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Anteproyecto de resolución sobre situación
internacional
El siguiente material debe ser leído como continuación de la Resolución
sobre situación Internacional aprobada por nuestro IIIer Congreso,
disponible en Eslabón N° 19 y en Crítica N° 25 (o en los
correspondientes sitios de internet). Las tesis votadas por el Congreso
son explícitamente continuación del material citado.
Introducción
Inauguraremos nuestro IV° Congreso en un marco de violentas turbulencias
en todo el mundo. Se nos dice que es “la crisis del neoliberalismo”.
Sabemos –y es nuestra tarea explicarlo incansablemente- que se trata de
algo bien diferente: el agotamiento de la última ofensiva estratégica
del capitalismo imperialista, lanzada hacia fines de los ’70, victoriosa
en todos los planos a fines de los ’80 y reinante sin contraparte
durante los ’90.
Vivimos el momento histórico del desencadenamiento de la crisis
capitalista dentro mismo de los países imperialistas. A la fecha,
Estados Unidos, la Unión Europea y Japón sufren una recesión simultánea,
cuya perspectiva es de profundización sincronizada. Sobreproducción en
todas las ramas de la industria, quiebras generalizadas, caída severa de
la tasa de ganancia, deflación, lucha encarnizada por los mercados a
escala planetaria, son los rasgos decisivos del cuadro global.
De aquí en más asistiremos a la radicalización social y política en el
mundo imperialista y muy específicamente en Estados Unidos. Esto
significa que, introduciendo un dato nuevo y decisivo en la realidad
política mundial, la polarización social y la lucha de clases vuelve a
gravitar de modo creciente en el seno de los países capitalistas
altamente desarrollados. Ya la burguesía estadounidense ha tomado la
vanguardia en esa radicalización. En el terreno internacional, tras
haber apelado al chantaje militar y la guerra como primera respuesta
urbi et orbi, su compromiso público con el golpe fascista en
Venezuela indicó el nuevo rumbo adoptado. Fronteras adentro esa nueva
política se manifiesta mediante la limitación creciente de las
libertades democráticas. Terminó el período histórico en el que la
burguesía imperialista estadounidense pudo mostrarse al mundo como
principal defensora de la democracia burguesa. Con la permanente
difusión de supuestas amenazas terroristas sobre objetivos claves en su
propio territorio, los estrategas del capital no están haciendo otra
cosa que abonar el terreno para recortar al extremo las libertades
democrática y los derechos civiles dentro de Estados Unidos.
Esto tendrá un impacto enorme, trascendental, en todos los órdenes y en
cada país del mundo. Los atentados terroristas del 11 de septiembre de
2001 y la respuesta del gigante humillado trazan simbólicamente la
frontera entre dos períodos que tienen en común la supremacía absoluta
del imperialismo en general y de Estados Unidos en particular, pero se
diferencian porque en el primero el imperialismo arrasó el planeta con
la bandera de la democracia burguesa (el último aliento histórico de la
gran Constitución estadounidense y sus trascendentales enmiendas); en el
segundo, marcha tras el estandarte de la guerra. Y su ataque a las
banderas históricas de la democracia ya no será sólo ni principalmente
en nuestros países, sino fronteras adentro de Estados Unidos. El fin del
“neoliberalismo” entendido como modelo económico será en realidad el fin
del liberalismo como forma política de ejercicio del poder. Esto no
ocurrirá de un día para otro. Pero ya ha comenzado el recorte brutal de
las libertades civiles y los derechos democráticos en Estados Unidos y
–subrayémoslo- en la Unión Europea. En ambas áreas el proletariado no ha
salido a defender aquellas conquistas. Y en Europa tampoco lo ha hecho
la intelectualidad y las capas medias. Pero en Estados Unidos han
aparecido con formidable potencia signos de una reacción democrática y
antimperialista en la intelectualidad y una franja importante de las
capas medias. Estos datos nuevos, apoyados todos en la sistemática caída
de la economía en los tres centros del imperialismo, son los factores
sobresaliente de la coyuntura histórica que afronta hoy el mundo.
