Título --> "VANESSA DE LAS VEGAS"


NOTA:
Éste es posiblemente el escrito más subido de tono que tengo. Como no puedo controlar quién lo lee, no puedo hacerme responsable.


Vanessa de las Vegas me invitó a su boda. Irene, mi novia, no estaba muy de acuerdo
 con que fuera y menos sin ella.
  --No me gusta nada las cosas que he oído sobre ella. -Me dijo.
  --Simples rumores.
  --Sí, ya. -Me replicó incrédula- ¿Y la historia del chupa-chú?
	Irene a veces tiene una memoria de dinosaurio. Algún gracioso le estuvo calentando
la cabeza con las historias eróticas que viví mientras Vanessa era compañera mía.
  --Irene, por favor, de eso ya hace tiempo...
  --Sí, pero se puede repetir.
  --No creo que en su boda haya chupa-chús.
  --No, de chupa-chú te ofrecerá su coño en bandeja. -Estalló indignada- ¿Para qué tienes
que ir? Creía que ya no estabais en contacto.
  --Siempre lo estuvimos por MSN.
  --¿Ah, sí? ¡A saber qué te mostraba por la cámara web!
  --No tiene cam.
  --Pues menos mal, pero la cosa es que yo no he olvidado lo que me contaron una vez
sobre el chupa-chú de fresa.
	Y dale con el chupa-chú. Esta Irene cuando quiere sabe tocar muy bien donde no debe.
  --Olvídalo, Irene.
  --Lo vas a olvidar tú, guapa, porque lo que soy yo...
  --No empieces.
  --No, si no empiezo... Ya me callo. -Hizo una pausa, pero enseguida preguntó-: ¿Estaba bueno?
	Insistente como ninguna. El caso del chupa-chú le debió marcar la vida.
  --Seguro que te volvió loca y te puso bien caliente ver cómo te quitaba el chupa-chú
y se lo introducía en la vagina, ¿no? -Me miró con rabia- Gemía mucho, ¿eh? ¡Ojalá os hubiera
pillado la directora y os hubiera expulsado!
  --¡Calla, diablo de mujer, cállate!
  --¡Pues bien que lo probaste con flujo y todo! Debiste disfrutar saboreándolo, ¿no?
  --¡Cállate! ¿Es que quieres volverme loca trayéndome el pasado?
	Ella me miró enojada y se marchó a la cocina. La oí cerrar de un portazo la puerta
y no tardó en escucharse la chapa de una cerveza. ¡Ootra! Cada vez que nos enojábamos
tenía que beberse una tras otra... ¡Y estaba que echaba humo!
  --Irene. -Le dije con tono agrio entrando a la cocina- ¿No puedes dejar de beber cerveza?
  --¿Y tú esa mierda de Red Bull? -Quiso saber ella viéndome sacar uno de la nevera-
Me voy de compras. ¿Quieres que te traiga Chupa-Vanessa-Chups?
	No le contesté. Salí de la cocina y me fui al solar que compartimos con los vecinos.
Mi hermano Christian ya estaba allí.
  --Hola, Chris. -Lo saludé- ¿Echamos unas partidas de cartas?
  --Sí, claro, pero espera al resto de la banda.
  --Sí, pero vayámonos a la sombra.
	Cuando nos sentamos en un banco vi a Irene salir de casa y mirar a su alrededor.
No tardó en localizarme y vino directamente.
  --Hola, Irene. -La saludó Christian- ¡Vaya cara traes! ¿Qué tienes?
  --Hola, Chris. No, nada. -Y, dirigiéndose a mí, añadió-: ¿Cuántos chupa-chús necesitas
para que esa puta te enfluje y relamerte con ellos después?
	Y, antes que pudiera contestarle, se echó a reír y se alejó. Esa risita nerviosa
y llena de rabia... ¡Cualquiera diría que se había vuelto loca!
  --¿Qué le pasa? -Me preguntó Christian.
  --Es por lo de Vanessa. -Le respondí cansada- No quiere que vaya a la boda.
  --Pero si ella va, ¿no?
  --En principio no. Tengo que hablar con Vanessa.
  --¿Y qué teme Irene? -Quiso saber extrañado.
  --Supongo que... No sé... Quizá que Vanessa, al verme, vuelva a las andanzas eróticas
de antes...
  --Pero, ¿cómo va a hacer eso el día de su boda?
  --No sé, pero Irene, al parecer, así lo piensa.
  --Irene tiene que estar loca  para creer que puede pasar algo así.
	En ese momento llegaron Roberto Carlos, Ismael, Iván, David, Daniel, Óscar, Tommy, Tonny y Jonathan.
  --¡Hola, inseparables! -Nos saludó Ismael.
  --¿Y las chicas? -Pregunté yo.
  --Se encontraron con tu novia y se marcharon a comprar. -Me respondió Roberto Carlos
sentándose junto a Christian- Nos hemos encontrado a Ricardo y a Arturo. ¡Qué pelmazos
de tíos!
  --¿Qué hacían? -Quiso saber mi hermano.
  --No, nada. -Me miró Jonathan de reojo- Nada.
  --No se estarían metiendo otra vez con Irene, ¿verdad? -Lo perforé con la mirada.
  --Sí. -Asintió Daniel- Pero ella les dio una buena bofetada a cada uno antes que
le pusieran una mano encima.
  --Jamás la había visto tan furiosa. -Continuó David- Daba miedo.
  --Creíamos que nos golpearía a nosotros también. -Apuntó Óscar.
  --Dedujimos que estaba enfadada contigo. -Me explicó Roberto Carlos.
  --Sí. -Asintieron los mellizos Tommy y Tonny.
  --Era mejor no hacerle broma. -Aclaró Tonny- Se notaba que no estaba para aguantarlas.
	Yo pensé que Vanessa de las Vegas, una vez casada, no podía representar un gran
peligro para la relación que manteníamos Irene y yo. A fin de cuentas se casaba con
un hombre, ¿no? Seguro que lo volvería loco con aquella vagina incapaz de estar seca
durante más de un milisegundo. Aquellas dilataciones y contracciones enloquecedoras
y el palpitar de su clítoris, que se podía apreciar a primera vista.
  --Lo está. -Oí que decía mi hermano- Han invitado a Laureyne a una boda y... a Irene no.
  --Bueno, pero puede venirse con la banda a pasarlo bien. -Sugirió Ismael- Seguro
que a mi hermana Raquel le encantaría.
  --Sí, pero no querrá. -Negó Christian. Yo todavía estaba absorta en la imagen vaginal
de Vanessa- La que se casa es Vanessa y todos sabéis los chismes que hay.
  --¿Lo del chupa-chú sólo es un rumor? -Le preguntó Iván incrédulo.
	Otra vez el chupa-chú. Sí, era un maldito chisme. En realidad lo que pasó no
fue que Vanessa me lo quitara y se lo metiera en la vagina y después me lo ofreciera...
