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Unión de Militantes por el Socialismo

IV Congreso Nacional Ordinario

                                                        (5 y 6 de Octubre de 2002)

Anteproyecto de documento sobre Movimiento obrero

 Introducción: 

1_ Cuando crujen los cimientos de un sistema apoyado en el robo descomunal de riquezas por parte del imperialismo y frente a la crisis más grave de la historia del país, la clase obrera no se pone en movimiento. La ausencia de los trabajadores del escenario nacional –resultante de la imposibilidad de afirmarse como clase consciente de sus intereses históricos-, sigue siendo el dato dominante que define de manera esencial la realidad en curso.

El proletariado con ocupación y papel efectivo en la producción –única fuerza real para un cambio revolucionario socialista-, continúa estando al margen del combate social y político. Las numerosas y heroicas luchas de nuestra clase (excepciones de una situación vigente desde 1991, con el fin de las huelgas ferroviaria y metalúrgica de Villa Constitución, y el intento de la PPT), no lograron en ningún caso romper el aislamiento y cambiar la dinámica de la situación. Por eso el capital ha podido saquear la nación y someter al conjunto de la población al estado actual.

La UMS viene subrayando esta caracterización ante cada explosión que sacude al país y desvía la mirada respecto de este dato crucial. 

Límites de la lucha sindical: 

2_ El capital únicamente puede mantener la iniciativa en medio del desastre nacional que ha producido, sólo porque la resistencia que intentan los trabajadores ha estado hasta ahora determinada históricamente por la reiteración, bajo diferentes formas, de concepciones dominantes en el movimiento obrero –socialdemocracia, stalinismo, peronismo- que tienen medularmente incorporadas la noción y la práctica de la “conciliación de clases” como base para todo su accionar.

Es así como la reacción social inevitable de vastos sectores de trabajadores, subordinados hasta ahora ideológicamente a la burguesía, se muestra impotente para hacer frente a la ofensiva del capital empujada por su propia crisis. Uno tras otro los conflictos son derrotados; profundizándose la caída salarial, el aumento incesante de la desocupación y la exacerbación inhumana de la explotación. La limitación cada vez más profunda de la “respuesta sindical” queda al desnudo.

3_ Durante décadas el movimiento obrero se expresó políticamente en el peronismo. La cooptación masiva de los asalariados por parte de este sector de la burguesía, bajo la apariencia de un salto político representó una trampa histórica que enajenó por un largo período la potencia revolucionaria del proletariado, que expresó su poderosa fuerza de clase a través de los sindicatos, “estatizados” por el populismo burgués.

4_ La burocracia cegetista, en sus dos acepciones: negociadora y combativa, desde el comando de los grandes aparatos –vacíos pero todavía poderosos- que contienen sindicalmente al movimiento obrero industrial, cumplen aún eficientemente su papel consistente en dos tareas principales: impedir la resistencia y la organización independiente de los trabajadores que pueden golpear al sistema en su corazón productivo; y el distanciamiento y aún la confrontación con los trabajadores desocupados y los crecientes contingentes de marginalizados arrojados a la desesperación por la profundización de la crisis.

5_ La experiencia de sistemáticas frustraciones desde el tercer gobierno de Perón, minó paulatinamente al peronismo como dirección reconocida y confiable para la masa trabajadora. Simultáneamente creció el sentimiento de rechazo hacia una burocracia, que en base a privilegios, crímenes y delaciones, se afirmó como agente de las ideas patronales en el seno de la clase obrera.

6_ Mientras tanto otro sector de la dirigencia sindical, no identificado con los grandes aparatos tradicionales del sindicalismo peronista, se recluyó en pequeños sindicatos –retrocediendo ante la necesidad de asumir una propuesta política para los trabajadores-; desde los cuales fueron cediendo más y más terreno, envolviéndose en supuestos juegos tácticos, para acabar negociando despidos, rebajas salariales, mayores ritmos y peores condiciones de trabajo. Aferrándose al manejo de obras sociales que inexorablemente corroen la conducta individual y organizativa de estas estructuras, más y más distanciadas del trabajador.

