HISTORIA

 

 

 

HISTORIA DE LA IGLESIA Y ERMITAS DE CELADA

LA REPOBLACIÓN DE LOS PUEBLOS DE LA MONTAÑA PALENTINA

 

 

 

 

HISTORIA  DE  LA  IGLESIA  DE CELADA

 

Don Francisco Gutiérrez de Celis (Paco), cura que desde su llegada a Celada en 1977 y hasta su fallecimiento en el 2003 supo integrarse totalmente entre los vecinos ganándose con su proceder la confianza y amistad de todos.

Hombre entregado a su vocación y servicio a los demás, que transpiraba dignidad y autenticidad a raudales, de extraordinaria fuerza en sus opiniones y actitudes, con mirada franca y tan aplomada como insobornable coherencia de parecer que supo aunar a un pueblo en la querencia a la tierra y a sus gentes.

En 1981 protagonizó el pregón de las Fiestas Locales regalándonos con todo el amor que su persona proclamaba, un esmerado trabajo realizado con talento y rigor, que a modo de resumen relataba la historia de Celada y su Iglesia, basándose para ello en literales transcripciones recogidas de antiguos manuscritos existentes en las dependencias parroquiales.

Como reconocimiento a su entrega, agradecimiento a su dedicación y en honra a su memoria, a continuación recogemos el texto íntegro de aquel pregón.

 

PREGÓN DE FIESTAS DE SAN ROQUE

Celada de Roblecedo 23-VIII-1981

 

Buenas noches señoras y señores:

Como hombre y pastor de Celada de Roblecedo, vivo el gozo de "ser con vosotros" vecino y amigo, aquí en vuestra entrañable tierra de la montaña palentina; donde compartimos juntos el afán y preocupación de cada día, queremos seguir creciendo y consiguiendo cotas más altas de desarrollo humano y social, y expresar y celebrar nuestra fé y creencia en Jesús, heredada de nuestros mayores, con un sentido más comunitario, más responsable y activo, más participativo y solidario, más personal y convencido.

La fiesta, sinónimo de alegría, me brinda la oportunidad de comunicarme con vosotros, hombres todos de buena voluntad, que habitáis las tierras del campo y de la ciudad.

A vosotros, pequeños y mayores, que sois mi alegría, os dedico estas cuatro deshilbanadas líneas.

¡Pero hijo! ¿Qué has hecho para que te manden a esos pueblos? ¡Si son pueblos de castigo! ¡y a Celada nada menos el pueblo de los "rojos"!. Estas y otras frases parecidas, escuché por ahora hace cuatro años de labios de un familiar, cuando me nombraron cura de este pueblo.

Tal vez esta persona tenía razón, porque pronto mi corazón se volvió de "izquierdas", ya que cuando el Dyane 6 subía por la serpentina y angosta carretera de Castillería, mi corazón le impulsaba hacia la izquierda hasta parar en Celada de Roblecedo. Sentía un impulso irremediable, me encontraba tan a gusto entre estas gentes sencillas, laboriosas, pacificas y hospitalarias; tan a mi gusto, en mi casa y entre los míos, que el tiempo se me pasaba sin darme cuenta de otros trabajos que me esperaban.

Durante el día, cuando la gente se dedica a las tareas del campo y de la ganadería, he recorrido sus calles vacías y silenciosas, algún que otro perro me ladraba, y he escuchado el grito de sus piedras, voces que me hablaban de un pasado lejano y no tan lejano, lleno de esplendor, de vida, de abundancia.

¡Celada qué pueblo de vida y juventud debiste ser!

¡Celada qué pueblo decadente eres hoy!

Pero el pueblo que ha dado sus hijos a la ciudad, a la industria y a las grandes fábricas, es un pueblo que no puede morir, es un pueblo que se rebela contra el destino que le marcan y al que le conducen desde arriba los políticos, los planificadores, los que un día, no lejano no dejarán de ver su tremendo error.

 

CELADA AYER Y HOY

En todos los manuscritos antiguos que se guardan en el arcón que contiene los documentos de la Iglesia y del Ayuntamiento, depositado en el templo parroquial, desde tiempo inmemorial, aparece el nombre de Celada con "Z".

En el mapa del Indice de los documentos del monasterio de Sahagún, figura como perteneciente al monasterio, el lugar de Zelada, en la intrincada montaña palentina al norte del Río Pisuerga, que corresponde al actual Celada de Roblecedo.

Sí, se puede ver en Sahagún que en 1135 se llamaba "Zeladiella"; y esta fecha 1135 es la más antigua que hace referencia a Celada.

¿Cuándo se fundó? Es muy difícil poder precisar. Sabemos que más o menos todos los pueblos surgieron al amparo de los monasterios o abadías y en este caso no podemos olvidar que nos encontramos muy cerca de la Abadía de Nuestra Señora de la Alabanza, hoy de Lebanza, tal vez existente ya en el año 845, y que ya en el siglo XIII, juntamente con la Colegiata de San Salvador y el monasterio del Corpus Christi de Santa María de Redondo, eran focos de cultura y de trabajo muy importantes.

Los monjes no solo enseñaban a leer y escribir, sino que también enseñaban el manejo del arado y el pastoreo de los ganados.

Cuando los pueblos iban adquiriendo cierta importancia, los monjes disponían la construcción de la Iglesia, que era el centro espiritual, cultural y social, como luego veremos, del pueblo.

