Destacamento en la construcción de un genuino Partido de los Comunistas en Argentina
y por la recomposición de las fuerzas revolucionarias marxistas en todo el mundo

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Unión de Militantes por el Socialismo

IV Congreso Nacional Ordinario

(5 y 6 de octubre de 2002)

 

(Dada la vertiginosidad de los acontecimientos y ante los distintos desenlaces que pueden plantearse en el curso de la crisis actual, será preciso actualizar este documento hasta la fecha de nuestro Congreso de Octubre. Señalamos también que el presente texto es la resultante de una elaboración colectiva en la que participaron los miembros del CEN y compañeros/as de Neuquén y afectados al trabajo en Asambleas, Mujer y Juventud . El punto correspondiente a Movimiento Obrero y el cuadro de la izquierda se integrará en un texto especial).

Situación Nacional

I. “No hay energía en ninguna de las dos clases que rigen el destino social. Por eso la crisis toma la forma de una lenta, inexorable, desesperante decadencia (...)

“La burguesía no tiene energía porque históricamente es una clase exhausta. Todo lo positivo que el sistema capitalista podrá ofrecer a la humanidad ya lo ha dado. Y hace ya muchas décadas que no sólo no contribuye al desarrollo, sino que es su freno, mientras alimenta la miseria, la enajenación, la violencia, la muerte, y amenaza, incluso con el exterminio de la humanidad. Esto que es verdad a escala internacional, referido a las grandes potencias capitalistas, es más evidente y patético en relación con las burguesías de los países dependientes.

“La clase obrera no tiene energía porque está en un período de transición y aún no asume su papel histórico. Durante décadas, el movimiento obrero en Argentina se expresó políticamente en el peronismo. La esencia del peronismo como ideología es la conciliación de clases. La captación masiva de los asalariados por el populismo burgués, bajo la apariencia de un salto político delante de los trabajadores representó una trampa histórica que emasculó por décadas la apotencia revolucionaria de la clase obrera. Mientras transcurrió la experiencia y el sistema pudo alimentarla con reformas o maniobras políticas, el movimiento obrero traducía su poderosa fuerza de clase a través de los sindicatos y, de tanto en tanto, a través del Partido Justicialista. Se trataba de una fuerza sin destino; o más bien, inexorablemente destinada a fracasar. Pero se expresaba como tal y esa expresión era suficiente para, por un lado, mantener oxigenado el tejido social, y por otro, limitar la voracidad del capital. La contradicción, entonces, consistía en que la inviabilidad final se manifestaba sin embargo en un vigor concreto, capaz de sostener a la propia clase y al conjunto social.

“La experiencia de sistemáticas frustraciones minó paulatinamente al peronismo como dirección reconocida y confiable para la masa trabajadora. Poco a poco la clase obrera tomó distancia de su dirección peronista. Hubo saltos cualitativos en ese proceso, como por ejemplo el Cordobazo, punto simbólico de ruptura social histórica (...). Pero se trata de un desarrollo desigual y sobre todo incompleto. La clase obrera ya no es peronista, pero todavía no es socialista” (Panorama antes de la confrontación, marzo 1989, Luis Bilbao).

            El tendido de un puente entre el ya no y el todavía no es, resumía la gran tarea de la etapa para quienes luchamos por el socialismo. Un partido de masas de los trabajadores, una herramienta política de los trabajadores y el pueblo, en el camino de la búsqueda de la unidad social y política de las masas.

Hoy, en medio de un agravamiento extraordinario de la crisis económica y cuando comienzan a perfilarse los grandes combates sociales, corresponde replantear el cuadro general a la luz del desarrollo de los acontecimientos y la reubicación de clases, sectores, partidos e individuos, a fin de sacar conclusiones respecto de las tareas a asumir en esta nueva fase del desarrollo de la crisis y la lucha de clases.

II.                Todos los datos de la crisis que señaláramos en nuestro III Congreso

Ordinario en diciembre de 2001, se han agigantado a límites extremos, poniendo en juego no sólo la identidad nacional misma, los derechos civiles y democráticos, sino también la integración del territorio. Un fenómeno expansivo que gravita en el Cono Sur en particular y América Latina en general.

III.             Es evidente  que la burguesía ha desandado el camino que diera curso a la

unificación del Estado nacional desde mediados del siglo XIX (Eslabón nº 25, agosto 2001). Un símbolo de este proceso ha sido la emisión de monedas provinciales bajo la forma de bonos; la más reciente, a fines de junio. Bajo la propuesta de integración regional de las provincias de Río Negro y Neuquén subyace la división del país, en primer lugar el desmembramiento de la Patagonia. Como indicábamos en esa misma edición de Eslabón, “los países no se hunden: son sus sistemas económico-políticos y la clase que detenta el poder los que entran en bancarrota”. Argentina es un espejo de ese derrumbe.

            La burguesía, frente a la coyuntura más grave en la historia del país, carece de proyecto propio, se mueve detrás de los acontecimientos con una mirada inmediata, para desplazar hacia delante el desastre. Un movimiento que ha traducido la profunda fractura de la clase dominante.

IV.             En la base de la impotencia del gobierno para resolver la decadencia que

azota al país, está la gravitación de la crisis del capitalismo mundial y la lucha interimperialista que esta provoca.

Al igual que todos los países semicoloniales Argentina es víctima de la voracidad imperialista. Por las más diversas vías, los tres grandes centros del capital: Estados Unidos, Unión Europea y Japón, buscan contrarrestar la caída de la tasa de ganancia, con mayor exacción de riquezas de las economías dependientes. Argentina es territorio privilegiado del combate interimperialista en búsqueda de la cooptación y captación de mercados, en una pugna por el reparto de la plusvalía mundial. Y es un particular campo de batalla del capital europeo y norteamericano. Muy especialmente luego de la derrota sufrida en Venezuela, el imperialismo norteamericano necesita imponerse en Argentina, terreno donde combate por el control de los mercados a escala continental. ALCA y dolarización son los mecanismos empleados por Estados Unidos en su competencia. Es así como hemos asistido a los distintos alineamientos del capital local, los partidos políticos y los aparatos sindicales frente a esta contienda.

V.                En este cuadro, el bloque con eje en Venezuela-Brasil (y la apoyatura de

Cuba) que comenzara a gestarse a mediados de 2000 y el impulso al MERCOSUR, emergieron como el intento de las burguesías locales de poner límites a la voracidad del imperialismo. Una dinámica que se sintetiza hoy en la ofensiva guerrera de Estados Unidos sobre el planeta agudizada a partir de los atentados del 11 de septiembre.

El itinerario errático del MERCOSUR refleja también la vulnerabilidad y las limitaciones y contradicciones de los países que lo conforman. Brasil se ha mantenido como punta de lanza de un bloque regional de resistencia contra el ALCA. La manifestación más reciente fue la Cumbre ampliada del MERCOSUR, con la participación del presidente mexicano (personero directo de Estados Unidos), realizada en Capital el jueves 4 y viernes 5 de julio. La imagen de alineamiento del gobierno argentino con Brasil es parte de los términos no saldados de la contienda interburguesa y de las presiones del imperialismo yanqui para doblegar íntegramente al país en torno al ALCA, la dolarización y el Plan Colombia. Un terreno donde se percibe la mano del imperialismo europeo operando también contra el ALCA.

VI.             La ausencia del proletariado sigue siendo un dato dominante que define de

manera esencial la realidad en curso. Así es como en el salto más alto en la movilización y participación verificados en diciembre y enero pasados, las masas carecieron de perspectiva propia, de la dirección de la clase obrera organizada.

Toda la iniciativa permanece en el plano de la lucha interimpierialista e interburguesa. Desde nuestro Congreso fundacional definimos las líneas básicas que dominaban el escenario mundial y la realidad argentina, hoy desplegadas y visibles para las grandes franjas de la población.

# Cuatro planos de contradicción simultáneos: luchas interimperialistas; agudización de las contradicciones entre las burguesías imperialistas con los trabajadores de sus propios países; choque cada día agravado de los países centrales y las burguesías locales contra los explotados y oprimidos de los países dependientes; agravamiento acelerado de las contradicciones entre el capital financiero internacional y los países semicoloniales.

# confrontación en el plano ideológico de tres corrientes: la socialdemocracia; el socialcristianismo y el marxismo. Esta última vertiente sin haber podido dar pasos decisivos en su recomposición programática, política y organizativa.

