1.-“Arte” e identidad...

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Nada puede ser más opresivo que definir, de una vez y para siempre, la “identidad” de una persona o de una cultura. Las formulaciones sobre identidad son sofocantes; apenas llegamos a una tenemos necesidad de escapar.” [1]

Marta Traba

      La autoría, la vida y la gráfica[2], términos condensados en autobiografía, concepto que sintetiza, desde cierta perspectiva, el propósito de mi tesis, la cual se servirá en gran medida de la noción e ideal dogmático de mi propia idea de Arte construida a partir del estudio y fagocitación de los diferentes significados que tiene y ha tenido dicho concepto.

      La gráfica para mí es la raíz del arte visual (incluyendo a la pintura), Vincent van Gogh en sus cartas a Theo[3] escribía: “se pinta como se dibuja” y el dibujo es la parte más importante de la gráfica. En todas sus formas creativas la gráfica es trazo, trozo, destrozo y organización. El trazo corresponde, tanto en la escritura como en el dibujo, a la línea, ya sea en la imitación o representación de la realidad o a la descripción de una idea. Los trozos son las delimitaciones de dichas ideas, los planos o marcos en que se inscriben. El destrozo correspondería a la procesualidad expresiva, a los cortes y quiebres que suceden en la performance, el error. La organización es lo constructivo, el reordenamiento de las partes en un producto concreto.

      La vida del artista (auto-bio…) es el soporte principal o medio por el cual la idea de arte logra insertarse más en la realidad, la herramienta que utiliza para existir (el arte vive gracias al artista y no al revés).

      La autoría es el concepto con el cual el artista alimenta su ego (yo, uno mismo y a la vez “sí mismo como otro”), con la autoría el creador reafirma además su responsabilidad y poder legítimo para con la obra, poder similar al paterno ya que implica pero no garantiza la propiedad de lo realizado o dado a luz.

Mis procesos de construcción de obra no se centran en los aspectos técnicos para que ésta resulte “bien hecha”, sino en cómo hice tal o cual cosa como significante abierto, me interesa el porqué de la utilización de iconografías, materiales y procedimientos, un porqué causal. 

      La temática abordada en mis obras gráficas y pictóricas problematiza el “ser”; tanto en el autor como en la obra e incluso en el otro, está desligada del lugar físico, pues tomo mis referentes desde un “estar” más cercano y que no posee una geografía física, sino más bien una “psicografía” e incluso “psicogeografía” de mi propio Yo interior, personificada, escenografiada y cartografiada de modo personal a partir de la identidad y la creación artística. Para ello hago uso del retrato y autorretrato como significantes primos con los cuales busco reflejar, desde mi mirada, el trabajo introspectivo del artista, su capacidad sensible, crítica y creativa, sus conflictos internos, su alteridad, egolatría y enajenación.

                       

1.1.-Mi Arte

 

A partir del momento en que el objeto o manifestación es susceptible de incorporar de manera intencionada aspectos de índole no directamente funcional, estamos delante de una creación artística.”[4]

Reinaldo Gonzáles

 

      Existe tendencia a abordar la creación y los análisis artísticos desde una perspectiva funcional ligada a la idea de arte como manifestación cultural que refleja el entorno histórico y social de una época y espacio determinado, para quien lo ve desde esta perspectiva una obra de arte lo llega a ser en la medida en que ésta pueda permanecer en el tiempo. Esta mirada antropológica muy inserta en el sistema de arte comercial y político sugiere al que posee formación o impulso creador plantearse como marco la ubicación en su aquí y ahora, generalmente desde una perspectiva política y crítica. Esto lo lleva inevitablemente a tomar como referente su ubicación geográfica, la historia, el sistema político o social para quedar inserto en alguna de éstas esferas. Esto se debe a la misma infuncionalidad del “Arte”, el cual busca evitar la extinción como un virus, mutando, disfrazándose o alojándose dentro de otras actividades como la comunicación, la publicidad, la propaganda, la artesanía y, o lo que algunos llaman, Arte. La introducción al libro “La originalidad de la vanguardia y otros mitos modernos” plantea esta cuestión clasificando al arte como una realidad.[5]

      He nombrado un cadáver difícil de manipular ahora que muchos lo velan. Se podría decir que la realidad o lo verdadero es el modelo original del Arte, imitar la realidad buscando el parecido exacto, la copia, lo idéntico, ha sido la obsesión de muchos artistas y lo sigue siendo (ver imágenes No22 y 23), para otros la representación misma sigue siendo poco “autentica” optando reemplazar los signos y las imágenes por la presentación directa de los hechos y las cosas. Algunos se habrán percatado que la verdad podía ser también silenciosa y abstracta, mientras otros, sin abandonar la figuración, pasaron directamente de representar a retratar la realidad, quizás no en forma idéntica, pero ahondando en la identidad original de cual fuese el modelo.