Por una inscripción que hay en la pared, sabemos que nuestra parroquia de Santa Eulalia data del año 1174: Era=MCCXII.

A pesar del paso destructor del tiempo, nuestro templo conserva varios restos románicos. La torre cuadrangular y la subida al campanario mantienen su construcción medieval. La parte superior de la torre es muy posterior, pero al construirla volvieron a reponer los canecillos que sostienen y dan vuelo al tejado y las troneras, todo ello perteneciente al románico de la primera torre, que no era tan esbelta como la de ahora.

Al exterior se perciben también como románicas una capilla pequeña con sus canecillos sencillos y cornisa de rombos.

Es muy interesante la fachada de la Iglesia, donde aunque cegada parece bislumbrarse un antiguo pórtico o galería de tres ventanales, dos a la derecha y uno a la izquierda de la puerta de entrada. Sobre una de las piedras de este muro se indica la fecha de construcción.

El interior del templo es románico y probablemente de la misma fecha, mejor época, que señala la inscripción. Se cubre con bóveda de crucería apuntada y se apoya en columnas de capiteles lisos, románicos.

Es también románico el interior de la capilla lateral, capilla de San Esteban, y mal llamada capilla de los Quevedos. Tiene arcadura apuntada y dobladuras que se apoyan sobre pilastrones como en la ermita de San Felices.

De la importancia de la parroquia de Celada dan fe todos los libros ya que al ser parroquia próspera era apetecida por muchos curas; de manera que cuando quedaba vacante siempre optaban a ella los curas de Herreruela, San Felices, Verdeña y Estalaya...

De la importancia de la parroquia de Celada es fiel testigo este documento del año 1773, que dice que se señala a la Iglesia de Santa Eulalia, lugar de asilo con exclusión de todos los demás que existen en la zona. Era cura don Pedro de Quevedo; Obispo de Palencia y Conde de Pernía D. Juan Manuel Arguelles, y Rey de España Carlos IV, que pidió al Papa dicha reducción. Y como testigo de este documento firma el vecino de Celada, Lorenzo Fernández.

En la parroquia creo que se guardan muchos documentos, que previo estudio concienzudo podrían arrojar luz sobre la história de Celada. No obstante he encontrado desempolvando papeles, que en 1917, reunidos en Concejo los vecinos decidieron quemar parte de los papeles que allí habia porque no les entendían. Es un tanto que dice poco a favor de la cultura de nuestros antepasados.

Ahora voy a dar algunos datos de la parroquia, todos ellos históricos, siguiendo la cronología de los Señores curas (para Señores curas los de antes y no los de ahora) de la parroquia que regentaron la misma, entresacados de los libros parroquiales que se conservan en el archivo.

Los primeros libros que hay, datan del año 1557.

Distinguierense entre curas y beneficiarios y así distinguiremos:

Figura como primer cura D. Juan Ruíz, que no sabemos cuándo toma posesión, pero sabemos que muere en julio de 1568.

Es sucedido por D. Sebastián de Cáscara, que procedía de Perapertú. Parece ser que el Visitador del Obispo por estas fechas de 1569, "le canta las cuarenta y sin triunfo" a D. Sebastián por no tener libro de difuntos. En las cuentas parroquiales del 1567-68-69 se viene hablando de obras importantes en la Iglesia y en el cementerio, (refiriéndose al atrio) pues habla de escalinatas o gradas y entonces no existía cementerio fuera de la Iglesia. Dichas obras se pagan y así afirma cobrar el maestro de cantería Domingo Bidabé y Juan de Brañosera.

En 1574, se habla del costo de hacer el "esquilón" pagado a medias entre la Iglesia y el Concejo, y a continuación del costo de traer la custodia y la imagen de Santa Eulalia.

En 1582, siendo aún cura D. Sebastián recibe una nueva visita del Visitador del Obispo D. Alvaro Mendoza, quien le ordena haga la actual sacristía.

En 1587, muere D. Sebastián de la Cáscara, a quien sucede D. Francisco Roal, y a este en 1617 D. Francisco de la Cuesta, cuyo testamento es muy curioso (no transcribo por brevedad).

A D. Francisco de la Cuesta le sucede en 1623 un hijo del pueblo de Celada, llamado D. Gaspar de Brañosera, que toma posesión ya viejo; había sido cura de Polentinos y Prior de la Abadía de Lebanza. Este Señor fue el fundador de la capellanía, ya desaparecida, situada en esta Iglesia en la capilla de S. Esteban, (izquierda), mal llamada de los Quevedos, pues su fundador fue un Brañosera, y los Quevedos no existían en este pueblo hasta que D. Pedro, primer Quevedo de Celada, caso con Dña. María de Brañosera, heredera y patrona de los bienes y capilla fundada por su tío D. Gaspar de Brañosera; familia entonces la más pudiente y distinguida de este valle.

Al morir D. Gaspar fue enterrado como el lo había dispuesto en el arco de la capilla de S. Esteban. A su entierro acudieron diez sacerdotes que celebraron misa ... descanso eterno. Dejó muchos bienes a la Abadía de Lebanza y a los monasterios de El Brezo, Biarce y San Agustín. (este último en Cervera).

Otro cura de la familia de los Brañosera de Celada, fue D. Toribio Brañosera, párroco de Alba, quien al morir es enterrado en el arco de la capilla de S. Esteban.