Situación de la lucha de clases

Eclosión de la crisis

I.                   El análisis de la realidad argentina entre el III y este IV Congreso de la

UMS debe considerar dos cuestiones centrales: a) el vértigo de la crisis económica a nivel de la cesación de pagos; el quiebre político-institucional que se expresó en la caída del gobierno de la Alianza y la secuencia dada por la efímera presencia de Rodríguez Sáa en el Poder Ejecutivo y la asunción de Duhalde mandatado por la Asamblea Legislativa (y producto del acuerdo con Alfonsín, sectores de la iglesia, el empresariado y el sindicalismo) en un cuadro de extrema debilidad política.

La burguesía no tiene partidos para gobernar. A la desarticulación y putrefacción de las estructuras partidarias, convertidas apenas en mecanismos de propaganda electoral, debe agregarse el estar sometidos al mayor descrédito y repudio masivo de la población de toda su historia.

El adelantamiento electoral, la criminal represión a los piqueteros el 26 de junio son dos elementos más de la ingobernabilidad y la parálisis completa del país. Al mismo tiempo constituyen un intento de canalizar por esa vía la protesta en curso y quebrar todo camino que pueda soldar en la unificación social y política.

II.                El panorama económico estuvo marcado por el deterioro sistemático de

la estructura económica argentina. Con la descapitalización neta del país; una fase recesiva del ciclo económico que culminara en la cesación de pagos; la ofensiva sin precedentes del FMI; la  creciente centralización del capital y la ruina de los pequeños y medianos productores del campo y la ciudad; el aumento de la explotación absoluta y relativa de la clase obrera y la masiva expansión del ejército de reserva, los desocupados.

            Como analizábamos ya en el Primer Congreso de la UMS, el 13-14 de diciembre de 1997, (Eslabón nº 10), la convertibilidad fue un instrumento que implicaba:

“(...) los efectos múltiples de la falsa valuación de la moneda –entre ellos, con particular peso, la aceleración descontrolada del endeudamiento- provocan una distorsión general del giro económico.

“(...) en ese sentido, la convertibilidad no es lo contrario de la inflación y la hiperinflación, sino su complemento necesario; una herramienta diferente para la obtención del mismo objetivo (drástica traslación de ingresos en beneficio del gran capital), que como su antecesora actúa en forma de choque de alto voltaje sobre los mecanismos económicos y, a medida que cumple su objetivo, destruye las clases y dentro de cada una de ellas, alimenta el malestar general del cuerpo social y tiende a un desenlace traumático”.

Hemos asistido a la debacle de este ciclo. Que tuvo tres vías combinadas, pero absolutamente inseparables unas de otra que actuaron como palanca fundamental de este proceso: el pago de la deuda externa; el drenaje del lucro a través de las empresas privatizadas; la burguesía local que hizo líquidos sus grandes recursos transfiriéndolos al exterior.

III.             El peso que significa para el país la deuda externa ya no es negado por

nadie, y ha pasado a formar parte de la conciencia política de crecientes sectores

de la población.  Durante el régimen de la dictadura militar (1976-1983), esta deuda se multiplicó por 5,5, de 8000 a más de 45.000 millones de dólares. El gobierno peronista llevó el endeudamiento de los 63 mil a por lo menos 160 mil millones de dólares  (sin considerar la deuda provincial); en ese mismo período se pagaron intereses y amortizaciones por entre 8 y 14 mil millones de dólares anuales como promedio.

Mientras y simultáneamente se vendían todas las empresas del Estado –con la propia deuda externa como palanca para exigir la operación y determinar el modo en que se haría-,  se ponía en manos privadas (fundamentalmente de Europa o Estados Unidos, aunque en la primera fase participaron activamente grupos locales), la explotación y el control de los principales recursos de la economía nacional –petróleo y gas, comunicaciones, electricidad, transporte, vías terrestres y marítimas...- cuyas rentas se sumarían a la sangría de la deuda externa, succionando las riquezas del país.

IV.             Al estallar la crisis capitalista se pone en cuestión la pregunta de quién

pagará los costos, la forma visible ha sido la brutal pugna interburguesa bajo la presión constante del imperialismo (Eslabón 33 de marzo de 2002).

El arancelamiento al acero que coloca Washington implica colisionar con la  Unión Europea (y sus subsidiarias como el caso de Techint). Cuando el delegado del FMI, Anoop Singh propone medidas que implican caída abrupta del poder adquisitivo de los salarios y una reducción aún mayor del presupuesto para salud, educación, obras públicas y atención social, define que el costo lo pagarán los trabajadores. En la afirmación del jefe de la CIA ante el Congreso de Estados Unidos de que Argentina junto con Venezuela y Colombia es el país más peligroso para Washington en la región, dictamina que los costos lo pagarán los trabajadores y los pueblos de América Latina y el Caribe. En síntesis, o paga el capital o paga el trabajo, lo que en términos políticos implica en su punto límite: o dictadura del capital o dictadura del proletariado.

V: Las consecuencias de la devastadora crisis capitalista que atraviesa a nuestro país no pueden ser más contundentes. El estancamiento que había prevalecido durante décadas, hoy se ha transformado en retroceso absoluto y destrucción de las fuerzas productivas. La capacidad ociosa, que en algunas ramas de la producción supera el 75% (Centro de Estudios bonaerenses, mayo 2002), coexiste con 4 millones de desocupados.

Junto a las 200 millones de toneladas de alimentos que produce el país, conviven 17 millones de pobres, un tercio de los cuales no tiene ya que comer.

            No se trata de una crisis capitalista más sino de la manifestación de la decadencia histórica del capitalismo semicolonial argentino. Que forzó a la clase burguesa a transgredir cada una de sus propias leyes en el intento de salvarse a sí misma, aboliendo el derecho de propiedad privada de ahorristas y asalariados en su propio beneficio. El socialismo propone la expropiación de los medios de producción: las grandes fábricas y las grandes extensiones de tierra. La expropiación de los ahorros del ciudadano común, de los fondos jubilatorios; o día por día, de los ingresos de las clases medias y los salarios de los trabajadores –vía inflación-: ¡Eso lo hace el capitalismo!

VI El desempleo alcanza ya al 30% de la población activa, unos 4 millones

de trabajadores. Sólo entre enero y mayo más de 300 mil asalariados han sido despedidos; incrementándose en el período las suspensiones un 13%. Los sectores más afectados han sido los empleados de comercio, bancarios, textiles, trabajadores de la construcción, transporte, automotrices, metalúrgicos (datos: Tendencias Económicas, Clarín, 4 junio).

            La profunda crisis financiera, con el anunciado cierre de bancos, compañías de seguros, AFJP; pone a unos 200 mil trabajadores ante la amenaza inminente de su expulsión del mercado laboral.

            VII. El salario ha sido pulverizado, se estima que sólo en el primer trimestre del año perdió el 40% de su poder adquisitivo, encontrándose en su nivel más bajo de los últimos 50 años. “Desde 1976 la clase baja perdió un 32,8% de su participación en la renta nacional; la media-baja perdió un 22,3%; la media-media un 12,5% y la clase alta ganó un 21,8%”, sintetizaba O Estado de Sao Paulo el 31 de enero. Hoy, el salario promedio en nuestro país se ubicaría en 1,35% dólar la hora; mientras en Brasil es de 2,50 dólares la hora; y en México de 3,40 dólares la hora. Más de un millón de jóvenes de 15 a 24 años no estudian ni trabajan.

            La situación del pequeño comercio es pavorosa. En los primeros cuatro meses del año, 190 mil empleados fueron despedidos y más de 70 mil titulares de comercio obligados a cerrar. El costo de la canasta básica creció 88,27% de diciembre a mayo. Mientras el índice de precios minorista alcanzó un 35%; lo que revela que la diferencia está siendo absorbida por el pequeño comerciante en un esfuerzo desesperado por sobrevivir. Pero que no puede ser sostenido en el tiempo.

VIII.       Una y otra vez la burguesía local (cuyo último proyecto nacional se remonta

al gobierno desarrollista de 1958-62), acosada por la crisis internacional que

agravaba la suya propia), puso de manifiesto su carácter atrasado y débil. Hacia fines de 1990 había dado ya un paso definitivo al entregar al gobierno de Estados Unidos el papel de árbitro entre sus numerosas e importantes fracciones. Poco después de adoptado ese rumbo, entregó también la palanca clave de su capacidad de gobernar en el terreno económico: el control de su propia moneda, la convertibilidad.

El proyecto del imperialismo y su instrumento de entonces en el ministerio de Economía, Domingo Cavallo, implicaba por un lado la consumación de un cambio de hegemonía interna y una nueva distribución de la renta nacional entre las fracciones del capital. Por el otro, completar el saneamiento del Estado y afirmar la consolidación de esa hegemonía en el mediano y largo plazo. 

