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LAS HUEBRAS EN CELADA


 
 

 

HUEBRA: Tras consultar diferentes diccionarios, la palabra “huebra” proviene del latín (opera, obra, trabajo) señalándose las  siguientes acepciones: 

- Espacio de tierra de labor que en un día puede arar una yunta o un par de bueyes

- Par de mulas y mozo que se alquilan para trabajar en un día entero.

        - Barbecho.

 

HUEBRERO: Mozo que trabaja en la huebra. El que la da en alquiler.

 

HUEBRA en Celada ha sido la prestación del trabajo de una persona por cada casa abierta en beneficio de la Comunidad, que en razón del trabajo a prestar también se aportaba el carro y la pareja de tiro o cuarta (una segunda yunta).

            La huebra siempre se ha visto como a conducta de trabajo comunitario necesaria para el mejor desarrollo de todos y beneficio de la Comunidad, además de imprescindible por no contar  la Junta Vecinal con una economía que pudiera afrontar las necesidades de la Comunidad.

            Siguiendo el ciclo del año, a continuación se señalan las diferentes “huebras” que se prestaban con el fin señalado:

                                              

- Abrir las calles y carretera:

             Durante el invierno con motivo de las nevadas que se registraban y al no contar con máquinas quitanieves hasta mediados de la década de 1970, las calles del pueblo y la carretera desde Celada hasta San Felices se abrían con la pala manual, para lo cual, el Presidente de la Comunidad, una vez que el tiempo lo permitía, “tocaba a huebra”, acudiendo un vecino de cada casa,  a la calle La Cruz, donde se asignaba la zona de trabajo por cuadrillas y si durante esta jornada no se terminaba con el trabajo encomendado, al día siguiente, si el tiempo lo permitía, se volvía a tocar a “huebra” para continuar con el trabajo encomendado.

            Durante los primeros meses del año se repetía  en muchas ocasiones esta labor, realizándose siempre en comunidad.

            La prestación de este servicio, al igual que en el resto de las huebras, debía llevarse a cabo por un varón de 16 años en adelante. En caso de acudir una mujer  habiendo varones en la casa, pagaba media huebra en razón a la cantidad señalada en cada momento. De no haber varones en la casa se exoneraba dicha obligación.

 

- Hacer las Pozas:

Con la llegada de la primavera resultaba necesario renovar los bebederos del ganado. Durante el invierno con las nevadas y anteriormente con el paso de los ganados, las zonas de “bebederos de agua” de los animales sufrían un considerable deterioro, que requerían una adaptación, por lo que se hacía una huebra para este fin que se llevaba a término unos días antes de bajar las vacas de la Dehesa (mediados de junio).

            Con los años se han venido haciendo bebederos o pilones de cemento para los animales, que no precisan un mantenimiento tan periódico como los anteriores.

            Esta huebra se realizaba únicamente con jornada de la mañana prestándose por  toda la comunidad.

 

- Arreglo de calles y caminos:

Unos días antes de iniciarse la labor de la recogida de la hierba, sobre mediados de Junio de cada año, se hacía “la huebra” de arreglo de los caminos, consistente en bachear en unas zonas, quitar piedras en otras y, en definitiva, en acondicionar los caminos para que pudieran transitar los carros con el menor riesgo posible. Esta huebra duraba todo el día en jornada de mañana y tarde.

Si para llevar a cabo este trabajo se requería el concurso de carros con su correspondiente tiro, se comisionaba el número de carros requerido, que seguía un turno rotatorio por vecinos o casas abiertas.

- Arreglo de canales:

A los huertos y los abrevaderos que hay en todo  el pueblo se les suministraba agua a través de las canales del Barrio, Requejo y Otero, que a su vez llegan a estos ramales procedentes de un canal común que toma el agua en la zona de “prao-Monte”. 

            Sobre el año de 1971 se llevó a cabo el abastecimiento de agua corriente a las casas y esto de alguna manera contribuyó a depender menos de las canales, por realizar obras en todas las casas, además de para el suministro doméstico, para el de los animales, que hasta ese instante era una verdadera pesadilla la cantidad de cubos de agua que había que trasladar a las casas. 

            No obstante lo anterior, los huertos se seguían cultivando y éstos en su mayoría,  por la ubicación de la zona donde se encuentran (próximos a los canales), seguían necesitando una buena canalización de las aguas para el regado correspondiente.

            Para el adecuado mantenimiento de estas canales de conducción de las aguas, todos los años sobre el mes de Junio se llevaba a cabo una “huebra”, efectuando la limpieza requerida y canalización adecuada para una mejor utilización y servicio a la comunidad. 