  --Oye, Doyrens. -Me llamó Susi cuando entré al baño- Vanessa quiere hablar contigo.
	Susi era la mejor amiga de Vanesa. Seguramente también estaría en la boda. ¡Vaya
par! Se diferenciaban por bien poco. Eran las más guarras de toda la clase, pero yo
eso jamás lo creí... hasta ese día.
  --¿Y dónde está?
  --En ese compartimento. -Me señaló el último y salió del servicio.
	Me dirigí al lugar indicado. Llamé a la puerta y Vanessa preguntó quién era.
  --Laureyne.
	Se oyó un gemido apagado, aunque en aquel momento creí que eran imaginaciones,
y la voz de Vanessa que me pedía que esperara un momento y que cuando me avisara...
entrara sola.
  --Sí, seguro. -Asintió mi hermano.
  --Pues se ha hablado mucho sobre ello, ¿eh, tíos? -Azotó entonces Jonathan, pero yo seguía con lo mío.
  --Hombre -Le salió Tommy al paso-, cualquiera hubiera querido follarse a Vanessa.
Digo yo, si alguien tiene celos de Laurey, pues inventar chismes es lo mejor, ¿no?
Todos sabemos que follar... han follado.
  --Bueno, a mí Vanessa me importa una mierda. -Le comunicó mi hermano- De todos modos,
¿qué importa lo que hayan hecho mi hermana y ella? Ya está pasado.
  --Pues de Irene no corren rumores, ¿eh? -Le espetó Tonny- Antes había. El asqueroso
de John Amoreux, con sus guarras intenciones, le metía unos cuentos a Laurey en la
cabeza... Pero, lo que quiero decir, de Vanessa y Laureyne hay centenares de escenas
porno rondando y, en cambio, de Irene y ella...
  --Ah, pues entonces significa que la guarra era Vanessa y no mi hermana, ¿no? -Se ofendió
Christian- Además, no querrás decirme que Irene es una puta.
  --Para nada. -Intervino Ismael- Todos la apreciamos mucho.
  --De puta la ponía Amoreux. -Masculló Jonathan.
  --Qué asco de tío. -Opinó Óscar.
	Yo era ajena a todo... Seguía pensando... ¿Quién habría soltado la lengua sobre
lo que hacíamos Vanessa y yo? ¿Ella? ¿Susi? ¿Quién?
  --Qué pensativa está Laurey. -Observó David.
	Vanessa me dijo que entrara y que cerrara con cerrojo. Así lo hice y, al girarme,
la vi sentada sobre el retrete, que tenía la tapa bajada, muy abierta de piernas,
haciendo que su minifalda quedara prácticamente en su cintura y pudiera ver que no
llevaba ropa interior. El panorama de su sexo estaba a toda luz y color.
  --Pero... -Sentí que un calor infernal me recorría las venas. No podía apartar los
ojos de su entrepierna...- Pero... ¡Vanessa!
  --¿No te gusta? -Me preguntó separándose los labios vúlvicos con ambas manos.
  --Claro que me gusta... -Me oí decir hipnotizada por aquella vagina que tenía que ser
MÍA a la fuerza porque sino me iba a dar algo- Me vuelve loca...
  --¿Cómo la fresa?
	¿Quién diablos le habría dicho que me gustara la fresa? Y mi asentimiento fue
la clave de todas las locuras que siguieron.
  --Sí, me gusta muchísimo la fresa, pero tu coño... -Yo estaba que babeaba, ya- Es mío...
  --Sí, pero... antes va esto.
	Sacó el famoso chupa-chú de un bolso que tenía al lado y lo desenvolvió. Era
de fresa. Lo remojó con su flujo y después encarameló toda su vulva.
  --¿Qué haces?... -Le pregunté la mar de aturdida porque sería la primera vez que
hiciera algo así... si es que pensaba hacer algo conmigo.
	¡Entendedme! Vanessa era la primera de la clase... Tanto en notas como en belleza.
Tenía a todos los chicos detrás suya y tonteaba con cualquiera. Era una coquetona.
¿Cómo se suponía que podía asimilar que quisiera algo conmigo siendo yo una chica y
de las peores de clase? Me la pasaba mirando a la profesora de Ciencias, a la de Matemáticas
y, en especial, a la de Educación Física. Siempre estaba metida en líos... Y, lo que era
más, jamás me atrajo. Siempre la medio desprecié porque era hija de un multimillonario
que en vez de ayudar dando dinero para ONGs o para continuar estudios e investigaciones
de remedios para algunas enfermedades incurables, el muy idiota invertía cantidad de
millones en armas y tenía una gran galería de tiendas donde provisionar un ejército
de soldados entero. Vanessa presumía de todo esto y yo prácticamente la odiaba. Así que...
¡entendedme!
  --Te la preparo. -Me susurró- ¿No te gusta?
	Ante mi sorpresa se penetró con el chupa-chú y sacó exclusivamente el palito...
¿Y la bola? La bola la había dejado dentro y yo debía sacarla con la lengua... y comérmela.
  --Puedes empezar...
	No me lo hice rogar. Lo peor era acabar... Pero aquello no tenía fin, a pesar que
no tardé en hacerme con la bola de caramelo, Vanessa era insaciable... y nos perdimos
la clase de Historia con la directora de profesora.
  --¿Laureyne?
	Cuando oí mi nombre volví a la realidad. Todos me miraban expectantes.
  --¿Sí? -Pregunté sin más.
  --¿Qué pasó con la vela de fresa?
	¡Ahí va! Irene ya había vuelto... y con otra pesadilla: la vela de fresa.
  --Irene... ¿a qué viene esto?
  --¡¿A qué?! -Me gritó a punto de tirárseme encima... y no precisamente a besarme-
¡Cómo que me acabo de enterar de unas cuantas cosas más! ¡Tengo suficientes motivos
para no dejarte ir a la boda!
  --Tranquilízate, Irene. -Le pidió mi hermano Christian- Te va a dar algo.
	La historia de las velas perfumadas fue otra locura. Susi me vino a buscar para
que fuera a casa de Vanessa a arreglar la computadora.
  --Sus padres no están así que podrás disponer del tiempo que necesites. -Me dijo
aparcando en la puerta del gran palacio, pues no sabría cómo llamar a aquel edificio
majestuoso- Está en el desván.
	Me extrañó muchísimo que Vanessa tuviera el ordenador en el desván, pero como
es una chica tan rara, cualquier cosa es creíble con ella.
  --¡Vane, traigo a la Doyrens! -Gritó Susi cuando llegamos al último piso en aquel
pequeño ascensor- ¿Está todo preparado?
	Lo estaba. ¡Ya lo creo! Cuando entré no me desmayé de milagro.
  --Cierra con llave, Susi. -Le ordenó Vanessa con voz siseante- Hola, Laureyne.
	Todo estaba en penumbra porque lo único que alumbraba el lugar era una serie de velas
y la punta de algunas varitas de incienso. Nada más. Ni la pantalla del computador,
ni una ventana, ni nada por el estilo.