      Se habla de que el arte ha muerto. Para mí en cierta forma nunca existió, como diría Gombrich en el inicio de la introducción a su historia del arte: “No existe, realmente, el Arte. Tan solo hay artistas.” o un poco más adelante: “...el Arte, escrita con A mayúscula tiene por esencia que ser un fantasma y un ídolo”. Por otra parte Régis Debray en “Vida y muerte de la imagen” afirma que “No es el artista el que ha hecho el arte, es la noción de arte la que ha hecho del artesano un artista...” Si bien estas dos últimas afirmaciones parecen a simple vista un debate inútil entre lo que sería primero entre un tipo de actividad y producción o el concepto que se tiene de ésta (el huevo o la gallina), en verdad me afirman de que ambas apreciaciones son válidas en la medida en que el Arte más que una idea es un ideal, un virus fantasmal, una utopía, y cada obra es un ser a imagen y semejanza de su autor, mutilado, carente de pies en donde pisar, suspendido en el aire o en un no lugar.

      Creo que el ego juega un papel fundamental en toda obra artística debido a que su realización y admiración es personal e infuncional, la expresión “por amor al arte evidencia que es una forma de amor propio. Además la producción artística actual que no está destinada sólo a satisfacer el ego de sus mentores es producto de artistas en formación, la profesional es directa o indirectamente comercial y, o, está basada en la funcionalidad cultural, política y social anclándose al terreno, el paisaje, el lugar y la ciudad. La trascendencia de  la tradición del paisaje en el arte chileno[6] no es más que una egolatría masiva delimitada por fronteras virtuales, las cuales más que unir a la humanidad la han fraccionado en identidades colectivas pequeñas y fáciles de dominar.

      La idea de Arte ha tenido tantos matices, interpretaciones, significados y ha estado asociada a tantas causalidades, funciones, finalidades y propósitos a lo largo de toda su historia que un consenso común se hace tarea compleja y prácticamente imposible. El Arte no es un arte, así como tampoco es el arte de... “Hay tantas artes como artistas y ello es doblemente cierto en una era tan ecléctica como la que nos ha tocado vivir.”[7] La definición de Arte más importante es la propia y es tarea de cada cual (sobre todo los artistas o estudiantes de Arte) forjársela con responsabilidad. Es esto más que nada el “origen”, lo que constituye la identidad artística única de cada cual.

      Si llego a la conclusión que el Arte, como concepto prácticamente indefinible, no existe o sólo es perteneciente al universo de las ideas o los ideales ¿Cómo podría diferenciar una obra artística de una producción artesanal, propagandística, publicitaria, científica, o lo que fuese? Lo que yo defino que es Arte –en la praxis- lo construyo a partir de las similitudes y diferencias que existen con otras actividades, por ejemplo, las producciones comunicacionales con las artísticas.

      Arte y comunicación, a pesar de tener en común: código, emisor y receptor, estos elementos se comportan de manera diferente en cada forma de transmisión.

      El concepto comunicación connota etimológicamente común y único, o sea, corresponde por medio del código común entre emisor y receptor un mensaje único. El artista contemporáneo en cambio (emisor), para constituir su obra, expresa libremente en un lenguaje personal (código), que con mucha suerte es comprendido a cabalidad por el mismo autor, dada la autonomía que adquiere la obra (in)acabada y pulsante de significaciones, a fin de traducir, y es encauzado hacia el público con mayor dificultad por la crítica y la teoría que se hace tan inútil, en su afán de comunicar, como el Arte mismo, ya que el espectador (receptor) debe completar la obra con una percepción libre y personal.

      La expresión arte deriva del latín ars que es la traducción del griego téchne, destreza, lo cual se basa en los conocimientos de reglas. A lo largo de la historia esta definición ha ido degenerando en variadas interpretaciones del término, agrupando diferentes actividades humanas como las ciencias, los oficios, la poesía, diseño, pintura, escultura, elocuencia, fotografía, cine, teatro, danza, arquitectura, música, etc. Dando origen a un sinnúmero de usos, de ahí a que se utilicen diferentes expresiones ligadas, tales como arte, Arte, artesanía, Bellas Artes, Artes Plásticas, Artes Visuales, manuales, mediáticas, etc.

