema sobre el que gira el arte de vanguardia de los �ltimos a�os. Las nuevas teor�as se aplicaron tambi�n a la pintura (1910: Primer y segundo manifiesto de la pintura futurista, firmados por Balla, Boccioni, Carr� y Russolo), a la m�sica (1910: Manifiesto de los m�sicos futuristas, firmado por Pratella), a la escultura (1912: Manifiesto de Boccioni, en el que se afirma que la escultura debe convertir el infinito pl�stico aparente y el infinito pl�stico interior), al teatro (1915: Manifiesto del teatro futurista sint�tico, firmado por Marinetti y Settimelli, y Manifiesto de la escenograf�a futurista, firmado por Prampolini.
El norte sur, obra de G. Severini. El primero recomendaba sorprender al p�blico con cualquier medio, p. ej. con la concisi�n, reduciendo las escenas al tiempo fulminante (de pocos segundos) e incluso a otras formas art�sticas todav�a por nacer, pero destinadas a nacer en el futuro. Esta gran cantidad de programas revela una exasperada proyecci�n hacia el futuro; y si por un lado expresa la voluntad de romper con la tradici�n, por el otro demuestra una cierta incapacidad de realizarse en formas menos hipot�ticas y m�s actuales. Uno de los aspectos m�s llamativos del futurismo es, en suma, lo veleidoso, que se enmascara de triunfalismo para rechazar el mito de la derrota propio de cierto romanticismo y del decadentismo. Los futuristas cultivan, por el contrario, el mito de la victoria: victorias tal vez ficticias, coronadas no por una gloria aristocr�tica y solitaria (como en D'Annunzio), sino por el esc�ndalo en los caf�s, en la calle, en las salas de conferencias. De todos modos el futurismo fue, buena o mala, una escuela de pol�mica y de moral; y si us� con eficacia la t�cnica publicitaria, admiti�ndola de golpe en la expresi�n art�stica, lo hizo con una finalidad b�sicamente pedag�gica. Pero ello no impidi� a los futuristas transformar, con el tiempo, los temas iniciales de la m�quina, la velocidad, la t�cnica en exaltaci�n de la violencia, del imperialismo, de la guerra, �higiene del mundo�, y, por lo menos con Marinetti, del fascismo. En el �mbito literario, el futurismo italiano tuvo sus mejores exponentes, adem�s de en Marinetti, en A. Palazzeschi, C. Govoni y A. Soffici; pero los resultados m�s importantes del movimiento se alcanzaron, probablemente, en el campo de las artes figurativas, con la introducci�n (sobre todo por obra de Boccioni) de un nuevo sentido del espacio que tuvo consecuencias importantes en la vanguardia europea contempor�nea y posterior: cubismo, dada�smo, surrealismo.
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