Poco más de una década después el primero de aquellos objetivos se ha

consumado de manera brutal; pero es ese éxito el que impide la realización del segundo y sobre el cual reposa la crisis política en la que el país está inmerso.

IX.             No puede haber discusión respecto del hecho de que en poco más de una

década el imperialismo dio un zarpazo y le arrebató a los capitalistas locales la parte del león de la renta nacional.

José Ignacio de Mendiguren, por entonces secretario general de la Unión Industrial

Argentina (UIA), exponía ya en julio de 2000 datos apabullantes: “En 1990 el total de las ventas de las 200 mayores empresas del país se distribuía en dos tercios para las de capital local y un tercio para empresas de capital extranjero: en 1998 la proporción se ha invertido: el 70% de las ventas de las empresas industriales correspondía a firmas transnacionales que producen el 37% de la producción total del país (...). Entre 1992 y 1998 la remisión al exterior de utilidades y dividendos en las empresas por estas transnacionales pasaron de 900 a 2400 millones de dólares anuales (...). De los 17 mil millones de dólares obtenidos como ganancia por estas empresas entre 1992 y 1998, sólo 500 fueron reinvertidos, los 12000 millones restantes se transfirieron a sus casas matrices. Los intereses girados al exterior por las empresas transnacionales entre 1992 y 1998 ascendieron a 12000 millones, que sumados a los 12000 millones enviados como pago de utilidades, resulta una transferencia global de 24000 millones de dólares”.

            A estos números de letal contundencia corresponde sumar los pagos de la deuda  externa –ya señalados-, así como patentes y royalties, más la salida de divisas por turismo alimentado por el dólar barato.

X.                Once años después de que las clases dominantes locales entregaran al

gobierno de Estados Unidos la función de arbitraje que ya no podían sostener en sus manos, la fractura interburguesa no ha hecho más que agravarse, haciendo imposible el ejercicio estable de la capacidad arbitral por parte de cualquiera de las fracciones en disputa.

De esta manera, los diferentes sectores del imperialismo ya no negocian u operan

con un gobierno hegemónico de las clases dominantes, sino que lo hacen con las diferentes fracciones de la burguesía local, las cuales a su vez, sólo buscan posicionarse como socios privilegiados pero definitivamente subordinados a una fuerza exterior que es, de hecho, el poder arbitral efectivo.

            Las palabras de Paolo Rocca, cabeza del grupo Techint (Facultad de Ciencias Económicas, junio de 2002): “En Argentina el empresario exitoso era el que vendía. Hoy nuestra clase está en extinción y ahora el riesgo de extranjerización es mayor. Cuando ya hay un predominio claro de empresas extranjeras entre las más grandes de Argentina”, son la expresión de impotencia de una anémica burguesía, tributaria del capital imperialista.

            Alcanza con ver la nula reacción de las clases dominantes locales, cuando Rudigier Dornbusch –una marioneta del imperialismo yanqui- formuló explícitamente la propuesta de que el país sea gobernado por un equipo de técnicos extranjeros. Y su implementación, cuatro meses después (julio de 2002), cuando el capital financiero internacional designa una Comisión de Notables para hacerse cargo de la conducción económica.

            Una nueva frase del mismo personaje (proveniente de un documento reservado, que publicara el diario Página 12 el domingo 7 de julio) incorporó un agravante más, que es parte de la confrontación en curso: “las instituciones argentinas seguirán cayendo, sin que pueda hablarse de ayuda externa hasta el retorno de algún dictador militar”.

            XI. El carácter parasitario del sector más poderoso de la burguesía argentina, se pone de manifiesto al conocer la magnitud de la masa de divisas que ha fugado y depositado en el exterior: ¡Más de 130.000 millones de dólares!

            La extrema gravedad de los efectos económicos, sociales y políticos que la devastadora primacía imperialista plantea, ha producido el quiebre de las estructuras productivas y financieras; extraordinarios cambios de manos en la propiedad de empresas de todos los sectores; centralización extrema de capitales; y al vaivén de la pugna interimperialista, la constitución de bloques de cada sector con fracciones del gran capital local.

            En paralelo con la traslación de riquezas (de trabajadores a capitalistas y, entre éstos, de capitales locales a capitales imperialistas) producida sin crecimiento de la economía, está en la base de la situación política en curso. Alcanza con exponer algunas cifras para comprender el efecto devastador que cuatro años de recesión continua, han teñido sobre el conjunto de la nación: la economía se achicó un 10,1%; la caída de la inversión supera el 60%; sólo en el primer trimestre del año 2002 el PBI se derrumbó 16,3%; la producción industrial retrocedió el 15,8% y la construcción el 39,9% durante los cinco primeros meses del año.

            XII. La devaluación –que puso al desnudo una enorme depreciación de capitales anterior a ella, y que se corresponde con el derrumbe de la tasa de ganancia que provocaron, entre otros elementos, cuatro años de recesión- hizo que en cinco meses cuadrupliquen sus multimillonarias ganancias las 80 empresas que concentran casi el 70% de las exportaciones, como Cargil, Dreyfus, Repsol, Pérez Companc, Nidea, Aceitera Deheza o Techint. Quienes enfrentan al gobierno para no pagar retenciones, al tiempo que especulan con el valor del dólar y la inflación (ni más ni menos que una fabulosa transferencia de recursos de los asalariados hacia estos grupos económicos).

            Un estudio realizado por el banco BBVA –publicado en Clarín el 29 de junio- da cuenta de una inédita pérdida de riqueza en el país de 66.300 millones de dólares (equivalente a más de la mitad del PBI anual argentino, o a casi 4 años de exportaciones), desde marzo de 2001.

XIII. Aproximadamente el 10,7 % de la población está afectada por la confiscación de depósitos. Se estima en 66.000 millones de dólares el dinero que los bancos incautaron a los ciudadanos, mientras que el conjunto del sistema bancario dice disponer de sólo 12.000 millones de dólares en efectivo (datos de mayo 2002), con lo que la devolución de los ahorros provocaría el derrumbe del sistema financiero. Esto es funcional al capital imperialista yanqui. Su presión logró derogar la Ley de Quiebras, ya que obstaculizaba la posibilidad de apoderarse de las compañías endeudadas. Entre las presas más codiciadas figuran empresas privatizadas (telecomunicaciones, energía..) y los bancos, particularmente los estatales (Nación, Provincia, etc), que concentran las hipotecas de 20 millones de hectáreas de los productores rurales –incluyendo las tierras de la pampa húmeda-.

XIV. En Eslabón nª 37 (12 de julio de 2002, página 2) decíamos: “(...)  El capital tienen todo el terreno a su disposición. Mientras avanza –vía hiperinflación descontrolada o superinflación controlada- en la reducción extrema de salarios e ingresos fijos, disputa variantes tales como la supresión del peso e imposición del dólar o permanencia del peso como moneda nacional (en proporción 10 x 1) y las alternativas correspondientes de formas de gobierno. Y en cualquier hipótesis prepara los mecanismos para afrontar lo inevitable: la resistencia social”.

Para agregar luego “(...) todo esto en el marco de un déficit fiscal resuelto a fuerza de emisión de dinero: para todo el 2002 el compromiso era emitir 3.500 millones de pesos; pero desde el 11 de febrero a la fecha la expansión monetaria fue de $ 6933 millones (a esto hay que sumarle la emisión de bonos provinciales, o “cuasidinero”, en sumas desconocidas). Esta cifra da una idea del descalabro del estado patronal y, sumado a la puja con la banca internacional coloca al país en el umbral de la hiperinflación, empujada además por quienes se muestran dispuestos a imponer el dólar como moneda nacional”.

XV. Washington debe lograr una victoria inapelable en Argentina. Su ofensiva  arrincona a las fracciones  capitalistas locales.  Limitada a la sucesión de coaliciones gobernantes –Alianza; Cuhalde/Alfonsín; Duhalde/62 Organizaciones-; el desenlace de esta puja sería ineludible e inmediato. Pero la inclusión de la lucha interimperialista y la gravitación directa y muy potente del cuadro sudamericano –regido por Brasil y la influencia directa del proceso venezolano-, pone límites a la que debía ser la consumación total dela victoria estadounidense: con la imposición del dólar como moneda, la concreción inmediata del ALCA y el ingreso efectivo de Argentina al aparato militar que Estados Unidos pretende articular para iniciar acciones en Colombia y proyectarse desde allí hacia toda la región.

XVI. La crisis económica es irresoluble para el capital por cualquier otro

método que no sea la profundización y extensión del ataque a las condiciones de vida de las grandes mayorías. Los efectos de esa crisis están provocando la reacción violenta de crecientes sectores de la población. El control social no será posible mediante el régimen democrático-burgués (mecanismo política que está colapsando en toda América Latina) y deberán apelar a instrumentos nuevos, cuando no a la violencia directa, que ya han empezado a forjar. Estará a la orden del día la lucha por el poder político.