Abroquelarse en el terreno sindical y abdicar de la política: los costos han sido múltiples y en algunos casos irreversibles.

El quiebre producido entre esta dirigencia sindical –expuesto en toda su crudeza en el artículo “Segunda operación de cerco y aniquilamiento”, El Espejo nº 28, septiembre 1997-, no ha hecho más que profundizarse.

7_ No es de ahora, por tanto, que la UMS afirma que los principales problemas y limitaciones que enfrentan los sindicatos son de orden ideológico y político: la noción de conciliación de clases y la dependencia programática y organizativa frente a propuestas procapitalistas de formaciones ajenas social, ideológica y políticamente a la clase trabajadora.

Todo intento de articular una resistencia capaz de pasar a la ofensiva será absolutamente inútil sin resolver ante todo estos dos problemas: la oposición frontal a la conciliación de clases y la edificación de una herramienta propia, de masas, plural y democrática, que se plante ante la nación con una propuesta de país diferente y se disponga a conquistar el poder político para llevarlo a cabo.

8_ Esto no supone, en modo alguno, abandonar la tarea sindical, dentro y/o fuera de las actuales estructuras. Pero exige, sí, un replanteo drástico de ese accionar. La antigua noción de “recuperación” del sindicato de mano de burócratas y agentes patronales carece de sentido si luego la nueva dirigencia se descubre encerrada en un estrechísimo marco donde su tarea más importante es conseguir finanzas para las obras sociales o correr de la mañana a la noche para que los despidos no sean tantos y la caída de salarios no sea tan profunda.

En el marco de la gravísima crisis actual del sistema capitalista no ya en Argentina, sino en todo el mundo imperialista, las reivindicaciones económicas de cada gremio no tienen espacio sino empalman con una respuesta propia a la crisis, es decir, una propuesta política alternativa.

9_ En la fase abierta por la irrupción de masas de diciembre es indudable que está planteada la incorporación gradual de los trabajadores a la lucha económica y política. En nuestra opinión, en la labor cotidiana durante este período un activista o dirigente sindical está obligado a subordinar las exigencias reivindicativas inmediatas a una línea de intervención que, no de inmediato pero sí afirmada cada día, apunte a formas de unidad sindical del conjunto de los trabajadores, de todos los gremios y en todo el país. Desde luego esto excluye buscar esa unidad “exigiendo” el accionar conjunto de las cúpulas de los aparatos sindicales, cuyo accionar redunda en mayor debilitamiento de la clase trabajadora.

El camino está trazado con destino a formas locales, regionales y finalmente nacionales de encuentros de delegados y activistas de base, que discutan democráticamente y con plena participación las exigencias de la lucha gremial inmediata (hoy son despidos y rebajas salariales bajo coacción; mañana serán reclamos económicos ante la reaparición de la inflación), las medidas a tomar y el programa general de naturaleza política sin el cual no habrá soluciones.

 Las centrales sindicales: 

10_ Al tiempo que la burguesía por múltiples medios, que incluyen aumentos salariales selectivos, trata de desactivar y postergar la movilización obrera; las burocracias, que se fracturan y realinean según las rupturas y recomposición de las patronales, completan el trabajo de división, confusión y desmoralización de los trabajadores.

11_ Las 62 Organizaciones, ahora desde el gobierno, impulsan un nuevo reacomodamiento de piezas. El reciente salto dado por la UOM de Lorenzo Miguel al abandonar la CGT/Moyano, convocando a la “unidad sindical” -incluyendo a la CTA en su exhortación-, es un paso en esta dirección. Y prepara el camino para abortar la irrupción del proletariado en el escenario de conmoción social que se avizora mas temprano que tarde.