  --¿Y el computo? -Pregunté buscando a Vanessa con la mirada.
  --Aquí, ven.
	Susi me guió hasta un rincón donde había una cama. En ella pude ver a Vanessa
totalmente desnuda y atada de pies y manos formando una estrella.
  --Pero... -Balbuceé viéndome nuevamente en sus manos- ¡Vanessa!
  --¿No te gusto?
	¡Claro que me gustaba! ¡Me enloquecía! Aquellos ojos azules que chispeaban,
la sonrisa de conquistadora y aquel cabello rubio y lacio cayéndole por encima de
los hombros y, dicho sea de paso, algún mechón sobre sus pechos... era para babear.
  --¿Y la compu? -Le pregunté intentando apartar los ojos de su cuerpo.
  --Entre mis piernas.
	Yo sabía que no era cierto, pero no pude evitar mirar y quedar extasiada nuevamente
por aquella atrayente vagina.
  --Vanessa... ¿otra vez? -Me rendí.
  --Sí, pero diferente. -Me respondió como tal cosa- Hoy no jugaremos con un chupa-chú
de fresa. No eres una niña. Utilizaremos velas e incienso.
  --Velas e incienso... -Repetí yo por lo bajo.
  --Sí, y, al parecer, eres inexperta, ¿no?
  --¿Yo?...
	La verdad es que yo era capaz de cualquier cosa, pero ante aquella mirada me sentía
idiota, como si Vanessa, la hija de aquel famoso multimillonario, fuera la sabiduría
erótica personificada.
  --Me han dicho que andas con la estúpida de Irene, ¿no? -Me inquirió.
  --¿Con ella? ¡No! ¿Estás loca? ¡Sólo somos amigas!
  --Con derecho a roce. -Apuntó susi... de quien yo me había ya olvidado- Os vi besar.
  --Bueno -Me sonrió Vanessa con sarcasmo-, toma un incienso de los largos, utiliza mi coño
para sostenerlo y rocia mis pechos con la cera de aquella vela de allí.
	Yo estaba verdaderamente atónita, pero me convenció con un espontáneo caderazo
que dio y que me hizo flipar por unos segundos, hasta que Susi me empujó hacia la vela...
  --Estoy esperando una respuesta, Laureyne. -Me sacudió Irene.
	Obviamente Vanessa se estremecía de placer con el dolor... Era masoquista, la tía.
Ama y sumisa a la vez, pues no dejó de darme órdenes en aquellas cuatro horas que pasé
encerrada en el desván... ¡Menos mal que no le dio por someterme a mí también!
  --Está en la Luna. -Se burló Jonathan.
  --Seguro está pensando lo que sucedió con las velas. -Aventuró Iván.
  --Lo que disfrutaría la puta ésa... -Gruñó Irene- ¿No me vas a contestar?
  --Irene, eso es agua pasada... -Le dije mirándola suplicante- Agua pasada molino no mueve.
  --¡Agua pasada que acabo de beber!
	¡Si ella supiera todas las veces que la negué, pese a la evidencia!... Pero Vanessa
tenía en mí un poder sobrehumano.
  --Irene... -Suspiré vencida- En casa hablamos.
  --¿En casa? -Puso los brazos en jarra- ¡Pues corre, vamos, que te espero!
	Y, dando media vuelta, se alejó dejándome completamente abatida.
  --¿Vas a ir? -Me preguntó mi hermano.
  --Sí. -Le contesté levantándome resignada- Qué remedio...
	Me dirigí a casa y hube de abrir la puerta, pues Irene había echado la llave desde
el interior. ¡Sí que debía estar furiosa! Y menos mal que no sabía la realidad, porque,
vamos, que me cuelguen si no era más verde que las lechugas... y que los chismes aguisantados.
  --¿Irene? -Pregunté vacilante al cerrar tras de mí- ¿Dónde estás?
	Enseguida lo supe por el escándalo musical que provenía del baño. Supongo que,
para no matarme, se estaba dando una ducha de agua fría y, sólo deduzco, para no rompérmelo
en la cabeza había puesto el reproductor de cederrón a todo volumen y mi Lidia Ávila
cantaba a pleno pulmón "Tú no me amabas". ¡Pues vaya acogida!
  --Irene -Repetí abriendo la puerta-, ¿es que quieres que los vecinos piensen que nos
volvimos locas?
	Me agaché justo a tiempo. Uno de los champús había salido disparado de detrás de las
cortinas y por poco me deja sin cabeza.
  --¿Ahora te me pondrás a tirar cosas? -Le pregunté pegándome a la pared para evitar
una esponja mojadísima- Pues mal asunto. Yo así no pienso hablar contigo.
	Hubo un silencio. Poco después las cortinas se separaron e Irene apareció ante
mis ojos con un recipiente de unos tres quilos en la mano...
  --No pretendrás tirarme eso. -La miré incrédula.
  --No irás a la boda de esa puta. -Sentenció echando chispas- No te dejo ir. No tienes permiso.
  --Haré lo que quiera.
	Tuve tiempo de salir y cerrar antes de oír el golpe en la puerta. Me jugaba la vida que,
si bien el recipiente no se había hecho nada, la madera de la puerta, por lo menos, debía
tener un bonito tatuaje.
  --¡No irás!
	Yo tenía pensado ir. Su permiso me traía sin cuidado. Lo que yo quería saber era si
Vanessa estaba cumpliendo lo que un día me juró.
  --Vas demasiado con esa puta. -Me dijo Vanessa un día mientras yo veía con pesar que mi Calipo
de fresa se derretía en las profundidades de su cueva vaginal- Pero con ella jamás podrás
hacer tanto como conmigo.
  --Yo no amo a Irene. -Y era cierto. Todavía no la amaba- Es una amiga.
  --Pues por ahí me dijo un pajarito que ya te la has cepillado. -Intervino Susi que siempre
tenía que estar por medio- Que le has chupado el coño, me han dicho, ¿no?
  --No es verdad.
  --Sí, claro. -Se burló Vanessa de mí- Ahí tienes tu helado de fresa. Demuéstrame qué
has aprendido mamándoselo a esa zorra.
  --Pero si no es verdad...
	Lo mismo daba. Mi Calipo era mi Calipo. No me hubiera superado ni la mayor puta
del mundo. Me juego que la dejé seca por unos minutos, cosa que sería un éxito... ¡Pero es
que no me resisto a un calipo de fresa ni aunque esté derretido y enflujado! Ejem... Bueno,
no por lo menos me resistí entonces.
  --Ya veo que el rumor es bien cierto. -Me dijo cuando me retiré a respirar- Has aprendido
demasiado con ésa y no te lo puedo perdonar.
  --Vanessa... -Le supliqué viéndola poner un hierro al fuego- Yo de Irene no conozco
ni los labios.
  --¡Yo te vi besarla! -Chilló Susi, que siempre tenía que hablar cuando menos le tocaba.