También hay un licenciado Gaspar de Brañosera, cura de Vañes en 1663 y sobrino del fundador de la capellanía de S. Esteban.

Uno de los sacerdotes que más regentó la parroquia de Celada fue D. Marcos Fernández, natural de San Salvador. Murio en Lores, por entonces obispado de León, y fue enterrado en la parroquia de Santa Eulalia, de Celada. Estuvo aquí de cura 37 años.

Este Sr. Licenciado parecía tener buena fortuna que deja a su sobrino Santiago Fernández de San Salvador, para que así pueda casar con Mª de Brañosera (¿matrimonio de interés?).

A este le sucedió D. Francisco García de la Vega, que dirigió la parroquia 36 años, ayudado por otros tres sacerdotes beneficiarios, entre los que destaca D. Pedro Roldán, natural de Celada, que muere en 1723 y es enterrado en la Iglesia.

Durante este mandato, tan largo de D. Francisco García de la Vega, la parroquia llega a su mayor esplendor económico. Es visitada por el Sr. Obispo Fray Alonso Laurencio Pedraza, quien autoriza la construcción de un granero, (la que fue casa parroquial terminada en 1705) para recoger los diezmos, la fundición de una campana y la colocación de la verja del Bautisterio, amen de la compra de utensílios, como naveta, incensario... Todo en el año 1696.

En 1701 D. Matias Villanueva manda hacer el escalerón del cementerio, o sea del atrio del templo, con piedra traída de Herreruela.

Pero antes de seguir hablemos un poco del tiempo de D. Francisco García de la Vega: Su curato destaca, además de las obras que hizo, por su gran sentido social, su atención a los pobres.

Fundó el llamado "arca de la misericordia", consistente en recoger centeno en el mes de agosto a precios bajos, y darlo en el de marzo a los vecinos que lo pidieran, necesitándolo, con la condición de devolver el cuarto entregado, más un cuartillo a mayores para el sostenimiento de la obra, cuando hicieran la recolección.

También fundó otra "obra pía para pobres" que tenía como ingresos una tierra de una carga de sembradura en la "Calzada" y un prado de carro y medio en las "Lastras de la Loma". Cuya producción de renta se daba a los pobres.

Estas fundaciones desaparecen cuando en 1733, el Visitador Apostólico, D. Alonso de Vascones, canónigo de Palencia, viendo el crecido número de chicos (60 ó 70) y la falta de un maestro, mandó se empleara lo que tenían las dos fundaciones en la manutención de un maestro de primeras letras, quien enseñaría por igual a los hijos de los ricos que a los de los pobres, con la única excepción que para los ricos sería pagando y a los pobres gratis.

A D. Matías le ayuda en la pastoral, otro hijo del pueblo, llamado D. Francisco Llorente Molledo, que también era beneficiado de Vergaño, donde murió, siendo enterrado en la Iglesia de Celada.

A partir de D. Matías la importancia de la parroquia de Celada va en declive y a veces es atendida desde San Felices o Herreruela.

Dignos de mencionar por ser del pueblo son los curas D. Fernando de Quevedo que muere en el año de 1782, siendo enterrado en su capilla, y su hermano D. Pedro de Quevedo a quien sucedió. (fue cuando se dio la orden de dejar Santa Eulalia, solo como lugar de asilo).

D. Pedro muere en 1808 a los 70 años de edad después de estar 20 en su pueblo. Se le entierra en su capilla.

No podemos olvidar que por estas fechas España estaba en pie de guerra contra Napoleón, y las tropas francesas saqueaban las Iglesias; Celada no fue una excepción.

El párroco D. Manuel Azañedo, dice en sus cuentas que ha dado 60 reales al portador que devolvió el cáliz robado por los franceses.

Otro cura importante en Celada es D. Teodoro Llorente Alonso, que manda que a su muerte no se le entierre en la capilla de la familia, sino en la ermita de "La Asunción". Se supone que hacía de cementerio provisional mientras se hacía uno nuevo fuera de la Iglesia, pues por entonces se prohibió enterrar en las Iglesias.

Esta ermita que presidía la Asunción, hasta hace poco en la parroquia hoy desaparecida misteriosamente, estaba situada encima de la poza del Barrio, de la que no queda más que el solar. La piedra fue comprada por el Concejo para hacer la escuela mixta, cuya puerta de arco dice su procedencia (La escuela quemada).

D. Teodoro Llorente era hijo del Ilustre D. Manuel Llorente, natural de Celada y Gobernador de Santillana del Mar y de Dña. Antonia Alonso, de una familia noble de Polentinos, donde aún se conserva su casa solariega.

D. Teodoro Llorente llegó a ser Arcipreste de Pernía y Notario Eclesiastico.

Le sucedió un sobrino natural de Celada, llamado Faustino Llorente Labrador, quien siempre estuvo enfermo y mal de la cabeza. Murió joven. La calavera de la Iglesia pertenecía según la tradición a D. Faustino.

Caso curioso es el de D. Francisco Mediavilla Torre, cura de Celada después de haber estado casado, con tres hijos y viudo. Al morir su esposa, 1841, vuelve a estudiar y en 1853 ya figura como párroco de Celada. Sus tres hijos se llamaban, Marcos, Gaspar y Antonia. De los tres Gaspar parecía el más "mocero" y nocheriego. Gaspar quiso casarse con una moza de buena posición, llamada Manuela Olea, más su padre no le dejaba, hasta que vio consecuencias del amor de su hijo, pues Manuela dio aluz y para legalizar, la prole consintió en el matrimonio. Pero no, les admitió a vivir en su casa (casa de la Sra. Eduviges).