      Ante este abanico de posibilidades que me da la historia me es necesario forjar una definición propia producto de la digestión de gran parte de las definiciones expuestas y utilizadas en el tiempo. Lo primero en mi caso es corresponder la idea planteada en un principio por Platón de que “El arte no es un trabajo irracional”, esta idea es reafirmada por Da Vinci y Duchamp, lo que imposibilita obviar esta afirmación. Segundo, marginar de mi definición la idea de que una “obra de Arte” lo llega a ser tan sólo si ésta puede trascender en la historia, pues esta definición excluye las formas de expresión efímeras que no tienen nada que envidiar a las obras trascendentes en cuanto a su valor artístico. No hay que obviar la historia, tan sólo estar concientes que es siempre una ficción, una representación de la realidad retratada y corrompida, por tanto inexacta e irreal. Corresponde también catalogar la creación y apreciación artística dentro del ocio y no, como suele ocurrir al ligar el arte con la “cultura”, con el “neg-ocio”. Es necesario además preenjuiciar que el Arte se debe valorar en forma independiente a las funcionalidades a las cuales puede estar sujeta la obra, como por ejemplo, la utilidad, la belleza, la mimesis, el concepto, contexto, capacidad comunicativa, el sensacionalismo, la entretención, el espectáculo, etc. Por tanto la valoración artística debe responder a lo que llamaré sublimidad (belleza o grandeza profunda), poco importante es lo clara que esté la causa de que una obra me guste, choque, ensimisme o provoque cualquier tipo de inquietud, lo importante es apreciar su naturaleza artística, para lo cual no se necesitan conocimientos especializados ni vastos, como cuando se sabe que algo es bello o no lo es, se siente cuando algo es sublime aunque sea del porte de un alfiler. Hay que hacer de tripas corazón…y sesos (ver imagen No35).

      Un objeto que es admirado más por su utilidad práctica, social, política, económica, crítica, o la que fuese, pierde su carácter artístico. Asimismo las obras en las que la admiración se centra simplemente en la técnica, la búsqueda de la belleza superficial o en la mimesis exacta, ya que es injusto menospreciar de ese modo al Arte.

Mimesis y belleza tuvieron una ubicación privilegiada dentro de las artes ya que, “en un principio la mimesis es un acto de culto”[8], los griegos creían que la naturaleza era perfecta, bella y por ello era necesario imitarla lo mejor posible. Si bien la mimesis jugó un rol muy importante (dentro y fuera del arte) y aún lo hace en buena medida, ésta se contrapone a la invención, que corresponde más al campo científico, y también a la imaginación, la ficción, la libertad del artista y la inspiración, cosas fundamentales para un productor de obras de Arte.

      La mimesis dio paso a la copia, la representación, la presentación directa de las cosas y el retrato. Según Vicenzo Danti, el objetivo del arte no era imitar, sino retratar[9].

El artista, siendo inútil (libre de utilidad), debe luchar contra todo tipo de pobreza sin garantías de salir victorioso y de hacerlo, se arriesga siempre a corromper o perder su esencia “infuncional”, lo que lo sitúa en un no lugar, es decir, su objetivo es muchas veces utópico. Como además “en la variedad está el gusto” el artista debe multidisciplinarse para así camuflarse entre la gente “productiva”.

 

 

1.2.-Retrato y autorretrato (problemas de identidad y alteridad)

 

No lamento sino una cosa en la vida: no ser otro

Woody Allen

 

                             Retrato e identidad son principales objetos de estudio en el arte. Se cree que al comienzo, el retrato corresponde a una voluntad individual de representar a alguien, ya sea por motivos morales, afectivos, religiosos o poéticos, sacralizando la imagen representada. Se debía conmemorar a una persona y esta función condiciona la estrecha relación entre muerte y retrato.

Retratar o autorretratarse es como convertir la figura humana en ídolo para que acceda a la eternidad. Tanto representar como retratar es un implicar del sujeto, es ordenar el mundo fáctico en figuras, las cuales siempre estarán dotadas de un significado, es tener un punto de vista que dé cuenta de las figuras y el horizonte permitiéndonos decir “esto es tal cosa” (Ver imágenes No39, 40, 47, 48, 49, 50, 60, 61, 62, 63). Esta afirmación alude una “comparación” suponiendo un conocimiento que nos permite legitimar lo representado a pesar de que “esto no sea una pipa”.

Reproducir es multiplicar mecánica o metodológicamente determinada cosa. Presentar o representar (volver a presentar) es tomar una parte del todo y mostrarlo tal como se ve. Interpretar es apropiarse de la pauta o modelo y resolverlo en algo determinado, traducirlo a una forma propia. Retratar es trabajar con un referente determinado al cual se hace relación describiendo las similitudes sobre todo en lo que es ajeno u otro como representación interna, semejanza que nos lleva a interpretar la ficción de ser el otro. Este “yo soy aquel” es el primer paso fagocitario, la relación inter-entre (tal vez lo que algunos llaman inspiración). La influencia de lo externo en uno permite apropiarse de los caracteres para luego re-de-formarlos, transformándolos como el bolo alimenticio en elementos propios, desprenderse de ello es lo que concreta la catástrofe creativa: la creación de un tercero autónomo[10].