12_ El  vaciamiento de la CGT/2, tras el patético acto en Plaza de Mayo – luego de la convocatoria a un paro inexistente, previamente suspendido por lluvia!!! – señaló el fin de un proyecto que encarnaba este sector de la burocracia apoyado en retazos de la burguesía nativa ahogada por la presión imperialista y la ultraderecha de la iglesia católica. La salida de metalúrgicos, trabajadores rurales, taxistas; y la negativa de la UTA a sumarse al farsesco paro del 22 de mayo, anuncia el certificado de defunción de la “CGT rebelde”.

13_ Lejos quedaron los tiempos en que importantes sectores de la población fueron convocados a la Plaza bajo la consigna “¡Cuidado, vienen por más!”. La operación montada por el aparato burocrático, cuya figura emblemática era el secretario general del sindicato de camioneros, manipulaba el descontento poniéndose al frente del auge de luchas sociales en gestación y encaminando a los trabajadores hacia una encerrona de gravísimas consecuencias.

La iglesia en su sector más reaccionario (García Caliendo, brazo derecho del siniestro cardenal Primatesta), reconocidos torturadores (Aldo Rico, Luis Patti), personeros del capital financiero (Franco Caviglia), burócratas sindicales que colaboraron en el secuestro de activistas clasistas (Lorenzo Miguel, el “Gordo” Rodríguez), compartieron el palco aquel 31 de mayo de 2000; en que por primera vez en la historia del movimiento obrero en Argentina un representante explícito de la jerarquía católica fue orador en un acto convocado por una central sindical.

Bajo el palco: trabajadores, jóvenes de toda condición, militancia de izquierda y de derechos humanos, la CTA, y mucha gente dispersa tratando de encontrar solución a su infortunio.

14_ La burocracia metalúrgica toma ahora distancia de este engendro y a la vez intenta arrastrar tras de sí a la CTA-CCC; como quedó explícito en la llamada “marcha del acero por el trabajo y la producción” a comienzos de marzo, y que permitió agrupar a De Gennaro, Piccinini (hoy diputado del ARI), Paulón, Recúpero, Gdanski, Brunelli, Francisco Gutiérrez, y a los piqueteros D’Elia-Alderete bajo la bandera de Siderca (Techint).

15_ Fueron muchos los dirigentes y activistas sindicales que visualizaron el curso que seguía la crisis y los límites de la lucha sindical, y motorizaron las experiencias que dieron nacimiento en 1991 a la Propuesta Política de los Trabajadores y un año después al Congreso de los Trabajadores Argentinos (CTA). Pero tanta fuerza vital, tanta esperanza, fueron frustradas. Componentes de las fuerzas principales (ATE y Ctera) coincidieron en postergar o trabar su desarrollo como herramienta política y a la vez se lanzaron, mediante estructuras patronales, a disputar cargos políticos.

La mayoría de las corrientes políticas de izquierda no entendió aquel proceso en gestación. Quienes hubieran podido contribuir de manera decisiva en un debate de trabajadores, quienes hubieran podido intervenir con fuerza suficiente para romper las rémoras burocráticas y de conciliación de clases lo condenaron de antemano. No pudieron ver su carácter contradictorio y la potencialidad de un movimiento de trabajadores, un conjunto que se ponía en marcha. Contribuyeron así a abortar una posibilidad.

En noviembre de 1996 se consumó la muerte del proyecto: la transformación de CTA de Congreso de los Trabajadores en Central de dirigentes.

16_ La participación activa en las campañas del Frepaso y la Alianza, con la presencia de muchos de sus directivos como funcionarios o legisladores, frustraron expectativas y esperanzas de millares de militantes del movimiento obrero y popular, dejando desierto el terreno en el cual podía darse la unidad social y política de las grandes masas en torno a una fuerza con punto de partida en los sindicatos.

