El general que lo cambió todo
Eduardo Gudynas |
|||||
El pasado sábado 31 de julio, sobre el mediodía, falleció en Montevideo el general Líber Seregni, uno de los líderes históricos de la izquierda del Uruguay. Sus restos fueron velados primero en el Palacio Legislativo, sede del congreso, y después en la casa del Frente Amplio, la coalición política que ayudó a fundar en 1971. Miles de personas pasaron por esos sitios, y más tarde, sobre el mediodía del domingo 1 de agosto, la ciudadanía nutrió una enorme caravana que acompañó sus restos hasta el Cementerio Central en Montevideo. Líber Seregni nació en 1916 en Montevideo, ingresando a la vida militar en la década de 1930. En 1963 alcanzó el grado de general y cinco años más tarde solicitó su retiro por sus diferencias con las acciones autoritarias promovidas por el gobierno de Jorge Pacheco Areco, en la antesala de la dictadura militar. A inicios de 1971 se funda el Frente Amplio, una coalición de partidos y grupos de izquierda, que lo postula como candidato a la presidencia de la república. Seregni se pone al frente de la campaña, recorre todo el país y se convierte en una figura política clave. En 1973, pocas semanas después del golpe de estado que mantiene un presidente civil pero deja el verdadero poder en los mandos militares, Seregni es arrestado junto a otros dirigentes de izquierda. Aunque es liberado a fines de 1974 vuelve a la cárcel en 1976, quedando detenido por largo tiempo hasta su liberación definitiva en marzo de 1984. Ese largo encierro demostró uno de los tantos extremos en los que cayó la dictadura militar uruguaya. Desde la cárcel, aprovechando diversas circunstancias, Seregni mantiene su influencia en la política nacional; ya en libertad, desempeña una labor esencial en las negociaciones con los mandos militares para salida la democrática de 1984. En aquellas primeras elecciones, Seregni no pudo ser candidato a la presidencia porque el pacto con los militares mantenía proscriptos a políticos claves, lo que generó una honda polémica en Uruguay. En 1989 volvió a ser candidato a la presidencia, y aunque el Frente Amplio no logró ganar la elección nacional, consiguió conquistar, en cambio, el municipio de Montevideo. Desde ese momento quedó claro que el Frente Amplio había roto la vieja tradición del bipartidismo, y la izquierda se instaló como un actor pleno en la política nacional. Seregni era un hombre de principios, lo que le valió largos años en la cárcel, y a pesar de todo eso su postura nunca fue de revanchismo, sino de construir un nuevo país. Tempranamente reconoció que la oposición de izquierda debía madurar hacia formas que permitieran la construcción de consensos y ampliación de la base de aliados. Esa disposición al diálogo y al consenso no siempre fueron bien recibidas dentro del Frente Amplio. En 1996 renunció a la presidencia de la coalición, cansado de los desgastes internos y las largas discusiones, para proyectar su actividad política desde espacios no partidarios. Recuerdo que aquella renuncia tuvo un fuerte impacto sobre la izquierda y que se tardó un buen tiempo en entender el mensaje del "general". Conocí a Seregni personalmente poco tiempo después de esos hechos; tras la renuncia a la presidencia del Frente Amplio, desarrollaba sus actividades en el "Centro de Estudios Estratégicos 1815" (CEE), un centro de investigación y análisis que fundó y dirigió con éxito en estos últimos años. Si bien Uruguay es un país permeado por la política partidaria de arriba abajo, tiene enormes dificultades para pensarse a sí mismo en el largo y mediano plazo, para desembarazarse de las disputas políticas coyunturales e imaginarse nuevos futuros. Desde el CEE 1815, "el general" se dedicó justamente a promover una reflexión sobre el país posible más allá de las circunstancias actuales, abordando los temas más candentes y logrando la presencia de prácticamente todos los actores políticos. En los seminarios del CEE 1815 participan los líderes de todos los partidos políticos y los académicos de la más diversa condición. De esta manera, la figura de Seregni creció todavía más, alcanzando la estatura de una voz que habla en nombre de la nación. En su persona se cruzaban muchos aspectos de la historia reciente del Uruguay y de sus actores: militar y político, nacionalista y de izquierda. Por años recibió la adhesión de una parte de la población y el rechazo de otra, pero tras la salida de la dictadura militar esa situación fue cambiando, no sólo por la altura de sus opiniones sino por su disposición al diálogo y la actitud constructiva. Fue un genuino "general del pueblo" y ha marcado la historia política uruguaya para siempre. La desaparición de Seregni, a los 87 años de edad, ha sido un duro golpe en Uruguay justo cuando el país se encuentra en la antesala de un proceso electoral que seguramente desembocará en el triunfo de la coalición que ayudó a fundar. Su desaparición ha recibido reacciones de respeto y admiración desde todos los partidos políticos; incluso el actual presidente, Jorge Batlle, ha subrayado sus condiciones personales. Mientras su sepelio recibía los honores que corresponde a un ministro de estado, miles de uruguayos se agolpaban en las calles por las cuales transitó el cortejo fúnebre. En la muchedumbre se veían las banderas nacional y del Frente Amplio, y entre ellas asomaban todos los rostros, muchos de ellos simplemente llorando. Ese es un tributo que pocos políticos logran conquistar: el respeto y cariño del pueblo. Estas líneas están muy lejos de expresar todas las facetas de Seregni, y son apenas un humilde tributo a una persona admirada, querida y respetada. Frente a esta pérdida vale la pena recordar una afirmación que repitió más de una vez: hay que cambiar algo para cambiarlo todo. Porque el testimonio de vida del general fue precisamente un cambio que modificó todo el Uruguay. |
|||||
|
|
|||||