La ilusión de realidad o la mimesis representativa no es lo único que constituye lo “artístico”, también lo es la construcción, la expresión, etc. Por tanto el rol del arte no es representar fielmente alguna parte de la realidad, sino re-tratarla[11] constantemente dada la mutabilidad incansable del todo, el cual es inabarcable. Que una obra parezca inacabada, sea abierta, evidencie su proceso o exija que el espectador la complete muestra que el valor no se sitúa en el objeto sino en su ejecución permanente.

En el sentido restringido de la palabra se define el retrato como la reproducción gráfica de la apariencia de una determinada persona. Para mí retratar es una forma de representar tanto lo evidente o visible como lo oculto de las personas. No sólo es un ejercicio de representar la apariencia física identitaria de un individuo, sino más bien un juego entre los caracteres del cuerpo y del alma, la cual tiende a asomarse y ocultarse tras la máscara de la piel. En cierta forma es además un engendro, fusión entre representante y modelo.

El retrato, autorretrato y las identidades, establecen un juego de transformaciones de fluidez hedonista. Parto y deposición de la imagen propia, al tiempo que me desprendo de ella, perdiendo la propia identidad, como expresión de una escena siempre provisional y transitoria.

Por lo general, tanto en la escultura como en la fotografía y la pintura, es tratado desde un corte que compone el rostro y parte del torso, a este corte se le conoce con el nombre de busto, otros retratos más generosos en sus detalles implican caracteres de vestimenta, elementos ornamentales que componen una escena e incluso una pose. Más que el lugar, los personajes son inscritos entre objetos, elementos o circunstancias reconocibles, esto es lo que delata la época o sitio específico en que es realizado.

Durante el estudio y práctica de la actividad artística he convivido con retratos, los que he admirado, los que he hecho a personas a modo de ejercicio, regalo o negocio, los que me han hecho otras personas y los míos propios. Todos ellos en las más variadas técnicas, estilos y apariencias.

Personalmente he hecho uso de la facilidad gráfica mimética trabajando como retratista callejero en un sector turístico (Ver imagen No 51) y mediante la práctica de esta artesanía he podido autofinanciar mis estudios y obras. Pero más que una mera acción utilitaria, retratar puede ser una forma de completar la representación del habitar psíquico interno ya que existe una apropiación de la imagen identitaria de cada sujeto retratado. Cada retrato es un autorretrato y los dos permiten conjugar problemáticas de la originalidad, identidad y la alteridad. Leonardo afirmaba: “El espejo es el maestro de los pintores”

Lo que se repite en mis autorretratos pictóricos, desde “Ángel” y “Autorretrato múltiple” (Ver imagen No 30), es el corte en el torso a modo de vivisección (disección del cuerpo vivo, con el fin de hacer un estudio), los personajes parecen prescindir de su “otra mitad”, esta mutilación hace relación no sólo al corte que suele darse comúnmente al retrato (busto conmemorativo, foto carnet, etc.), sino a un cuerpo código, el cual se podría segmentar por presas significantes: La cabeza correspondería a la mente; el rostro que posee la mirada y el lenguaje simboliza la imagen que proyecta nuestra personalidad; el pecho que es contenedor del corazón y los pulmones, además de ser la dirección donde se apunta para señalar identidad, es el contenedor del alma y la vida; las manos son la capacidad de trabajo y creativa. Más abajo encontramos las vísceras y el sexo que remiten a nuestro instinto; y por último las extremidades inferiores, las cuales al estar en contacto con la tierra nos recuerdan donde estamos parados acercándonos al mundo real de lo concreto. Privo a los cuerpos que representan parte de mi identidad o personalidades interiores de algunos de estos códigos como una ausencia significante, por ejemplo en el caso de ausencia de sexo o erotismo se debe a que no existe genero sexual en las representaciones psíquicas internas o espirituales, tampoco los pies ya que no me obsesiona el lugar (donde estoy parado) como referente, o la unificación identitaria de colectividades como la nacionalidad o raza, sino el individuo como idea parcial y múltiple (Ver imágenes No 30, 33, 34, 35, 36, 37, 38, 42, 44)

Para mí la mimesis o representación total de una idea es completamente imposible ya que nuestra naturaleza humana sólo nos permite percibir parte de la realidad, lo que nos mantiene en el aire al igual que los fantasmas que merodean en alguna parte incógnita de nuestro interior. Aceptar la realidad es un acto de fe[12] y creer es la ficción en cuanto que a la realidad que vemos (siendo parcial) es verdadera, por tanto una creación ilusoria, magia, error, como creer que uno mismo es “sólo uno” o “un todo”[13].

Todo esto no quiere decir que la realidad sea digna de tantas dudas, sino tan solo que la verdad no son las figuras que vemos, ni los recuerdos que almacenamos en nuestra memoria en forma narrativa, sino un Todo múltiple y parcial, abstracto como la Nada o la retícula.

Imagen No 1

Alberto Durero.