Las masas explotadas y oprimidas deben plantarse ante la crisis con una  propuesta propia para toda la sociedad; con una conciencia de quienes son sus enemigos, y sobre esa certeza construir instancias de unidad social y política  que se planteen consciente y explícitamente el objetivo de tomar el poder. La cuestión ineludible es el convencimiento de que aún constituidas estas instancias, la lucha por la supremacía política requiere de un partido revolucionario marxista en condiciones de trazar una línea estratégica, organizar y conducir el combate.

XVII. El estado de parálisis y desagregación de las masas trabajadoras se

proyecta al conjunto de la sociedad con efectos fulminantes. El incesante aumento de la delincuencia no es sino la expresión de una lucha desesperada por el reparto de la renta nacional, de los arrojados a la marginalidad que no encuentran canales organizativos propios y reconocibles, sindicales o políticos.

Al otro extremo de la clase trabajadora, el mismo impacto negativo hace

estragos entre universitarios, profesionales e intelectuales, exacerbando el individualismo y la irracionalidad en todos los planos. Esta combinación degrada hasta límites intolerables las condiciones de convivencia cotidianas y hace extremadamente difícil la afirmación de un accionar político basado en la conciencia, la organización y la asunción de una estrategia común.

Frente Antiimperialista

I.                   La subordinación al imperialismo ha alcanzado niveles inéditos. Algunos

ejemplos son por demás ilustrativos: las pruebas militares con marines, acentuadas en los últimos tres años y desplegadas en distintos puntos de nuestro territorio, con el objetivo de convertir al país en base de operaciones para digitar la represión a nivel continental; las maniobras de comandos especializados de Estados Unidos con efectivos militares locales ejercitadas en la primera semana de junio, con la implementación de simulacros de rescate en distintos puntos de la Capital, entre ellos en la embajada norteamericana, ante la supuesta ocupación de un comando terrorista.

            El enfrentamiento a tanta humillación y genuflexión está en el centro de la lucha

política. Esta caracterización del III Congreso se verifica hoy en la posibilidad de conformar un Bloque Antiimperialista con un programa capaz de contener a un amplio arco político y social.

            La lucha contra la guerra en cualquier rincón del planeta es una bandera común para una gran confluencia de rechazo a la política del capital financiero. Una política revolucionaria que no para de esta caracterización estará condenada al fracaso. A dos años entre el III y este IV Congreso, vemos ya elementos que tienden a la concreción de un Frente Antiimperialista como acción política de masas.

II.                En coincidencia de nuestros debates del Congreso anterior, en una situación

donde el proletariado carece de organizaciones de masas que lo contengan, el llamado a una convergencia antiimperialista plantea además una batalla inclaudicable  contra el arraigo del policlasismo en las masas y grandes sectores del activismo, como así también contra el sectarismo, lo que equivale a impulsar y todas las formas que tiendan a la organización política independiente de las masas. En el cuadro de gravedad extrema y el repliqgue de la clase obrera se plantea para la UMS tomar decisiones en las que juega su existencia misma como organización en este tránsito entre su ubicación como grupo de propaganda y organización que se lanza al ruedo de la intervención política. Con los riesgos que plantea las situaciones límites a que ha llegado la realidad nacional y la relación entre las clases. (Ver Tareas centrales de la etapa).

III.             El Frente Antiimperialista tendrá proyección histórica en la lucha

anticapitalista y a escala latinoamericana. Los actos realizados el 12 y 26 de abril sobre la Revolución en Venezuela, la fundación del Movimiento de Solidaridad Bolivariana se inscriben en esta perspectiva.

La confrontación con el imperialismo, expresada a veces en el despertar de un

sentimiento nacionalista confuso, ha puesto en deliberación colectiva cuestiones como la deuda externa, la sumisión del país, el saqueo de todas las riquezas, el papel del FMI. Con todas sus contradicciones es un cambio cualitativo en el conjunto social que lo torna permeable a la discusión política e ideológica, la sociedad aparece permeable a la recepción de otras ideas.

Táctica electoral

      De acuerdo a la caracterización de la etapa y la superación del voto Protesta

como propuesta al conjunto de la población para el período en curso, vemos la necesidad de impulsar un Bloque Antiimperialista que en el cuadro de crisis extrema sea un marco de unidad social y política para los trabajadores y el conjunto del pueblo. Con algunas ideas centrales como base:

# Ni un peso para el pago de la deuda externa mientras haya un solo desocupado

# Recuperación de las empresas privatizadas

# Por la defensa de la soberanía y la independencia. Contra el ALCA, el Plan Colombia, al golpismo y por la unidad latinoamericana.

# Trabajo para todos: reparto de las horas de trabajo sin disminución salarial. Indexación de los salarios equivalente al costo de la canasta familiar. Reforma agraria y reparto de tierras a todos los desocupados

# Cárcel y castigo a los genocidas de ayer y de hoy

Organización Política de los trabajadores

I.. El retroceso histórico del proletariado argentino se manifiesta hoy en su imposibilidad de ser el eje político organizativo de las grandes masas porque no ha podido constituirse como clase.

II.                La irrupción del hambre y la desesperación del 19 y 20 de diciembre

abrieron una nueva etapa política para el país. 

En 72 horas, las masas y juventudes del país, descubrieron el rostro de la democracia capitalista: muertos, heridos, estado de sitio, brutalidad policial, todo dentro de la institucionalidad burguesa. Fue la materialización en la calle y en actitud de pelea del Voto Protesta del 14 de octubre de 2002, con el repudio a los partidos tradicionales, pero también con la tajante imposibilidad de que las organizaciones de izquierda y los aparatos sindicales pudieran dirigir la irrupción de masas.

III.             La explosión insurreccional de las masas marginalizadas del gran Buenos

Aires y algunos puntos del interior, la continuaron en otra escala y con otro contenido las clases medias urbanas. Hasta el momento la pequeña burguesía y las grandes mayorías de la población han reaccionado con una determinación democrática y antirepresiva. En este momento no hay apertura para una línea de neto corte fascista. Una situación que puede virar frente a la magnitud de la debacle social. De ahí que sea una tarea fundamental la convergencia unitaria más amplia en torno a la defensa de la soberanía, la independencia, la vigencia de las libertades civiles y democráticas.

El rasgo más notorio de esas jornadas fue la ausencia absoluta del movimiento obrero y especialmente del proletariado industrial en todo el transcurso de las movilizaciones.

Así también contra las visiones que agitan la noción de que los cacerolazos tiraron dos gobiernos, y sin negar de modo alguno la gravitación del estallido social, la realidad es que operaron desde el martes 18 de diciembre el gobierno y el aparato peronista de la provincia de Buenos Aires, a quienes se sumaron grupos de ultraderecha  con la participación por acción y omisión de la policía bonaerense. Un cuadro que hemos denominado en nuestros materiales como un ensayo fascista para un futuro cercano. 

IV.             La contundencia con la que fue asumida la expresión  “Que se vayan todos,

que no quede ni uno solo” muestra que la profundidad de la crisis reveló ante millones la responsabilidad de la dirigencia política, aunque aún no puedan identificar a esas figuras por su condición de clase: la burguesía, sino a través de sectores: la dirigencia política, los banqueros y de manera creciente al FMI (sin incorporarlo siempre al concepto de imperialismo).

V.                El hecho de que no hayan sido los trabajadores quienes orientaron

políticamente las jornadas del 19 y 20 de diciembre muestra también las dificultades y límites de ese movimiento. Los miles de asalariados que participaron lo hicieron sin identidad de clase, diluidos en  pueblo, confundidos entre los pobres y marginados del gran Buenos Aires, o arrastrados por las capas medias urbanas. El hecho decisivo de la rebelión más importante de las últimas décadas, por parte de quienes se lanzaron masivamente a la calle, de otras bases para reorganizar el país.

El fenómeno de las Asambleas Populares

I.                   Las Asambleas han sido el hecho más relevante de la coyuntura. El

dato nuevo es que la noción y criterios de construcción de una fuerza de masas, de una herramienta política de los trabajadores y el pueblo, está instalada en amplios sectores de la población. Las Asambleas presentan un doble carácter. Por una parte son una fuerza social en movimiento, capaz de influir en la conciencia de los individuos, que participan o se relacionan con ellas.

