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Unión de Militantes por el Socialismo
IV Congreso
Nacional Ordinario
(5 y 6 de octubre de 2002)
(Dada la vertiginosidad de los acontecimientos y ante los distintos
desenlaces que pueden plantearse en el curso de la crisis actual, será
preciso actualizar este documento hasta la fecha de nuestro Congreso de
Octubre. Señalamos también que el presente texto es la resultante de una
elaboración colectiva en la que participaron los miembros del CEN y
compañeros/as de Neuquén y afectados al trabajo en Asambleas, Mujer y
Juventud . El punto correspondiente a Movimiento Obrero y el cuadro de
la izquierda se integrará en un texto especial).
Situación Nacional
I. “No
hay energía en ninguna de las dos clases que rigen el destino social.
Por eso la
crisis toma la forma de una lenta, inexorable, desesperante decadencia
(...)
“La burguesía no tiene energía porque históricamente
es una clase exhausta. Todo lo positivo que el sistema capitalista podrá
ofrecer a la humanidad ya lo ha dado. Y hace ya muchas décadas que no
sólo no contribuye al desarrollo, sino que es su freno, mientras
alimenta la miseria, la enajenación, la violencia, la muerte, y amenaza,
incluso con el exterminio de la humanidad. Esto que es verdad a escala
internacional, referido a las grandes potencias capitalistas, es más
evidente y patético en relación con las burguesías de los países
dependientes.
“La clase obrera no tiene energía porque está en un
período de transición y aún no asume su papel histórico. Durante
décadas, el movimiento obrero en Argentina se expresó políticamente en
el peronismo. La esencia del peronismo como ideología es la conciliación
de clases. La captación masiva de los asalariados por el populismo
burgués, bajo la apariencia de un salto político delante de los
trabajadores representó una trampa histórica que emasculó por décadas la
apotencia revolucionaria de la clase obrera. Mientras transcurrió la
experiencia y el sistema pudo alimentarla con reformas o maniobras
políticas, el movimiento obrero traducía su poderosa fuerza de clase a
través de los sindicatos y, de tanto en tanto, a través del Partido
Justicialista. Se trataba de una fuerza sin destino; o más bien,
inexorablemente destinada a fracasar. Pero se expresaba como tal y esa
expresión era suficiente para, por un lado, mantener oxigenado el tejido
social, y por otro, limitar la voracidad del capital. La contradicción,
entonces, consistía en que la inviabilidad final se manifestaba sin
embargo en un vigor concreto, capaz de sostener a la propia clase y al
conjunto social.
“La experiencia de sistemáticas frustraciones minó
paulatinamente al peronismo como dirección reconocida y confiable para
la masa trabajadora. Poco a poco la clase obrera tomó distancia de su
dirección peronista. Hubo saltos cualitativos en ese proceso, como por
ejemplo el Cordobazo, punto simbólico de ruptura social histórica (...).
Pero se trata de un desarrollo desigual y sobre todo incompleto. La
clase obrera ya no es peronista, pero todavía no es socialista”
(Panorama antes de la confrontación, marzo 1989, Luis Bilbao).
El tendido de un puente entre el ya no y
el todavía no es, resumía la gran tarea de la etapa para quienes
luchamos por el socialismo. Un partido de masas de los trabajadores, una
herramienta política de los trabajadores y el pueblo, en el camino de la
búsqueda de la unidad social y política de las masas.
Hoy, en medio de un
agravamiento extraordinario de la crisis económica y cuando comienzan a
perfilarse los grandes combates sociales, corresponde replantear el
cuadro general a la luz del desarrollo de los acontecimientos y la
reubicación de clases, sectores, partidos e individuos, a fin de sacar
conclusiones respecto de las tareas a asumir en esta nueva fase del
desarrollo de la crisis y la lucha de clases.
II.
Todos los datos de la crisis que
señaláramos en nuestro III Congreso
Ordinario en diciembre de 2001, se han agigantado a
límites extremos, poniendo en juego no sólo la identidad nacional misma,
los derechos civiles y democráticos, sino también la integración del
territorio. Un fenómeno expansivo que gravita en el Cono Sur en
particular y América Latina en general.
III.
Es evidente que la burguesía ha
desandado el camino que diera curso a la
unificación del Estado nacional desde mediados del
siglo XIX (Eslabón nº 25, agosto 2001). Un símbolo de este proceso ha
sido la emisión de monedas provinciales bajo la forma de bonos; la más
reciente, a fines de junio. Bajo la propuesta de integración regional de
las provincias de Río Negro y Neuquén subyace la división del país, en
primer lugar el desmembramiento de la Patagonia. Como indicábamos en esa
misma edición de Eslabón, “los países no se hunden: son sus sistemas
económico-políticos y la clase que detenta el poder los que entran en
bancarrota”. Argentina es un espejo de ese derrumbe.
La burguesía, frente a la coyuntura más
grave en la historia del país, carece de proyecto propio, se mueve
detrás de los acontecimientos con una mirada inmediata, para desplazar
hacia delante el desastre. Un movimiento que ha traducido la profunda
fractura de la clase dominante.
IV.
En la base de la impotencia del
gobierno para resolver la decadencia que
azota al país, está la gravitación de la crisis del
capitalismo mundial y la lucha interimperialista que esta provoca.
Al igual que todos los
países semicoloniales Argentina es víctima de la voracidad imperialista.
Por las más diversas vías, los tres grandes centros del capital: Estados
Unidos, Unión Europea y Japón, buscan contrarrestar la caída de la tasa
de ganancia, con mayor exacción de riquezas de las economías
dependientes. Argentina es territorio privilegiado del combate
interimperialista en búsqueda de la cooptación y captación de mercados,
en una pugna por el reparto de la plusvalía mundial. Y es un particular
campo de batalla del capital europeo y norteamericano. Muy especialmente
luego de la derrota sufrida en Venezuela, el imperialismo norteamericano
necesita imponerse en Argentina, terreno donde combate por el control de
los mercados a escala continental. ALCA y dolarización son los
mecanismos empleados por Estados Unidos en su competencia. Es así como
hemos asistido a los distintos alineamientos del capital local, los
partidos políticos y los aparatos sindicales frente a esta contienda.
V.
En este cuadro, el bloque con eje en
Venezuela-Brasil (y la apoyatura de
Cuba) que comenzara a gestarse a mediados de 2000 y
el impulso al MERCOSUR, emergieron como el intento de las burguesías
locales de poner límites a la voracidad del imperialismo. Una dinámica
que se sintetiza hoy en la ofensiva guerrera de Estados Unidos sobre el
planeta agudizada a partir de los atentados del 11 de septiembre.
El itinerario errático
del MERCOSUR refleja también la vulnerabilidad y las limitaciones y
contradicciones de los países que lo conforman. Brasil se ha mantenido
como punta de lanza de un bloque regional de resistencia contra el ALCA.
La manifestación más reciente fue la Cumbre ampliada del MERCOSUR, con
la participación del presidente mexicano (personero directo de Estados
Unidos), realizada en Capital el jueves 4 y viernes 5 de julio. La
imagen de alineamiento del gobierno argentino con Brasil es parte de los
términos no saldados de la contienda interburguesa y de las presiones
del imperialismo yanqui para doblegar íntegramente al país en torno al
ALCA, la dolarización y el Plan Colombia. Un terreno donde se percibe la
mano del imperialismo europeo operando también contra el ALCA.
VI.
La ausencia del proletariado sigue
siendo un dato dominante que define de
manera esencial la realidad en curso. Así es como en
el salto más alto en la movilización y participación verificados en
diciembre y enero pasados, las masas carecieron de perspectiva propia,
de la dirección de la clase obrera organizada.
Toda la iniciativa
permanece en el plano de la lucha interimpierialista e interburguesa.
Desde nuestro Congreso fundacional definimos las líneas básicas que
dominaban el escenario mundial y la realidad argentina, hoy desplegadas
y visibles para las grandes franjas de la población.
# Cuatro planos de
contradicción simultáneos: luchas interimperialistas; agudización de las
contradicciones entre las burguesías imperialistas con los trabajadores
de sus propios países; choque cada día agravado de los países centrales
y las burguesías locales contra los explotados y oprimidos de los países
dependientes; agravamiento acelerado de las contradicciones entre el
capital financiero internacional y los países semicoloniales.
# confrontación en el
plano ideológico de tres corrientes: la socialdemocracia; el
socialcristianismo y el marxismo. Esta última vertiente sin haber podido
dar pasos decisivos en su recomposición programática, política y
organizativa.
Situación de la lucha de clases
Eclosión de la crisis
I.
El análisis de la realidad argentina
entre el III y este IV Congreso de la
UMS debe considerar dos cuestiones centrales: a) el
vértigo de la crisis económica a nivel de la cesación de pagos; el
quiebre político-institucional que se expresó en la caída del gobierno
de la Alianza y la secuencia dada por la efímera presencia de Rodríguez
Sáa en el Poder Ejecutivo y la asunción de Duhalde mandatado por la
Asamblea Legislativa (y producto del acuerdo con Alfonsín, sectores de
la iglesia, el empresariado y el sindicalismo) en un cuadro de extrema
debilidad política.