“Hombre dibujando un laúd”

Grabado en madera, 1525

La retícula declara “el carácter autónomo y autorreferencial del espacio del arte”[14], divide el espacio en forma abstracta e infinita promoviendo un silencio puro, sin embargo puede ser leída como símbolo o figura, como, por ejemplo, un tablero de ajedrez, un piso enlozado, una red, etc. En la mimesis ha sido utilizada como herramienta para el traspaso de una imagen al dibujo (Ver imagen No 1) y en la reproductibilidad técnica de la imagen ésta vuelve a asomarse en los píxeles de una fotografía digital. La retícula, entonces, declara también que el realismo, la ilustración y la narración no tan solo tienen que ver con lo figurativo, sino con lo abstracto, como en el caso del boceto y el “re-trato” (procesos en los cuales se realiza una copia cuyo resultado es una abstracción del modelo) o la digestión, en donde el producto-obra (que es la hez si se toma el proceso creativo como fagocitosis) es una representación del alimento deformado y expuesto (Ver imagen No 2) para ser “nuevamente tratado” (re-tratado).

Imagen No 2

Piero Manzini

“Merda d’artista”

30 gramos de excremento del autor conservado al natural, producida y enlatada en el mayo de 1961

Por ello he utilizado la retícula como herramienta y significante en algunas de mis obras. En la instalación “Binar10” (Ver imagen No 42, 43, 44) la utilicé como método para traspasar y ampliar a la tela mi autorretrato. Esta trama la reutilizo como fondo transformándola en tablero de ajedrez, lo cual tiene que ver con el silencio místico de Duchamp al volverse ajedrecista. En esta misma obra uno de los bastidores de 1x1m (el que no estaba entelado) posee una retícula de lana negra que divide el cuadrado en 100 de 10x10cm, 64 de ellos (los que estaban completamente encasillados por la línea negra y peluda) hacen referencia al damero, lo cual está mas claramente evidenciado mediante las coordenadas puestas en el bastidor en letras de la A a la G y números del 1 al 8. Algo similar sucede con los fondos de los cuadros “Ella” (Ver imagen No 36), “Egofagia” (Ver imagen No 37) y “Noquieren(h)acer”  (Ver imagen No 38).

La retícula es también parte importante en la instalación “Ésta es…” (Ver imagen No 47) en la cual las páginas en blanco ordenadas en 13 filas y 20 columnas se ausentan en 111 de las 260 casillas virtuales trazando con el vacío la frase: “ESTA ES LA CAJA”. Un proceso similar se produce en la intervención “Ego” (Ver imágenes No 54, 55, 56, 57, 58, 59) con las palabras NOS, YO, TÚ, ELLA, ELLO Y EGO y la instalación “Autorretrato” (Ver imagen No 60) con la frase “ÉSTE SOY YO”.

Más tarde en la intervención “Joven Extraviado” (Ver imágenes No 72, 73, 74 y 75) el proceso de traspaso manual de una imagen (Ver imagen No 1) es retomado nuevamente para hacer referencia a las tramas o redes sociales en los diferentes circuitos artísticos, esto con motivo de que mis dos últimas exposiciones fueron realizadas en espacios expositivos alternativos dirigidos por alumnos y exalumnos de la Universidad (“Autorretrato” en Espacio G y “Joven extraviado” en GPA) 

 

 

 

 

 

 

1.2.1.-Retrato y autorretrato en la Historia de Occidente

 

Dios dijo: "Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza… ”                                Génesis 1:26

 

Entonces el Señor Dios modeló al hombre con arcilla del suelo y sopló en su nariz un aliento de vida.”     Génesis 2:7

 

 

El retrato ha sido utilizado desde los orígenes del arte, según el mito griego de la alfarera de Corintio sustituyendo la presencia real de un ser, en la genealogía de familias, como documento identitario o histórico, en las jerarquías de ejércitos, naciones y empresas, graficando liderazgo o el ejemplo de mártires, héroes, próceres y trabajadores del mes.

 

 

      

Imagen No 3

Leonardo da Vinci

La Gioconda

Óleo sobre madera, 1503/05

Imagen No 4

Leonardo da Vinci

Autorretrato

Tiza roja sobre papel, 1512

Dentro de la pintura y las artes es el género que más agrada al público, posee posibilidades inagotables y un valor identitario tanto para artista como para modelo, es muchas veces mas rentable comercialmente que el paisaje y se mantiene fácilmente pregnado en la memoria, prueba de ello es que la obra de arte mas famosa es un retrato (Ver imagen No 3).

 La gran época del retrato en occidente transcurre en Europa entre la baja Edad Media y el siglo XVII. Hasta el siglo XIX, un retrato tiene que ser algo "parecido" que transcribe a la vez las identidades físicas y psicológicas de sus modelos. La única trasgresión que se podía aceptar era la estilización idealizada o el embellecimiento de la figura. A partir del siglo XVII, con Rembrandt (Ver imagen No 9) por ejemplo, surge la necesidad, para el artista, no sólo de reproducir una figura humana sino también de representar humores, actitudes intelectuales o morales. A partir del siglo XVIII el deseo de independencia del artista se materializa en una autonomía de las artes que empiezan a liberarse progresivamente de funcionalidades. Con el Romanticismo nace la idea del genio liberado y libre en su pintura.