  --Mira, te lo juro -Me amenazó ella con el hierro al rojo vivo-, si acabas emparejándote
con ella... me casaré con tu mejor amigo.
  --¿Con John Amoreux? -Me horroricé.
  --Sí. -Me respondió tranquilamente- Os rivalizaré.
	La verdad es que hacía ya bastante que no veía a John Amoreux, así que no sabía si
realmente acabó conquistándolo. Lo que sí era cierto es que yo me enamoré de Irene poco
después y lo primero que me dijo fue que ya era hora...
  --¿Qué? -Me increpó Irene súbitamente- ¿Conque vas a ir?
	Jamás vi tanta ira destellar en su mirada. La verdad es que pensé que debió bañarse
con agua hirviendo, pues la tensión no había bajado en ella.
  --Sí.
	El bofetón que me dio no lo olvidaré en la vida. Y no por la marca, por el escozor
o por lo sonoro que fue... No... Simplemente porque me dejó la oreja silbando durante
un par de días.
  --No me amas. -Se limitó a decir tras golpearme.
  --Claro que te amo. -Piiiiiiiiiii. ¡Qué insistente era el silbido y qué molesto también!-
Y hablaré con Vanessa, si lo deseas, para que vengas tú también.
	Irene se echó a llorar tan repentinamente que me asustó. ¡Tiene unos arranques
que tan pronto empiezan como acaban! ¡Y de qué maneras!
  --No me amas nada. Me quieres volver loca. Totalmente loca. Quieres que pierda la cabeza.
Me jugaría la vida que sólo estás conmigo para darle celos y que...
	La besé. No la dejé seguir, a pesar que el pitido de mi oreja seguía tan fuerte
como antes... o más. La hice sentar en el sofá y me senté junto a ella.
  --Yo no entiendo para qué mierda tienes que ir a su boda... -Siguió enjuagándose los ojos-
Si se casa, pues que se case. ¿Qué te importa a ti? Tú me tienes a mí... ¿o no? Dime.
No me gires la cara... ¿Me tienes o no me tienes?
  --Sí. -Le contesté mirándola a los ojos- Si no es por eso, Irene.
  --Entonces, ¿qué es? -Insistió- ¿Ponerme a mí celosa?
	Evidentemente no la quería poner celosa... ¿Se la podía poner peor de lo que
ya estaba? Pero, ¿cómo le decía que quería comprobar si se casaba con John? Si no lo
hacía me mataría... o le daría algo a ella.
  --Irene.
  --¿Qué?
  --Una vez Vanessa me dijo que...
  --¡Se puede ir a la mierda, Vanessa y todo lo que haya dicho en su maldita vida!
	¡Qué difícil era hablar con ella cuando estaba furiosa! Pero debía intentarlo...
Debía insistir... Ella tenía que saberlo y así, quizá, ahorraríamos discusiones.
  --No, escúchame, por favor.
  --No quiero. -Se negó testarudamente- No tengo nada que oír sobre esa puta.
  --Tienes que escucharme, Irene.
  --No.
  --Por favor...
  --No. -Su mirada era fría como el hielo- Alabanzas de Vanessa follando, no, gracias.
	Me controlé a tiempo. A punto estuve de abofetearla yo ahora. Me limité a taladrarla
con la mirada.
  --No vuelvas a decir que yo folle con ella.
  --No, no ahora... pero sí antes.
  --Irene, aquello no era hacer el amor...
  --No, ya lo sé. Aquello era follar... a lo bruto y a lo salvaje.
	Apreté los dientes y cerré los ojos. La que necesitaría ahora una ducha de agua
helada sería yo porque sino la iba a degollar.
  --Irene -Cambié de tema para relajarme-, me juró casarse con mi mejor amigo...
  --Pues felicidades. -Me espetó inexorable- Que sean felices.
  --... si yo me aparejaba contigo. -Acabé sin hacerle caso- Nada más quiero ver si
es cierto. Dudo que consiguiera a John.
	Irene, que ya me miraba con los ojos muy abiertos, los abrió como platos. Yo no podía
olvidar lo enamorado que estuvo John de Irene... ni que yo misma la intenté convencer para
que saliera con él. Aquel día me había gritado que si yo no quería ser su novia no tenía
más remedio que resignarse, pero que lo que no haría sería darme el gustazo de ser de
mi mejor amigo.
  --¿Te dijo que haría eso si te...? ¡Ahora entiendo por qué me fue tan difícil conseguirte!
  --No, no... Nada que ver.
  --¡No poco! Si eras mi novia ya no te daría cama, ¿no?
  --Irene, que no tiene...
  --Y así me querías meter la mierda con tu amigo... ¡para no estar tú conmigo y que
ella se casara con él!
	¡Por el amor de la vida de este diablo de mujer! ¿Cómo liaba así las cosas?
¡Yo jamás, jamás, jamás, pensé que acabaría rendida a sus pies!
  --No me amas. -Repitió por lo bajo.
  --¿Cómo me dices esto, mujer? -Yo ya me desesperaba- ¡Te amo en cuerpo y alma, Irene!
  --¿Y para qué la necesitas? -Me preguntó sin entender.
  --Yo no la necesito.
	Siguió un silencio. Con la discusión ni cuenta me había dado que ella seguía desnuda,
aunque ya estaba seca. No pude evitar recorrerla de pies a cabeza con la mirada.
  --¿Y si vamos y John sigue enamorado de mí...? -Me inquirió- Yo no quiero volver al pasado.
Es un pelmazo. No me dejaba en paz. Y sé, aunque me lo negarás por tu amistad con él,
que te iba con cuentos sobre mí. Cuentos que posiblemente te creerías.
	Era cierto que John Amoreux sabía que tenía a Irene loca y quería evitar por todas todas
que acabásemos juntas. Para ello me contó muchos chismes que no tenían fundamento.
La propia Irene me lo había demostrado.
  --Es una zorra de tía. Se acuesta con cualquiera. Se inyecta droga y fuma como una chimenea.
A parte de que es una borracha. -Me comunicaba cada vez que recibía la inquebrantable negativa
de la chica- Jamás te aconsejaría una tipa como ésa.
  --Pues tú bien enamoradito que estás.
  --Sí, por desgracia.
  --Pues yo no lo entiendo, ¿eh? -Intervino Jonathan- Si se acuesta con todos los tíos
del barrio, como decías ayer, ¿por qué contigo no quiere?
  --Dice que no soy apto para sus guarradas.
  --¿Ah, no? -Quiso saber Ismael.
  --No.
	Entonces Óscar fingió querer algo con Irene y ahí fue que se enteró que John la astiaba,
que nada de eso era cierto y que de nuestra banda quería estar conmigo, no con él.
  --Cierto. -Le dijo a John desanimado- No somos aptos.
	Todos lo mirábamos interrogativos y él se encogió de hombros y afirmó que todo lo que
decía John era cierto. A pesar de todo, éste parecía contrariado.
  --¿Te lo ha reconocido?