La burguesía no tiene
partidos para gobernar. A la desarticulación y putrefacción de las
estructuras partidarias, convertidas apenas en mecanismos de propaganda
electoral, debe agregarse el estar sometidos al mayor descrédito y
repudio masivo de la población de toda su historia.
El adelantamiento
electoral, la criminal represión a los piqueteros el 26 de junio son dos
elementos más de la ingobernabilidad y la parálisis completa del país.
Al mismo tiempo constituyen un intento de canalizar por esa vía la
protesta en curso y quebrar todo camino que pueda soldar en la
unificación social y política.
II.
El panorama económico estuvo marcado
por el deterioro sistemático de
la estructura económica argentina. Con la
descapitalización neta del país; una fase recesiva del ciclo económico
que culminara en la cesación de pagos; la ofensiva sin precedentes del
FMI; la creciente centralización del capital y la ruina de los pequeños
y medianos productores del campo y la ciudad; el aumento de la
explotación absoluta y relativa de la clase obrera y la masiva expansión
del ejército de reserva, los desocupados.
Como analizábamos ya en el Primer
Congreso de la UMS, el 13-14 de diciembre de 1997, (Eslabón nº 10), la
convertibilidad fue un instrumento que implicaba:
“(...) los efectos múltiples de la falsa valuación de
la moneda –entre ellos, con particular peso, la aceleración
descontrolada del endeudamiento- provocan una distorsión general del
giro económico.
“(...) en ese sentido, la convertibilidad no es lo
contrario de la inflación y la hiperinflación, sino su complemento
necesario; una herramienta diferente para la obtención del mismo
objetivo (drástica traslación de ingresos en beneficio del gran
capital), que como su antecesora actúa en forma de choque de alto
voltaje sobre los mecanismos económicos y, a medida que cumple su
objetivo, destruye las clases y dentro de cada una de ellas, alimenta el
malestar general del cuerpo social y tiende a un desenlace traumático”.
Hemos asistido a la
debacle de este ciclo. Que tuvo tres vías combinadas, pero absolutamente
inseparables unas de otra que actuaron como palanca fundamental de este
proceso: el pago de la deuda externa; el drenaje del lucro a través de
las empresas privatizadas; la burguesía local que hizo líquidos sus
grandes recursos transfiriéndolos al exterior.
III.
El peso que significa para el país
la deuda externa ya no es negado por
nadie, y ha pasado a formar parte de la conciencia
política de crecientes sectores
de la población. Durante el régimen de la dictadura
militar (1976-1983), esta deuda se multiplicó por 5,5, de 8000 a más de
45.000 millones de dólares. El gobierno peronista llevó el endeudamiento
de los 63 mil a por lo menos 160 mil millones de dólares (sin
considerar la deuda provincial); en ese mismo período se pagaron
intereses y amortizaciones por entre 8 y 14 mil millones de dólares
anuales como promedio.
Mientras y
simultáneamente se vendían todas las empresas del Estado –con la propia
deuda externa como palanca para exigir la operación y determinar el modo
en que se haría-, se ponía en manos privadas (fundamentalmente de
Europa o Estados Unidos, aunque en la primera fase participaron
activamente grupos locales), la explotación y el control de los
principales recursos de la economía nacional –petróleo y gas,
comunicaciones, electricidad, transporte, vías terrestres y
marítimas...- cuyas rentas se sumarían a la sangría de la deuda externa,
succionando las riquezas del país.
IV.
Al estallar la crisis capitalista se
pone en cuestión la pregunta de quién
pagará los costos, la forma visible ha sido la brutal
pugna interburguesa bajo la presión constante del imperialismo (Eslabón
33 de marzo de 2002).
El arancelamiento al
acero que coloca Washington implica colisionar con la Unión Europea (y
sus subsidiarias como el caso de Techint). Cuando el delegado del FMI,
Anoop Singh propone medidas que implican caída abrupta del poder
adquisitivo de los salarios y una reducción aún mayor del presupuesto
para salud, educación, obras públicas y atención social, define que el
costo lo pagarán los trabajadores. En la afirmación del jefe de la CIA
ante el Congreso de Estados Unidos de que Argentina junto con Venezuela
y Colombia es el país más peligroso para Washington en la región,
dictamina que los costos lo pagarán los trabajadores y los pueblos de
América Latina y el Caribe. En síntesis, o paga el capital o paga el
trabajo, lo que en términos políticos implica en su punto límite: o
dictadura del capital o dictadura del proletariado.
V: Las consecuencias de
la devastadora crisis capitalista que atraviesa a nuestro país no pueden
ser más contundentes. El estancamiento que había prevalecido durante
décadas, hoy se ha transformado en retroceso absoluto y destrucción de
las fuerzas productivas. La capacidad ociosa, que en algunas ramas de la
producción supera el 75% (Centro de Estudios bonaerenses, mayo 2002),
coexiste con 4 millones de desocupados.
Junto a las 200 millones de toneladas de alimentos
que produce el país, conviven 17 millones de pobres, un tercio de los
cuales no tiene ya que comer.
No se trata de una crisis capitalista más
sino de la manifestación de la decadencia histórica del capitalismo
semicolonial argentino. Que forzó a la clase burguesa a transgredir cada
una de sus propias leyes en el intento de salvarse a sí misma, aboliendo
el derecho de propiedad privada de ahorristas y asalariados en su propio
beneficio. El socialismo propone la expropiación de los medios de
producción: las grandes fábricas y las grandes extensiones de tierra. La
expropiación de los ahorros del ciudadano común, de los fondos
jubilatorios; o día por día, de los ingresos de las clases medias y los
salarios de los trabajadores –vía inflación-: ¡Eso lo hace el
capitalismo!
VI El desempleo alcanza
ya al 30% de la población activa, unos 4 millones
de trabajadores. Sólo entre enero y mayo más de 300
mil asalariados han sido despedidos; incrementándose en el período las
suspensiones un 13%. Los sectores más afectados han sido los empleados
de comercio, bancarios, textiles, trabajadores de la construcción,
transporte, automotrices, metalúrgicos (datos: Tendencias Económicas,
Clarín, 4 junio).
La profunda crisis financiera, con el
anunciado cierre de bancos, compañías de seguros, AFJP; pone a unos 200
mil trabajadores ante la amenaza inminente de su expulsión del mercado
laboral.
VII. El salario ha sido pulverizado, se
estima que sólo en el primer trimestre del año perdió el 40% de su poder
adquisitivo, encontrándose en su nivel más bajo de los últimos 50 años.
“Desde 1976 la clase baja perdió un 32,8% de su participación en la
renta nacional; la media-baja perdió un 22,3%; la media-media un 12,5% y
la clase alta ganó un 21,8%”, sintetizaba O Estado de Sao Paulo el 31 de
enero. Hoy, el salario promedio en nuestro país se ubicaría en 1,35%
dólar la hora; mientras en Brasil es de 2,50 dólares la hora; y en
México de 3,40 dólares la hora. Más de un millón de jóvenes de 15 a 24
años no estudian ni trabajan.
La situación del pequeño comercio es
pavorosa. En los primeros cuatro meses del año, 190 mil empleados fueron
despedidos y más de 70 mil titulares de comercio obligados a cerrar. El
costo de la canasta básica creció 88,27% de diciembre a mayo. Mientras
el índice de precios minorista alcanzó un 35%; lo que revela que la
diferencia está siendo absorbida por el pequeño comerciante en un
esfuerzo desesperado por sobrevivir. Pero que no puede ser sostenido en
el tiempo.
VIII.
Una y otra vez la burguesía local
(cuyo último proyecto nacional se remonta
al gobierno desarrollista de 1958-62), acosada por la
crisis internacional que
agravaba la suya propia), puso de manifiesto su
carácter atrasado y débil. Hacia fines de 1990 había dado ya un paso
definitivo al entregar al gobierno de Estados Unidos el papel de árbitro
entre sus numerosas e importantes fracciones. Poco después de adoptado
ese rumbo, entregó también la palanca clave de su capacidad de gobernar
en el terreno económico: el control de su propia moneda, la
convertibilidad.
El proyecto del
imperialismo y su instrumento de entonces en el ministerio de Economía,
Domingo Cavallo, implicaba por un lado la consumación de un cambio de
hegemonía interna y una nueva distribución de la renta nacional entre
las fracciones del capital. Por el otro, completar el saneamiento del
Estado y afirmar la consolidación de esa hegemonía en el mediano y largo
plazo.
Poco más de una década
después el primero de aquellos objetivos se ha
consumado de manera brutal; pero es ese éxito el que
impide la realización del segundo y sobre el cual reposa la crisis
política en la que el país está inmerso.
