DEL CANDOMBE AL UMBANDA

LA RELIGIÓN DEL CANDOMBE QUE COMENZÓ A DESARROLLARSE A FIN DEL SIGLO XVIII BAJO EL NOMBRE DE "TANGO" ERA UN FENÓMENO MUY SIMILAR AL CANDOMBLÉ Y OTROS CULTOS AFRO BRASILEÑOS. Similares procesos se dieron en otras regiones de América donde se introdujeron esclavos en gran número (por ejemplo, las SANTERIAS cubanas, el ESPIRITISMO de los negros de barlovento en Venezuela y el VUDÚ de Haití).
El CANDOMBE montevideano siguió evolucionándo y sincretizándose, y sobre las décadas de 1850 y 1860 lo encontramos bien dinámico y establecido. De acuerdo a Bottaro (referencia ya mencionada) LAS PRINCIPALES SECTAS ERAN LOS 'MAGISES", LOS CONGOS" Y LOS "MOZAMBIQUES. Los Magises tenían una organización bastante cerrada y se contaban popularmente muchas leyendas acerca de sus ceremonias y misteriosos rituales. Los Magises tenían muchas subdivisiones y un gran número de lugares de "asamblea". Adoraban imágenes (?) de sus dioses que según Bottaro eran "deformes". Los Congos incluían varios sub-grupos como los LUANDAS, MINOS, MELOMBES Y OBERTOCHES y parecían tener un dios principal y varios "santos" patrones. Los Mozambiques que estaban concentrados en el Cordón adoraban un dios representado en formas corporales distintas (a veces era un pastor, a veces un guerrero y en otras aparecía bajo formas indefinidas). La ceremonia era dirigida por un "chaman" (en dialecto uruguayo se le denomina hoy GRAMILLERO, no sabemos las palabras correspondientes en dialecto bozal) y era acompañada por tamborileo continuado.
Todos estos elementos tienden a mostrar la afinidad entre las religiones afro-brasileñas y las afro-uruguayas. EL OBJETIVO DEL RITUAL DEL CANDOMBE ERA ADORAR 0 ENTRAR EN CONTACTO CON LOS ESPÍRITUS (¿DE LAS FUERZAS NATURALES?) POR MEDIO DE llamadas DEL TAMBOR, DANZAS Y VARIOS RITOS ASOCIADOS.
En 1871, en ciertos sectores (intelectualizados) de la población negra de Montevideo a través de un diario publicado para los afro-montevideanos: "La Conservación", se promovía "la necesidad de terminar de una vez con estas farsas que no eran religiosas, estas prácticas que no obedecían a ningún principio lógico y que servían para que se señalara los puntos de reunión como lugares de promiscuidad para aumentar la población de los conventillos ".
Hay un testimonio muy gráfico del conocido pintor, don PEDRO FIGARI quien dedicó una parte importante de su producción a pintar escenas de candombes del montevideo de fines del siglo XIX. Decía Figari: "Recuerdo que hacía sus visitas periódicas una vieja negra, esclava liberada, a una casa amiga, familiar. La negra de nombre Donata, muy severo, al oir los golpes ritmados a manera de tam-tam con que la invitábamos a bailar, ordenaba con gravedad: "¡No hagan eso niños!"... Poco después, como prosiguiéramos ese ritmo monótono ya no podía resistir a su sugestión y con los ojos entornados comenzaba a contonearse, ausente.... Figari, que era un niño entonces, no comprendía cabalmente el significado del ritmo del candombe para los negros montevideanos. Ese "tam-tam", aparentemente monótono para quien no lo sentía cabalmente, contenía invocaciones religiosas solemnes que venían de lo más profundo de las raíces de las comunidades afro-uruguayas. Los propios cuadros de Figari muestran claramente las posiciones de "danza" de los gramilleros y mamas viejas en las ceremonias de candombe, muy semejantes a la forma de "danzar" de los paes y maes de santos de los cultos afro-brasileros cuando invocan a los orixás.
A partir de 1870, el CANDOMBE evolucionó perdiendo gran parte de sus elementos
africanos iniciales. Con todo continuó el manejo ritual de "hierbas y yuyos», la "manipula-
ción del mambise" (hiel de oveja) y otros actos ceremoniales hasta mucho tiempo después