Desde otro punto de vista conforman una estructura orgánica incipiente aptas para encauzar los distintos reclamos de la población y transformarse en una herramienta que los canaliza. De acuerdo a datos de encuesta realizados a fines de marzo de 2002, existían 273 Asambleas barriales con reuniones regulares. El 41% en Capital (112), en Buenos Aires el 39% del total, en Santa Fe el 14% (37), Córdoba el 4% (11), en Entre Ríos y Río Negro el 1% (2 en cada caso). Inicialmente de las 112 de Capital, los barrios de clase media y alta fueron las que concentraron el mayor número. (Ver texto Aporte Asambleas Populares)

II.                Ellas conforman un punto inicial de unidad social y al mismo tiempo son un

ámbito de denuncia de los abusos del poder del Estado y el intento de arrancar soluciones inmediatas para resolver las situaciones más desesperadas de los sectores más marginados por el sistema. No se plantean ser organismos de gestión comunitaria ligados al aparato del Estado, por el contrario en su amplia mayoría toman como plataforma la consigna: “Que se vayan todos”, la democracia directa y la autonomía de la institucionalidad y los partidos.

III.             Una de las características esenciales de las Asambleas es la interrelación que se produce entre los distintos sectores, trabajadores ocupados y desocupados, pequeños comerciantes, pequeños productores agrícolas, estudiantes, cuentapropistas entre otros.

La tendencia de las Asambleas es a la conformación de coordinaciones de barrios tanto para proponer acciones unitarias (en torno al hambre, las tarifas, contra la represión, actividades culturales) como para la discusión política. Los temas centrales en discusión son: la situación nacional; qué son las Asambleas y hacia dónde van; cómo construir territorialmente en cada barrio.

IV. En las Asambleas confluyeron desde el primer momento compañeros y compañeras con militancia partidaria actual, activistas con militancia de los 70 o en el pasado reciente (con particular fobia a los partidos de izquierda), el  ARI,, Frenapo, CTA,  y otros sin ninguna experiencia política previa, en un arco ideológico que va desde el ultraizquiedismo, el antipartido (que en ocasiones llega al macartismo) y una diversidad contradictoria ante el posicionamiento frente al Estado y sus instituciones,

desde un genuino rechazo al aparateo partidario hasta una negación de la necesidad de la organización política.

            Las posturas de horizontalidad absoluta y la negación a delegar en representantes, trabó en muchos casos el desarrollo político de las Asambleas. Esta tendencia se ha superado en gran medida y desde fines de febrero de 2002, funcionan en prácticamente todas comisiones para agilizar el trabajo como Salud, Trabajo, Desocupación, Educación, Prensa, Enlaces. La conducta de los partidos de izquierda tradicionales ha promovido el quiebre, la parálisis y la fractura de Asambleas. Bajo estas consecuencias destructivas subyace una concepción de la intervención en el movimiento de masas ajena a la tarea de contribuir a la conciencia, educación y organización política de la clase obrera y sectores populares. Por el contrario el movimiento de masas actúa como base de reclutamiento para las necesidades del aparato. La concepción se corresponde con la práctica de maniobra, la manipulación, el intento de imponer programas, el oportunismo, lo cual culmina en la enajenación de la supuesta vanguardia del conjunto.

Nuestra Tarea

            V. La UMS debe participar e impulsar estas Asambleas con una línea que tienda al avance organizativo en su perspectiva local, regional y nacional. De igual modo propiciando la unidad social  a partir de la articulación en cada barrio, el debate democrático, y la afirmación de principios unitarios en una posición antiimperialista y hacia un debate anticapitalista.

Recomposición de fuerzas Marxistas

I.                   La línea estratégica de la organización desde su fundación en 1994 como

destacamento ha sido la búsqueda de confluencia hacia la recomposición de fuerzas y por la fundación del Partido de los Comunistas. En nuestro III Congreso Ordinario votamos el cambio del Estatuto para contener como transición, a otras corrientes, luego de los intentos del I y II Encuentro de los Comunistas y de la experiencia realizada con algunos agrupamientos. En el Comité Central realizado el 13 de abril analizamos que no había bases sólidas que permitieran dar continuidad a ese desarrollo y entendimos que la UMS sería en sí misma base de recomposición en esta etapa.

II.                El CC votó entonces  “Ratificar como correcto y válido el criterio general

de construcción política asumido oportunamente por la UMS, en aras de la recomposición de fuerzas marxistas (...).  “Reafirmar frente a nuestros militantes y las fuerzas marxistas en general, el concepto teórico reiteradamente expresado en nuestras publicaciones, que el avance hacia la unidad de los comunistas se consolida desde lo teórico, programático y conceptual hacia lo práctico, y no a la inversa (...). “La UMS no puede inventar Mesas de Enlace por un nuevo encuentro de los Comunistas, cuando no existen fuerzas militantes reales que se decidan por ese camino, ni encubrir bajo ese nombre acuerdos bilaterales con otros grupos marxistas, porque sería desvirtuar en la práctica, lo que venimos sosteniendo desde nuestro Congreso Fundacional (...). “Este CC ratifica que será tarea primordial de la UMS atender al surgimiento de equipos militantes marxistas que estén dispuestos a dar pasos concretos en el sentido estratégico, para vincularse a los mismos. (...).”

El movimiento estudiantil como factor relevante

 

Una respuesta unificada y organizada de parte de los estudiantes puede generar un cambio notorio en la correlación de fuerzas actual, frente a un escenario de conflicto cada vez más grave.

 

I.                         El previsible agravamiento de la crisis estructural del país en un corto

plazo hace difícil imaginar un escenario de alta conflictividad social sin la presencia protagónica del movimiento estudiantil. Si bien de forma inorgánica y dispersa, esa participación activa de estudiantes y jóvenes resultó un elemento destacable en el marco de la reacción popular del 20 de diciembre pasado, donde sin embargo se hicieron más evidentes que nunca precisamente aquellas carencias que hacen del sector estudiantil un espacio todavía en definición.

II.                      En cuanto al ámbito universitario, queda claro que después de casi dos

décadas de la imposición del proyecto reformista en los claustros, esa misma matriz ideológica se encuentra hoy frente a una descomposición violenta pese a que parte de su poderío continúa intacto.

El proyecto reformista en la Universidad estuvo representado desde 1983 por Franja Morada, el brazo estudiantil de la UCR, pero también por una serie de dirigentes que consiguieron establecerse en la Universidad y desarrollar a medias una serie de reformas que aparecían opuestas en un principio al modelo privatizador que llegaba desde diversos organismos internacionales con políticas educativas. Sin embargo, ese dominio abrumador se terminó. Después de conducir durante décadas casi todos los centros de estudiantes del país, hoy Franja Morada se encuentra ante una caída electoral inédita en su historia: si cuando Fernando de la Rúa asumía el gobierno en 1999 Franja conducía a nueve de los trece centros de estudiantes de la UBA, dos años después y con el epílogo patético del gobierno radical, la misma agrupación apenas había conseguido conservar su liderazgo en cuatro de ellos. Esa sucesión de derrotas, si bien influenciada por la pésima imagen del gobierno nacional y diversas denuncias de corrupción en el manejo de planes sociales, se debe principalmente al degeneramiento que afectó a Franja Morada en los últimos años. De representar una de las estructuras ideológicas más fuertes y organizadas del reformismo argentino, se transformó con el tiempo en un aparato casi comercial, basado exclusivamente en el clientelismo político y en la necesidad de lucrar como motivación militante.

III. La decadencia de Franja Morada permitió que en varias facultades se abrieran caminos a nuevas agrupaciones, independientes o de izquierda, cuya heterogénea formación y ausencia de bases ideológicas sólidas impiden todavía erigirse como alternativa real frente al poderío radical, que todavía continúa dando pruebas de su influencia. Si bien Franja Morada fue derrotada en el último Congreso de la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA) a manos de un frente común de diversas agrupaciones partidarias de izquierda y no partidarias; durante el último Congreso Ordinario de la Federación Universitaria Argentina (FUA), la agrupación radical mantuvo la conducción del organismo por su importante peso a nivel nacional.

                Como es lógico suponer, el derrumbe electoral de Franja desató en el interior del aparato numerosas críticas y algunos llamados a dar la batalla por la hegemonía en el seno de la misma UCR, aunque ese proceso autocrítico (en el cual  no puede verse aún en qué sentido avanza y cómo concluirá) todavía no ha generado un cambio de ningún tipo en la política general de Franja en la Universidad ni tampoco se ha manifestado cuestionamiento alguno a la estructura comercial y burocrática que sigue usufructuando la agrupación en varias facultades del país. El debate obligado dentro de Franja Morada tendría que limitarse entonces a definir una perspectiva política que redefina la agrupación y que supere su identidad como aparato comercial y clientelístico.      

