Soy libre, pero prisionera. Tengo pulmones, pero me falta el oxígeno. Poseo dos manos, pero como si fuera manca. Aun dueña de unos labios vivo sin besos. Lo único que parece funcionar con normalidad, aunque, eso sí, muy acelerado, es mi corazón pese que podría pasar por la base de una batería de tan fuertes latidos que golpean mi pecho con tanta violencia que difícilmente resisto el dolor.