17_ La parábola de la CTA la lleva hoy, con el nombre de central sindical, a ser base de maniobra de un nuevo engendro patronal: el ARI. Simultáneamente el sector hegemónico de su dirección, que aparece cada vez más cuestionado, fuga hacia delante e interrumpe el Congreso que la central sindical tenía previsto para septiembre ante la imposibilidad, tanto de contener las contradicciones internas como de apelar a todas las prácticas tradicionales de la burocracia  sindical.

La actitud asumida por un sector de su dirigencia durante la irrupción de masas del 19 y 20 de diciembre pasados. El repudio sufrido por Hugo Yaski, secretario general del Suteba, cuando más de 15 mil docentes le impidieron hablar en la masiva movilización contra la eliminación del plus por ruralidad, efectuada en La Plata a fines de mayo. La presencia de su directiva en la Mesa el Diálogo Argentino convocada por la jerarquía de la iglesia católica, y su incorporación a los “consejos consultivos” encargados de supervisar los planes sociales oficiales. O el efecto provocado por las declaraciones –amalgama de encubrimiento y maccartismo- de De Gennaro, Maffei y D´Elía ante la criminal represión del 26 de junio; la negativa a marchar contra los asesinatos (sólo en parte modificado por la presión de las bases de la CTA Capital, que obligó al  viraje de última hora)... profundizó la disputa interna en la central. Todos indicativos de hasta qué punto el hecho de subordinarse a los partidos patronales da lugar a la completa pérdida del rumbo.

 Búsquedas autogestionarias:

 18_ Frente al ininterrumpido proceso de cierre de empresas con los consiguientes despidos, se da en el último período una incipiente tendencia a reabrir y mantener en funcionamiento los establecimientos por parte de los propios trabajadores.

El ingenio La Esperanza, el frigorífico Yaguané, la fábrica de tractores Zanello, la fundición La Baskovia, la metalmecánica SIAM, la papelera Platense, la metalúrgica GIP Metal, Cerámica Zanón, la textil Brukman, y muchos otros.

Casi todas estas experiencias –algunas de las cuales son acompañadas por duros conflictos con ocupación, manifestaciones, cortes de ruta, peleas judiciales, en general por fuera de los sindicatos- han decantado en cooperativas. Cuyo camino implica trasladar dentro de las unidades productivas la lógica de la explotación del trabajo para obtener mayor competitividad en la búsqueda de ganancias. En general estos procesos –alentados por sectores de la iglesia, el Estado a través de los municipios, fuerzas políticas reformistas- se desarrollan negociando con acreedores, cambiando indemnizaciones por acciones de las empresas quebradas, reducciones salariales, aceptando la formación de sociedades anónimas junto al personal jerárquico y las concesionarias, reproduciendo las relaciones económicas y sociales capitalistas.

El Estado encarna por esta vía una forma de salvataje, haciendo cargo a los trabajadores de la crisis.

19_ Un camino diferente es el seguido por los trabajadores de Zanón y Brukman: control obrero y el reclamo de estatización. Pese a ser experiencias circunscriptas y aisladas respecto del conjunto del movimiento obrero, y al hecho de que por eso mismo está siempre presente la amenaza de perder la posición conquistada; son un salto en relación a las experiencias de las otras ocupaciones; ya que ponen en cuestión el problema de la propiedad privada. El hecho de que sean los trabajadores los que se hagan cargo de la producción y dirección de la empresa muestra la enorme capacidad potencial de la clase obrera para manejar la economía, desnuda el carácter retrógrado de la propiedad privada para la organización de la producción.

20_ En ese marco, el planteo de estatización de las fábricas intenta resguardar a los trabajadores de la crisis y la competencia capitalista, sustituyéndola por la cooperación, la solidaridad y la planificación de la producción de acuerdo a las necesidades de la sociedad y no por el lucro. Sin embargo el grado de la crisis actual y a la vista del Estado, hace que la consigna resulte muy difícil de ser asumida por la mayoría de los trabajadores (grandes industrias con insumos importados, etc) Cabe señalar que estas experiencias no modifican la relación de fuerzas entre las clases, defensiva por parte de la clase trabajadora, ya que las patronales de estas firmas, por distintas causas (vaciamiento, estafas, etc), abandonaron las empresas, no fueron desalojadas ni expropiadas por un cuadro de iniciativa obrera.