                IV. A pesar de la parábola descendente de Franja Morada en la Universidad, tampoco han surgido todavía propuestas opositoras de unidad, más allá de la coyuntura electoral, para enfrentar el convulsionado escenario social argentino de estos días. Esa ausencia de un eje organizativo se hizo notorio en los acontecimientos de diciembre pasado. Podría decirse incluso que, pese a las caídas electorales, el pensamiento reformista sigue hegemonizando la perspectiva mayoritaria en la Universidad. Un ejemplo de esto último es la elección del nuevo rector de la UBA para reemplazar a Oscar Shuberoff, quien se mantuvo en ese cargo durante 16 años y se aleja en medio de varias denuncias por corrupción y manejos turbios. A la hora de barajar los candidatos al puesto de rector, si bien todos coinciden en la crítica hacia la gestión anterior, ninguno marca una distancia con respecto al proyecto que desarrolló Shuberoff en la UBA. Muy por el contrario, se preocupan por ratificarlo.

                V. La contradicción entonces, es inminente. Aunque el reformismo haya mantenido una posición defensiva parcial ante principios como la educación gratuita y pública, y el ingreso irrestricto; la ofensiva privatizadora de organismos como el Banco Mundial y la UNESCO sobre la Universidad argentina será más intensiva en los próximos meses. Frente a la incapacidad manifiesta del reformismo para detener el proceso neoliberal, será tiempo para generar desde las bases del movimiento estudiantil no contaminado por la burocracia y la corrupción una alternativa real de cambio que enfrente al proyecto de Universidad del Banco Mundial con otro generado desde los estudiantes organizados.

                Pero esa disputa no puede nunca concentrarse en lo meramente electoral, donde el aparato radical aún mantiene (y es presumible que seguirá haciéndolo durante un plazo más amplio) su dominio político. De la confluencia del movimiento estudiantil con otros sectores castigados de la sociedad depende en buena parte el futuro de los embriones organizativos que ya pueden vislumbrarse en algunas asambleas barriales, por ejemplo. En esas expresiones asamblearias también los estudiantes son partícipes comunes, pero siempre desde la dispersión.

                VI. Los caminos para generar tal confluencia pueden ser variados, pero su necesidad y su urgencia son elementos indiscutibles en este contexto. El movimiento estudiantil se enfrenta hoy ante un desafío clave: sumarse con un papel protagónico a la lucha desde una perspectiva que supere lo meramente corporativo (es decir, la defensa de las reivindicaciones educativas), o correr el riesgo de esperar de forma pasiva que los designios de los representantes del sistema arrasan con la universidad y sus derechos, para luego reaccionar cuando seguramente ya sea demasiado tarde.

   De parte de las agrupaciones de izquierda o independientes, el compromiso es aún mayor. En primer lugar, habrá que preocuparse seriamente por no repetir la fórmula estructural de aparato que parece regir la vida política universitaria, relegando la disputa electoral y el internismo al plano que le corresponde y poniendo énfasis en la construcción de una fuerza que supere la propia y que se transforme en parte de un movimiento general, unificado y organizado, en condiciones de elaborar un proyecto propio e independiente de universidad y capaz de aparecer en el escenario nacional como un sector protagónico en medio de la crisis. Además, resulta imprescindible hoy desarrollar un trabajo político común con otros sectores, como agrupamientos de trabajadores ocupados y desocupados, o vecinales.

                Frente a un país devastado y a millones de personas que han perdido la confianza en la representatividad política, depende en gran parte del movimiento estudiantil transformar tantas voluntades dispersas en una fuerza unificada, donde puedan expresarse las diferencias ideológicas de todo tipo entre cada agrupamiento, pero donde también resulten comunes las respuestas a adoptar frente a un conflicto que crece con las horas.

Perspectivas del Movimiento Feminista y de Mujeres

            I. El Movimiento de Mujeres no es hoy detonante o punto de confluencia de movilización de la sociedad, aún cuando el protagonismo femenino ha continuado en los movimientos piqueteros y en una participación masiva en la rebelión popular de diciembre y las Asambleas Populares. El sector definido como feminista dentro de este Movimiento ha intentado fortalecerse con una presencia visible en Encuentros, actos y movilizaciones y ha estado atravesado por los debates teóricos y políticos que cruzan a los movimientos sociales y revolucionarios de América Latina.

            II. A partir del VII Encuentro Feminista Latinoamericano y Caribeño realizado en Chile en 1996, caracterizamos las principales tendencias subyacentes: la crisis y declinación (sin que haya sido aún superado) del ideario que aparecía como imbatible en los 80, ligado a la profundización democrática, vigencia de la equidad de género y derechos humanos y la discusión en torno a la relación con el Estado y sus instituciones y la generación de recursos. Producto de estas controversias surgieron el grupo de las llamadas Autónomas y las feministas institucionalizadas. Las primeras cuestionan el financiamiento externo  y la cooptación estatal). Las segundas han sido usuarias de subsidios para la investigación y la acción en el Movimiento de Mujeres.

Las ONG´s y su papel funcional a la despolitización, son un claro exponente de este fenómeno.

En síntesis, las líneas se bifurcan entre la lucha contra el capitalismo y el patriarcado hasta la conciliación de clases e integración en la gobernabilidad del sistema. Sin embargo, la debilidad de la línea confrontativa está en la permanencia de la visión antipartido, la crítica a las organizaciones de izquierda en general, (incluidas aquellas que se definen como marxistas). La vitalidad contestataria se diluye entonces en el atraso y el eclecticismo, como si las bases de la transformación pasaran por  una suerte de afirmación ética  e idealismo utópico. 

III. Esta situación quedó plasmada en el VII Encuentro de Mujeres Feministas de Argentina realizado en Santa Fe entre el 15 y el 17 de junio de este año, con la presencia de más de 130 mujeres provenientes de Capital, La Plata, Santa Fe y Córdoba.

Los signos de degradación teórica y debilidad práctica, se corresponden con el  agravamiento de la crisis. Así es como han sido factores determinantes el desmantelamiento de estructuras estatales que eran proveedoras de subsidios a una cantidad significativa de grupos de mujeres. Ese espacio, que aparecía legitimado para peticionar, viable para encarar proyectos y programas progresistas  se clausuró y con él un sector del feminismo que encontraba allí su soporte al carecer de base social genuina donde apoyarse.

IV.Otro arco está conformado por quienes se lanzaron a la carrera de los

cargos desde la secuencia Frente Grande-Frepaso-Alianza y luego del fracaso se realinean en la actualidad con el ARI. Tanto en aquella ocasión como ahora, ajustan las banderas a los límites que los aparatos partidarios pueden tolerar. Como ocurriera con las aliancistas cuando bajaron las banderas de la legalización del aborto, y lo reemplazaran por procreación responsable y derechos reproductivos. Un hecho que quebrara un punto de unidad histórico del Movimiento Feminista y de Mujeres: anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir.

V. El denominado socialismo Libertario constituye otra vertiente, que tiene como ámbito central de participación las Asambleas. Con un acendrado antimarxismo, contra toda estructuración, la ausencia de columna teórica las ha llevado a posturas siniestras, como por ejemplo frente al proceso venezolano (ven a las masas atrapadas entre el imperialismo y el militarismo). El desencuentro, aún  vigente, de los/as jóvenes con la teoría de la revolución y la construcción del partido, ha llevado a que un considerable número de nuevas militantes que han tomado con vigor el problema de género, lo haya  hecho desde el atractivo aparente de la horizontalidad anarquista.

La expresión más desarrollada de esta línea está dada por Mujeres Creando de Bolivia con su planteo e implementación de la Comunidad Feminista: con la propuesta de  construir una usina desde donde desarrollar prácticas antipatriarcado; aislarse para generar otros relacionamientos y a partir de allí salir al combate. Fenómenos que retrotraen a los falansterios anarquistas del siglo XIX, a las experiencias del socialismo utópico que buscaban conformar islas en el marco del capitalismo. El análisis de Federico Engels reveló el carácter profundamente reaccionario de estas visiones, incapaces de comprender el desarrollo histórico del capitalismo y en consecuencia su impotencia para combatirlo.

Un sector del Feminismo comenzó a proponer, con mayor fuerza en los últimos tres años, que la etapa de las reuniones específicas de mujeres está cerrada y en consecuencia deben encararse ámbitos mixtos.

VI. El Movimiento Feminista no atraviesa un momento de pujanza, por el contrario de declinación. No está a la altura de la participación de las mujeres, porque no ha asumido una línea de construcción social y política de masas en convergencia con otros sectores. Estas limitaciones se expresan hacia el conjunto del Movimiento de Mujeres.