IX.
No puede haber discusión respecto
del hecho de que en poco más de una
década el imperialismo dio un zarpazo y le arrebató a
los capitalistas locales la parte del león de la renta nacional.
José Ignacio de
Mendiguren, por entonces secretario general de la Unión Industrial
Argentina (UIA), exponía ya en julio de 2000 datos
apabullantes: “En 1990 el total de las ventas de las 200 mayores
empresas del país se distribuía en dos tercios para las de capital local
y un tercio para empresas de capital extranjero: en 1998 la proporción
se ha invertido: el 70% de las ventas de las empresas industriales
correspondía a firmas transnacionales que producen el 37% de la
producción total del país (...). Entre 1992 y 1998 la remisión al
exterior de utilidades y dividendos en las empresas por estas
transnacionales pasaron de 900 a 2400 millones de dólares anuales (...).
De los 17 mil millones de dólares obtenidos como ganancia por estas
empresas entre 1992 y 1998, sólo 500 fueron reinvertidos, los 12000
millones restantes se transfirieron a sus casas matrices. Los intereses
girados al exterior por las empresas transnacionales entre 1992 y 1998
ascendieron a 12000 millones, que sumados a los 12000 millones enviados
como pago de utilidades, resulta una transferencia global de 24000
millones de dólares”.
A estos números de letal contundencia
corresponde sumar los pagos de la deuda externa –ya señalados-, así
como patentes y royalties, más la salida de divisas por turismo
alimentado por el dólar barato.
X.
Once años después de que las clases
dominantes locales entregaran al
gobierno de Estados Unidos la función de arbitraje
que ya no podían sostener en sus manos, la fractura interburguesa no ha
hecho más que agravarse, haciendo imposible el ejercicio estable de la
capacidad arbitral por parte de cualquiera de las fracciones en disputa.
De esta manera, los
diferentes sectores del imperialismo ya no negocian u operan
con un gobierno hegemónico de las clases dominantes,
sino que lo hacen con las diferentes fracciones de la burguesía local,
las cuales a su vez, sólo buscan posicionarse como socios privilegiados
pero definitivamente subordinados a una fuerza exterior que es, de
hecho, el poder arbitral efectivo.
Las palabras de Paolo Rocca, cabeza del
grupo Techint (Facultad de Ciencias Económicas, junio de 2002): “En
Argentina el empresario exitoso era el que vendía. Hoy nuestra clase
está en extinción y ahora el riesgo de extranjerización es mayor. Cuando
ya hay un predominio claro de empresas extranjeras entre las más grandes
de Argentina”, son la expresión de impotencia de una anémica burguesía,
tributaria del capital imperialista.
Alcanza con ver la nula reacción de las
clases dominantes locales, cuando Rudigier Dornbusch –una marioneta del
imperialismo yanqui- formuló explícitamente la propuesta de que el país
sea gobernado por un equipo de técnicos extranjeros. Y su
implementación, cuatro meses después (julio de 2002), cuando el capital
financiero internacional designa una Comisión de Notables para
hacerse cargo de la conducción económica.
Una nueva frase del mismo personaje
(proveniente de un documento reservado, que publicara el diario Página
12 el domingo 7 de julio) incorporó un agravante más, que es parte de la
confrontación en curso: “las instituciones argentinas seguirán cayendo,
sin que pueda hablarse de ayuda externa hasta el retorno de algún
dictador militar”.
XI. El carácter parasitario del sector
más poderoso de la burguesía argentina, se pone de manifiesto al conocer
la magnitud de la masa de divisas que ha fugado y depositado en el
exterior: ¡Más de 130.000 millones de dólares!
La extrema gravedad de los efectos
económicos, sociales y políticos que la devastadora primacía
imperialista plantea, ha producido el quiebre de las estructuras
productivas y financieras; extraordinarios cambios de manos en la
propiedad de empresas de todos los sectores; centralización extrema de
capitales; y al vaivén de la pugna interimperialista, la constitución de
bloques de cada sector con fracciones del gran capital local.
En paralelo con la traslación de riquezas
(de trabajadores a capitalistas y, entre éstos, de capitales locales a
capitales imperialistas) producida sin crecimiento de la economía, está
en la base de la situación política en curso. Alcanza con exponer
algunas cifras para comprender el efecto devastador que cuatro años de
recesión continua, han teñido sobre el conjunto de la nación: la
economía se achicó un 10,1%; la caída de la inversión supera el 60%;
sólo en el primer trimestre del año 2002 el PBI se derrumbó 16,3%; la
producción industrial retrocedió el 15,8% y la construcción el 39,9%
durante los cinco primeros meses del año.
XII. La devaluación –que puso al desnudo
una enorme depreciación de capitales anterior a ella, y que se
corresponde con el derrumbe de la tasa de ganancia que provocaron, entre
otros elementos, cuatro años de recesión- hizo que en cinco meses
cuadrupliquen sus multimillonarias ganancias las 80 empresas que
concentran casi el 70% de las exportaciones, como Cargil, Dreyfus,
Repsol, Pérez Companc, Nidea, Aceitera Deheza o Techint. Quienes
enfrentan al gobierno para no pagar retenciones, al tiempo que especulan
con el valor del dólar y la inflación (ni más ni menos que una fabulosa
transferencia de recursos de los asalariados hacia estos grupos
económicos).
Un estudio realizado por el banco BBVA
–publicado en Clarín el 29 de junio- da cuenta de una inédita pérdida de
riqueza en el país de 66.300 millones de dólares (equivalente a más de
la mitad del PBI anual argentino, o a casi 4 años de exportaciones),
desde marzo de 2001.
XIII. Aproximadamente el
10,7 % de la población está afectada por la confiscación de depósitos.
Se estima en 66.000 millones de dólares el dinero que los bancos
incautaron a los ciudadanos, mientras que el conjunto del sistema
bancario dice disponer de sólo 12.000 millones de dólares en efectivo
(datos de mayo 2002), con lo que la devolución de los ahorros provocaría
el derrumbe del sistema financiero. Esto es funcional al capital
imperialista yanqui. Su presión logró derogar la Ley de Quiebras, ya que
obstaculizaba la posibilidad de apoderarse de las compañías endeudadas.
Entre las presas más codiciadas figuran empresas privatizadas
(telecomunicaciones, energía..) y los bancos, particularmente los
estatales (Nación, Provincia, etc), que concentran las hipotecas de 20
millones de hectáreas de los productores rurales –incluyendo las tierras
de la pampa húmeda-.
XIV. En Eslabón nª 37
(12 de julio de 2002, página 2) decíamos: “(...) El capital tienen todo
el terreno a su disposición. Mientras avanza –vía hiperinflación
descontrolada o superinflación controlada- en la reducción extrema de
salarios e ingresos fijos, disputa variantes tales como la supresión del
peso e imposición del dólar o permanencia del peso como moneda nacional
(en proporción 10 x 1) y las alternativas correspondientes de formas de
gobierno. Y en cualquier hipótesis prepara los mecanismos para afrontar
lo inevitable: la resistencia social”.
Para agregar luego
“(...) todo esto en el marco de un déficit fiscal resuelto a fuerza de
emisión de dinero: para todo el 2002 el compromiso era emitir 3.500
millones de pesos; pero desde el 11 de febrero a la fecha la expansión
monetaria fue de $ 6933 millones (a esto hay que sumarle la emisión de
bonos provinciales, o “cuasidinero”, en sumas desconocidas). Esta cifra
da una idea del descalabro del estado patronal y, sumado a la puja con
la banca internacional coloca al país en el umbral de la hiperinflación,
empujada además por quienes se muestran dispuestos a imponer el dólar
como moneda nacional”.
XV. Washington debe
lograr una victoria inapelable en Argentina. Su ofensiva arrincona a
las fracciones capitalistas locales. Limitada a la sucesión de
coaliciones gobernantes –Alianza; Cuhalde/Alfonsín; Duhalde/62
Organizaciones-; el desenlace de esta puja sería ineludible e inmediato.
Pero la inclusión de la lucha interimperialista y la gravitación directa
y muy potente del cuadro sudamericano –regido por Brasil y la influencia
directa del proceso venezolano-, pone límites a la que debía ser la
consumación total dela victoria estadounidense: con la imposición del
dólar como moneda, la concreción inmediata del ALCA y el ingreso
efectivo de Argentina al aparato militar que Estados Unidos pretende
articular para iniciar acciones en Colombia y proyectarse desde allí
hacia toda la región.
XVI. La crisis económica
es irresoluble para el capital por cualquier otro
método que no sea la profundización y extensión del
ataque a las condiciones de vida de las grandes mayorías. Los efectos de
esa crisis están provocando la reacción violenta de crecientes sectores
de la población. El control social no será posible mediante el régimen
democrático-burgués (mecanismo política que está colapsando en toda
América Latina) y deberán apelar a instrumentos nuevos, cuando no a la
violencia directa, que ya han empezado a forjar. Estará a la orden del
día la lucha por el poder político.
