NOTA:
Este cuento se lo dedico a Raquel, puesto que me basé en una pesadilla que ella tuvo y que es la que se explica en el mismo.
Raquel se lavó los dientes tras cenar y se dirigió a su cuarto. Tenía pensado conectarse un rato al ordenador cuando oyó el primer trueno y una luz cegadora entró por la venana iluminando la instancia que estaba en penumbra. Entró. Conectada en el MSN sólo encontró a su fiel camarada Laureyne Doyrens. ¡Esa diabla que siempre la hacía reír!... Raquel dice: ¡Hola, chiquilla! ¿Cómo estás? Laureyne Doyrens dice: ¡Hola, Racky! Raquel dice: Ha empezado una tormenta... ¡Miedo me da!ª Si ves que se desconecta esto... ya sabes... Laureyne Doyrens dice: Mejor sería que salieras. Si un rayo entra por el cable telefónico te puede quemar el módem. Raquel dice: ¿Tú crees? Laureyne Doyrens dice: Sí. Una vez me pasó. Mejor nos vemos mañana. Raquel dice: Sí... mejor. Un beso. Laureyne Doyrens dice: Un beso. Se desconectó, pero, antes que pudiera apagar el equipo, se oyó un trueno y otro relámpago iluminó la habitación y el pc dejó de funcionar. --¡Vaya! -Se dijo Raquel quitando el enchufe de la corriente. Se metió en la cama y sintió el cansancio de todo un día de monitora de casal. Los párpados empezaron a pesarle y acabaron cerrándosele los ojos. Cayó en un sueño profundo. El Centro Comercial era espléndido, pero daba una extraña sensación de abandono. No había nadie y las tiendas estaban todas cerradas. Al fondo una niña pulsaba el botón del ascensor. --Está rompido. -Se dijo convencida la chiquilla. Dando media vuelta vio a un hombre muy raro, pero, siendo tan inocente, no le dio importancia. Se le acercó. --¡Hola, señor! -Lo saludó muy educadamente- El ascensor está rompido, ¿puede ayudarme? --Sal de mi vista, mocosa. -Le espetó de mala manera. --Pero, señor, está rompido. -Le sonrió cogiéndolo de la mano y tirando de él- Venga usted a arreglarlo. --¡Sal de mi vista! -Le gritó sacudiéndola. La niña cayó al suelo y lo miró asustada. Con un hilito de voz, le sentenció: --Es usted un hombre malo, muy malo. --Tan malo como que te juro que te voy a matar. Tras darle un puntapié a la chiquilla en las costillas, se alejó. Raquel se movió inquieta en su cama, pero no se despertó. La lluvia caía con fuerza y los truenos hacían temblar los cristales de su ventana. Las sirenas de los bomberos se oían cada vez más fuerte. Un rayo había caído en un árbol cercano a la casa de Raquel, pero ella dormía y todo esto lo ignoraba. El vestíbulo no era demasiado grande. A la izquierda había una escalera, cuya barandilla era de color granate, que subía al piso de arriba. A la derecha, la cocina donde estaba la madre de la niña fregando los platos y la abuela escuchando la radio. --Ese señor no fue nada agradable. -comentó la madre indignada. En ese momento sonó el timbre. La madre fue a abrir y, al hacerlo, se encontró frente a un señor cuarentón vestido con pantalones marrones y camiseta blanca. Un hombre alto, algo grueso y robusto y de escaso pelo. --¿Qué desea? Pero él no le contestó. Llevaba un bate de beisbol con el que la golpeó. --¡Es el señor malo! -Se horrorizó la pequeña tapándose la boca para no gritar. Su abuela apagó la radio y le hizo señas para que se escondiera mientras ella salía de la cocina y veía a su hija yaciendo a los pies del asesino. --¿Usted cree que esto son modales? Ahora mismo llamo a la policía. Ha maltratado primero a mi nieta y ha matado a mi hi... El bate volvió a actuar dejando a la señora inerte sobre su hija. La niña, llorando, intentó encerrarse en el baño, pero el agresor fue más rápido y, tras pasar por encima de los cuerpos de sus parientes, metió el pie entre el marco y la puerta, evitando así que la chiquilla consiguiera su objetivo. --¡No me haga nada! --Me llamaste hombre malo, ¿no es así, mocosa? -Le preguntó tomándola de la nuca- Ahroa verás lo malo que soy. --¡No me haga nada! --Claro que haré... Te enseñaré qué tan bueno soy... Tu puta madre y tu mierda abuela la han palmado pronto, pero tú, mocosa, morirás lentamente. --¡No...! Pero él la levantó en vilo y la arrojó contra el lavabo. La pequeña se partió la mandíbula y todavía lloraba más. --¡No me haga más daño! -Le suplicaba- ¡No sea tan malo, señor! La niña