De tal manera, la defensa de esta consigna es inseparable, ahora más que nunca, de la necesidad de un gobierno de los trabajadores y el pueblo, lo cual a su vez presenta como exigencia inmediata la propuesta de una herramienta política de masas que haga posible lo que hoy puede aparecer como utópico.

 El combate contra la conciliación de clases:

 21_ Para los trabajadores es imprescindible afirmar nociones completamente diferentes a las aceptadas y sostenidas durante décadas. El combate frontal contra cualquier perspectiva de colaboración entre explotadores y explotados, que por más de cincuenta años se expresó en que al trabajador no le cabe más que “ir de casa al trabajo y del trabajo a casa”, limitándose a la lucha por sus reivindicaciones inmediatas; mientras que de la política, la economía, la sociedad, y la marcha de la empresa donde va dejando su vida, se ocupan los otros: el Estado, los patrones, la burocracia, la iglesia.

22_ La movilización espontánea que reaparece una y otra vez, abre el camino para el debate en el seno de las grandes masas sobre la necesidad de un país construido sobre nuevas bases democráticas.

Una democracia real, directa y participativa, que de solución a las urgencias de millones por trabajo, comida, salud y educación.

Limitarse a pedir que la CGT o la CTA convoquen a una huelga general, es como tirarse arena en los propios ojos. Los trabajadores no podemos limitar nuestro accionar a la realización de actos, movilizaciones, cortes de ruta o huelgas. Todo esto es necesario, pero inútil sino tenemos una perspectiva política propia; si estas luchas concretas no son encaradas como un paso en la gran tarea de unir social y políticamente a nuestra clase, en la creación sin dilaciones de la herramienta de masas capaz de arrebatarle el poder a la burguesía.

23_ Sentadas las bases de esta propuesta política propia, se recompondrán luego las instancias sindicales hoy diezmadas por la traición, la corrupción y la cobardía. Y se podrá aspirar a unir a todos los trabajadores –ocupados y desocupados- en una genuina central que desde luego será única; sepultando definitivamente los aparatos burocráticos que continúan proponiendo humanizar el capitalismo como estrategia alternativa.

Esta propuesta política de los trabajadores tiene historia y base real en nuestra clase y en nuestro pueblo. Tiene programa –desarticulado hoy en cientos de luchas dispersas- y resiste día a día con banderas reconocibles. Esta propuesta tiene dirigentes, que desde luego no son los que propaga la prensa burguesa para que desvíen y dividan a los explotados y oprimidos. Ellos están en todos los sindicatos, más allá del aparato a que cada uno esté integrado. Están en las escuelas, universidades y barrios. Están en las luchas cotidianas.

Hay que unificar esa fuerza que viene desde abajo.

24_ Vivimos momentos cruciales para definir el curso futuro. La sublevación de diciembre sacudió el ánimo y la conciencia de grandes sectores sociales y comenzó a producir esbozos de organización a nivel de masas, por ahora contradictorios y sin clara dirección política. Para la UMS es una exigencia promover la creación de asambleas, encuentros, coordinadoras (retomando un nombre con peso histórico en el proletariado) donde no las haya, y su confluencia con las existentes en otras localidades, siempre apuntando a formas de unificación a escala nacional, con el impulso a todas las formas de  de ejercicio de la democracia directa por parte de las masas. Para ello estamos empeñados en realizar una labor sostenida de agitación y propaganda con eje en los centros industriales.

Es nuestra tarea que la reaparición del movimiento obrero en la escena nacional indique el fin de una etapa del sindicalismo y la política de los trabajadores y el pueblo; y la apertura de una nueva fase en la que los trabajadores encabecen la lucha por el poder político y la total emancipación de los explotados y oprimidos.


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