Nuestras caracterizaciones estratégicas, afirmadas desde el Congreso
Fundacional, en octubre de 1994, hoy toman cuerpo en la realidad. Por
eso en esta oportunidad no presentaremos al Congreso de la UMS un
documento que avance sobre aquellas líneas y profundice en cada una de
las áreas y países, completando, corrigiendo y adelantando nuestra
visión de la marcha de la política mundial. Antes bien, corresponde que
hagamos un repaso crítico de nuestras posiciones y de nuestra situación
en el nuevo cuadro regional e internacional, como prólogo de un
necesario salto cualitativo de nuestra organización en todos los
terrenos.
Una organización revolucionaria no estudia y analiza la realidad
económica y política mundial para hacer ostentación de sus conocimientos
y mucho menos para dar lecciones a los revolucionarios de otra región
del planeta. Estudia, analiza y debate para comprender con mayor
exactitud el curso de la propia situación sobre la que actúa y para
extender esa actuación tanto como le sea posible en términos geográficos
y políticos. Ahora contamos con una base objetiva más extensa y sólida
para afirmar nuestro conocimiento de la realidad internacional, regional
y nacional. Y está planteada la exigencia de conocer, analizar y debatir
con más rigor aún, y con la participación de más militantes, la
situación internacional, pero sobre la base de intervenir directamente
en ella, específicamente en el ámbito regional. Tanto en términos
organizativos como en el plano individual, la UMS deberá reflejar la
toma de responsabilidades para seguir la evolución de la región, país
por país, mientras se redoblan los esfuerzos por ahondar en el
conocimiento y la interpretación de los acontecimientos que dictan el
curso del capitalismo mundial.
Una vez más, pero ahora en un nivel diferente y a escala mayor, la UMS
deberá dar prueba de que no se deja arrastrar por la inercia de un
período histórico en el que los revolucionarios, aislados y sin
posibilidad de afirmar sus pies en la realidad, se transformaron
gradualmente en profesores, pseudoprofetas o energúmenos, según los
casos. Recordamos una vez más la frase de Marx que hemos citado tantas
veces: en períodos de retroceso, las sectas tienen una justificación
histórica; pero cuando las masas se ponen en movimiento, las sectas son
reaccionarias en esencia...
La UMS remite a sus documentos fundacionales y a las resoluciones de sus
tres congresos ordinarios. Lejos de pretender perfección e
infalibilidad, se trata de afirmar una continuidad objetivamente
fundada: nuestras caracterizaciones han sido corroboradas por el curso
de los acontecimientos. Pero en todo caso, deben ser puesta nuevamente
bajo la lupa, ahora en medio del desencadenamiento de la crisis, porque
las decisiones políticas y organizativas que debemos tomar son de enorme
trascendencia, afectarán de manera directa y muy honda la vida de todos
nosotros y serán un factor en el combate histórico que afrontamos.
Recesión, crisis política y guerra: Estados Unidos pierde la iniciativa
en todo excepto el ejercicio de la violencia masiva
Cuatro acontecimientos mayores definen la situación mundial y regional
al momento de nuestro IV° Congreso: la formal fractura de la burguesía
imperialista ante la inminencia de una nueva agresión militar contra
Irak; la caída de las bolsas en los tres centros del capital mundial,
como expresión de una recesión que tiende a profundizarse en las tres
áreas; la altamente probable victoria del PT en Brasil y el
afianzamiento de la organización obrera y popular para enfrentar,
respaldada por una mayoría de oficiales, suboficiales y soldados en las
fuerzas armadas, la contrarrevolución en Venezuela.
En nuestro IIIer Congreso señalamos el fin del tan prolongado como
ficticio auge en Estados Unidos. Tras hacer la correspondiente
corrección de nuestra previsión anterior, errada en cuanto los plazos de
duración de aquel auge, subrayábamos que los propios recursos utilizados
para aquella prolongación ficticia tomarían el signo contrario en el
período siguiente. A dos años de aquella afirmación basta observar la
brutal caída de los índices en la Bolsa de Wall Street para comprobar el
rumbo objetivo de los acontecimientos.
Desde entonces desapareció hasta el concepto de “nueva economía”. En
Frankfurt se llegó al punto de cerrar la Bolsa de esto que fuera
presentado teórica y políticamente, como la salvación del capitalismo.