Las masas explotadas y
oprimidas deben plantarse ante la crisis con una propuesta propia para
toda la sociedad; con una conciencia de quienes son sus enemigos, y
sobre esa certeza construir instancias de unidad social y política que
se planteen consciente y explícitamente el objetivo de tomar el poder.
La cuestión ineludible es el convencimiento de que aún constituidas
estas instancias, la lucha por la supremacía política requiere de un
partido revolucionario marxista en condiciones de trazar una línea
estratégica, organizar y conducir el combate.
XVII. El estado de
parálisis y desagregación de las masas trabajadoras se
proyecta al conjunto de la sociedad con efectos
fulminantes. El incesante aumento de la delincuencia no es sino la
expresión de una lucha desesperada por el reparto de la renta nacional,
de los arrojados a la marginalidad que no encuentran canales
organizativos propios y reconocibles, sindicales o políticos.
Al otro extremo de la
clase trabajadora, el mismo impacto negativo hace
estragos entre universitarios, profesionales e
intelectuales, exacerbando el individualismo y la irracionalidad en
todos los planos. Esta combinación degrada hasta límites intolerables
las condiciones de convivencia cotidianas y hace extremadamente difícil
la afirmación de un accionar político basado en la conciencia, la
organización y la asunción de una estrategia común.
Frente Antiimperialista
I.
La subordinación al imperialismo ha
alcanzado niveles inéditos. Algunos
ejemplos son por demás ilustrativos: las pruebas
militares con marines, acentuadas en los últimos tres años y desplegadas
en distintos puntos de nuestro territorio, con el objetivo de convertir
al país en base de operaciones para digitar la represión a nivel
continental; las maniobras de comandos especializados de Estados Unidos
con efectivos militares locales ejercitadas en la primera semana de
junio, con la implementación de simulacros de rescate en distintos
puntos de la Capital, entre ellos en la embajada norteamericana, ante la
supuesta ocupación de un comando terrorista.
El enfrentamiento a tanta humillación y
genuflexión está en el centro de la lucha
política. Esta caracterización del III Congreso se
verifica hoy en la posibilidad de conformar un Bloque Antiimperialista
con un programa capaz de contener a un amplio arco político y social.
La lucha contra la guerra en cualquier
rincón del planeta es una bandera común para una gran confluencia de
rechazo a la política del capital financiero. Una política
revolucionaria que no para de esta caracterización estará condenada al
fracaso. A dos años entre el III y este IV Congreso, vemos ya elementos
que tienden a la concreción de un Frente Antiimperialista como acción
política de masas.
II.
En coincidencia de nuestros debates
del Congreso anterior, en una situación
donde el proletariado carece de organizaciones de
masas que lo contengan, el llamado a una convergencia antiimperialista
plantea además una batalla inclaudicable contra el arraigo del
policlasismo en las masas y grandes sectores del activismo, como así
también contra el sectarismo, lo que equivale a impulsar y todas las
formas que tiendan a la organización política independiente de las
masas. En el cuadro de gravedad extrema y el repliqgue de la clase
obrera se plantea para la UMS tomar decisiones en las que juega su
existencia misma como organización en este tránsito entre su ubicación
como grupo de propaganda y organización que se lanza al ruedo de la
intervención política. Con los riesgos que plantea las situaciones
límites a que ha llegado la realidad nacional y la relación entre las
clases. (Ver Tareas centrales de la etapa).
III.
El Frente Antiimperialista tendrá
proyección histórica en la lucha
anticapitalista y a escala latinoamericana. Los actos
realizados el 12 y 26 de abril sobre la Revolución en Venezuela, la
fundación del Movimiento de Solidaridad Bolivariana se inscriben en esta
perspectiva.
La confrontación con el
imperialismo, expresada a veces en el despertar de un
sentimiento nacionalista confuso, ha puesto en
deliberación colectiva cuestiones como la deuda externa, la sumisión del
país, el saqueo de todas las riquezas, el papel del FMI. Con todas sus
contradicciones es un cambio cualitativo en el conjunto social que lo
torna permeable a la discusión política e ideológica, la sociedad
aparece permeable a la recepción de otras ideas.
Táctica electoral
De acuerdo a la
caracterización de la etapa y la superación del voto Protesta
como propuesta al conjunto de la población para el
período en curso, vemos la necesidad de impulsar un Bloque
Antiimperialista que en el cuadro de crisis extrema sea un marco de
unidad social y política para los trabajadores y el conjunto del pueblo.
Con algunas ideas centrales como base:
# Ni un peso para el
pago de la deuda externa mientras haya un solo desocupado
# Recuperación de las
empresas privatizadas
# Por la defensa de la
soberanía y la independencia. Contra el ALCA, el Plan Colombia, al
golpismo y por la unidad latinoamericana.
# Trabajo para todos:
reparto de las horas de trabajo sin disminución salarial. Indexación de
los salarios equivalente al costo de la canasta familiar. Reforma
agraria y reparto de tierras a todos los desocupados
# Cárcel y castigo a los
genocidas de ayer y de hoy
Organización Política de los trabajadores
I.. El retroceso
histórico del proletariado argentino se manifiesta hoy en su
imposibilidad de ser el eje político organizativo de las grandes masas
porque no ha podido constituirse como clase.
II.
La irrupción del hambre y la
desesperación del 19 y 20 de diciembre
abrieron una nueva etapa política para el país.
En 72 horas, las masas y
juventudes del país, descubrieron el rostro de la democracia
capitalista: muertos, heridos, estado de sitio, brutalidad policial,
todo dentro de la institucionalidad burguesa. Fue la materialización en
la calle y en actitud de pelea del Voto Protesta del 14 de octubre de
2002, con el repudio a los partidos tradicionales, pero también con la
tajante imposibilidad de que las organizaciones de izquierda y los
aparatos sindicales pudieran dirigir la irrupción de masas.
III.
La explosión insurreccional de las
masas marginalizadas del gran Buenos
Aires y algunos puntos del interior, la continuaron
en otra escala y con otro contenido las clases medias urbanas. Hasta el
momento la pequeña burguesía y las grandes mayorías de la población han
reaccionado con una determinación democrática y antirepresiva. En este
momento no hay apertura para una línea de neto corte fascista. Una
situación que puede virar frente a la magnitud de la debacle social. De
ahí que sea una tarea fundamental la convergencia unitaria más amplia en
torno a la defensa de la soberanía, la independencia, la vigencia de las
libertades civiles y democráticas.
El rasgo más notorio de
esas jornadas fue la ausencia absoluta del movimiento obrero y
especialmente del proletariado industrial en todo el transcurso de las
movilizaciones.
Así también contra las
visiones que agitan la noción de que los cacerolazos tiraron dos
gobiernos, y sin negar de modo alguno la gravitación del estallido
social, la realidad es que operaron desde el martes 18 de diciembre el
gobierno y el aparato peronista de la provincia de Buenos Aires, a
quienes se sumaron grupos de ultraderecha con la participación por
acción y omisión de la policía bonaerense. Un cuadro que hemos
denominado en nuestros materiales como un ensayo fascista para un futuro
cercano.
IV.
La contundencia con la que fue
asumida la expresión “Que se vayan todos,
que no quede ni uno solo” muestra que la profundidad
de la crisis reveló ante millones la responsabilidad de la dirigencia
política, aunque aún no puedan identificar a esas figuras por su
condición de clase: la burguesía, sino a través de sectores: la
dirigencia política, los banqueros y de manera creciente al FMI (sin
incorporarlo siempre al concepto de imperialismo).
V.
El hecho de que no hayan sido los
trabajadores quienes orientaron
políticamente las jornadas del 19 y 20 de diciembre
muestra también las dificultades y límites de ese movimiento. Los miles
de asalariados que participaron lo hicieron sin identidad de clase,
diluidos en pueblo, confundidos entre los pobres y marginados del gran
Buenos Aires, o arrastrados por las capas medias urbanas. El hecho
decisivo de la rebelión más importante de las últimas décadas, por parte
de quienes se lanzaron masivamente a la calle, de otras bases para
reorganizar el país.
El fenómeno de las Asambleas Populares
I.
Las Asambleas han sido el hecho más
relevante de la coyuntura. El
dato nuevo es que la noción y criterios de
construcción de una fuerza de masas, de una herramienta política de los
trabajadores y el pueblo, está instalada en amplios sectores de la
población. Las Asambleas presentan un doble carácter. Por una parte son
una fuerza social en movimiento, capaz de influir en la conciencia de
los individuos, que participan o se relacionan con ellas.