En el siglo XX rompe con nociones elementales, a veces no se puede reconocer al modelo enseguida como en el caso de Francis Bacon y su autorretrato (Ver imagen No 13). Los retratistas tienen nuevas motivaciones, el retrato ya no es más que un pretexto, un soporte para la imaginación. Además de reproducir la simple individualidad del modelo, cuando hace un retrato, el artista intenta ilustrar su propia actitud ante el mundo exterior y el arte, pasando así a tener una connotación social.

El retrato no es sino una de las formas del autorretrato, sin embargo se entiende más comúnmente (por cuestiones etimológicas e históricas) el autorretrato como un subgénero del retrato. El autorretrato aparece cuando el artista se descubre a sí mismo como motivo de exploración estética. Uno de sus principios fundamentales parece consistir en saber tomar distancia del espejo, en vencer la tentación de querer dar una imagen personal idealizada o perfeccionada, para hacer un ejercicio de sinceridad, capaz de ir más allá de la fachada propia. Como gran género pictórico nace a fines del siglo XV, cuando Alberto Durero (Ver imagenes No 5, 6 y 7) comienza a realizar una serie extraordinaria de ensayos con su propia efigie. Desde entonces para acá, el autorretrato ha terminado por ser una de las vetas más ricas del arte occidental.

                    

Imagen No5

Albero Durero

Autorretrato a los 13 años

Lápiz de plata sobre papel, 1484

Imagen No6

Albero Durero

Autorretrato

Óleo sobre madera, 1498

Imagen No7

Albero Durero

Autorretrato con pelliza

Óleo sobre madera, 1500

 

                        Uno de los artistas más destacados a mí parecer en el género del retrato es Velázquez, su obra maestra más famosa e influyente es “Las Meninas” (ver imagen No 8), portuguesismo que quiere decir “damas de honor desde su niñez”, este cuadro rescata el valor de la mirada en el retrato. Es un retrato múltiple (autorretrato a la vez), en el cual la figura central es aparentemente la infanta Margarita, sin embargo, al igual que en el “Matrimonio Arnolfini” de Jan Van Eyck (1434) aparece un espejo, en el que se distinguen los reyes, ubicados fuera del cuadro, en una posición idéntica a la del espectador y a quienes se dirige la atención de los que están congregados en esta estancia. Otro detalle importante es la cruz de la orden de Santiago añadida posteriormente en el año 1659.[15]

 

Imagen No8

Diego Velázquez

“Las Meninas”

Óleo sobre tela, 1656

No me escapo de haber citado este cuadro en más de una ocasión: una de ellas se llama “Delia y las miradas” (ver imagen No 32), en donde cada personaje esta suplantado por otra cita (“El beso” y “La Bailarina” de G. Klimt, el masturbador de Dalí, el Grito de Munich),  o por retratos y autorretratos. En “Caballero de la mancha alba” (ver imagen No 42),  puse en mi pecho la insignia de caballero.

Van Gogh también dejó una cantidad enorme de autorretratos, los cuales han influido a muchas generaciones de artistas (ver Fig. 9, 10 y 11), lo fagocitó el mismo Gauguin, con quien se realizaron retratos mutuamente antes del incidente de la vivisección de la oreja.

                       

Imagen No9

Rembrandt

Autorretrato

Óleo sobre tela

Imagen No10

Van Gogh

 Autorretrato
Óleo sobre lienzo, 1889

Imagen No11

Egon Schiele

Autorretrato

Óleo sobre tabla, 1912

 

                    

Imagen No12

Salvador Dalí

Autorretrato con cuello rafaelesco.

Óleo sobre tela, 1921.

Imagen No13

Francis Bacon

Autorretrato

Óleo sobre lienzo, 1971

 

 

 

1.2.2.-Retrato y autorretrato en la Historia de Latinoamérica

 

El arte latinoamericano, al cuestionarse e inspirarse repetidas veces en su identidad posee varios artistas retratistas e incluso y muy especialmente autorretratistas. Visto sobretodo desde la perspectiva colectiva de la noción de Arte Latinoamericano cada retrato individual es un autorretrato colectivo, como es el caso de la obra “Meztizo” (ver imagen No 14) del brasilero Candido Portinari, en ella representa la hibrides racial y cultural en América, algo similar sucede años mas tarde con Berni (ver imagen No 15), quien desde una postura critica social expresa la acumulación de precariedad en el suelo que vivimos desde una ficción que es real y cotidiana.