El sacerdote que más tiempo ejerció en Celada fue D. Fernando Ruiz Ramos, 50 años. Natural de Foldada, y Arcipreste de Pernía.

Obras de este curato son: Las puertas de la Iglesia, puertas del atrio, púlpito, palio, cruz de hierro del cementerio, el matracón de las tinieblas, el pintar la Iglesia y dar de raso la nave central. También la puerta del campanario, la cual tiraron los mozos más tarde a un pozo de minas. También es de esta época la tarima de la Iglesia y la galería que daba paso de la casa rectoral al coro.

Últimos párrocos: D. Ezequiel Monge en 1935. Muere en Traspeña. D. Leoncio Ramos, de la Lastra.

D. Francisco Díez Llorente, que nace en Celada en 1860 y se hace sacerdote a una edad madura, y es nombrado párroco de Celada en 1920, aunque pronto marcha a Polentinos, y después a San Felices donde murió en 1939.

Le sucede en 1922, D. Fernando Liebana, de Herreruela, quien en 1934 marcha a su pueblo, "pues los socialistas de este pueblo abusaron demasiado de su paciencia, llegando hasta hacerle arreglar las calles con un picacho".

Le sucede D. Damian, hombre joven, brioso, a quien le toco también vivir y sufrir lo suyo. Eran días poco buenos. Es saludado puño en alto, detenido y cacheado, pero por fin huye a su pueblo Foldada.

Le sucede en1938 D. Victorino Cordero, que sólo está un año, pues tenía que venir desde Polentinos.

Los demás son historia reciente:

D. Aurelio, D. Germán Ruiz, D. Luis Parede (Villalcazar de Sirga), D. Landelino Martín (Santa Marina de Palencia), D. Ramiro Merino (Castrense), D. Conrado Calle (Venezuela), D. José Marcilla (San Mamés de Campos), D. Eloy Martín (Valladolid), D. Santiago Rojo (Requena de Campos), D. Jose Mª Rodriguez (Madrid), D. Jerónimo Bravo (Madrid), D. Francisco Casas (Villaoliva), D. Gerardo Melgar (Seminario de Carrión), D. Fidel García (Saldaña) y Francisco Gutiérrez de Celis, un servidor. ¿Hasta cuando?... cuanto más mejor.

Esta es en breve parte de la historia de nuestro pueblo. Todos tenemos algo para poner al servicio de nuestras gentes. Todos somos constructores de este pueblo y la piedra que no pongas tu, nadie la va a poner por ti. Allí se notará tu falta. A todos nos toca responder para que el pueblo y nombre de Celada de Roblecedo quede muy alto.

Es pequeño, pobre y hermoso, nuestro trozo de tierra, pero de Celada de Roblecedo queremos sentirnos solidarios con quienes habitan los pueblos vecinos de la noble Pernía y este valle hermoso, de Castillería.

Y desde aquí desde más de mil metros de altitud queremos reclamar atención para nuestro pueblo, queremos gritar justicia para nuestras gentes, queremos ofrecer hospitalidad para quienes nos visitan y quiero y queremos todos disfrutar unas fiestas felices, alegres y en paz.

 

Felices Fiestas

Vuestro siempre

Francisco Gutiérrez de Celis

Casa Sacerdotal

Cervera de Pisuerga

21-VIII-1981

 

 

 

 

 

ERMITAS DE CELADA

Celada de Roblecedo ha sido uno de los pueblos del norte Palencia con mayor número de ermitas llegando a poseer cuatro ermitas y una iglesia. Por desgracia se han perdido todas las ermitas menos la de San Roque que la ha faltado poco para desaparecer. Lo que he podido recopilar acerca de las mismas es lo siguiente:

Ø La Ermita de San Antón conocidamente llamada la Ermita del Humilladero se ubicaba en el cruce entre la carretera y el camino que va a Balsemana, según se baja por la carretera a mano derecha es decir pegada a la elevación del cementerio. No queda ni un vestigio de ella debido a que con la apertura de la mina de la Frontera, una vez desaparecida la ermita, todo el carbón que se producía en Celada en vez de subir los camiones a cargar a la mina de la Frontera, crearon una tolva para cargar todo el carbón justamente en el sitio en el que se hallaba dicha ermita para facilitar las maniobras a los camiones. Era una ermita pequeña hasta para tener allá a un santo. Era toda de piedra de sillería buena. Puede que la zona de atrás no fuera de sillería. No tenía ni un asiento en su interior y entrarían tres o cuatro personas todo lo más. Si venía una nube o llovía tenía una tenadilla para que la gente se refugiase de la lluvia. La tenada estaba al frente a la entrada y estaba hecha con pared de piedra formando una especie de contrafuertes a ambos lados de la misma ya que cada lado no caía vertical sino en pendiente es decir que los cimientos tenían mas pared. La puerta era de Arco. Se dio en desmoronar por una parte y como no había voluntad en el pueblo para arreglarla, se dio en caer. La piedra cuando la ermita se cayó, cada uno la atropó por donde pudo. En el paredón de Casa Nato se encuentra la piedra que servía de poyo al santo con el nombre San Antón grabado. Al hacer reformas en la cochera y ver lo bonita que era, la han cambiado estando ahora mirando al corral.

