FÁBULA DE LA ESTRELLA

Cuenta una vieja leyenda la historia de una joven pero triste estrella que vagaba por el cielo.  Noche a noche la desdichada estrella paseaba por el infinito paisaje que ofrecía su soledad.  El cantar del silencio susurraba el oscuro manto que otorgaban los ojos de su madre Luna.  Una luna que era dueña y señora de todas las noches; una madre que se había enamorado de sí misma, cegada por su color tan presumido y vanidoso.

La estrellita merodeaba por cada uno de todos los rincones existentes, buscando tal vez alguna muestra de cariño o algún abrazo de su incomprendida tristeza.  La verdad es que ni ella misma sabía el motivo de su ineficaz e interminable búsqueda.  Era un cuento de nunca acabar. 

Tal fue su desesperación que en una de esas insípidas noches de huida, la joven aventurera decidió buscar las líneas de su vida sobre el majestuoso mar.  En aquel momento las aguas estaban en calma.  Su serenidad era tan hermosa como cualquier princesa salida de un espejo rebosante de cristalinos reflejos.

Al acercarse al agua, la estrellita se asomó por uno de los reflejos y se vio en él.  Ella no se creía lo que estaba pasando.  Por fin había encontrado su alma gemela, una estrella que se atrevía a mirarla directamente a los ojos.  De repente se asomó una tímida sonrisa que se fue creciendo cada vez más y que al mismo tiempo era correspondida por aquella mirada.  Las dos rieron y la ahora alegre estrellita se enamoro ingenuamente.

Desde esa sensación vivida, la estrellita siguió descendiendo cada noche al punto exacto donde conoció a su amor.  Las noches se hacían eternamente maravillosas y las penas se ahogaban en valles de esperanza.  Una esperanza casi asfixiante pero rebosante de felicidad y entusiasmo.  Estaban aprendiendo a vivir por primera vez, a sentirse la una a la otra.

Pero lo bueno no dura para siempre y en una de esas noches, el mar se enfadó con un viejo barco que merodeaba casualmente por allí.  Los vagos oleajes que provocaba, perturbaban la serenidad de unas aguas tan suaves y delicadas.  De repente, una gigantesca ola surgió de la nada y se abalanzó sobre el indefenso barco, desapareciendo éste por completo, sepultado bajo las enfurecidas profundidades.  Un trueno se dejó caer del cielo.  Uno que fue transformándose en otro y otro y otro.  A lo lejos, deslizándose por el cielo se avecinaba una sombra con luz propia, blanca como el algodón.  Era la estrellita que miraba con gran asombro el cuadro tan desolador que estaba dejando la tormenta.

Sin creérselo aún, bajó a su punto de encuentro habitual y al intentar ver a su amado e irreal reflejo se encontró con una horrible sorpresa.  Y es que a causa de la tormenta su reflejo se veía turbio, arrugado y desaliñado.  En ese instante la estrella perdió todo su brillo.  Creía que su amada se había marchitado por falta de cariño.  La estrellita agotaba lágrima a lágrima cada gotita de luz que en ella habitaba.

Nuestra protagonista se fue con el alma rota en mil pedazos a seguir vagando por lo que hasta no hace mucho fue su amargo pero dulce hogar.  Atrás quedaba un amor que nunca existió.  El último relámpago perdiéndose en el horizonte anunciaba el final de una tormenta y a la vez de una historia que siempre acabaría en jamás.

 

Hosted by www.Geocities.ws

1