Desde otro punto de
vista conforman una estructura orgánica incipiente aptas para encauzar
los distintos reclamos de la población y transformarse en una
herramienta que los canaliza. De acuerdo a datos de encuesta realizados
a fines de marzo de 2002, existían 273 Asambleas barriales con reuniones
regulares. El 41% en Capital (112), en Buenos Aires el 39% del total, en
Santa Fe el 14% (37), Córdoba el 4% (11), en Entre Ríos y Río Negro el
1% (2 en cada caso). Inicialmente de las 112 de Capital, los barrios de
clase media y alta fueron las que concentraron el mayor número. (Ver
texto Aporte Asambleas Populares)
II.
Ellas conforman un punto inicial de
unidad social y al mismo tiempo son un
ámbito de denuncia de los abusos del poder del Estado
y el intento de arrancar soluciones inmediatas para resolver las
situaciones más desesperadas de los sectores más marginados por el
sistema. No se plantean ser organismos de gestión comunitaria ligados al
aparato del Estado, por el contrario en su amplia mayoría toman como
plataforma la consigna: “Que se vayan todos”, la democracia directa y la
autonomía de la institucionalidad y los partidos.
III.
Una de las características
esenciales de las Asambleas es la interrelación que se produce entre los
distintos sectores, trabajadores ocupados y desocupados, pequeños
comerciantes, pequeños productores agrícolas, estudiantes,
cuentapropistas entre otros.
La tendencia de las Asambleas es a la conformación de
coordinaciones de barrios tanto para proponer acciones unitarias (en
torno al hambre, las tarifas, contra la represión, actividades
culturales) como para la discusión política. Los temas centrales en
discusión son: la situación nacional; qué son las Asambleas y hacia
dónde van; cómo construir territorialmente en cada barrio.
IV. En las Asambleas
confluyeron desde el primer momento compañeros y compañeras con
militancia partidaria actual, activistas con militancia de los 70 o en
el pasado reciente (con particular fobia a los partidos de izquierda),
el ARI,, Frenapo, CTA, y otros sin ninguna experiencia política
previa, en un arco ideológico que va desde el ultraizquiedismo, el
antipartido (que en ocasiones llega al macartismo) y una diversidad
contradictoria ante el posicionamiento frente al Estado y sus
instituciones,
desde un genuino rechazo al aparateo partidario hasta
una negación de la necesidad de la organización política.
Las posturas de horizontalidad absoluta y
la negación a delegar en representantes, trabó en muchos casos el
desarrollo político de las Asambleas. Esta tendencia se ha superado en
gran medida y desde fines de febrero de 2002, funcionan en prácticamente
todas comisiones para agilizar el trabajo como Salud, Trabajo,
Desocupación, Educación, Prensa, Enlaces. La conducta de los partidos de
izquierda tradicionales ha promovido el quiebre, la parálisis y la
fractura de Asambleas. Bajo estas consecuencias destructivas subyace una
concepción de la intervención en el movimiento de masas ajena a la tarea
de contribuir a la conciencia, educación y organización política de la
clase obrera y sectores populares. Por el contrario el movimiento de
masas actúa como base de reclutamiento para las necesidades del aparato.
La concepción se corresponde con la práctica de maniobra, la
manipulación, el intento de imponer programas, el oportunismo, lo cual
culmina en la enajenación de la supuesta vanguardia del conjunto.
Nuestra Tarea
V. La UMS debe participar e impulsar
estas Asambleas con una línea que tienda al avance organizativo en su
perspectiva local, regional y nacional. De igual modo propiciando la
unidad social a partir de la articulación en cada barrio, el debate
democrático, y la afirmación de principios unitarios en una posición
antiimperialista y hacia un debate anticapitalista.
Recomposición de fuerzas Marxistas
I.
La línea estratégica de la
organización desde su fundación en 1994 como
destacamento ha sido la búsqueda de confluencia hacia
la recomposición de fuerzas y por la fundación del Partido de los
Comunistas. En nuestro III Congreso Ordinario votamos el cambio del
Estatuto para contener como transición, a otras corrientes, luego de los
intentos del I y II Encuentro de los Comunistas y de la experiencia
realizada con algunos agrupamientos. En el Comité Central realizado el
13 de abril analizamos que no había bases sólidas que permitieran dar
continuidad a ese desarrollo y entendimos que la UMS sería en sí misma
base de recomposición en esta etapa.
II.
El CC votó entonces “Ratificar como
correcto y válido el criterio general
de construcción política asumido oportunamente por la
UMS, en aras de la recomposición de fuerzas marxistas (...). “Reafirmar
frente a nuestros militantes y las fuerzas marxistas en general, el
concepto teórico reiteradamente expresado en nuestras publicaciones, que
el avance hacia la unidad de los comunistas se consolida desde lo
teórico, programático y conceptual hacia lo práctico, y no a la inversa
(...). “La UMS no puede inventar Mesas de Enlace por un nuevo encuentro
de los Comunistas, cuando no existen fuerzas militantes reales que se
decidan por ese camino, ni encubrir bajo ese nombre acuerdos bilaterales
con otros grupos marxistas, porque sería desvirtuar en la práctica, lo
que venimos sosteniendo desde nuestro Congreso Fundacional (...). “Este
CC ratifica que será tarea primordial de la UMS atender al surgimiento
de equipos militantes marxistas que estén dispuestos a dar pasos
concretos en el sentido estratégico, para vincularse a los mismos.
(...).”
El movimiento estudiantil como factor relevante
Una respuesta unificada y organizada de parte de los
estudiantes puede generar un cambio notorio en la correlación de fuerzas
actual, frente a un escenario de conflicto cada vez más grave.
I.
El previsible agravamiento de la
crisis estructural del país en un corto
plazo hace difícil imaginar un escenario de alta
conflictividad social sin la presencia protagónica del movimiento
estudiantil. Si bien de forma inorgánica y dispersa, esa participación
activa de estudiantes y jóvenes resultó un elemento destacable en el
marco de la reacción popular del 20 de diciembre pasado, donde sin
embargo se hicieron más evidentes que nunca precisamente aquellas
carencias que hacen del sector estudiantil un espacio todavía en
definición.
II.
En cuanto al ámbito universitario,
queda claro que después de casi dos
décadas de la imposición del proyecto reformista en
los claustros, esa misma matriz ideológica se encuentra hoy frente a una
descomposición violenta pese a que parte de su poderío continúa intacto.
El proyecto reformista en la Universidad
estuvo representado desde 1983 por Franja Morada, el brazo estudiantil
de la UCR, pero también por una serie de dirigentes que consiguieron
establecerse en la Universidad y desarrollar a medias una serie de
reformas que aparecían opuestas en un principio al modelo privatizador
que llegaba desde diversos organismos internacionales con políticas
educativas. Sin embargo, ese dominio abrumador se terminó. Después de
conducir durante décadas casi todos los centros de estudiantes del país,
hoy Franja Morada se encuentra ante una caída electoral inédita en su
historia: si cuando Fernando de la Rúa asumía el gobierno en 1999 Franja
conducía a nueve de los trece centros de estudiantes de la UBA, dos años
después y con el epílogo patético del gobierno radical, la misma
agrupación apenas había conseguido conservar su liderazgo en cuatro de
ellos. Esa sucesión de derrotas, si bien influenciada por la pésima
imagen del gobierno nacional y diversas denuncias de corrupción en el
manejo de planes sociales, se debe principalmente al degeneramiento que
afectó a Franja Morada en los últimos años. De representar una de las
estructuras ideológicas más fuertes y organizadas del reformismo
argentino, se transformó con el tiempo en un aparato casi comercial,
basado exclusivamente en el clientelismo político y en la necesidad de
lucrar como motivación militante.
III. La decadencia de Franja Morada
permitió que en varias facultades se abrieran caminos a nuevas
agrupaciones, independientes o de izquierda, cuya heterogénea formación
y ausencia de bases ideológicas sólidas impiden todavía erigirse como
alternativa real frente al poderío radical, que todavía continúa dando
pruebas de su influencia. Si bien Franja Morada fue derrotada en el
último Congreso de la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA) a
manos de un frente común de diversas agrupaciones partidarias de
izquierda y no partidarias; durante el último Congreso Ordinario de la
Federación Universitaria Argentina (FUA), la agrupación radical mantuvo
la conducción del organismo por su importante peso a nivel nacional.
Como es lógico suponer, el
derrumbe electoral de Franja desató en el interior del aparato numerosas
críticas y algunos llamados a dar la batalla por la hegemonía en el seno
de la misma UCR, aunque ese proceso autocrítico (en el cual no puede
verse aún en qué sentido avanza y cómo concluirá) todavía no ha generado
un cambio de ningún tipo en la política general de Franja en la
Universidad ni tampoco se ha manifestado cuestionamiento alguno a la
estructura comercial y burocrática que sigue usufructuando la agrupación
en varias facultades del país. El debate obligado dentro de Franja
Morada tendría que limitarse entonces a definir una perspectiva política
que redefina la agrupación y que supere su identidad como aparato
comercial y clientelístico.