(Continuará...)

 

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LA REPOBLACIÓN DE LOS PUEBLOS DE LA MONTAÑA PALENTINA

 

Óliver Vicente Cabeza, descendiente de Celada y estudioso de las costumbres e historia del pueblo, ha presentado unos artículos con gran entidad que describen la identidad de la Montaña Palentina.

Porque Óliver los considera de interés, y el que suscribe está encantado y agradecido de poderlos incluir en este trabajo, seguidamente se recogen íntegros dichos artículos que nos acercan un poco más a nuestra historia.

 

La Montaña palentina fue el hogar de cántabros como los tamaricos (Fuentes Carrionas), los bellicos (Peña Labra y Fuentes Pisuergas) y los moroicanos (Aguilar de Campóo y Tuerces), hasta que los romanos llevaron a cabo su conquista durante las guerras cántabras (29 - 19 a.C.), dirigidas por el propio emperador Augusto, con el objetivo de ocupar y colonizar toda la Península Ibérica (Hispania).

Las guerras cántabras y la colonización romana de La Montaña palentina, tras la feroz resistencia de los cántabros en los míticos montes Bernorio y Cildá, dejaron interesantes restos como el puente de Néstar sobre el Rubagón en el Itinerario de Antonino, dos campamentos romanos frente a la sierra del Brezo, el de Cantoral (Campus Toralis) y el de Castrejón (Castriculonem) con el objetivo de mantener sumisas las montañas cántabras y la Liébana, y la famosa cita de Plinio sobre las «Fontes Tamaricii» en Velilla del río Carrión, así como los topónimos de Guardo (Bucca Arduum) y Cervera (Zervaria).

Desde la conquista romana hasta el siglo VIII, La Montaña palentina estuvo poco poblada y apenas controlada por los diversos pueblos bárbaros, si exceptuamos el precario control visigodo de Mave en el siglo VII, y el esporádico y fugaz paso de los musulmanes de Al-Andalus del que son prueba las campañas del rey asturiano Alfonso I el Católico (739-757) y su política de despoblación del valle norte del Duero(«campos quod dicunt goticos usque ad flumen Dorium eremavit»), para crear una frontera que protegiera al joven reino astur de los ataques de los musulmanes.

La Montaña es repoblada por cántabros y astures procedentes de la zona oriental del reino astur (Liébana, Cabuérniga y Santillana), entre mediados del siglo VIII y mediados del Siglo X por el sistema de presura (apropiación simple de terrenos vacíos y despoblados por pequeños grupos de personas dirigidas por eclesiásticos o nobles).

Durante el reinado de Alfonso II el Casto (791-842) se lleva a cabo la repoblación de Brañosera con la «Carta Puebla» dada el año 824 por el conde Munio Núñez y su esposa Argilo a la localidad montañesa de Brañosera, que se convierte en el primer municipio con un documento oficial destinado a la repoblación y organización de su territorio.

Durante el reinado de Alfonso III el Magno (866-910) y su política de creación de una línea de fortalezas en la orilla norte del Duero (Osma, Clunia, Simancas, Toro, etc) para proteger las tierras recién repobladas al norte del Duero, La Montaña queda definitivamente libre, y desde mediados del siglo X hasta el siglo XII, cae bajo la influencia de los condes de Saldaña, Carrión y Monzón, que practican una política ambigua entre León y Castilla.

 

La fundación de San Martín de Frómista en 1065 con la presencia de los obispos de Palencia y Burgos, marca un momento trascendental ya que inicia la aparición del arte románico que representa el triunfo de la piedra como elemento constructivo perdurable y la imposición paulatina de la espiritualidad cristiana en Occidente a través de los monasterios y caminos de peregrinación, sobre todo a Santiago de Compostela, que van difundiendo las nuevas formas románicas a lo largo y ancho del camino, y que influyen durante los siglos XII y XIII en la enorme floración románica en las cabeceras del Pisuerga y el Rubagón, y en toda la montaña palentina.

A lo largo del reinado de Alfonso VI (1065-1109) se producen frecuentes disputas entre los obispados de Palencia y Burgos con el objeto de delimitar sus posesiones. Ya en 1059 se había entablado una primera disputa que solucionó el rey Fernando I (1037-1065), estableciendo los límites de la diócesis burgalesa desde el nacimiento del Pisuerga hasta Mave, Herrera, Monzón y Cevico Navero.

En 1116 el obispo de Burgos don Pascual agrega al monasterio de Oña Santa Eufemia de Cozuelos y en 1118 consagra las iglesias de Cordovilla y San Miguel de Brañosera, lo que demuestra que la cabecera oriental del Pisuerga y la cuenca del Rubagón estuvieron bajo la influencia de la diócesis de Burgos, mientras que la cabecera occidental del Pisuerga y la Pernía permanecieron bajo el señorío del obispado de Palencia.

La aparición en 1120 del «Codex Calistinus» del presbítero francés Aimeric Picaud, que diseña el camino francés a Santiago de Compostela, representa otro momento de florecimiento de iglesias y monasterios románicos en la montaña palentina.

Sin embargo, la etapa más importante para la expansión y florecimiento del arte románico en la montaña palentina es el reinado de Alfonso VIII (1158-1214), etapa en la que el florecimiento de monasterios como Santa Eufemia de Cozuelos, San Andrés del Arroyo, Santa María la Real de Aguilar y Las Huelgas Reales de Burgos, produce una auténtica explosión del románico en las cabeceras del Pisuerga y el Rubagón.