La quiebra en cadena y las estafas siderales de grandes transnacionales
puestas en evidencia en los dos últimos años son la prueba irrefutable
de la crisis y de su carácter. Para el ciudadano común estadounidense la
caída de Enron y los defalcos descomunales de grandes empresas
tradicionales, han tenido un efecto más desestabilizador que los
atentados terroristas del 11 de septiembre. El arco más amplio de
analistas coincide en esta conclusión, que adquiere carácter clave para
el desarrollo de la conciencia y la ubicación política de las masas en
el país más poderoso del mundo.
Como expresión directa de la crisis de sobreproducción y caída de la
tasa de ganancia, en los dos últimos años se ha agravado al extremo la
confrontación interimperialista. La política belicista del gobierno
estadounidense hizo patente su confrontación con la Unión Europea, cuya
propia integridad y dinámica queda en cuestión por el alineamiento con
Washington de Gran Bretaña, Italia y España.
La redefinición de la OTAN analizada en nuestro IIIer Congreso, aceleró
la confrontación interimperialista en el terreno estrictamente militar.
A partir de su reformulación y pese a las definiciones formales, la
nueva OTAN dejó de ser el instrumento útil imprescindible para Estados
Unidos. El último episodio de esta pugna feroz es el intento
estadounidense de formar una “fuerza de reacción rápida” de la OTAN (FRO)
de 21000 hombres, propuesta mientras se prepara la reunión de
presidentes de la OTAN, en noviembre próximo en Praga, para formalizar
el ingreso de siete nuevos estados a la estructura militar imperialista,
y en paralelo con las arduas discusiones en la UE para formar un
ejército propio, que tendría precisamente las mismas tareas que
Washington quiere poner bajo su mando directo: el papel de polícía
militar europeo frente al creciente agravamiento social en los países de
la Europa Central y del Este.
En relación con China, debemos reconocer que el Comité Central de la UMS
no logró cumplir con el cometido –votado en el IIIer Congreso- de
estudiar minuciosamente la situación y evolución de ese país, así como
tampoco logramos hacerlo respecto de India. No obstante, es posible
registrar datos indicativos. China ha desplazado a Estados Unidos como
potencia dominante en el mundo asiático. Ha sido protagonista de hechos
en los cuales quedaron de manifiesto las líneas de confrontación
estratégica con Estados Unidos en materia comercial y diplomática, ha
delineado una alianza militar con Rusia que incluye a Irán y
potencialmente a Irak y, más directamente ligado a nuestra realidad
inmediata, ha tendido lazos comerciales y militares con América Latina
en general y con Venezuela y Brasil en particular. Paralelamente, la
introducción de la ley del valor en la economía china ha producido
conflictos cuya extensión y profundidad no estamos en condición de
evaluar con datos objetivos, pero que sin duda pesarán en el futuro
cercano. En ese cuadro, en noviembre próximo se realizará el XVI°
Congreso del PCCh, en el cual está previsto un significativo cambio de
cuadros de su Comité Central y su Buró Político. Aun con plena
conciencia de las dificultades objetivas y la magnitud de la tarea, la
UMS debería votar nuevamente el compromiso de dedicar fuerzas para
estudiar y analizar el curso económico, social, político y
geoestratégico de este país.
Ante la militancia en Argentina, así como en diferentes Foros
internacionales, la UMS ha sostenido que la singularidad de América
Latina abría la posibilidad objetiva de que sea en esta área del planeta
donde primero se produzcan cambios sociales y políticos de envergadura,
que tuerzan el curso de las relaciones de fuerzas internacionales y
planteen la posibilidad de apoyar social y políticamente la estrategia
de recomposición de fuerzas marxistas a escala mundial. En un Congreso
internacional sobre la vigencia del pensamiento de Marx, en 1995,
presentamos la siguiente posición: “Es posible sostener que en América
Latina hay fuerzas objetivas y subjetivas capaces de dar, en este nuevo
ciclo histórico que comienza, un paso decisivo en pos de la
recomposición del pensamiento y la organización marxistas (...) El
colapso de los grandes movimientos nacional-populistas, la ausencia de
grandes y estables aparatos reformistas clásicos (y, sobre todo, la
probada imposibilidad de construirlos en el actual contexto), el
carácter acuciante de la crisis, tienen además otro complemento
diferenciador en relación con el resto de las regiones a nivel
planetario, al cual le atribuímos un peso coyuntural e históricamente
decisivo: el PT de Brasil y el PC de Cuba (...).