Líneas de intervención

            VII. La participación de la UMS ha sido intensa, tanto en el debate, elaboración de contenidos como en la acción práctica. Nuestra labor ha tomado como puntos nodales: a) contribuir a la más amplia confluencia sobre bases antiimperialistas, en un espacio donde las discusiones sobre globalización-mundialización; imperialismo-imperio están en el centro de las polémicas. b) la defensa del marxismo ante la devaluación ideológica; c) encauzar el movimiento hacia la unidad social y política frente a la fractura y la dispersión; d) una batalla inclaudicable contra el sectarismo y el aparatismo disfrazado de democracia y horizontalidad.

            El feminismo, de persistir en esta perspectiva carece de futuro, se consume en sí mismo. Si bien consideramos válidas e imprescindibles las instancias propias para el debate y el avance de la conciencia de las mujeres, lo que sí ha quedado colapsado son los grupos articulados sólo en función de la propia discriminación. La debacle  se aceleró con la pérdida de los financiamientos que sostenían tanto la producción teórica como el trabajo en los barrios. Las luchas de las mujeres deben encararse desde una estrategia política de organización de masas y desde la afirmación teórica de la inescindible unidad del enfrentamiento al patriarcado y la confrontación al capital.

 

Tareas centrales de la UMS en la presente etapa

 

El adelanto de los comicios es un instrumento más de la ofensiva del capital

Con o sin elecciones la tarea es cerrar filas en un frente antiimperialista y edificar una herramienta política de masas

 

La renovada embestida destinada a transformarnos directamente en colonia estadounidense (e incluso fracturar el territorio de la nación) plantea a la militancia social y política un desafío histórico. Con la aceleración de la ofensiva imperialista y la debacle total de los partidos del capital se presenta como nunca la oportunidad de que las masas explotadas y oprimidas, aunadas con el conjunto de la población afectada por la crisis, den un salto político y produzcan un cambio decisivo en la historia argentina. Es dudoso que el nuevo cronograma electoral pueda cumplirse. Pero con o sin elecciones, está planteada la urgente tarea de unificar a más de 30 millones de habitantes tras un programa antiimperialista y poner en pie ya mismo una herramienta política de masas.

 

         El adelanto de la fecha de elecciones es ante todo el fracaso del intento Alfonsín-Duhalde, tras los manotazos que en diciembre mostraron las hondas fracturas del capital. Y es también un desafío político de vida o muerte al movimiento de masas en desarrollo que se expresó en octubre de 2001 con la suma de votos protesta, en blanco, abstenciones y de izquierdas; tomó cuerpo en diciembre con la sublevación de los días 19 y 20 y se extendió a todo el país mediante la forma de Asambleas.

En el fracaso del gobierno PJ-UCR Estados Unidos jugó el papel decisivo. La protesta social gravitó por su fuerza potencial y fue utilizada como fantasma y palanca en contra de sus propios intereses inmediatos y de largo plazo. La masacre del 26 de junio fue provocada con el doble objetivo de sofocar la dinámica de masas en curso y terminar de acorralar al gobierno. Estados Unidos interviene ya no sólo en las decisiones de política general, sino en los movimientos día a día y en el manejo de los servicios de espionaje y represión del Estado. Por eso el período abierto con el llamado a elecciones, haya o no comicios en marzo o en cualquier otra fecha, lejos de ser una reafirmación de la democracia burguesa, es todo lo contrario: un instrumento de embestida en todos los planos contra las masas, contra el país y contra América Latina.

         No hay manera de confundir la coyuntura: el país afronta una nueva fase ofensiva del capital imperialista. Las imposiciones del Fondo Monetario Internacional incluyen un conjunto de medidas (ver página x) que en caso de aplicarse darían como resultado un retroceso de dimensiones catastróficas para Argentina. Si no fuera posible frenar esta embestida se  consumaría una estrategia desde hace tiempo desplegada por el imperialismo y el gran capital local. Argentina se vería arrastrada a límites de empobrecimiento, degradación social, entrega, superexplotación, violencia y marginalización, difíciles de imaginar incluso a partir del siniestro panorama actual.

 

Hay bases para una alternativa de masas

         No hay en estas afirmaciones un gramo de pesimismo. Porque precisamente la dolorosa experiencia de los últimos años ha alistado las condiciones requeridas para que las masas explotadas y oprimidas rompan con las cadenas que las desviaron primero y las paralizaron luego. Y la gravedad de la hora plantea la posibilidad de que las fuerzas potenciales se transformen en realidad social y política, den lugar a un salto cualitativo en conciencia y organización de millones de trabajadores, jóvenes, estudiantes, profesionales y capas medias, lo cual a su vez significaría un vuelco completo en la situación y las perspectivas del país.

                No estamos hablando sobre hipótesis, ni proponiendo un acuerdo de siglas: se trata de dar cuerpo y continuidad a una línea de masas que irrumpió políticamente en octubre de 2001 con una bofetada a los partidos patronales (el voto protesta obtuvo el xx% el voto en blanco xx%, la abstención por sobre la media el xx% y las izquierdas el XX%), luego en diciembre produjo la sublevación en el Gran Buenos Aires y la Capital Federal, y a partir de allí tomó la forma de Asambleas, se extendió a todo el país y viene expresándose de manera multiforme.

                Hagamos un paréntesis para recordar que esta realidad se prolonga además con una radicalización generalizada en toda la región: en Perú y Paraguay movilizaciones masivas frenaron proyectos de privatizaciones; el PT en Brasil lidera las encuestas pre electorales; en Bolivia un candidato campesino y socialista apoyado por la COB prácticamente ganó las presidenciales; y toda Sudamérica está impregnada por el espectacular fracaso del golpe imperialista contra el presidente Chávez en Venezuela.

         Pero volvamos al punto: todo esto concluye en la certeza de que objetivamente está abierta la oportunidad histórica para que nueve de cada diez habitantes debatan y resuelvan qué país quieren y se organicen para alcanzar esa esperanza. Si esa posibilidad se concreta, si las potencialidades actuales dan cuerpo a una fuerza que unifique a millones de víctimas de la crisis, es posible luchar y vencer. De lo contrario, el enemigo golpeará con dureza creciente sobre las numerosas partes aisladas de la vanguardia social y avanzará a sangre y fuego tras sus objetivos.

Vale subrayar una vez más en estas páginas que la política del gran capital está exigida por una crisis sin salida del sistema a escala internacional, razón por la cual para ellos, no hay opciones. Es pueril pedir “profundización de la democracia”, sin partir de esta realidad. Vale insistir también en que Argentina es hoy una pieza fundamental para Estados Unidos en su intento de anexar a América Latina a través del ALCA y el Plan Colombia. De modo que la responsabilidad de la militancia en general, y en particular de los revolucionarios marxistas, se multiplica.

 

¿En que punto del camino estamos?

Es ante esa responsabilidad que se tensan las cuerdas y cada organización que se proclama revolucionaria muestra sobre qué cimientos está apoyada. El carácter extraordinariamente contradictorio y desigual de la situación argentina requiere el análisis a partir de las herramientas científicas que han forjado los revolucionarios a lo largo de dos siglos de lucha de clases contra el capitalismo.

Pese a la demagogia, el electoralismo y el agitativismo reinantes en buena parte de las filas revolucionarias, no hay margen para la confusión: las masas no están a la ofensiva. Las numerosas y a menudo heroicas luchas de nuestra clase y nuestro pueblo están hoy limitadas a vanguardias con mayor o menor amplitud pero sin conexión política y orgánica con el conjunto social. Peor aún: la clase obrera no ha subido todavía al escenario de la lucha social y política. Venimos subrayando esto ante cada explosión que sacude al país y desvía la mirada respecto de este dato crucial.

         Quienes interpretan que vivimos una situación revolucionaria están más que errados. No hay situación revolucionaria (o, si se quiere, prerrevolucionaria) sin la movilización masiva de la clase obrera. El proletariado con ocupación y papel efectivo en la producción -única fuerza real para un cambio revolucionario socialista- ha estado y continúa estando al margen de la lucha social. Y las excepciones de esta regla vigente desde 1991 no lograron en ningún caso romper el aislamiento y cambiar la dinámica. Por eso el capital ha podido saquear al país y someter al conjunto de la población al estado actual.

La parálisis, la omisión de la clase obrera, se transformará gradualmente en protesta activa. Ese cambio puede plasmar en una estrategia propia, contrapuesta a los partidos del capital. Pero no es serio dar por hecho lo que justamente es un objetivo a alcanzar. No es serio desconocer que la evolución positiva de los trabajadores y sus aliados no es la única perspectiva planteada como posibilidad objetiva. No es serio -y no es revolucionario, mucho menos marxista- desconocer los rasgos dominantes de la realidad política y suponer que estos se transformarán positivamente al margen de la intervención consciente y enérgica de una estrategia basada en los intereses históricos de los trabajadores.