  --Se ha chutado delante mío, tío. -Le aseguró Óscar- Y una buena dosis.
	Cuando John se marchó, Óscar me dio un codazo y nos explicó que John era un falso
y que le estaba amargando la vida a Irene.
  --O sea que ni drogata, ni borracha, ni fumadora, ni puta, ni nada de eso. -Me sonrió-
En todo caso enamorada.
  --¿Enamorada? -Le pregunté levantando las cejas.
  --Sí.
  --¿De John? -Me extrañé.
  --No, boba; de ti.
  --Anda, vete con el cuento a otra parte. -Me enojé.
  --Dale una oportunidad. -Me pidió David- Aunque sea de amistad.
	Y así fue como empezó todo y como Vanessa le cogió odio a Irene, a pesar que nada
más le estaba dando una oportunidad de amistad... pues yo no la podía ni ver.
  --¿Por qué ahora vas con ésa? -Me preguntó Vanessa una vez en clase- Creía que no
te gustaba.
  --Es una compañera más.
  --¿Y yo? -Me susurró en un siseo.
  --Ya sabes que tú no.
  --¿Qué soy yo para ti?
	Le brillaron los ojos. A Vanessa sólo le brillaban cuando quería que le dijeran lo que
ella quería oír o cuando estaba a punto de cometer alguna trastada de las suyas. ¿Y qué
quería oír? Que era una puta... y no una puta cualquiera...
  --Una puta.
  ---¿Una? -Me miró amenazante.
  --Mi puta, desde luego. -Me corregí apresuradamente.
	Yo a Irene no le cotnaba nada respecto a Vanessa. Sobre todo para evitarle que
se hiciera mala sangre, pues si lo que decían mis amigos era cierto, estaba más que segura
que no la alegraría demasaido.
  --Vas mucho con Vanessa, ¿no? -Me preguntó una tarde Irene.
	Estábamos en una de las granjas donde hacen chocolate y pastelillos. Habíamos ido
toda la banda y nos estábamos poniendo las botas.
  --Demasiado, yo diría. -Intervino Raquel- A veces pienso que no puede estar sin ella, oye.
  --Tonterías. -Repuso Ismael interpretando correctamente la mirada de Irene- Es una compañera más.
  --No. -Dijo Eva muy convencida- Hay demasiados rumores.
  --¿Rumores? -Me sorprendí.
  --Sí. -Asintió Óscar.
  --Y no muy buenos. -Me explicó Tonny.
  --Los va cantando la mejor amiga de Vanessa. -Apuntó Tommy.
  --Por lo que me hace pensar -Continuó Sonia, la novia de Tonny-, que algo de verdad debe haber.
	Irene no me quitaba los ojos de encima y yo no sabía qué responder. Si le estaban
llegando rumores, ¿de qué servía que yo intentara no dañarla?
  --Bueno, dejémoslo. -Les pedí. Estaba incomodísima- Nieva mucho hoy.
  --Sí. -Asintió Iván- Podremos salir con los esquís.
  --Laureyne, podrías ir en trineo con Irene. -Me sugirió Raquel- Ella no tiene aquí
sus esquís y tú has venido en trineo, ¿no?
	Jamás pensé que en el trineo sería, bajo aquellos gruesos copos de nieve, en una
veloz pendiente, con el viento azotándonos el rostro, donde Irene y yo nos besaríamos
por primera vez... Y, a causa de esto, volcaríamos.
  --¿Estás bien?
  --Sí, mejor que hace un rato. -Me respondió Irene- Sólo dime que mantendrás una distancia
con Vanessa, si vamos a la boda.
	Volví a la realidad. Al parecer había formulado la pregunta en voz alta e Irene,
ignorante de mis pensamientos, respondía... y me advertía, además.
  --Claro que la mantendré...
	Yo estaba dispuesta a mantenerla, pero... ¿Vanessa estaría tan dispuesta? Lo más
seguro sería que no, pero, estando en su boda, ¿qué podía pasar entre ella y yo? Irene
no tenía de qué preocuparse.
  --No te encuentro muy convencida de ello. -Me increpó- ¿Qué ocultas?
  --Nada.
	Volví a recorrer su cuerpo con la mirada. Para mí, ella era insuperable... ¡Vanessa
se podía ir al carajo con sus fresas! Era una lástima, lo reconozco, que estuviésemos
discutiendo y no en la cama o en el sofá o en donde fuera... haciendo el amor. ¡Por supuesto,
con ella jamás me faltaban ganas, en todo caso, me sobraban!
  --¿Qué miras? -Me preguntó con los ojos brillantes y un tono pícaro en la voz- ¿Estoy mejor
que ella?
  --Sabes que sí.
  --Pues a mí te me resistes muy bien...
  --¿Dices?
  --Pues... -Buscó las palabras- Pues que con Vanessa no te lo piensas tanto.
  --¿De qué me hablas? -Yo me estaba ruborizando... ¿qué pretendía?- No sé qué quieres decir...
  --Claro que lo sabes. -Se sonrió- Estás roja.
  --¿Yo? -No sabía cómo detener el rubor...- Nada que ver...
  --No, ya.
  --¿Qué querías decir con que con...?
  --Con que con, con que con, con que con... -Canturreó. Parecía que volvía a ser la
de siempre- Que con que, que con que, que con que...
  --Y luego dices que la loca soy yo... ¡ya!
  --Sí, eres tú, pero me estás contagiando esa enfermedad...
	Y antes que pudiera responder ya la tenía encima y habíamos caído ambas a la alfombra
de color rojo pasión... Y lo que siguió no fue más que una batalla a muerte interrumpida
por el teléfono.
  --Deja de besarme, Irene...
  --No quiero.
  --Pero así, ¿cómo quieres que conteste al teléfono?
  --No contestes.
  --¿Cómo no voy a contestar, diablos de mujer? Estate quieta, por el amor de tu vida,
no sea cosa que... ¿No te estarás quieta?
  --No. Estate quieta tú. -Intentó apartarme el cabello del cuello- Soy una vampira,
te voy a dejar sin yugular.
  --No, no. -Le pedí frenándola- Otra vez no, que me dan escalofríos.
  --¿Y qué crees que pretendo?
  --Que te coma viva.
	Se echó a reír y por fin me dejó coger el aparato que no dejaba de sonar y era bien molesto.
Ella se sentó de nuevo en el sofá.
  --¿Sí? -Pregunté sin sacarle los ojos de encima a la coquetona de Irene, que ahora
se estaba peinando... ¡Y luego dice de mí porque me echo el flequillo hacia atrás!-
Laureyne Doyrens. ¿A quién tengo el placer de atender?
  --Atiéndeme a mí -Me pidió irene entre risas-, en vez de querer dar placer a la primera
persona que llama por teléfono.
  --Vanessa de las Vegas. -Respondió la voz chillona de ésta- ¿Cómo estás?
	Me senté en una silla. Sabía que cuando Vanessa llamaba... había para rato. Irene
se me acercó y se sentó en mis piernas. La muy celosa...