Esta caracterización también está siendo confirmada por los
acontecimientos. La derrota del imperialismo en Venezuela en abril
pasado, el curso posterior de la lucha revolucionaria en aquel país, la
posible victoria del PT en Brasil, e incluso la tan mal interpretada
rebelión social en Argentina, entre tantos otros ejemplos, prueban esta
afirmación. Podemos repetir por tanto ahora, a la luz de los
acontecimientos: en medio de la crisis global del capitalismo y de una
situación de extremo riesgo en todo el mundo, es en América Latina donde
se vislumbra la posibilidad cierta de lograr avances sustantivos en la
lucha contra el capital. Es en esta región del planeta donde el
proletariado puede reconstituirse como fuerza consciente y organizada
con objetivos explícitos de redención social a partir de la abolición
del capitalismo.
Venezuela
Un ejemplo mayor es la posición, distante de la totalidad de las fuerzas
de izquierda en Argentina, en nuestra interpretación de la Revolución
Bolivariana. Ya en 1995 habíamos publicado las posiciones del entonces
recién liberado ex militar Hugo Chávez. En consecuencia con ese
posicionamiento, nuestro Comité Central votó el respaldo al Polo
Patriótico en las elecciones de diciembre de 1998, que llevaron a Chávez
a la presidencia. En esa oportunidad caracterizamos el fenómeno como un
signo del desarrollo de la lucha antimperialista, como expresión del
agotamiento irreversible de los partidos dominantes durante el siglo XX,
como el inicio de una revolución cuyo curso dependería sobre todo de lo
que ocurriera en el resto de América Latina pero que en ningún caso
seguiría el derrotero “institucional” tan caro a centristas y
reformistas de todo el mundo. Decíamos respecto de victoria de Chávez:
“la crisis mundial del capitalismo, su múltiple impacto en el plano
regional, su manifestación en un país clave del continente, han
producido un quiebre institucional irreversible.
“Sí, irreversible. Esto no se revierte por vías normales. No es que
mañana tienen una nueva elección y gana un nuevo partido. Eso pudo
ocurrir en Nicaragua, por ejemplo; o en Haití. Pero no ocurrirá en
Venezuela. Es posible tener las mayores dudas respecto de lo que va a
pasar en aquel país. Pero pesan ante todo algunas certezas
determinantes: esto no se resuelve en términos institucionales”.
Conviene revisar la posición en ese momento de cada organización que se
proclama revolucionaria, en Argentina y en el mundo. El resultado es un
escándalo: de un extremo al otro del amplio arco definido como
“izquierda”, se enfrentó –y en el mejor de los casos se desconoció- a la
dirección de la naciente Revolución Bolivariana. Escándalo político,
desde luego, como se vio el 12 de abril pasado, cuando esas mismas
organizaciones explicaban las causas inevitables del derrocamiento de
Chávez mientras las masas venezolanas lanzaban la contraofensiva que
daría lugar al hecho sin precedentes de vencer a un golpe teledirigo por
Estados Unidos (y mientras la UMS realizaba el único acto que en todo el
mundo hubo ese día en respaldo a la Revolución Bolivariana, afirmando
que el golpe no tendría chance). Pero ante todo escándalo teórico: si el
arsenal conceptual de una organización no sirve para prever por dónde
vendrá le hendidura del sistema, cuáles serán las fuerzas que ocuparán
el centro del campo de batalla, quiénes serán los actores sociales y
políticos de la confrontación, y si luego de no haber sido útil para
prever el curso de los acontecimientos ese arsenal tampoco sirve para
posicionarse correctamente cuando el fenómeno ocurre, es claro que no
sirve para nada. La ceguera de tantos revolucionarios genuinos frente a
la revolución en acto es resultado de una tergiversación total de la
herramienta teórica, de la teoría marxista, esgrimida como ramas
quebradizas de un árbol reseco.