IV. A pesar de la parábola
descendente de Franja Morada en la Universidad, tampoco han surgido
todavía propuestas opositoras de unidad, más allá de la coyuntura
electoral, para enfrentar el convulsionado escenario social argentino de
estos días. Esa ausencia de un eje organizativo se hizo notorio en los
acontecimientos de diciembre pasado. Podría decirse incluso que, pese a
las caídas electorales, el pensamiento reformista sigue hegemonizando la
perspectiva mayoritaria en la Universidad. Un ejemplo de esto último es
la elección del nuevo rector de la UBA para reemplazar a Oscar
Shuberoff, quien se mantuvo en ese cargo durante 16 años y se aleja en
medio de varias denuncias por corrupción y manejos turbios. A la hora de
barajar los candidatos al puesto de rector, si bien todos coinciden en
la crítica hacia la gestión anterior, ninguno marca una distancia con
respecto al proyecto que desarrolló Shuberoff en la UBA. Muy por el
contrario, se preocupan por ratificarlo.
V. La contradicción
entonces, es inminente. Aunque el reformismo haya mantenido una posición
defensiva parcial ante principios como la educación gratuita y pública,
y el ingreso irrestricto; la ofensiva privatizadora de organismos como
el Banco Mundial y la UNESCO sobre la Universidad argentina será más
intensiva en los próximos meses. Frente a la incapacidad manifiesta del
reformismo para detener el proceso neoliberal, será tiempo para generar
desde las bases del movimiento estudiantil no contaminado por la
burocracia y la corrupción una alternativa real de cambio que enfrente
al proyecto de Universidad del Banco Mundial con otro generado desde los
estudiantes organizados.
Pero esa disputa no puede
nunca concentrarse en lo meramente electoral, donde el aparato radical
aún mantiene (y es presumible que seguirá haciéndolo durante un plazo
más amplio) su dominio político. De la confluencia del movimiento
estudiantil con otros sectores castigados de la sociedad depende en
buena parte el futuro de los embriones organizativos que ya pueden
vislumbrarse en algunas asambleas barriales, por ejemplo. En esas
expresiones asamblearias también los estudiantes son partícipes comunes,
pero siempre desde la dispersión.
VI. Los caminos para
generar tal confluencia pueden ser variados, pero su necesidad y su
urgencia son elementos indiscutibles en este contexto. El movimiento
estudiantil se enfrenta hoy ante un desafío clave: sumarse con un papel
protagónico a la lucha desde una perspectiva que supere lo meramente
corporativo (es decir, la defensa de las reivindicaciones educativas), o
correr el riesgo de esperar de forma pasiva que los designios de los
representantes del sistema arrasan con la universidad y sus derechos,
para luego reaccionar cuando seguramente ya sea demasiado tarde.
De parte de las agrupaciones de
izquierda o independientes, el compromiso es aún mayor. En primer lugar,
habrá que preocuparse seriamente por no repetir la fórmula estructural
de aparato que parece regir la vida política universitaria, relegando la
disputa electoral y el internismo al plano que le corresponde y poniendo
énfasis en la construcción de una fuerza que supere la propia y que se
transforme en parte de un movimiento general, unificado y organizado, en
condiciones de elaborar un proyecto propio e independiente de
universidad y capaz de aparecer en el escenario nacional como un sector
protagónico en medio de la crisis. Además, resulta imprescindible hoy
desarrollar un trabajo político común con otros sectores, como
agrupamientos de trabajadores ocupados y desocupados, o vecinales.
Frente a un país devastado
y a millones de personas que han perdido la confianza en la
representatividad política, depende en gran parte del movimiento
estudiantil transformar tantas voluntades dispersas en una fuerza
unificada, donde puedan expresarse las diferencias ideológicas de todo
tipo entre cada agrupamiento, pero donde también resulten comunes las
respuestas a adoptar frente a un conflicto que crece con las horas.
Perspectivas del Movimiento
Feminista y de Mujeres
I. El
Movimiento de Mujeres no es hoy detonante o punto de confluencia de
movilización de la sociedad, aún cuando el protagonismo femenino ha
continuado en los movimientos piqueteros y en una participación masiva
en la rebelión popular de diciembre y las Asambleas Populares. El sector
definido como feminista dentro de este Movimiento ha intentado
fortalecerse con una presencia visible en Encuentros, actos y
movilizaciones y ha estado atravesado por los debates teóricos y
políticos que cruzan a los movimientos sociales y revolucionarios de
América Latina.
II. A partir
del VII Encuentro Feminista Latinoamericano y Caribeño realizado en
Chile en 1996, caracterizamos las principales tendencias subyacentes: la
crisis y declinación (sin que haya sido aún superado) del ideario que
aparecía como imbatible en los 80, ligado a la profundización
democrática, vigencia de la equidad de género y derechos humanos y la
discusión en torno a la relación con el Estado y sus instituciones y la
generación de recursos. Producto de estas controversias surgieron el
grupo de las llamadas Autónomas y las feministas institucionalizadas.
Las primeras cuestionan el financiamiento externo y la cooptación
estatal). Las segundas han sido usuarias de subsidios para la
investigación y la acción en el Movimiento de Mujeres.
Las ONG´s y su papel
funcional a la despolitización, son un claro exponente de este fenómeno.
En síntesis, las líneas se
bifurcan entre la lucha contra el capitalismo y el patriarcado hasta la
conciliación de clases e integración en la gobernabilidad del sistema.
Sin embargo, la debilidad de la línea confrontativa está en la
permanencia de la visión antipartido, la crítica a las organizaciones de
izquierda en general, (incluidas aquellas que se definen como
marxistas). La vitalidad contestataria se diluye entonces en el atraso y
el eclecticismo, como si las bases de la transformación pasaran por una
suerte de afirmación ética e idealismo utópico.
III. Esta situación quedó
plasmada en el VII Encuentro de Mujeres Feministas de Argentina
realizado en Santa Fe entre el 15 y el 17 de junio de este año, con la
presencia de más de 130 mujeres provenientes de Capital, La Plata, Santa
Fe y Córdoba.
Los signos de degradación
teórica y debilidad práctica, se corresponden con el agravamiento de la
crisis. Así es como han sido factores determinantes el desmantelamiento
de estructuras estatales que eran proveedoras de subsidios a una
cantidad significativa de grupos de mujeres. Ese espacio, que aparecía
legitimado para peticionar, viable para encarar proyectos y programas
progresistas se clausuró y con él un sector del feminismo que
encontraba allí su soporte al carecer de base social genuina donde
apoyarse.
IV.Otro arco está
conformado por quienes se lanzaron a la carrera de los
cargos desde la secuencia
Frente Grande-Frepaso-Alianza y luego del fracaso se realinean en la
actualidad con el ARI. Tanto en aquella ocasión como ahora, ajustan las
banderas a los límites que los aparatos partidarios pueden tolerar. Como
ocurriera con las aliancistas cuando bajaron las banderas de la
legalización del aborto, y lo reemplazaran por procreación responsable y
derechos reproductivos. Un hecho que quebrara un punto de unidad
histórico del Movimiento Feminista y de Mujeres: anticonceptivos para no
abortar, aborto legal para no morir.
V. El denominado socialismo
Libertario constituye otra vertiente, que tiene como ámbito central de
participación las Asambleas. Con un acendrado antimarxismo, contra toda
estructuración, la ausencia de columna teórica las ha llevado a posturas
siniestras, como por ejemplo frente al proceso venezolano (ven a las
masas atrapadas entre el imperialismo y el militarismo). El
desencuentro, aún vigente, de los/as jóvenes con la teoría de la
revolución y la construcción del partido, ha llevado a que un
considerable número de nuevas militantes que han tomado con vigor el
problema de género, lo haya hecho desde el atractivo aparente de la
horizontalidad anarquista.
La expresión más
desarrollada de esta línea está dada por Mujeres Creando de Bolivia con
su planteo e implementación de la Comunidad Feminista: con la propuesta
de construir una usina desde donde desarrollar prácticas
antipatriarcado; aislarse para generar otros relacionamientos y a partir
de allí salir al combate. Fenómenos que retrotraen a los falansterios
anarquistas del siglo XIX, a las experiencias del socialismo utópico que
buscaban conformar islas en el marco del capitalismo. El análisis de
Federico Engels reveló el carácter profundamente reaccionario de estas
visiones, incapaces de comprender el desarrollo histórico del
capitalismo y en consecuencia su impotencia para combatirlo.
Un sector del Feminismo
comenzó a proponer, con mayor fuerza en los últimos tres años, que la
etapa de las reuniones específicas de mujeres está cerrada y en
consecuencia deben encararse ámbitos mixtos.
VI. El Movimiento Feminista
no atraviesa un momento de pujanza, por el contrario de declinación. No
está a la altura de la participación de las mujeres, porque no ha
asumido una línea de construcción social y política de masas en
convergencia con otros sectores. Estas limitaciones se expresan hacia el
conjunto del Movimiento de Mujeres.