dejó de ver el baño blanco al ser sacada de mala manera de éste. El criminal empezó a golpearle la cabeza con todo cuanto encontraba en su camino mientras subía lentamente la escalera... Raquel se sentó sobresaltada. La lluvia todavía golpeaba los cristales y el ulular del viento era ensordecedor. Intentó prender la lámpara que tenía en su mesita de noche, pero no se encendió, lo que quería decir que no había vuelto la luz. No pudo volver a dormirse. Le daba vueltas y vueltas a las escenas soñadas. Ella estaba allí y, a la vez, ¿dónde había quedado su persona? Lo último que recordaba era aquel bribón subiendo las escaleras y, poco después, el marco de la ventana y la fachada de la casa... --Menos mal que sólo fue un sueño... -Respiró aliviada y, sin darse cuenta, volvió a quedarse dormida. Ya no tuvo más pesadillas por esa noche. A la mañana siguiente, aún estando entre el sueño y la vigilia, oyó la puerta de su habitación y unos pasos que se acercaban a ella. Alguien se sentó al borde de la cama. --Raquel... -Oyó que la llamaban mientras unas manos muy fuertes la sacudían por los hombros- ¿Despiertas? Raquel se desperezó, se frotó los ojos y miró a su alrededor algo desorientada. Entonces sus ojos se encontraron con los de la chica que estaba a su lado y de un salto se puso en pie y empezó a hablar muy rápido, casi sin respirar. --¡Laureyne, Laureyne! -La zaleó frenéticamente- ¡Mira qué he soñado, mira! Le explicó su sueño y su amiga le preguntó si realmente no fue un viaje astral y ella negó. --Habría salido en el telediario. -Objetó. --¿Y si era de siglos anteriores? --Imposible... El Centro Comercial era de los más modernos y la ropa y la casa... --Bueno, está bien, no te alteres... --¡Tú eres detective parapsicológica, o como sea eso, averígualo! -Le pidió- ¡Ese hombre tiene que ir a la cárcel! --Está bien... Lo haré. -Laureyne estaba demasiado tranquila, según le parecía a Raquel- ¿Vamos? --¿A dónde? -Se sorprendió. --Me compré un BX y quería que vinieras a estrenarlo. --¡Genial! Así me saco un rato esta tortura de la cabeza. -Abrió un armario- ¿Dónde vas? --No se te escapa ni una. --Te he visto por el rabillo del ojo. -Se incorporó para mirarla. Laureyne ya tenía la mano en la manilla de la puerta- ¿Es que me vas a esperar en el coche? --No, en el comedor. Laureyne salió y Raquel se vistió lo más rápidamente que pudo. Corrió al baño para lavarse y peinarse y cinco minutos después se reunía con Laureyne en el comedor. --¿No hay nadie? -Le preguntó extrañada. --No... Se acaban de ir. -Laureyne le señaló una bandejita- Lo compré en la pastelería cuando venía de camino... --Ah, so cabrona, cómo sabes lo que me gusta... --Hombre, para algo te conozco... Tras desayunar salieron a la calle y se dirigieron a un coche rojo con los cristales de delante azules y los de detyrs, verdes. --¿A dónde quierwes ir? -Le preguntó Laureyne tras ponerse el cinturón y encender el motor. --Donde quieras. --Pues vamos a perdernos. --Pues vamos. Estuvieron unas horas dando vueltas por diferentes lugares, sin saber siquiera dónde se encontraban. De pronto, Raquel tomó a Laureyne con fuerza del antebrazo y, señalando hacia un hombre, gritó: --¡Es él! Laureyne frenó junto a él, a pesar que Raquel temblaba. Bajó la ventanilla y se dirigió al extraño. --Perdone usted, ¿sabe dónde está la casa de...? --No. -La cortó él mirándola con odio. --¿... una encantadora niña que vive con su madre y su abuela? Raquel ahogó un grito cuando el extraño se les acercó y tomó a Laureyne del cuello de la camiseta. --Si le dices algo a la policía -Musitó con ira-, te mataré. --¿Cómo, si no tiene el bate de beisbol? El hombre las miró por última vez y, ante los ojos estupefactos de Raquel, se desvaneció. --¿Un espíritu? -Quiso saber histérica. --Eso parece. -Y, señalando a una casa, añadió-: ¿Es ésa? Raquel asintió y Laureyne aparcó el coche. Ambas se apearon. Llamaron a la puerta, pero nadie respondió. --¿Crees que vive alguien? -Quiso saber Raquel. --Tal vez. Cuando subieron en el coche y se pusieron en marcha, oyeron tras ellas una risita y, al girarse, Raquel vio a la niña del sueño que le sonreía con timidez. --¿Me lleváis al Centro Comercial? -Preguntó muy inocente- Está el ascensor rompido...