Hacia 1180, a instancias de los obispos don Pedro de Burgos, don Raimundo de Palencia y don Juan de León, se iniciaron las obras de reconstrucción de la abadía de Lebanza, situada en plena montaña palentina e importante santuario mariano, y en 1185 Alfonso VIII ratificó la donación de la iglesia de San Salvador de Cantamuda, en pleno corazón de la Pernía, al obispado de Palencia.

Durante los siglos XIII y XIV continúa en la montaña palentina la corriente constructiva románica que inicia una lenta transición al nuevo estilo gótico, presente sobre todo en el apuntamiento de arcos en gran parte de los templos.

En el siglo XV se construyen en algunas localidades de la montaña palentina templos plenamente góticos como la colegiata de San Miguel (Aguilar de Campóo), las iglesias parroquiales de Quintanaluengos, Salinas de Pisuerga y Barcenilla.

Finalmente en el siglo XVI también se construyen algunos templos del gótico final como la colegiata de Santa María del Castillo (Cervera de Pisuerga) o la portada conopial de la iglesia de El Campo.

 

 

 

"Buscando las

Fuentes Tamáricas"

Alejandro Polanco Masa

Revista de Arqueología del Siglo XXI

Año XXIII - Nº 266 :: Junio 2.003

En Occidente casi toda Hispania estaba pacificada, excepto la que baña al Océano Citerior y toca a las montañas del extremo del Pirineo. Aquí se agitaban dos pueblos muy fuertes, aún no sometidos, los Cántabros y los Astures. Los Cántabros fueron los primeros, los más duros y pertinaces en la guerra, quienes, no contentos con defender su propia libertad, pretendían dominar también a sus vecinos y vejaban a los Vacceos, Turmogos y Autrigones con incursiones frecuentes.

Osorio

De Cántabros y Romanos

Ciertamente a los romanos les costó bastante trabajo el dominar la porción

noroccidental de la Península Ibérica. La romanización nunca llegó a ser del todo efectiva, pues los rudos pueblos habitantes de las montañas de la Cordillera Cantábrica, no se adaptaron a las nuevas imposiciones romanas. Los historiadores de la antigüedad nos muestran a Cántabros y Astures como pueblos sencillos y pobres, primitivos a su vista, incivilizados en sus costumbres. Roma admiraba, y temía, su coraje y su fuerza, pero no por ello dejó de tratar a aquellas gentes como a animales. Naturalmente, la visión que nos ha llegado de aquellas tribus montañesas está muy tamizada por el punto de vista "superior" de los romanos. Para Estrabón, el comportamiento de los Cántabros era digno de observación, aunque sus comentarios guardan cierto desprecio por tan "primitivo" pueblo:

"...en dos tiempos al año se alimentan de bellota, secándola, moliéndola y haciendo pan de la harina. Hacen bebida de la cebada, tienen poco vino, y el que llega lo consumen en convites con los parientes. Usan manteca en lugar de aceite. Cenan sentados en asientos dispuestos a este fin en las paredes. Mientras se sirve la bebida, bailan al son de la gaita y de la flauta. Se visten casi todos de negro, con sayos, envueltos en los cuales se acuestan. Tienen vasos de cera, como los celtas, y las mujeres usan vestidos floreados o de color rosa. En lugar de dinero, cambian una cosa por otra, o cortan algo de una lámina de plata. Contraen matrimonio a la manera de los griegos y a los enfermos los sacan al público, como los egipcios, para que reciban el consejo de los que hayan sanado antes de semejante enfermedad.

Hasta el tiempo de Bruto usaban barcas de cuero; ahora ya tienen algunas de troncosde árboles..."

En la guerra, los Cántabros no se rendían ante nada. Otros pueblos más sumisos, ante el poderío militar y organizativo romano, no dudaron en someterse. Los Cántabros resistieron durante muchos años al invasor, tiempo en el que se desarrollaron las Guerras Cántabras, 29 – 19 a.d.C. – cuando el resto de la Península ya se encontraba pacificada y en plena fase de romanización. Como prueba definitiva de su ardor guerrero se puede contar cómo los Cántabros, junto con los Astures, formaron parte de la vanguardia del ejército de Anibal en su asalto a Italia. Como último reducto indomable, en unas montañas lejanas, la rebelión cántabra era vista en Roma como un reto inaceptable a su infinito poder. La situación era tan desesperada, que el mismísimo Octavio Augusto vino personalmente en el 27 a.d.C. a dirigir sus legiones. Pero las cosas no fueron fáciles, la resistencia puesta por los cántabros, desde sus posiciones privilegiadas en las alturas, hicieron que el primer emperador de Roma se retirara a su palacio tarraconense, posiblemente víctima de una depresión. Finalmente, pocos años después, los cántabros fueron derrotados. La máquina de guerra imperial había vencido, aunque las pérdidas romanas fueron terribles.