Líneas de intervención
VII. La participación de la UMS ha sido
intensa, tanto en el debate, elaboración de contenidos como en la acción
práctica. Nuestra labor ha tomado como puntos nodales: a) contribuir a
la más amplia confluencia sobre bases antiimperialistas, en un espacio
donde las discusiones sobre globalización-mundialización;
imperialismo-imperio están en el centro de las polémicas. b) la defensa
del marxismo ante la devaluación ideológica; c) encauzar el movimiento
hacia la unidad social y política frente a la fractura y la dispersión;
d) una batalla inclaudicable contra el sectarismo y el aparatismo
disfrazado de democracia y horizontalidad.
El feminismo,
de persistir en esta perspectiva carece de futuro, se consume en sí
mismo. Si bien consideramos válidas e imprescindibles las instancias
propias para el debate y el avance de la conciencia de las mujeres, lo
que sí ha quedado colapsado son los grupos articulados sólo en función
de la propia discriminación. La debacle se aceleró con la pérdida de
los financiamientos que sostenían tanto la producción teórica como el
trabajo en los barrios. Las luchas de las mujeres deben encararse desde
una estrategia política de organización de masas y desde la afirmación
teórica de la inescindible unidad del enfrentamiento al patriarcado y la
confrontación al capital.
Tareas centrales de la UMS en la presente etapa
El adelanto de los comicios es un
instrumento más de la ofensiva del capital
Con o sin elecciones la tarea es
cerrar filas en un frente antiimperialista y edificar una herramienta
política de masas
La renovada embestida destinada a transformarnos
directamente en colonia estadounidense (e incluso fracturar el
territorio de la nación) plantea a la militancia social y política un
desafío histórico. Con la aceleración de la ofensiva imperialista y la
debacle total de los partidos del capital se presenta como nunca la
oportunidad de que las masas explotadas y oprimidas, aunadas con el
conjunto de la población afectada por la crisis, den un salto político y
produzcan un cambio decisivo en la historia argentina. Es dudoso que el
nuevo cronograma electoral pueda cumplirse. Pero con o sin elecciones,
está planteada la urgente tarea de unificar a más de 30 millones de
habitantes tras un programa antiimperialista y poner en pie ya mismo una
herramienta política de masas.
El
adelanto de la fecha de elecciones es ante todo el fracaso del intento
Alfonsín-Duhalde, tras los manotazos que en diciembre mostraron las
hondas fracturas del capital. Y es también un desafío político de vida o
muerte al movimiento de masas en desarrollo que se expresó en octubre de
2001 con la suma de votos protesta, en blanco, abstenciones y de
izquierdas; tomó cuerpo en diciembre con la sublevación de los días 19 y
20 y se extendió a todo el país mediante la forma de Asambleas.
En el fracaso
del gobierno PJ-UCR Estados Unidos jugó el papel decisivo. La protesta
social gravitó por su fuerza potencial y fue utilizada como fantasma y
palanca en contra de sus propios intereses inmediatos y de largo plazo.
La masacre del 26 de junio fue provocada con el doble objetivo de
sofocar la dinámica de masas en curso y terminar de acorralar al
gobierno. Estados Unidos interviene ya no sólo en las decisiones de
política general, sino en los movimientos día a día y en el manejo de
los servicios de espionaje y represión del Estado. Por eso el período
abierto con el llamado a elecciones, haya o no comicios en marzo o en
cualquier otra fecha, lejos de ser una reafirmación de la democracia
burguesa, es todo lo contrario: un instrumento de embestida en todos los
planos contra las masas, contra el país y contra América Latina.
No hay
manera de confundir la coyuntura: el país afronta una nueva fase
ofensiva del capital imperialista. Las imposiciones del Fondo Monetario
Internacional incluyen un conjunto de medidas (ver página x) que en caso
de aplicarse darían como resultado un retroceso de dimensiones
catastróficas para Argentina. Si no fuera posible frenar esta embestida
se consumaría una estrategia desde hace tiempo desplegada por el
imperialismo y el gran capital local. Argentina se vería arrastrada a
límites de empobrecimiento, degradación social, entrega,
superexplotación, violencia y marginalización, difíciles de imaginar
incluso a partir del siniestro panorama actual.
Hay bases para una alternativa de
masas
No hay
en estas afirmaciones un gramo de pesimismo. Porque precisamente la
dolorosa experiencia de los últimos años ha alistado las condiciones
requeridas para que las masas explotadas y oprimidas rompan con las
cadenas que las desviaron primero y las paralizaron luego. Y la gravedad
de la hora plantea la posibilidad de que las fuerzas potenciales se
transformen en realidad social y política, den lugar a un salto
cualitativo en conciencia y organización de millones de trabajadores,
jóvenes, estudiantes, profesionales y capas medias, lo cual a su vez
significaría un vuelco completo en la situación y las perspectivas del
país.
No estamos
hablando sobre hipótesis, ni proponiendo un acuerdo de siglas: se trata
de dar cuerpo y continuidad a una línea de masas que irrumpió
políticamente en octubre de 2001 con una bofetada a los partidos
patronales (el voto protesta obtuvo el xx% el voto en blanco xx%, la
abstención por sobre la media el xx% y las izquierdas el XX%), luego en
diciembre produjo la sublevación en el Gran Buenos Aires y la Capital
Federal, y a partir de allí tomó la forma de Asambleas, se extendió a
todo el país y viene expresándose de manera multiforme.
Hagamos un
paréntesis para recordar que esta realidad se prolonga además con una
radicalización generalizada en toda la región: en Perú y Paraguay
movilizaciones masivas frenaron proyectos de privatizaciones; el PT en
Brasil lidera las encuestas pre electorales; en Bolivia un candidato
campesino y socialista apoyado por la COB prácticamente ganó las
presidenciales; y toda Sudamérica está impregnada por el espectacular
fracaso del golpe imperialista contra el presidente Chávez en Venezuela.
Pero
volvamos al punto: todo esto concluye en la certeza de que objetivamente
está abierta la oportunidad histórica para que nueve de cada diez
habitantes debatan y resuelvan qué país quieren y se organicen para
alcanzar esa esperanza. Si esa posibilidad se concreta, si las
potencialidades actuales dan cuerpo a una fuerza que unifique a millones
de víctimas de la crisis, es posible luchar y vencer. De lo contrario,
el enemigo golpeará con dureza creciente sobre las numerosas partes
aisladas de la vanguardia social y avanzará a sangre y fuego tras sus
objetivos.
Vale subrayar
una vez más en estas páginas que la política del gran capital está
exigida por una crisis sin salida del sistema a escala internacional,
razón por la cual para ellos, no hay opciones. Es pueril pedir
“profundización de la democracia”, sin partir de esta realidad. Vale
insistir también en que Argentina es hoy una pieza fundamental para
Estados Unidos en su intento de anexar a América Latina a través del
ALCA y el Plan Colombia. De modo que la responsabilidad de la militancia
en general, y en particular de los revolucionarios marxistas, se
multiplica.
¿En que punto
del camino estamos?
Es ante esa
responsabilidad que se tensan las cuerdas y cada organización que se
proclama revolucionaria muestra sobre qué cimientos está apoyada. El
carácter extraordinariamente contradictorio y desigual de la situación
argentina requiere el análisis a partir de las herramientas científicas
que han forjado los revolucionarios a lo largo de dos siglos de lucha de
clases contra el capitalismo.
Pese a la demagogia, el
electoralismo y el agitativismo reinantes en buena parte de las filas
revolucionarias, no hay margen para la confusión: las masas no están a
la ofensiva. Las numerosas y a menudo heroicas luchas de nuestra clase y
nuestro pueblo están hoy limitadas a vanguardias con mayor o menor
amplitud pero sin conexión política y orgánica con el conjunto social.
Peor aún: la clase obrera no ha subido todavía al escenario de la lucha
social y política. Venimos subrayando esto ante cada explosión que
sacude al país y desvía la mirada respecto de este dato crucial.
Quienes
interpretan que vivimos una situación revolucionaria están más que
errados. No hay situación revolucionaria (o, si se quiere,
prerrevolucionaria) sin la movilización masiva de la clase obrera. El
proletariado con ocupación y papel efectivo en la producción -única
fuerza real para un cambio revolucionario socialista- ha estado y
continúa estando al margen de la lucha social. Y las excepciones de esta
regla vigente desde 1991 no lograron en ningún caso romper el
aislamiento y cambiar la dinámica. Por eso el capital ha podido saquear
al país y someter al conjunto de la población al estado actual.
La parálisis, la omisión
de la clase obrera, se transformará gradualmente en protesta activa. Ese
cambio puede plasmar en una estrategia propia, contrapuesta a los
partidos del capital. Pero no es serio dar por hecho lo que justamente
es un objetivo a alcanzar. No es serio desconocer que la evolución
positiva de los trabajadores y sus aliados no es la única perspectiva
planteada como posibilidad objetiva. No es serio -y no es
revolucionario, mucho menos marxista- desconocer los rasgos dominantes
de la realidad política y suponer que estos se transformarán
positivamente al margen de la intervención consciente y enérgica de una
estrategia basada en los intereses históricos de los trabajadores.