- Arreglo de los chozos

            Los pastos de la sierra de Las Traviesas y Campullao se arrendaban a los pastores de Extramadura y en el contrato se especificaba que se entregaban unos chozos o majadas en condiciones adecuadas, para lo cual era preciso acondicionarles  todos los años debido a que los materiales eran precarios y el invierno les dejaba inhabitables. 

            Asimismo se arreglaban y acondicionaban el resto de chozos que se encuentran diseminados por los parajes del pueblo como son: los de El Monte, Vallejuelo, El villar y las Cuencas. 

            Los nuevos materiales de construcción dieron paso a ir poniendo cemento y uralita en los tejados, lo que facilitaba que el mantenimiento fuera menos necesario. 

            Este mantenimiento se hacía a finales de Mayo o en los primeros días de Junio de cada año por lo general también se precisaba del concurso de “carros con cuarta” (dos parejas de tiro a la vez), para subir el material a las sierras. 

- Segar y recoger la hierba del toro:

            La comunidad tiene una serie de prados en distintas praderas que se utilizaban para el alimento de los toros durante el invierno, para lo cual, al iniciar la campaña de la siega de los prados, se empezaba por los prados de “el toro” coincidiendo varios prados (“egidos”), que son zonas de paso de otras fincas particulares,  y así facilitar la siega de éstas. Para esta labor se realizaban dos días de “huebra”: 

            El primero para efectuar la siega, donde acudía todo el personal con la guadaña          bien picada y se probaban fuerzas y destreza en el arte de la siega entre los que se consideraban buenos segadores y los que se consideraban menos buenos. Finalizando la siega se esparcían los “lomillos” para favorecer el secado de la hierba. El personal de la comunidad era distribuido proporcionalmente en razón de la superficie de cada una de las fincas y normalmente para las 12 horas se finalizaba la labor.

            A los dos días, que ya se había secado bien la hierba, se hacía otra “huebra” para recogerla, y en esta ocasión se comisionaba a un número de vecinos que tenían que poner carro (con armadura preparada para el menester) y pareja de vacas en razón al número de carros que se consideraban necesarios para transportar el heno. Asimismo se distribuía al resto de vecinos que participaban en la huebra por las fincas en la misma proporción que los carros y otro grupo quedaba en el pajar para descargar los carros  y dejar correctamente la hierba. Esta operación por lo general finalizaba a media tarde.               

 

 - Arreglo de las presas:

            Las zonas consideradas como “otoñales”, una vez recogida la hierba, se regaban para favorecer la salida de nuevas hierbas destinadas a los “jatos” y para ello se procedía a la renovación, año tras año, de las presas, que de forma casi artesanal se iban renovando. Cuando desapareció la vecería de los jatos, al unirse con las vacas y cabaña desapareció esta huebra y en consecuencia las presas y otoñales.

 

 - Cortar la hoja:

            Para mediados de septiembre, que por lo general se habían terminado todas las tareas de la recolección de los cereales y la “hoja” se empezaba a torcer, se hacían varios días de “huebra” para cortar la hoja, que consistían en ir todos los vecinos, uno de cada casa, a una zona determinada de un monte señalado, previa la correspondiente autorización y conocimiento del guarda de montes. Allí se entresacaba los matorros considerados de peor calidad y se cortaban haciendo bardas. Además del criterio personal de cada vecino en la corta se respetaba las indicaciones del Presidente de la Comunidad, para evitar discrepancias con los Guardas e Inspectores de ICONA.           

            Una vez que se considera suficiente la corta de la “hoja”, se comisiona a un grupo de personas, por lo general experimentados, para marcar las bardas con el número que corresponde a cada una, calculando en razón a los carros que se han estimado cortados, y una vez dado por finalizado el “marcado” se lleva a cabo el sorteo, echando en una boina todos los números que deben ser coincidentes con los vecinos implicados en la corta y a su vez con los números marcados en las bardas. Efectuado el sorteo, cada vecino acondiciona sus bardas, arregla su “hoja” y al día siguiente, como en procesión, todos los carros al monte. 

            La hoja tenía dos funciones, una que servía como alimento durante el invierno para las ovejas y otra para quemar en las cocinas.

           

- Cortar la leña

            Para cortar la leña se seguía el mismo procedimiento que para la hoja, si bien en este caso se hacía un mayor esfuerzo porque se hacía también para las Escuelas, para los maestros y para el cura, por lo que además de cortar la “leña” había que trasladarlo a los lugares citados. 