Olvidadas en el tiempo

La zona de influencia de los Cántabros se extendía desde las cercanías del actual Bilbao hasta el asturiano Río Sella, frontera con los Astures. Tierra adentro, sus tierras abarcaron gran parte del noreste leonés, la Montaña Palentina, el Norte de Burgos y la totalidad de la Comunidad autónoma Cántabra. Los límites de la patria de los Cántabros son muy difusos, llegando a adentrarse mucho en la Meseta Castellana. El territorio cántabro se hallaba a su vez dividido en pequeñas regiones, como Vellica o Moreca al oeste. En el suroeste reinaban los cántabros tamáricos, de la región de Tamárica o Camárica. Esta zona se localiza entre el noroeste palentino y el noreste leonés. Son muy pocas las cosas conocidas de este lugar y época, pues los historiadores rmanos se negaron a transcribir las ricas leyendas, tradiciones y topónimos cántabros, escudados muchas veces en lo cacofónico que les resultaba el idioma hablado por aquellas gentes. La capital de la Tamárica es un lugar nunca encontrado, pero que se suele asociar al valle del Carrión, entre la Villa de Guardo y Velilla del Río Carrión, en la porción occidental de la Montaña Palentina. Era precisamente al norte de la Tamárica, donde Plinio el Viejo nos relató un fenómeno natural muy curioso:

Las Fuentes Tamáricas en Cantabria sirven de augurio. Son tres, a la distancia de ocho pies. Se juntan en un solo lecho, llevando cada una gran caudal. Suelen estar en seco durante doce días y, a veces, hasta veinte, sin dejar ninguna señal de agua, mientras que otra fuente contigua sigue manando sin interrupción y en abundancia. Es de mal agüero intentar verlas cuando no corren, como le sucedió poco ha al legado Larcio Licinio, quien, después de su pretura, fue a verlas cuando no corrían, y murió a los siete días.

Durante muchos siglos, después del Imperio, se buscó la localización de estas fuentes, sin lograr nunca un resultado positivo. Hubo que esperar al siglo XVIII, momento en el que entra en escena en erudito P. Enrique Flórez, quien las situó a doce leguas al oriente de León, al lado de la Ermita de San Juan de las Fuente Divinas, Velilla del Río Carrión. En época de Flórez, no quedaba más resto que un arco semienterrado en la tierra, presumiblemente de origen romano, y una serie de surgencias de agua a modo de fuentes. Las Fuentes Tamáricas se intentaron localizar en multitud de lugares, desde La Rioja a Vitoria, pasando por Asturias y León. Pero no hay ninguna otra fuente en el norte de España que coincida con el extraño comportamiento descrito por Plinio el Viejo. Flórez lo explicó muy bien en su Disertación sobre La Cantabria:

Lo maravilloso de la Tamárica es que suele manar y secarse seis o siete veces en una hora, y casi innumerables veces al día, sucediendo también el correr sin cesar quince días o un mes, y luego quedar seca por otro tanto espacio, y aún más, sin dejar, cuando se seca, el menor indicio de agua, como refiere Plinio. Fórmase de ella una laguna, en que me dijo haberse bañado un anciano que entre otros me informó de la situación, y una vez al acabar de beber, vio repentinamente quedar la fuente sin indicio de agua. Esta laguna corresponde a la expresión de Plinio: In unum alveum coeunt; y por tanto nos aseguramos que habla de esta fuente, y que el sitio es dentro de la Cantabria, al Sudoeste de Reinosa y del nacimiento del Ebro. Por eso alargamos la Cantabria desde la costa de Santander al Mediodía, llegando y

abrazando las cuestas de Aguilar de Campoo y Norte de Saldaña, en que está la referida fuente.

El sorprendente comportamiento de estas fuentes continúa inalterado hoy día. Naturalmente, ya casi nadie cree en malos augurios, así que nadie tema de ver las fuentes, por primera vez, sin agua. Otro fenómeno curioso es el sordo sonido que acompaña a veces la brusca aparición y desaparición de las aguas. En Velilla del Río Carrión nadie conoce estas fuentes como Tamáricas, aunque hay una placa en sus cercanías que nos recuerda esa identificación, sino que su nombre popular es el de La Reana.

 

Estudios arqueológicos

La Reana fue declarada monumento histórico nacional el 9 de mayo de 1.961. Comenzaron entonces los únicos estudios arqueológicos serios realizados en la zona. Durante los veranos de 1.960 y 1.961, se realizaron trabajos de excavación promovidos por el Instituto de Arqueología y dirigidos por el Profesor García Bellido. Las conclusiones del estudio muestran total conformidad con la identificación, dada doscientos años antes, por Flórez. El carácter casi mágico de esas aguas se ha mantenido en la cultura popular durante milenios, como bien dice el propio García Bellido:

Permanece en pie todo el valor histórico vinculado a aquella fuente desde que Plinio describió el fenómeno de la intermitencia y se hizo eco, al recoger la leyenda, de su carácter augural, del ambiente religioso existente en torno a la popular Reana desde tiempos prerromanos y que ha subsistido hasta hoy en la vecina ermita de San Juan de las Aguas Divinas.