  --¿Qué quiere? -Me susurró.
  --No sé. -Le contesté y, tras besar a Irene, dije por el auricular-: Hola, Vanessa,
¿en qué puedo servirte, señorita?
  --No me llames señorita. -Me replicó al acto- Sabes muy bien que no me gusta.
  --Bien, pues... ¿qué desea la señora?
  --Tampoco así.
  --Que se joda. -Me volvió a susurrar Irene- Que se vaya a la mierda.
  --Calla. -Le pasé mi brazo libre por detrás de los hombros y la atraje hacia mí. Parecía
un angelito cuando en realidad es un diablo de mujer- Bueno, ¿qué quieres?
  --¿Te molesta mi llamada? -Me preguntó insolente.
  --Dile que sí. -Me pidió Irene- Dile que ha interrumpido nuestra guerra sexual.
  --Ay, por el amor de...
  --... tu vida, Irene, cállate. -Acabó ella con una risita- No quiero.
  --No, no molestas, aunque sí que la hiciste en un momento inoportuno, pero bueno, dime.
  --Es sobre la boda. -Me dijo pasando olímpicamente de cualquier observación mía- Vendrás, ¿no?
  --No, si no se comporta. -Gruñó Irene.
  --Con una condición.
  --¿Cuál?
  --Que te metas todas las cosas de fresa por el culo. -Siguió refunfuñando Irene- Y
que te vayas a la mierda.
  --Que Irene venga conmigo.
  --¡¿Cómo?! -Chilló escandalizada- ¡No!
  --Entonces la respuesta es que no.
  --¿Vas a dejar a tu mejor amigo en la estacada?
  --Prefiero a mi novia que a mi mejor amigo, sí.
  --Te jodes. -Le sacó Irene la lengua al auricular. Supongo que en realidad se la quería
sacar a Vanessa- Dile que se vaya a cagar.
  --¡Huy, cuándo eso lo oiga John!
  --Será como oír un pedo. -Se siguió burlando Irene- Que cague y tire de la cadena...
¡y que ventile el servicio, por favor!
  --Un segundo, Vanessa, por favor.
	Dejé el auricular sobre la mesa, me levanté con Irene en los brazos y la llevé
hasta el sofá. Al ir a dejarla se me cogió del cuello y caí yo sobre ella.
  --¿Para qué me traes aquí? -Me preguntó bien sorprendida- No querrás que ésa me oiga
gemir, ¿verdad?
  --No, lo que quiero es que te calles un ratito.
  --Cabrona.
  --Sí, cabrona. Vamos, suéltame.
  --No quiero.
  --Va a colgar.
  --Que se vaya a cagar.
  --Irene, por favor... Déjame ir y cerrar ya este asunto de la boda.
  --Cásate con ella. -Me dijo soltándome y mirándome bien raro- Adelante. Y luego vete
también a cagar.
  --Hoy estás tonta.
  --¡Quiero que me mimes! -Me gritó cuando volvía al teléfono- ¡¿te enteras?! ¡mímame!
	La miré preguntándome si Vanessa también la había oído. Si fuera así, sería posible
que tuviera una idea equívoca de la relación que Irene y yo manteníamos...
  --Después. -Le dije y tomé el auricular- ¿Entonces qué?
	Pero no me respondió la voz aguda de Vanessa, sino la voz gravísima de John...
Casi me dio algo, al reconocerlo.
  --¿Qué le haces para que grite tanto? -Quiso saber- ¿Está enojada?
	Irene también lo reconoció. Se volvió a levantar y vino hacia mí. Ahora parecía mucho
más molesta que cuando oyó a Vanessa.
  --Te amo, ¿lo sabías? -Me preguntó claramente para que John la entendiera- Voy a
vestirme y luego salimos de compras, ¿sí?
	Salir de compras con Irene era volverse loca. Le gustaba todo lo que veía y normalmente
no se decidía por nada. La mitad de las veces acababa yo en la barra de algún bar tomándome
un café mientras la esperaba.
  --Yo también te amo a ti. -Le aseguré. ¿Y cómo no iba a ser cierto? ¡Me tenía loca!-
Entonces qué, John, ¿te casas el Sábado?
  --Así es. -Me confirmó. Se le notaba nervioso- ¿Vendréis?
	Irene, que iba hacia la habitación, lo oyó y me miró. John quería saber si iríamos...
ambas. Por primera vez Irene pareció preocupada... y no por Vanessa, sino por John.
  --¿Qué dices tú, Irene? -Le pregunté al verla petrificada.
  --Si me cuidarás... -Me susurró.
  --Sí, en principio sí. -Le dije a John. Irene tembló por un momento y se metió en el cuarto- Bueno, tengo que
dejarte, John. Felicidades adelantadas.
  --¿Ya ha dejado de chutarse y todo eso? -Me preguntó él. Se le notaba que se sentía
dominado por un ataque de celos- ¿Ya ha dejado de ser tan puta?
  --No, pero ahora sólo es puta conmigo. -Le expliqué muerta de ansiedad por ir a ver
qué le pasaba a Irene- Bueno, amigo...
  --¿Te han dicho que está con un tío que se llama Tonio?
  --Ya hablaremos. Tenemos el Sábado para ello. Tengo que dejarte. -Lo corté con urgencia-
Tengo que ir a comprar.
	Colgué. Sí, sin más. Colgué y corrí a la habitación. Irene estaba en la cama,
sentada, con la barbilla entre las manos... pensativa. Todavía no se había vestido.
  --Irene...
  --Creo que es mejor que vayas tú sola... -Me dijo sin apenas mirarme- Me da pánico John.
	Yo me quedé de piedra. Después de todo el numerito que me había montado para que
yo no fuera sola...
  --Irene...
	La miré a los ojos y me sobresaltó ver lo aterrada que estaba. Tanto era su miedo
que el llanto amenazaba en estallar.
  --¿Qué?
  --¿Qué te hizo?
	No podía imaginarme a John poniéndole una mano encima a Irene, pero si lo había hecho...
¡lo mataba! ¿Qué otra cosa la podía asustar de él?
  --¿Hacerme?
  --¿Materialmente? -Le insistí.
  --Nada.
  --¿Entonces? -Una fea sospecha me vino a la cabeza- ¿Estás con alguien más, a parte de mí?
  --¡Ni loca pienses eso! -Me agarró fuertemente de los brazos y me sacudió- ¡no, jamás!
¿De dónde sacas tal disparate?
	Lo que menos quería yo era que se alterara. Fue tan espontánea, tan natural su reacción
que era imposible que mintiera.
  --John.
  --¿John? -Exclamó con rabia- ¿Aún sigues creyéndole después de todo lo que te dijo de mí?
  --No. -Me senté a su lado y la besé- Dime qué te horroriza o qué te aterra.
  --Pues... Pues... -Pensó por un momento. Le debía resultar complicado confesarlo- Pues
que lo de la boda sólo sea para atraernos a las dos. Para que Vanessa y tú... y que él
tenga una oportunidad de intentar algo conmigo... y... y que tú me dejes por Vanessa...