Multiplicidad e hibrides son caracteres latinoamericanos, el mestizaje, dos o mas tipos de caracteres diferentes fusionados en un solo cuerpo, cuyo contrario vendría siendo el doble idéntico o desdoblamiento, esta idea del doble o múltiple en la pintura me ha obsesionado a tal punto que tal vez sea grosero al darle una lectura preenjuiciada y poco informada de una pintura que me ha quedado pregnada por una doble dualidad. Las gemelas “Lea y Maura” (ver imagen No 16),   de Alberto da Veiga son idénticas a primera vista, pero al detenerse a comparar las miradas, los rasgos faciales, uno cae en cuenta de que tan solo hay una similitud en la vestimenta, el peinado y las proporciones de los rostros, sin embargo la forma de cada facción es tal vez tan diferente como la de los embajadores de Holbein. Por otra parte, la artista mexicana Frida Kahlo, quien posee una tradición autorretratista, representa su identidad desdoblada en si misma y en el otro (ver imágen No 17), años mas tarde, otro mexicano retrata el desdoblamiento de la identidad global y latinoamericana actual en Duplex (ver imagen No 19 y 20), en otro soporte esta obra formó parte de la exposición El final del eclipse, 2001 en la Fundación Telefónica, Madrid. Plantea la problemática de la identidad y de una realidad compleja y diversa mediante la parodia del formato de la conferencia. En el video registro, varios dobles del artista leen una ponencia que se inicia con una referencia a ciertos aspectos de repetición e identidad presentes en la producción artística contemporánea y prosigue con textos que aluden al trastorno de la personalidad múltiple, incitando a una reflexión sobre el padecimiento psíquico y el desorden mental. Artigas ofrece otra forma de cuestionamiento y visión de la realidad local y mundial actual, nos propone la pregunta de que queda de la identidad individual en el mundo de homogeneidad global y la clonación.[16]

                    

Imagen No 14

Candido Portinari

Meztizo

Óleo sobre tela, 1934

Imagen No15

Antonio Berni

Retrato de Juanito Laguna

Asemblage en madera, 1961

 

 

Imagen No16

Alberto da Veiga Guignard

Lea y Maura

 Óleo sobre tela 1940

 

     

Imagen No17

Frida Kahlo

Las dos Fridas

Óleo sobre tela

Imagen No18

Frida Kahlo

Autorretrato con el retrato del Dr. Farill

Óleo sobre tela

 

 

    

Imagenes No 19 y 20

Gustavo Artigas

Dúplex, 2001

Performance, Fundación Telefónica, Madrid

 

1.2.3.-Retrato y autorretrato en la Historia de Chile

 

El primer retratista en Chile es el peruano José Gil de Castro (1785-1841), lo anecdótico e interesante en este artista no deja de ser lo que yo interpretaría como un autorretrato dentro del retrato a Don Ramón Martínez de Luco y Caldera y su hijo Don José Fabiano en 1816 (ver imagen No 21). El pequeño sostiene una caja en donde aparece pintada una escena en la que un simio intenta rasurarse ante un espejo. Acá se trata el tema Narcisiano de Leonardo que piensa que “El espejo es el maestro de los pintores” desde otra perspectiva: El mulato imitaba como mono a los recién chilenos sin saber tal vez que su “color” antagónico a la fauna criolla le permitiría ser considerado en “otra” historia.

Después de Gil de Castro vino Mauricio Rougendas, de quien incluso se conserva un autorretrato a lápiz, la belleza del retrato de Carmen Arriagada delata su relación afectiva con la modelo y discípula. Luego Raimundo Monvoisin inaugura un nuevo tipo de retrato en Chile influenciado por el estilo neoclásico y utilizando colores contrastados, su “retrato de Carmen Alcalde” es un deleite a la mirada ya que sabe estilizar a las mujeres de la época combinando sentimentalidad, romanticismo y erotismo. Nuestra fauna humana siguió siendo retratada o registrada por muchos artistas en Chile que han debido mejorar sus salarios haciendo retratos, como Clara Filleul, Ernesto Charton, Fco. Javier Mandioca, Antonio Gana, Manuel Antonio Caro, Pascual Ortega, Cosme San Martín, Pedro Lira, José Tomas Errázuriz, A. Valenzuela Puelma, J. Fco. González, Nicanor Gonzáles Méndez, Julio Fossa, Abelardo Bustamante, Enrique Bertrix, Carlos Lundsterd, Isaias Cabezón, Marco Bontá, Camilo Mori, este último destaca con “La viajera”, obra símbolo en la pintura de retrato en Chile, etc. También en lo que respecta a este periodo (s. XIX y comienzos del XX) hubieron autorretratos como los de Miguel Campos, Ezequiel Plaza, Julio Ortiz de Zárate y Augusto Eguiluz[17]

Imagen No21

José Gil de Castro

Don Ramón Martínez de Luco y Caldera y su hijo Don José Fabián

Óleo sobre tela, 1816.