Hay que decirlo ahora con la misma claridad con que siempre hablamos:
esos revolucionarios genuinos dejarán de serlo si no sacan las
conclusiones del caso: no estar a la vanguardia de un proceso de lucha
real de las masas con el arma de la teoría es dejar al movimiento mismo
librado a su suerte y al influjo de posiciones no revolucionarias, o con
voluntad revolucionaria y sin fundamento teórico. Todos quienes han
incurrido en este desvío que los colocó al margen y en la vereda de
enfrente de la batalla de abril, culminada con una derrota histórica del
imperialismo y las burguesías locales (no sólo las de Venezuela), están
ante la exigencia de corregir de inmediato las causas profundas que
provocaron ese alineamiento contra la revolución, so pena de quedar allí
permanentemente, pero no en relación con Venezuela, sino en su propio
ámbito de militancia directa. Este IV Congreso subraya que la UMS será
consecuente con esta caracterización y esta exigencia en su militancia
cotidiana.
Fue la interpretación respecto de la coyuntura internacional, del estado
de desarrollo de las fuerzas en movimiento, así como del lugar objetivo
y el papel subjetivo del proletariado en nuestros países en este
momento, lo que permitió a la UMS ubicarse correctamente frente a la
revolución viviente. Pero nuestra organización no se limitó a
caracterizar el fenómeno. Intervino en él con el máximo de energía. Con
legítimo orgullo el IV Congreso puede afirmar que fue nuestra
organización la que rompió el manto de oscuridad y tergiversación que en
la vanguardia y el conjunto de la sociedad pretendió mantenerse en
relación con la Revolución Bolivariana. Y lo hicimos desde antes mismo
de que ésta se desplegara con toda su fuerza y proyección continental e
internacional, como está ocurriendo ahora a la vista de todos. La UMS
destinó y continuará destinando cuadros y recursos de todo orden para
contribuir a la tarea de ensamblar aquella experiencia crucial con las
fuerzas revolucionarias y los movimientos sociales de todo el
continente. Esta es nuestra manera de entender y practicar el
internacionalismo. Y es a la vez nuestra manera de entender y practicar
la lucha revolucionaria en nuestra área de intervención más inmediata.
En momentos en que preparamos nuestro Congreso, en Venezuela se
profundiza minuto a minuto la lucha de clases. La contrarrevolución
teledirigida por Washington no cede su presión. Y no cederá. Inexorable
e ineludiblemente las fuerzas sociales en conflicto marchan hacia una
confrontación decisiva. La UMS sostiene que la política implementada por
el presidente Chávez está apuntada a obtener una victoria de las masas
frente al imperialismo y sus títeres locales.
La batalla es extremadamente difícil y su resultado inmediato dista de
ser inequívoco. Como en el resto del mundo (con la excepción de Cuba),
las organizaciones que se definen revolucionarias marxistas carecen de
penetración social suficiente y no están en condiciones de asumir la
conducción de la confrontación. La organización de las masas en general
y del proletariado en particular está llevándose a cabo merced al
impulso espontáneo de la crisis y a la fuerza que le imprime al proceso
el propio presidente Chávez. Sin partido, sin sindicatos, sin prensa
revolucionaria de masas, con una demora significativa en los intentos de
coordinación y unificación de las fuerzas que respaldan al gobierno,
está llevándose a cabo sin embargo un vertiginoso proceso de
organización de masas en torno a los círculos bolivarianos, una
instancia de unidad social y política y, eventualmente, una base para
enfrentar con las armas a la reacción junto con el sector militar
alineado con Chávez. Se dan pasos efectivos en la creación de una
central sindical clasista. Y se ha puesto en marcha un nuevo intento de
centralización política para la acción de masas frente a la creciente
ofensiva de la contrarrevolución, mediante la propuesta de unificar una
cantidad de organizaciones sociales y políticas en un nuevo Movimiento
Bolivariano Revolucionario-200.
Más aún que las falencias propias en esta confrontación histórica
gravitan sin embargo las relaciones de fuerzas a escala continental. La
adopción de medidas decisivas que corten de raíz el poder de la
contrarrevolución y transformen la profunda revolución política actual
en revolución social, tiene enfrente una barrera internacional,
específicamente latinoamericana. Toda la estrategia militar
estadounidense en América Latina está apuntada contra Venezuela. Hemos
dicho desde el primer momento que el llamado Plan Colombia (y luego el
Plan Puebla-Panamá) es un plan de guerra para el conjunto
latinoamericano, pero específica y primordialmente contra Venezuela. Una
estrategia revolucionaria consecuente debe asumir la inexorabilidad de
la respuesta imperialista y debe aprontarse para enfrentarla y vencerla.