Los únicos vestigios arqueológicos del lugar, anteriores a estas excavaciones eran, un ara romana y una inscripción funeraria, además de los cercanos restos de dos acueductos para la minería del oro, conocidos hoy como Camino de los moros y Camino Griego, esculpidos por los menesterosos romanos en la roca de las montañas cercanas. Las fuentes y la ermita cercana se encuentran en la entrada sur de Velilla, en un amplio prado del paraje conocido como La Serna, vigiladas de cerca por las dos inmensas moles pétreas de Peña Mayor y Peña Lugar. Los arqueólogos se encontraron con una especie de estanque, cuyas obras datan de 1.935, basado en viejos sillares sumergidos bajo las aguas y los materiales aluviales acumulados por el tiempo, por donde surgen las aguas en medio de grandes burbujas. Se veía también el arco de sillería semienterrado, y los restos de otros dos aparecieron en la posterior excavación. Cuando los trabajos de investigación finalizaron, se construyeron dos pequeños arcos nuevos, para acompañar al añejo, para dar una mejor impresión del conjunto a los visitantes. Los tres arcos originales, hoy casi a nivel del suelo, fueron en tiempos del Imperio los soportes de una cubierta a dos vertientes, con probabilidad de madera, que convertían al conjunto en un recinto cerrado para los baños de inmersión, lavadero y augurio. La reconstrucción ideal es muy similar, curiosamente, a la imagen de una fuente salutífera consagrada a la Nimpha Umeritana, que se puede ver en la famosa pátera argéntea descubierta en el siglo XIX en las cercanías de Otañes, Cantabria. Hay algún estudioso local que ha sugerido la pertenencia de las fuentes a unas termas asociadas a una palestra o campo atlético de la explanada. No hay pruebas de ello. El conjunto pudo muy bien ser un templo dedicado a alguna deidad de las aguas, donde se proclamaban predicciones basándose en el irregular ciclo de las aguas. Los resultados materiales de las excavaciones fueron muy escasos. Restos de cerámica medieval de tradición local, puntas de flecha ahuecada, una estela hispano-romana y varias monedas acuñadas en la época del Emperador Tiberio.

Misterio hidrológico

Las aguas de La Reana son de buena calidad, frescas en verano y templadas en invierno, por lo que su temperatura es constante y sugiere una procedencia a regular profundidad. No se puede decir que sean aguas medicinales, pues su composición no se aleja en demasía de las de otros manantiales cercanos. De todas formas, según Don Demetrio Ramos, el filtrado de las aguas por la roca caliza de Peña Lugar, hace que contengan pequeñas cantidades de compuestos de azufre, no presentes en otras surgencias aledañas. Dicen, desde muy antiguo, que esas aguas son apropiadas para tratar trastornos de la piel y los ojos. Hay en el lugar, viejas historias sobre gentes que dijeron mejorar de sus males tras una inmersión en las aguas de las Fuentes Tamáricas. Son leyendas que vienen de la tradición, ya perdida, del baño ritual poco antes de la salida del sol en la romería celebrada el día de San Juan, de ahí el encomendar el lugar a ese santo y su relación con los misterios del bautismo, aunque de seguro, tradiciones similares se remontarían a época prerromana. El comportamiento de manantiales y otras corrientes de agua suele variar mucho con el paso de los siglos. Por esto, muchas de las referencias de Plinio el Viejo y otros geógrafos de la antigüedad no han sido localizadas, pues posiblemente ya hayan desaparecido para siempre. Con las Fuentes Tamáricas no sucede eso, su misterioso régimen de aguas se ha mantenido imperturbable durante milenios. Describir el comportamiento de las fuentes es imposible, nunca se ha encontrado una regularidad o un ciclo cuantificable, es totalmente imprevisible y sin conexión con cualquier otro curso de agua cercano, solamente parece existir una leve conexión con el régimen de lluvias y nieves del año anterior. De todas formas, sería necesario un estudio estadístico serio para lograr encontrar un ciclo, por caótico que fuera, pero hasta la fecha nunca se ha realizado investigación alguna de ese tipo, solo meros estudios superficiales. El estudio sería muy complejo, pues se deberían anotar observaciones detalladas durante varios años y luego correlacionarlas con los datos climatológicos de la zona. Cuando finaliza el periodo de sequía en el manantial, que no coincide necesariamente con los de fuentes cercanas, fluyen aguas turbias y abundantes, que llenan por completo el recinto, para luego vaciarse rápidamente, en un mismo día. Es asombrosa la rapidez con que se llenan y después se vacían las fuentes. A veces, surge tanta agua, que rebosa el estanque, para en pocos minutos secarse por completo y no mostrar signos de la anterior crecida, pues el lecho rocoso queda seco por completo. El ruido sordo, como de una tormenta, que proviene del subsuelo anuncia la llegada de las aguas minutos antes de que se comiencen a ver. Esto, sin duda, sorprendió y atemorizó a los antiguos. ¿Existe una explicación a este misterioso fenómeno natural? No hay unanimidad, pero se puede concluir que las Fuentes Tamáricas pertenecen al tipo de manantial intermitente vauclusiano, eso sí, con una personalidad muy propia, alejada de lo común. El agua procedería de un depósito sobre el nivel de las fuentes, enclavado en el interior de las montañas calizas. Un canal subterráneo iría del depósito a las fuentes, formando un sifón en alguno de sus puntos. Al variar el nivel del depósito, por aguas de deshielo o torrentes, se descargaría agua en el sifón, o no, dependiendo de la cantidad de agua del depósito. Para explicar la rapidez de las surgencias y sequías, García Bellido aludió a la presencia hipotética de otro canal vertical de descarga. Plinio hablaba de una fuente de flujo constante muy cercana, hoy desaparecida, que podría haberse alimentado de la misma cisterna, pero sin pasar por el sifón. El milenario fenómeno natural de las Fuentes de Tamaria puede ser observado por cualquiera que desee visitarlo, disfrutando a la vez de las maravillas de la Montaña Palentina, y sin ningún temor por verlas secas en la primera visita.

 

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