Mis agradecimientos a Ricardo Loebell por su amistad, vocación y ayuda incondicional, a Greta Villagra por su compañía, cariño y apoyo, a Jessica Rivas por estar conmigo siempre y a la muerte…-de nada por la gracia.

 

 

 

Podemos perdonar a un hombre el haber hecho una cosa útil en tanto que no la admire. La única disculpa de haber hecho una cosa inútil es admirarla intensamente.

Todo arte es completamente inútil. [1] 

Oscar Wilde.

  

   Volver   (al inicio)

Volver al índice

Introducción          

 

                                               Me interesaron las artes visuales desde niño, pues mi madre y las demás personas mayores pensaban que dibujaba bien, esto me subió el ego y mantuvo el hábito del trazo durante la niñez. Dibujábamos competitivamente con mi primo, quien tiene mi edad y decidimos postular al Liceo Experimental Artístico, fue ahí donde entendí que realmente no era un buen dibujante, me esforcé por mejorar y comencé a construir mi idea de arte propia. Finalmente entré a la Universidad sin cuestionarme si acaso lo que quería cultivar académicamente eran las Bellas Artes, las artes plásticas, el Arte visual o como lo menciona el grado académico: Arte. 

                  El retrato y el autorretrato fueron siempre una constante en mi aprendizaje, mediante la apreciación de las apariencias me propuse mirar al interior de las personas y a mi propia profundidad, sin embargo no me interesó realizar un texto basado tan sólo en ello ya que detrás de cada trabajo han habido otras inquietudes que he querido integrar.

                  Cuando comencé con la presente tesis buscaba profundizar en el análisis de la obra de arte y su relación con el autor, centrando la atención en este último como individuo, objeto de análisis, modelo y soporte de obra próximo. No sabía como empezar ni en que persona gramatical redactaría este trabajo. ¿Debería utilizar el nosotros como cuando se entabla una hipótesis referida a un objeto de estudio distanciado y ser inconsecuente con eso de que -“Mi nombre es Legión”[2]? (ver imagen No 19, 20, 30 Y 37). Tal vez eso se entendería en un comienzo como quien escribe más quien lee o simplemente como un distanciamiento con la obra o los referentes. Decido optar por la primera persona singular: Yo soy quien escribe, el texto mismo y el lector (yo soy tú, esto y nosotros), de esta forma el yo, al igual que en mi trabajo, es múltiple y posesivo.

                  No busco hilar ni entramar los diferentes referentes y obras por una línea o unidad visual, técnica ni conceptual, sino simplemente relacionarlos mediante una reflexión divergente a partir de la especulación interpretativa y no una sugerencia de lectura de las obras, esto con el objeto de dejar cada una de sus partes abiertas a infinitas decodificaciones. Sin embargo, no creo lograr deshacerme de las líneas y tramas recibidas en mi formación[3], tan sólo lo intento por medio de las ramas que me logra proponer el concepto elegido: EGOFAGIA[4].

En el retrato no tan sólo se hace evidente la egofagia como apropiación de identidad, sino más bien un conjunto de relaciones paralelas y perpendiculares ligadas a los conceptos de identidad y alteridad.

 


 

[1] WILDE, OSCAR. El retrato de Dorian Gray. Santiago. Editorial Ercilla.1984.

[2] Cita bíblica (Marcos 5:9) en la conferencia “Duplex” de Gustavo Artigas, Fundación Telefónica, 2001.

[3] Al hablar de líneas, ramas, tramas, etc. Me refiero a psicografías o esquemas gráficos imaginarios por medio de los cuales se relacionan cosas, códigos, conocimientos, identidades, dispositivos de obra, ideas, etc.

[4] El neologismo Egofagia connota etimológicamente Ego (del latín ego, yo) y fagia (del latín phagĭa, y este del griego phagein, comer), es usado en esta tesis como autofagia (alimentarse de si mismo), influencia, apropiación o traspaso de conocimientos, caracteres, mentalidad o identidad y alimentar al ego.

Hosted by www.Geocities.ws

1