Zaragoza, 14 de Febrero del 2003
Querida Laura mía:
Esto de abrir mi corazón es cosa complicada. No sé por qué, pero tengo un corazón miedica, que se asusta fácilmente, incluso con el suspiro de una mariposa. Quizás se pueda comparar a un niño. Es caprichoso y al mismo tiempo cariñoso. No sabía lo que quería hasta que te conoció a ti.
Vivo en un incesante sueño del que no quiero despertar. En una cadena de besos a la que me aferro cada día para poder existir. Siento cada caricia, cada gesto y cada mirada como una historia de amor.
Para mí, un sólo instante a tu lado es especial. Las palabras que tu boca me regala derraman una gota de rocío que sacia mi sed de ti. Y es que ahora que te tengo por fin, yo te diré que te quiero. Cuando te bese en los labios yo gritaré a los cielos. Y daré gracias a tu alma vida mía, porque mi amor despertó, porque mi amor te invadió. Yo sentiré que te quiero. Al final comprendí que sin ti yo no sé ser feliz.
Ya me dijo un viejo amigo: �Cuando te enamores deja de llorar que el amor es niño y se puede asustar, cuando te enamores vive hasta el final porque como viene se puede marchar�.
Le hice caso, y como si de un héroe se tratara, me adentré hacia la aventura de conocerte, de tocar tu corazón con mis propias manos. Desde entonces y mientras que el Sol cuelgue de un velo y el desierto tenga arena. Mientras que las olas choquen en el mar y se enfrenten con la tierra, yo estaré loquito por tu amor. Porque desde que llegué a ti estoy perdido entre fantasías y cuentos.
Muchas gracias por ser mi ángel de la guarda. Por enseñarme a navegar entre las estrellas de la noche y las nubes del amanecer. Muchas gracias por regalarme un trocito de paraíso.
Te quiero y te quiero y te quiero y te quiero. ¿Ya te he dicho cuanto te quiero? Pues si todavía no lo sabes, cuenta uno a uno todos los besos que te voy dando y obtendrás media mitad de tu respuesta.
Siempre tuyo,
Manuel Corazón Enamorado |