Con prescindencia de las mediaciones necesarias, la Revolución
Bolivariana tiene como alternativa de la encrucijada actual una
resolución anticapitalista (es decir, la expropiación de terratenientes
y grandes burgueses, la planificación de la economía y el ejercicio del
poder político por parte de los trabajadores, los campesinos y las
grandes masas populares a través de sus organizaciones propias) o una
contrarrevolución victoriosa. Pero esta afirmación categórica es
inseparable de otras dos, que le dan carnadura a la coyuntura que
atravesamos: si la lucha contra el imperio español requirió en el siglo
XIX una visión continental, el combate contra el imperialismo
contemporáneo requiere no sólo una interpretación y una línea de acción
análogas, sino una organización, una estrategia y una conducción
política de tales dimesiones, que además incluya a los trabajadores y
los pueblos de Estados Unidos y Canadá en este combate estratégico.
Por eso la victoria del PT en Brasil, tanto más probable luego de la
primera vuelta, supone un extraordinario salto adelante de la revolución
en Venezuela. Si el golpe contra Chávez era imposible hasta ahora en
términos clásicos, luego del 6 de octubre lo es incluso en la forma de
una guerra prefabricada por Estados Unidos a partir de Colombia, como
está delineada en las hipótesis de los estrategas del Departamento de
Estado. No obstante, debe descartarse la idea de que Estados Unidos se
resigne. Precisamente porque el punto de partida es una crisis
capitalista que sólo podrá agravarse durante el próximo período
histórico, el imperialismo en general y Estados Unidos en particular no
pueden limitarse a mantener el statu quo, mucho menos retroceder
sin combate. Washington puede aceptar una tregua si la dirección
política venezolana da espacio para ello. Pero sólo como aliento para
redoblar el accionar contrarrevolucionario a escala mayor. Y siempre con
el recurso que le resta tras haber perdido la bandera de la democracia y
los derechos civiles: la guerra.
Es en estos términos que el IV Congreso interpreta la situación
continental. Podemos prever por tanto la eventualidad de una
desaceleración en el curso de colisión entre el gobierno de Chávez y el
imperialismo como derivación inmediata del nuevo cuadro mundial a
consecuencia de la victoria del PT. Si esto ocurriera, aparecerá el coro
de quienes no comprenden ni asumen la magnitud de la confrontación
histórica que tenemos por delante. La UMS deberá enfrentar esas
expresiones de espontaneísmo y cortedad de miras, así como deberá
combatir la ilusión –que sin duda aparecerá- de una resolución acordada,
por vía institucional y pacífica, de la crisis económica y social que
sacude al continente y de la confrontación con el imperialismo.
Brasil
A lo largo de los años y desde el primer momento hemos seguido en
detalle la evolución del Partido dos Trabalhadores de Brasil. Contra la
opinión dominante a uno y otro flanco del arco de izquierda defendimos
la experiencia brasileña y la lucha en Argentina por lograr formas
análogas de unidad social y política. Contra las acusaciones de “copiar
una experiencia extranjera” (esgrimida a menudo por algunos de quienes
hoy desmayan aludiendo al “ejemplo brasileño”), sostuvimos que fue en
Argentina donde por primera vez en América Latina plasmó un partido de
los trabajadores: el Partido Laborista, cooptado primero, reprimido y
destruido luego por la fuerza que tomaría su lugar bajo la denominación
de “justicialismo”. Sostuvimos siempre que esa tradición organizativa y
política reaparecería necesariamente, con su carga positiva y negativa.
Con certeza la victoria del PT replanteará la posibilidad en un cuadro
nuevo. Frente al sospechoso “petismo” hoy convertido en pandemia,
nuestra caracterización de la situación posterior a la victoria
electoral del PT excluye el exitismo y el oportunismo.