O por alguna mentira que él te diga de mí...
  --O tú a mí por John...
  --No... Yo sí estoy segura... La que no está segura eres tú... Te atrajo demasiado
Vanessa y es fácil que vuelva... a provocarte.
  --Irene...
	Yo también sentí el pánico en el cuerpo... ¿Y si pasaba algo entre Vanessa y yo?
No quería ni pensar en el daño que le haría a Irene...
  --Es mejor que no vayamos. -Le dije.
  --Pero ya has dicho que sí...
  --Irene, no quiero que por nada del mundo tú y yo estemos mal...
	Irene no supo reaccionar. Estaba agotada. Había gastado demasiada energía reprendiéndome
y ahora...
  --¿Vamos de compras? -Le pregunté en un susurro.
  --¿Por qué susurras?
  --No sé...
	Y era verdad... No lo sabía. Sólo sabía que la amaba... más que nunca, y eso ya es decir, ya que
la amaba muchíííísimo.
  --¿Vamos?
  --Sí. -Suspiró- Pero conduces tú.
	La miré. Las manos le temblaban. Era obvio por qué no quería conducir ella. ¿Cómo
podía calmarla? Si no ir a la boda también la ponía nerviosa... ¿Qué era entonces lo que
podía tranquilizarla? Verdaderamente la Cáncer parecía serlo ella, aunque fuera Géminis.
  --Sí. -Le besé la mano- ¿Quieres que les diga a los de la banda que vengan?
  --Bueno. -Intentó sonreír- Tal vez así deje de pensar un rato en todo esto.
	La volví a besar y, tras echarle otra ojeada de pies a cabeza, salí.
  --¡Cierra bien la puerta de la calle que no entre nadie! -ME pidió a gritos.
	Claro que la iba a cerrar bien. ¡Menuda celosa estoy echa! Cuando alguien se la quedaba
mirando... ¡Vamos, la que le organizaba yo!
  --Oye -Me llamó mi hermano Christian-, ¿lo habéis solucionado?
  --Sí, y ahora nos vamos de compras. -Miré a Raquel que no apartaba de mí los ojos-
¿Qué te pasa?
  --Ésta, que es una descarada. -Le dio su hermano Ismael una colleja- Es que hemos
visto a John y nos ha dicho que Irene también irá a la boda porque quiere verlo a él.
  --¿A él? -Me eché a reír, aunque eso no quitó que me diera un ataque de celos, pese
saber que era mentira- Lo más posible es que no vayamos.
  --¿Y eso? -Me preguntó Christian.
  --Cosas de la vida. -Hice una pausa- ¿Queréis venir de compras? Después podríamos
ir a tomar algo.
  --Genial. -Estuvo de acuerdo Iván- Quiero comprarme cuchillas.
  --¿A qué parte? -Me preguntó Raquel muy interesada.
  --No sé todavía.
	Irene no tardó en estar con nosotros. Yo no podía quitarle los ojos de encima...
¡Qué buena estaba y más con el pelo suelto!
  --¿Venís? -Les preguntó tras besarme.
  --Sí. -Respondieron a coro.
  --¿Vamos en motos? -Propuso Tommy.
  --Nosotras iremos en coche. -Les dije yo- Así podemos traer lo que compremos.
  --Yo quiero ir con vosotras. -Se apuntó Raquel al acto.
  --Y yo. -Me suplicó Sonia con la mirada y no pude menos que echarme a reír- ¿Qué pasa?
  --Que eres una cría, cuando se trata de pedir algo.
  --Llevaos también a Eva, así las cinco chicas vais en el coche y los demás nos las veremos
para ir en moto. -Intervino roberto Carlos- ¿Quieres venir conmigo en la Honda, Chris?
  --Sí, sí, llévatelo. -Le sonreí yo dándole empujoncitos a mi hermano- A lo mejor hasta
os acabáis casando.
  --¡Cásate tú con Irene y no me cases a mí con el primero que te pasa por la cabeza!
-Chilló mi hermano muy nervioso- No, Roberto Carlos, que yo voy a ir en el maletero
de mi hermana.
  --Ni hablar. -Lo contradije yo. Todos se reían. Incluso Irene sonreía- En el maletero
no cabes. Es para meter lo que compremos.
  --¡Pues en... en la baca!
  --No tenemos vaca. -Apuntó Irene y enseguida se dirigió a Óscar que no dejaba de mirarla-
¿Qué pasa?
  --¿Puedes venir un momento? -Le preguntó él.
	Irene me miró dudando. Yo sentí que la sangre me hervía, pues no me gustaba que Irene
estuviera a solas con nadie, pero era uno de mis mejores amigos... como el resto de la
banda... y el que se ofreció para descubrir a John como falso. Debía confiar en él.
  --¿Te importa? -Me preguntó ella por lo bajo y yo me encogí de hombros- TE AMO.
	Irene y Óscar se alejaron, pero, para mi sorpresa, se detuvieron junto a nuestro
automóvil... a plena vista. Irene también pareció sorprenderse.
  --¿Qué quieres? -Lo interrogó mirándome de reojo.
  --Irene, tú le eres fiel a Laureyne, ¿verdad?
  --Sí. -Contestó al acto- ¿Por?
  --Tú a la boda no vas a ir por ver a John, ¿verdad?
  --No, si voy es para vigilarla... y que ella me cuide a mí.
  --¿Cuidarte? -Se sorprendió Óscar.
  --Sí, de que John no me moleste o que le haga pensar cosas que no son.
  --Justo. -Asintió él- Hemos visto a John y nos ha dicho que andas con un tal Tonio
y que irás a su boda porque estás celosíísima de que él se case y quieres verlo y convencerlo
para que no lo haga.
  --Como si se cuelga, que no lo convenceré para que haga lo contrario. -Suspiró- ¿Cómo
puedo deshacerme de él? A Laureyne, en cuanto la pilla, le hace igual... Le miente sobre
mí. Temo que algo sí se crea y me deje.
  --¿Y qué tal si os casáis?
	Irene quedó petrificada por unos minutos. Después me miró y negó con la cabeza.
  --No querrá.
  --Simbólicamente. Así John y Vanessa verán que lo tienen imposible.
	Irene me volvió a mirar y se encogió de hombros,
  --Le diré, pero... lo dudo.
  --Os puede casar Chris, que tiene vocación de cura.
  --Querrás decir que soy aspirante a payaso. -Llegó él corriendo- ¡Me muero! Si me suben
en la Honda me va a dar algo.
	Irene se echó a reír y vino hasta donde yo estaba. Me besó y me contó por lo bajo
lo que Óscar y ella habían hablado.
  --¿Casarnos?
	La miré. Y no fui la única. Los ojos de todos se clavaron en nosotras.
  --Ya sé que no querrás. -Desvió la mirada- Sólo te cuento qué me ha dicho.