            Para la operación de llevar la leña a las escuelas, maestros y cura, se comisionaba a un grupo de personas y carros con pareja de vacas, que se iban rotando por el pueblo.

 

- Hacer los cachizos

            Hacer los cachizos consiste en hacer pedazos pequeños de un árbol grande, en el caso de Celada consiste en trocear los robles no maderables a una distancia alrededor de los dos metros y abrirles en partes manejables por una persona para el cargado y descargado en los carros, que les transportaban a los “corrales” de las casas y posteriormente trocearles en las medidas apropiadas para echarlos a la lumbre (unos 60 centímetros). Esta madera es muy apreciable por el poder calorífico que desprende. 

            Los montes de Celada, en su mayoría, son robledales que, siguiendo un criterio y política forestal se vendía un número de árboles cada año en zonas distintas. Una vez “sacada la subasta” y retirada la madera que se consideraba maderable o comercial, dejaban los arboles, o trozos, que tenía como único fin el de ser calefactores para los duros inviernos y para el mejor aprovechamiento de este recurso se comisionaba a un equipo de dos/tres personas que efectuaban un “marcado” (poner un número)  de estos árboles caídos y desechados que se seleccionaban  para hacer los “cachizos”.

 

            Previa la comunicación de la “huebra” y el toque de campana oportuno se dirige todo el personal, uno de cada casa, a la zona asignada y tras el correspondiente sorteo de las “suertes” se procedía de forma particular a hacer los “cachizos”. En muchas ocasiones se hacían las suertes por parejas (un árbol para dos personas) para facilitar el serrado y trabajo de hacer los cachizos.

 

- Mantenimiento de los edificios públicos:

            Celada cuenta con varios edificios públicos como las Escuelas, la Casa del Pueblo, El Salón, la Fragua, la casa del toro, la corte de los carneros y otros.

            Para el mantenimiento de estos edificios se requería de la prestación de personal especializado por lo que, coincidiendo con la “huebra” de otros servicios como podía ser el arreglo de canales, se detraía al personal considerado más cualificado, para llevar a cabo los trabajos requeridos en alguno de los edificios señalados, lo más común ha sido el “quitar goteras”. Por efecto de la nieve las tejas se corren y por la intensidad de las heladas se rompen. 

                       

- Limpieza de las majadas de El Monte, Las Matas y la Dehesa.

            Con la permanencia de la cabaña en el corral de El Monte y las majadas de Las Matas y la Dehesa durante gran parte de las noches del año se registraba una considerable cantidad de estiércol, que requería la retirada del mismo, para lo cual se anunciaba una “huebra voluntaria” entre los vecinos que estuvieran interesados en el abono de dichas majadas.

            Una vez efectuado los montones de estiércol, que se formaban en razón del número de vecinos participantes en esta limpieza se procedía al sorteo correspondiente, procediendo seguidamente y ya de forma particular a retirar dichos montones, que era muy apreciado como abono para las fincas más próximas, como son en la zona del corral de El Monte las tierras de La Loma y las Altas del Valle, y, en la zona de Las Matas todas las tierras de la zona de Valtuido y en la Dehesa, que pocas veces daba lugar a llevarse a cabo limpieza por permanecer en dicho punto la “cabaña” pocas fechas, se aprovechaba también para el abono de los prados encimeros de la Dehesa en las zonas de La Flecha y el Castrillo

- Otras incidencias:

            Ante cualquier incidencia que se produjera en el pueblo y que a criterio del Presidente de la Junta Vecinal (Alcalde),  consideraba necesario atender,   éste comisionaba al o los vecinos que estimara necesarios para atender puntualmente la incidencia presentada.

Había varios turnos de “huebras”, que se seguían de forma rotativa por todas las casas del pueblo como era el poner el carro con la yunta, únicamente la cuarta (yunta), dar avisos de hebra, concejo, pagos... 

- El vino:

            Como colofón a los días de huebra general, que eran los que se hacían trabajos directos de todo el pueblo en beneficio de la comunidad (arreglo de caminos, canales chozos, hierba del toro...)  se hacía una reunión de vecinos, una vez regresado de la huebra y tras recoger a los animales y con el reclamo del toque de campana, se acudía a la casa del pueblo a tomar unos vinos, que obsequiaba la Junta Vecinal y se comentaba aspectos puntuales de la huebra y otros que salieran.            Además, durante la  huebra, también era tradicional el obsequiar a los “huebreros” con  un vino, para lo que se comisionaba a una persona que se encargaba de llevar el vino a los puntos de trabajo.


 

 

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