Nuestro Comité Central votó formalmente el apoyo al PT en las
elecciones, debatir el informe del XII° Encuentro Nacional del PT,
realizado en diciembre de 2001. Luego la dirección hegemónica del PT fue
más allá aún e hizo el acuerdo con el Partido Liberal y la iglesia
evangélica. Registramos esos desvíos de seguras consecuencias negativas,
pero mantuvimos el respaldo a un voto de unidad social y política de las
grandes masas explotadas y oprimidas. Las sectas que tomaron un rumbo
contrario han firmado su sentencia de muerte: la victoria del PT en
primera vuelta y la altamente probable resolución positiva en la segunda
es un hecho objetivo que produce, incluso antes de consumarse
formalmente, un drástico desplazamiento de fuerzas en detrimento del
imperialismo y el gran capital, conducido por una dirección política
centrista hegemonizada por la socialdemocracia, con base obrera y
campesina de dimensiones gigantescas. Se acelera así en Sudamérica el
proceso de realineamiento social y político a gran escala. Este
fenómeno, que comienza ahora mismo a desarrollarse en la región,
gravitará incluso sobre el naciente proceso de radicalización en curso
en Estados Unidos. Pero tendrá un impacto directo, múltiple e inmediato
sobre la realidad política argentina.
El primer aspecto de ese impacto será altamente positivo: la conciencia
de la posibilidad de alcanzar lo que las masas viven como una victoria,
la asunción de la noción de partido de masas, el choque objetivo contra
las pseutoerías contrarrevolucionarias que llaman a trabajadores y
jóvenes a no organizarse y a no luchar por el poder político, la
incorporación objetiva de la noción “partido de los trabajadores”.
Simultáneamente se afirmará la noción de unidad latinoamericana –bajo el
marbete del Mercosur ampliado- y la dinámica de pensar formas unitarias
en los terrenos político, económico, comercial, diplomático y hasta
monetario y militar. Los revolucionarios marxistas no necesitan
argumentos para comprender la formidable potencialidad histórica de
estos factores nuevos que pesan ya en nuestra realidad regional.
Junto a esto, sin embargo, se traducirá el hecho no menos objetivo de
que el PT llevó como vicepresidente a un gran capitalista, jefe de un
partido reaccionario, es decir, la noción de conciliación de clases. En
Argentina esta idea tiene carnadura propia de casi un siglo en los
partidos Socialista, Comunista y luego el peronismo que lo absorbió
todo. De manera que la oleada brasileña convergerá con una realidad
profunda de raigambre histórica.
Todo ello se apoyará, en Brasil, sobre un campo minado: la crisis
económica más grave de Sudamérica en el país de mayor poblamiento y
gravitación subcontinental, donde la situación social de obreros,
campesinos y desocupados es sencillamente imposible de sostener por más
tiempo con sólo los recursos de la democracia burguesa. La actual
situación económico-financiera de Argentina es un pálido adelanto de lo
que le espera a Brasil. Para afrontar esa realidad, el nuevo gobierno
tendrá su primer problema en su propia composición. Más allá de las
mediaciones –para las cuales los políticos brasileños tienen impar
habilidad- ninguno de los problemas sociales y económicos de fondo se
resolverá en Brasil mientras no se imponga de manera terminante una
hegemonía incontestable en el propio gobierno. La lucha de clases estará
ante todo dentro mismo del Palacio del Planalto, con Lula y Alencar como
actores de una trama cuyo guión se escribe en la inmensa geografía
brasileña y en los centros de poder mundial. El curso de la lucha
antimperialista y anticapitalista en el resto de Sudamérica y
específicamente en Argentina y Venezuela gravitará con enorme fuerza en
el desenlace de este combate histórico.
La UMS continuará su labor interna, regional e internacional sobre los
lineamientos trazados desde su fundación. Sólo que esa labor se
desarrollará en un terreno que ya no será el espacio virtual de una
previsión teórica, sino el combate real donde la fractura del
imperialismo, la lucha de los obreros en los países centrales, la lucha
antimperialista y la lucha de nuestra clase en cada uno de nuestros
países sometidos al yugo imperial se encadenará y combinará en un
complejísimo proceso de constante aceleración. La constitución efectiva
de un Bloque antimperialista continental, como propusimos en el primer
Encuentro del Foro de Sao Paulo, tiene hoy la posibilidad concreta de
realizarse, con punto de apoyo en Caracas, Brasilia y La Habana. Pero la
conformación de una dirección revolucionaria marxista en cada país y a
escala internacional está todavía distante. Si hasta ahora ha sido
teórica y prácticamente muy difícil elaborar y aplicar una línea de
acción revolucionaria marxista, de aquí en adelante lo será más aún. La
exigencia se redoblará en todos los planos. Y la necesidad de dar pasos
efectivos en la recomposición de fuerzas marxistas aquí y en la región
sobre la que actuamos tendrá un carácter más perentorio.