Durante la segunda mitad del s. XX pocos artistas chilenos tomaron el retrato y el autorretrato como tema en forma explicita o directa ya que comienzan a explorar las nuevas tendencias artísticas de Europa y EEUU, cuestionando los soportes y estilos clásicos, sin embargo existen elementos referenciales o implícitos tales como el rostro identificable de personajes o personas, elementos biográficos y autorreferenciales ya sea en forma individual como es el caso de el egófago come huevos Leppe (Happening de las Gallinas) o en forma colectiva como por ejemplo Gracia Barrios con “América latina”[18]

 Quien ha impuesto una constante importante del retrato y autorretrato en forma explicita es Claudio Bravo, desde cierta perspectiva es el Durero o Rembrandt chileno ya que su constante comienza desde los 15 años o antes (Ver imágenes No 22, 23 y 24).

                                

Imagen No22

Claudio Bravo

Autorretrato a los 15 años

 

Imagen No23

Claudio Bravo

Autorretrato con calavera

 

Imagen No24

Claudio Bravo

Autorretrato

 

 

 

 


 

[1] TRABA, Marta, de la internet: http://www.mav.cl/foro_cult/valdes.htm

[2] “Graphein”, del griego, que quiere decir dibujo, escritura, huella, marca, etc.

[3] VAN GOGH, Vincent, Cartas a Theo, Madrid, Ediciones Júcar, 1994.

[4] GONZALES, Reinaldo, “Las claves del arte prehistórico”, Ed. Ariel, Barcelona, 1989

[5] “Ciertas realidades, como el propio arte, o la pintura o la escultura, o la obra maestra, son formas universales y transhistóricas, pero, al mismo tiempo la vida de estas formas depende de una constante renovación similar a la de un organismo vivo.”

KRAUS, Rosalind E. “La originalidad de la Vanguardia y otros mitos modernos”. Madrid. Alianza Editorial. 1985.

[6] GALAZ, Gaspar e IVELIC, Milan, Chile Arte actual, Ediciones Universitarias Valparaíso, Valparaíso, 1998.

 

[7] BAYÓN, Damian, Artistas Contemporáneos de América Latina, Ediciones del Serbal / UNESCO, Paris-Barcelona, 1981.

 

[8] TATARKIEWICS, Wladyslaw. “Historia de seis ideas”. Madrid. Editorial Tecnos S.A., 1996,  pp.301-345

[9] Opus cit

[10] ANZIEÚ, Dider, De las cinco fases del trabajo creador y de sus inscripciones en la obra, en “El cuerpo de la obra, ensayos psicoanalíticos sobre el trabajo creador”, Siglo Veintiuno editores S.A., México D.F., 1993.

[11] La palabra retrato deriva del latín tractus que como sustantivo significa tracción o trazado, posee dos formas verbales: traho, is, ere, traxi, tractum, que significa arrastrar y también tracto, as, are cuyo significado es tocar, trabajar, tratar.

[12] El individuo, siendo parte, no puede conocer el todo y siendo ilusorio no puede conocer lo real. Tampoco puede ser conciente de la totalidad de sí, por que siendo creado a cada instante, no tiene un ser, sino un estar siendo que es imposible de definir o poseer. No teniendo razón de ser propia, para encontrarla el individuo, sin la posibilidad de ninguna prueba, debe aceptar creer que el todo es su razón de ser. Creer que, puesto que se está sintiendo ser con una existencia que no es suya sino del Todo, ese sentirse ser es una ilusión necesaria para el Todo. Fe es el hecho de aceptar al Todo como única verdad del mundo, y aceptar el mundo como una misteriosa necesidad del Todo. (cita de memoria)

[13] Pensar que al comenzar a autorretratarme repetida y sistemáticamente vivía el duelo de mi madre pensando en que “no era nada”

[14] KRAUS, Rosalin, “la retícula”, en “La originalidad de la Vanguardia y otros mitos modernos”. Madrid. Alianza Editorial. 1985.

 

[15] SCHNEIDER, Norbert, El Arte del retrato, Ed, Taschen, 1995

[16] JIMÉNEZ, José, Catalogo de la muestra  “El final del eclipse. Arte en Latinoamérica en la transición al siglo XXI”, sala de arte fundación Telefónica, 2004

[17] GALAZ, Gaspar e IVELIC, Milan, La pintura en Chile desde Jose Gil de Castro hasta Juan Francisco González, Ediciones Extensión Universitaria, Santiago de Chile, 1975.

 

CRUZ, Isabel, Arte. Lo mejor en la historia de la Pintura y Escultura en Chile, Editorial Antártica, Santiago de Chile, 1984.

[18] GALAZ, Gaspar e IVELIC, Milan, Chile Arte actual, Ediciones Universitarias Valparaíso, Valparaíso, 1998.

 

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