         Por su parte el sector desocupado de la clase trabajadora está muy lejos de constituir una fuerza social con un mínimo de homogeneidad; no tiene ni puede tener por sí mismo una perspectiva política propia. Para colmo, su parte activa (ínfima en relación con los cuatro millones de desempleados) ha sido irresponsablemente fraccionada por organizaciones y dirigencias que no quieren o no pueden comprender el valor de la unidad social de las masas explotadas y oprimidas.

         Como no podía ser de otro modo en este cuadro general, la juventud está profundamente fragmentada y, excepto en sectores de desocupados cuyo activismo anuncia el formidable potencial que encierran, no se suma masivamente a la movilización.

El movimiento estudiantil universitario, sencillamente ha desaparecido del escenario político. Volverá, por cierto, a ocupar su lugar. Pero, otra vez, quien da por hecho lo que sólo es una posibilidad, no merece llamarse dirigente político.

No será posible darle batalla efectiva al imperialismo y sus socios locales sin resolver esa fractura social que confunde y paraliza a millones. Y para esto la condición primera es tener una bandera común. Sin ella, seremos víctimas de la brutal ofensiva capitalista en curso.

 

Elecciones e iniciativa política

Es en este cuadro general y particular que el imperialismo y sus peones locales apelan al adelanto de las elecciones. Es un esfuerzo por impedir la dinámica de concientización y organización de masas instalada en la sociedad desde octubre último. Se trata de una trampa porque el cambio de presidente y vice equivale exactamente a nada. Pero, ante todo, porque pretende colocar el gran debate hoy dominante en la sociedad tras el objetivo falaz y manipulado de un cambio de figuras, en el cual predominan los grandes aparatos comandados por los medios de difusión bajo control de la burguesía y el imperialismo. A propósito, hay que subrayar además que en Argentina, como viene ocurriendo en otros países de América Latina, a falta de partidos el papel de conducción ya lo han tomado los medios de prensa.

         No se trata de desarrollar aquí las razones por las cuales la economía bajo mando de los partidos de las clases dominantes sólo puede volver a ponerse en marcha aumentando la entrega, la superexplotación y la marginalización. Se trata de dar una respuesta efectiva a esa certeza.

         Frente a esta realidad, no es posible responder con subterfugios. En la medida en que el capital cuenta con la iniciativa política, se la impone a los trabajadores y el conjunto social. Fue nuestra organización, en absoluta soledad, la que en 1997 comprendió la dinámica fundamental en la conciencia de las masas por debajo de la superficie y para operar sobre ella forjó y llevó adelante la noción de Voto Protesta. En las elecciones de octubre pasado, ésa fue la fuerza social (subrayémoslo: social, no política), que ganó el día del comicio.

         Lo dijimos entonces y hay que repetirlo ahora: levantamos el Voto Protesta porque no lográbamos dar cuerpo a una herramienta política de masas. Y porque las fórmulas de izquierda, en lugar de encauzar y fortalecer el proceso de ruptura de masas con los partidos del capital, fragmentaban a los movimentos sociales y completaban el desarme de la clase obrera.

         Hoy, con la misma lógica que llevó a la UMS –desde su nunca negada condición de simple y limitado destacamento comunista- a presentar ante la sociedad una propuesta que interpretaba su línea fundamental de evolución ideológica y política, enfatiza la necesidad de dar el necesario paso siguiente: transformar la fuerza negativa en un poderoso haz de fuerzas con una propuesta común: unir el Voto Protesta, la abstención consciente, el voto en blanco y el voto por las izquierdas, en una expresión político común, de masas, plural, democrática, con definida posición antiimperialista.

         Existen, no nos caben dudas, las fuerzas humanas, lo cuadros, equipos, organizaciones y movimientos, para darle cuerpo a esta propuesta. Y en ese objetivo inmediato la UMS pondrá todas sus fuerzas. Y con la misma resolución con que se lanza a esta tarea táctica de alcances estratégicos, nuestra organización reitera que si no se halla una vía de unidad social y política de las grandes masas, la alternativa no es votar una sigla o un nombre “de izquierda” para sacarse el gusto el día de la elección. Pondremos nuestro máximo empeño en enfrentar la ofensiva ya en curso en todos los planos y también en el electoral, con la propuesta enarbolada por la UMS desde su Congreso Fundacional: plasmar la unidad social y política de la clase obrera, las juventudes y el conjunto de los sectores explotados y oprimidos de la sociedad. Pero si ese objetivo no se alcanza (como ocurrió en todas las oportunidades anteriores, dando lugar a nuevos engendros tipo Frepaso o “frentismo de izquierda”, volveremos a decirle a los trabajadores y el pueblo que la única expresión positiva será la campaña por un programa, sin candidatos, sin siglas, aunque esto signifique que el voto sea anulado.

 

Con o sin elecciones, programa común, antes y por sobre cualquier candidatura

         Una pregunta que se hacen millones y millones de personas y en primer lugar los trabajadores más conscientes y comprometidos, es por qué tanto sacrificio, tanto compromiso como se comprueba en las innumerables luchas cotidianas, no logra romper el aislamiento, transformarse en fuerza de masas y enarbolar una bandera común.

No todos daremos la misma respuesta ante esa pregunta. Hay responsabilidades de diferente tipo. Y un debate abierto. La UMS pone a disposición las resoluciones de sus Congresos, sus periódicos, documentos y declaraciones y un acervo de 26 ediciones de la revista Crítica que incluye la reproducción completa de los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista: la escuela de cuadros más profunda y extensa en la historia de los revolucionarios. Una de las razones por las cuales hicimos el esfuerzo de publicar esos materiales desconocidos por la casi totalidad de la militancia es, precisamente, la difusión de nociones tales como Frente Unico y Frente Antimperialista.

         Hoy no existe manera de eludir esta cuestión: ha pasado de la teoría a la acción política inmediata. No hay modo de sostener un ropaje marxista y actuar al margen de estos lineamientos forjados por la experiencia de lucha revolucionaria internacional que, lejos de haber sido superados por el devenir histórico, están más vigentes que nunca. Quien no lo crea así, está obligado a atacar teóricamente estos conceptos, como lo hacen (para beneplácito de la prensa burguesa) los defensores de “el fin del imperialismo”.

En consecuencia, nuestra organización convoca a toda la militancia que se reivindica revolucionaria (y ante todo a la que se define como marxista), a confluir en una expresión política concreta del concepto teórico “frente antiimperialista”. Se trata de dar cuerpo y forma a una herramienta política de las masas. Cada palabra aquí, tiene un valor imposible de obviar: construir una herramienta, para que las masas puedan intervenir en el terreno político.

         No es el nombre de un partido. Es el nombre de las clases y sectores que asumen una responsabilidad histórica frente al colapso de un sistema y el desmoronamiento catastrófico de un país, en un cuadro de completa desorganización y confusión en todos los planos de la clase obrera, que frente a la crisis más grave de la historia del país no se pone en movimiento. Es la asunción por parte de las inmensas mayorías de que debe gobernar en función de sus intereses, o será sometida a los designios brutales de la otra parte, la que no llega a sumar el 3% de la sociedad pero desde siempre gobierna en su beneficio y subordinada a los amos imperialistas.

         En ese torrente –y sólo en ese heterogéneo, confuso y permanente cambiante torrente de afluentes sociales diversos arrastrados por la irrupción brutal de la crisis- que los revolucionarios marxistas podremos defender la independencia política de la clase obrera y dar pasos efectivos para que el proletariado asuma su lugar histórico en la lucha de clases. Lo demás es ensueño solipsista; macaneo pseudoteórico; ceguera e irresponsabilidad política.

         Basta mirar la realidad económica y política mundiales para comprender qué papel debe y puede jugar quien se reivindica revolucionario marxista. De nuestra parte, en inconmovible línea de coherencia y continuidad con una visión teórica y una práctica militante defendidas desde nuestra fundación, afrontamos la responsabilidad planteada, asumiendo además que la fuerza antiimperialista que pugna por cobrar vida en Argentina sólo podrá plasmar realmente a escala latinoamericana, como parte de una realidad continental a cuya vanguardia están los gobiernos de Cuba y Venezuela. Ese aspecto fundamental, internacionalista y específicamente latinoamericano del combate que tenemos por delante, también lo asumimos como bandera irrenunciable de la Unión de Militantes por el Socialismo.

Buenos Aires, 5 de julio de 2002.

        

 

 

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