Por su
parte el sector desocupado de la clase trabajadora está muy lejos de
constituir una fuerza social con un mínimo de homogeneidad; no tiene ni
puede tener por sí mismo una perspectiva política propia. Para colmo, su
parte activa (ínfima en relación con los cuatro millones de
desempleados) ha sido irresponsablemente fraccionada por organizaciones
y dirigencias que no quieren o no pueden comprender el valor de la
unidad social de las masas explotadas y oprimidas.
Como no
podía ser de otro modo en este cuadro general, la juventud está
profundamente fragmentada y, excepto en sectores de desocupados cuyo
activismo anuncia el formidable potencial que encierran, no se suma
masivamente a la movilización.
El movimiento
estudiantil universitario, sencillamente ha desaparecido del escenario
político. Volverá, por cierto, a ocupar su lugar. Pero, otra vez, quien
da por hecho lo que sólo es una posibilidad, no merece llamarse
dirigente político.
No será posible darle
batalla efectiva al imperialismo y sus socios locales sin resolver esa
fractura social que confunde y paraliza a millones. Y para esto la
condición primera es tener una bandera común. Sin ella, seremos víctimas
de la brutal ofensiva capitalista en curso.
Elecciones e iniciativa política
Es en este cuadro general y
particular que el imperialismo y sus peones locales apelan al adelanto
de las elecciones. Es un esfuerzo por impedir la dinámica de
concientización y organización de masas instalada en la sociedad desde
octubre último. Se trata de una trampa porque el cambio de presidente y
vice equivale exactamente a nada. Pero, ante todo, porque pretende
colocar el gran debate hoy dominante en la sociedad tras el objetivo
falaz y manipulado de un cambio de figuras, en el cual predominan los
grandes aparatos comandados por los medios de difusión bajo control de
la burguesía y el imperialismo. A propósito, hay que subrayar además que
en Argentina, como viene ocurriendo en otros países de América Latina, a
falta de partidos el papel de conducción ya lo han tomado los medios de
prensa.
No se
trata de desarrollar aquí las razones por las cuales la economía bajo
mando de los partidos de las clases dominantes sólo puede volver a
ponerse en marcha aumentando la entrega, la superexplotación y la
marginalización. Se trata de dar una respuesta efectiva a esa certeza.
Frente
a esta realidad, no es posible responder con subterfugios. En la medida
en que el capital cuenta con la iniciativa política, se la impone a los
trabajadores y el conjunto social. Fue nuestra organización, en absoluta
soledad, la que en 1997 comprendió la dinámica fundamental en la
conciencia de las masas por debajo de la superficie y para operar sobre
ella forjó y llevó adelante la noción de Voto Protesta. En las
elecciones de octubre pasado, ésa fue la fuerza social (subrayémoslo:
social, no política), que ganó el día del comicio.
Lo
dijimos entonces y hay que repetirlo ahora: levantamos el Voto
Protesta porque no lográbamos dar cuerpo a una herramienta política
de masas. Y porque las fórmulas de izquierda, en lugar de encauzar y
fortalecer el proceso de ruptura de masas con los partidos del capital,
fragmentaban a los movimentos sociales y completaban el desarme de la
clase obrera.
Hoy,
con la misma lógica que llevó a la UMS –desde su nunca negada condición
de simple y limitado destacamento comunista- a presentar ante la
sociedad una propuesta que interpretaba su línea fundamental de
evolución ideológica y política, enfatiza la necesidad de dar el
necesario paso siguiente: transformar la fuerza negativa en un poderoso
haz de fuerzas con una propuesta común: unir el Voto Protesta, la
abstención consciente, el voto en blanco y el voto por las izquierdas,
en una expresión político común, de masas, plural, democrática, con
definida posición antiimperialista.
Existen, no nos caben dudas, las fuerzas humanas, lo cuadros, equipos,
organizaciones y movimientos, para darle cuerpo a esta propuesta. Y en
ese objetivo inmediato la UMS pondrá todas sus fuerzas. Y con la misma
resolución con que se lanza a esta tarea táctica de alcances
estratégicos, nuestra organización reitera que si no se halla una vía de
unidad social y política de las grandes masas, la alternativa no es
votar una sigla o un nombre “de izquierda” para sacarse el gusto el día
de la elección. Pondremos nuestro máximo empeño en enfrentar la ofensiva
ya en curso en todos los planos y también en el electoral, con la
propuesta enarbolada por la UMS desde su Congreso Fundacional: plasmar
la unidad social y política de la clase obrera, las juventudes y el
conjunto de los sectores explotados y oprimidos de la sociedad. Pero si
ese objetivo no se alcanza (como ocurrió en todas las oportunidades
anteriores, dando lugar a nuevos engendros tipo Frepaso o “frentismo de
izquierda”, volveremos a decirle a los trabajadores y el pueblo que la
única expresión positiva será la campaña por un programa, sin
candidatos, sin siglas, aunque esto signifique que el voto sea anulado.
Con o sin elecciones, programa común, antes y por
sobre cualquier candidatura
Una
pregunta que se hacen millones y millones de personas y en primer lugar
los trabajadores más conscientes y comprometidos, es por qué tanto
sacrificio, tanto compromiso como se comprueba en las innumerables
luchas cotidianas, no logra romper el aislamiento, transformarse en
fuerza de masas y enarbolar una bandera común.
No todos daremos
la misma respuesta ante esa pregunta. Hay responsabilidades de diferente
tipo. Y un debate abierto. La UMS pone a disposición las resoluciones de
sus Congresos, sus periódicos, documentos y declaraciones y un acervo de
26 ediciones de la revista Crítica que incluye la
reproducción completa de los cuatro primeros congresos de la
Internacional Comunista: la escuela de cuadros más profunda y extensa en
la historia de los revolucionarios. Una de las razones por las cuales
hicimos el esfuerzo de publicar esos materiales desconocidos por la casi
totalidad de la militancia es, precisamente, la difusión de nociones
tales como Frente Unico y Frente Antimperialista.
Hoy no
existe manera de eludir esta cuestión: ha pasado de la teoría a la
acción política inmediata. No hay modo de sostener un ropaje marxista y
actuar al margen de estos lineamientos forjados por la experiencia de
lucha revolucionaria internacional que, lejos de haber sido superados
por el devenir histórico, están más vigentes que nunca. Quien no lo crea
así, está obligado a atacar teóricamente estos conceptos, como lo hacen
(para beneplácito de la prensa burguesa) los defensores de “el fin del
imperialismo”.
En consecuencia,
nuestra organización convoca a toda la militancia que se reivindica
revolucionaria (y ante todo a la que se define como marxista), a
confluir en una expresión política concreta del concepto teórico “frente
antiimperialista”. Se trata de dar cuerpo y forma a una herramienta
política de las masas. Cada palabra aquí, tiene un valor imposible de
obviar: construir una herramienta, para que las masas puedan intervenir
en el terreno político.
No es
el nombre de un partido. Es el nombre de las clases y sectores que
asumen una responsabilidad histórica frente al colapso de un sistema y
el desmoronamiento catastrófico de un país, en un cuadro de completa
desorganización y confusión en todos los planos de la clase obrera, que
frente a la crisis más grave de la historia del país no se pone en
movimiento. Es la asunción por parte de las inmensas mayorías de que
debe gobernar en función de sus intereses, o será sometida a los
designios brutales de la otra parte, la que no llega a sumar el 3% de la
sociedad pero desde siempre gobierna en su beneficio y subordinada a los
amos imperialistas.
En ese
torrente –y sólo en ese heterogéneo, confuso y permanente cambiante
torrente de afluentes sociales diversos arrastrados por la irrupción
brutal de la crisis- que los revolucionarios marxistas podremos defender
la independencia política de la clase obrera y dar pasos efectivos para
que el proletariado asuma su lugar histórico en la lucha de clases. Lo
demás es ensueño solipsista; macaneo pseudoteórico; ceguera e
irresponsabilidad política.
Basta
mirar la realidad económica y política mundiales para comprender qué
papel debe y puede jugar quien se reivindica revolucionario marxista. De
nuestra parte, en inconmovible línea de coherencia y continuidad con una
visión teórica y una práctica militante defendidas desde nuestra
fundación, afrontamos la responsabilidad planteada, asumiendo además que
la fuerza antiimperialista que pugna por cobrar vida en Argentina sólo
podrá plasmar realmente a escala latinoamericana, como parte de una
realidad continental a cuya vanguardia están los gobiernos de Cuba y
Venezuela. Ese aspecto fundamental, internacionalista y específicamente
latinoamericano del combate que tenemos por delante, también lo asumimos
como bandera irrenunciable de la Unión de Militantes por el Socialismo.
Buenos Aires, 5
de julio de 2002.
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