  --Es que... Tanto hablar de la boda de Vanessa y... Ni se nos pasó por la cabeza que quizá
si nosotras.... -Me miró sorprendida- Soy capaz de ello, si con eso vamos a librarnos de
ellos dos y de todos los dolores de cabeza que suponen.
  --¿Y empezaríamos una vida nueva donde no existiésemos más que tú y yo? -Quiso saber
esperanzada.
  --¡Eh, eh! -Intervino mi hermano- ¿Y yo qué?
  --Sí, perdona. -Le sonrió ella- Me refería en el amor...
  --Se podría hablar... -Le respondí yo que tenía la cabeza a punto de estallar- Bueno,
¿vamos, gente?
	Irene me abrazó y no me desmontó de milagro. Evidentemente pensar en una vida sin
Vanessas ni Johnes la hacía sentir feliz... A mí también, para ser franca.
  --Te amo. -Me repitió- ¿Lo sabías?
  --Más te amo yo a ti. -Le aseguré.
  --No. -Me contradijo- Yo más.
	Todos se echaron a reír diciendo que si hasta teníamos que discutir de quién amaba
más a la otra... Y, evidentemente, Irene y yo reímos también.
  --Bueno, al coche, chicas. -Las llamé dirigiéndome al BX verde- ¿Nos seguís u os seguimos?
  --Nosotros vamos detrás. -Dijo Tommy.
	Antes que mi hermano pudiera volverse a negar, ya lo habían subido en la moto de
Roberto Carlos y éste le pasaba un segundo casco.
  --¡Hermanita! -Me llamó a gritos.
  --¡Cógete fuerte! -Le respondió Irene no menos flojo- ¡Bum, bum!
  --¡Ay, cuándo te pille! -La amenazó, pero hubo de cogerse porque Roberto Carlos arrancó-
¡Ay, madre!
	Sonia, Eva y Raquel se sentaron en la parte trasera. Irene, lógicamente, ocupó la del
copiloto, aunque yo le pregunté si quería conducir... se volvió a negar, así que yo me
puse al volante.
  --¿Dónde queréis ir? -Les pregunté poniéndome el cinturón- Ataos todas, por favor.
  --Átame tú. -Me dio Irene riendo- Voy a ser tu esposa, ¿no? Bueno... Quiero que me trates como
a una reina.
  --Sí, Su Majestad. -Le abroché el cinturón y todas estallaron en carcajadas- ¿Alguna
doncella quiere que le ate los cordones?
  --No. -Negó Irene sonriendo- Sólo me puedes atender a mí.
  --Huy, qué desilusión. -Bromeé poniendo el motor en marcha- Creí que por lo menos íbamos
a tener doncellas en las que fijar la mirada.
  --Mala. -Me riñó cariñosamente- No hay doncellas a quienes mirar. Sólo puedes tener ojos
para tu princesa. Nadie más tiene derecho.
  --La vas a asustar y no se casará. -Se burló Raquel- Oye, Laureyne, no es por fastidiar,
¿eh?, pero me han dicho que el padre de Vanessa quiso sobornarte con un puñado de millones
para que te casaras con su hija.
	Miré a Irene por el rabillo del ojo y vi que estaba muy sorprendida. Me miraba con
la boca abierta.
  --Sí. -Asentí- Cien millones.
  --¡Fiiiu! -Silbó Sonia- Debes amar muchísimo a Irene para que no te tentaran.
  --A ese hombre le sobran. Sé que me habría ido muy bien para las ONGs, pero era comprarme.
Cien millones a cambio de mi libertad. Además, como tú bien dices, Sonia, lo que yo siento
por Irene no tiene precio y no iba a dejar a quien amo por alguien que no me produce ningún
sentimiento, sólo por un puñado de billetes que vete a saber si no lo pondría al nombre de
Vanessa y no podría, entonces, ayudar a ninguna ONG.
  --¿Por qué no me lo habías dicho? -Me preguntó Irene sin salir del espasmo- ¡Me hubieras
dicho tanto con eso...!
  --Porque no quería preocuparte y no creía que fuera importante, ya que lo rechacé a la
primera... Inclusive cuando aumentó el precio.
  --¿Hasta cuánto? -Quiso saber Eva.
  --Creo que hasta doscientos millones. -Dudé- No sé, no le presté atención... Estaba con
la música.
  --¡Qué canallada de pasta! -Alucinó Raquel- Seguro que todo el mundo, en tu lugar, habría
aceptado.
  --No si tienen a quien amar. -La contradije- No me dijisteis dónde queréis ir.
  --A las galerías de la ciudad vecina. -Pidió raquel con rapidez- Están de ofertas.
	Así es que fuimos hacia la ciudad vecina pues, como vi enseguida, Irene también estaba
a favor de la propuesta de Raquel, al igual que Eva y Sonia.
  --Podríamos ir esta noche a la discoteca. -Propuso Eva- han abierto una nueva y podríamos ir.
  --¿Y cómo se llama? -Quiso saber Sonia.
  --Os vais a reír...
	No se necesitaba más para que Raquel estallara en carcajadas e Irene, contagiada,
riera también.
  --"Calzón-sin-bragas". -Propuso Raquel entre risas- "Bragas-sin-calzón"...
  --No. -Negó Eva con una sonrisa- Se llama "Patas-tiesas".
  --¿"Patas-Tiesas"? -Le preguntó incrédula, Sonia- ¿De lo jodidas que te las dejan o de...?
  --No, de lo tiesas que se ponen de tanto bailar reguetón.
	Cuando Eva confirmó esto, Irene me miró y yo me eché a reír a carcajadas. ¿Reguetón? Mmmm...
  --Parece interesantísima. -Le di mi punto de vista e Irene me lanzó una mirada helada-
¿Reguetón erótico?
	Todas parecieron sorprenderse... excepto Irene. Muy bien sabía ella, porque me pilló,
que con Vanessa bailaba canciones como "Hazme tuya una vez más", "Lo que tú me das", "Sobre
tu piel"... Y las preferidas de Vanesa: "Lluvia dorada" y "Tu puta en la cama".
  --Creo que no podrá ser. -Se apresuró a decir Irene- Esta noche tenemos planes... ¿recuerdas,
Laureyne?
	¿Planes? ¡Pero si no teníamos ningunos! Aún así, si ella había planeado algo... no
la dejaría en la estacada.
  --¿Qué tenéis que hacer? -Bromeó Raquel- ¿El amor?
  --Por ejemplo. -Le sonrió irene con malicia- o... ir al cine...
  --¿Al cine? -Se echó Sonia a reír- ¡Pero si todos sabemos que Laureyne prefiere la música!
  --¿Sí? -La fulminó Irene con la mirada- ¿Y por qué coño es actriz, entonces?
	Yo también tuve que reírme. A veces Irene pilla demasiado bien a quien esté desprevenido...
  --Me gustan ambas cosas. -Intervine para desviar la conversación- Pero da la casualidad
que ya estamos en las galerías.
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