de su desaparición institucionalizada. En los hechos ésta se produjo por el 1900 cuando
algunos de los viejos GRAMILLEROS oficiaron los últimos candombes.
De todas maneras, las creencias religiosas, espiritualistas y rituales no desaparecieron del todo de las masas afro-montevideanas. Ellas quedaron como un trasfondo de las actividades de los manosantas y curanderos e inmersas de alguna manera dentro del rito de las llamadas".
Muy recientemente, en 1993, cuando falleció Rosa Luna, una de las bailarinas afro-uruguayas más populares de todos los tiempos, tambores de todo Montevideo acudieron para "testimoniar" su dolor en una multitudinaria "llamada" fúnebre. Esta llamada fue descripta emocionadamente por Roberto Blanco el 3 de enero de 1994 en "La República": "Aquella vez, todos la tuvimos clara, sea por reacción espontánea o por lo que sea, no quedó otra que acompañar a la Rosa hasta su último morada. Nos constituimos en un santiamén en la Comparsa Lubola Los Rosistas", sin color, credos, ni raza, ni menos condición social. Nos juntó una tarea común, rendirle un homenaje bien debute y así lo hicimos. La llevamos en andas de nuestra emoción del Sur al Norte, haciendo parado en cada esquina, como cuando salíamos a hacer tablados o levantar vidrios por los boliches de allá abajo, donde ella se anotaba, porque era su palo. Quien digo que fue un cortejo dolorido, no sabía ni medio quien era La Negra. Los NEGROS Y LOS BLANCOS, CON LIBERTAD DE CULTOS 0 NEGRISTAS POR VOCACIÓN, NO LLORAMOS A NUESTROS MUERTOS, RESUCITAN EN CADA FOGATA DE DIARIOS VIEJOS QUE LEVANTAN LAS LONJAS DEL TAMBOR, EN CADA BRINDIS DE VINO TINTO, EN LAS ESTRELLAS DE CINCO PICOS, QUE CONSAGRÓ DIOS PARA GUARDAR LAS ALMAS DE NUESTROS ILUSTRES NEGROS. COREANDO SU NOMBRE, QUE REBOTABA EN LAS LONJAS, LA DESPEDIMOS META TAMBOR. Otros, con el tambor al hombro y los brazos caídos- como en señal de duelo también le rindieron sus pleitesías. Porque los negros son así y nadie es quién para andar metiendo la cuchara en su recóndita libertad... ¡faltaba más!.
En Brasil, y debido a los grandes números de la población de origen africano, este proceso de desarticulación religiosa se dio en mucho menor grado. Los ritos afro-brasileños se desarrollaron y asentaron, determinando finalmente una expansión no solo dentro de Brasil, sino también a otros países vecinos (y no tan vecinos), El Uruguay no fue ajeno a esta expansión. El éxito de la misma es evidente. Hay hoy cerca de un millar de TERREIROS en todo el país y tal vez unos 200.000 practicantes de dichas religiones.
Los ritos afro-brasileros (p. ej. umbanda, candomblé, y otros) lograron extenderse fácilmente en el Uruguay porque encontraron el terreno fértil que significó esa base de creencias candomberas que sobrevivieron más allá de la desaparición del candombe organizado.
Ese crecimiento ha continuado aceleradamente consagrándose finalmente en forma pública y oficial en 1994 con la erección de la estatua de lemanjá, orixá de las aguas, inaugurada en su día, el 2 de febrero en la plaza Jackson de Montevideo. Después de generaciones de ceremonias de tangos y candombes, FINALMENTE HABRÁ UN COMIENZO DE RECONOCIMIENTO DE ESTA REALIDAD RELIGIOSA NACIONAL QUE MARGINADA Y DISCRIMINADA DURANTE DÉCADAS ESTÁ LOGRANDO FINALMENTE LA LEGITIMACIÓN DE LA HISTORIA (que tarda, pero llega...).
Todo parece indicar, que poco a poco, tarde o temprano, la sociedad uruguaya ha de presenciar la culminación de los procesos de sincretismo que unan a los ritos UMBANDA y afro-brasileros con los elementos remanentes del candombe ancestral:el tamboril y las llamadas, para enrriquecer las nuevas espiritualidades uruguayas del siglo XXI.

Material extraido del libro URUGUAYPIRÍ del geógrafo uruguayo Danilo Antón.
Editado en 1995 por ROSEBUD EDICIONES.

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