ALCA - Mercosur
Si se confirma la victoria del PT en segunda vuelta el continente estará
ante una múltiple derrota de Estados Unidos. La segunda de gran
envergadura en cuatro meses en Sudamérica. La burguesía brasileña había
trazado ya con el gobierno de Fernando Henrique Cardoso una línea roja
contra el ALCA. Esa línea se engrosará a partir de ahora, pese a que un
sector del PT está, desde hace tiempo, a la derecha del actual gobierno
en relación con este dilema estratégico.
La lucha contra el ALCA debe ser cuidadosamente definida porque allí se
presenta el punto en el que la lucha antimperialista en sus términos más
amplios es tangencial a la política de conciliación de clases. Para los
revolucionarios marxistas la oposición a la unificación continental que
plantea el imperialismo estadounidense no tiene el mismo carácter, la
misma dinámica ni el mismo contenido puntual que tiene para las
burguesías regionales. Además de la fractura que las divide entre socios
menores de Washington y defensores de la industria y el mercado propios,
éstas se dividirán en el próximo período entre quienes adoptarán un
discurso nacionalista y quienes, con la Unión Europea detrás,
pretenderán sostener el marco liberal. Esta será una prueba de fuego
para los revolucionarios marxistas, que tendremos que defender la nación
frente a lo que sin duda será una cada día más acentuada presión
imperialista –que antes de no mucho se traducirá abiertamente en el
terreno militar- y al mismo tiempo tendremos que levantar el estandarte
de la democracia de masas como continuidad dialéctica de la democracia
liberal burguesa.
Para nosotros lo opuesto al ALCA no es el Mercosur. Esa noción, hoy
popularizada en filas de izquierda, carece de todo y cualquier
fundamento desde el punto de vista de la clase obrera. Lo contrario al
ALCA es hoy la defensa de todo aquello que contribuya a instaurar una
dinámica en cuyo desenlace histórico aguarda la creación de una
Confederación Socialista de las Américas. El Mercosur puede sí ser un
ámbito en el que se abroquelen las burguesías regionales para resistir
la embestida de un Estados Unidos minuto a minuto más acuciado por su
crisis económica. La coincidencia antimperialista, sin embargo, deberá
proyectarse en una estrategia y un conjunto de tácticas propias, todas
contrapuestas en fundamento y diferenciada en la acción ante las masas a
los intereses y políticas burguesas. Es dudoso que el PT pueda resolver
eso correctamente en una primera fase. Lo más probable es que se limite
a la diplomacia de “un Mercosur ampliado”. Esto deberá ser apoyado por
los revolucionarios marxistas, pero entendido como vía de transición
hacia formas políticas (Confederación, moneda única) y económicas
(planificación de grandes emprendimientos comunes) de asociación
sudamericana en la cual la clase obrera deberá constituirse como tal y
disputar el poder político a esa escala. De modo que, además de bregar
con el máximo de nuestras capacidades por darle forma concreta a un
bloque antimperialista continental –es decir, que incluya a los
trabajadores y los pueblos de Estados Unidos y Canadá, como también
propusimos cuando participamos en la fundación del Foro de Sao Paulo),
debemos asumir esas dos magnas tareas históricas: la constitución de la
clase obrera latinoamericana como clase para sí, y la conformación de
todos los instrumentos necesarios para la lucha por el poder.
Ese camino no vamos a comenzar a recorrerlo ahora. Es el que venimos
trazando y andando desde nuestra fundación. En este nuevo cuadro
podremos en cambio afirmar estamos a un paso de afirmar otra gran
conquista en ese terreno, con la participación en un órgano de prensa
continental, destinado a armar teórica y políticamente a decenas de
millares de cuadros revolucionarios. Es un enorme desafío, que le
costará a la UMS la cesión de cuadros y fuerzas. Pero no existe siquiera
la posibilidad de vacilar ante la tarea: se trata de contribuir a en una
batalla política, cultural e ideológica, desde nuestras definiciones, en
un momento en que la confrontación con el imperialismo y sus
representantes toma cuerpo concreto en todo el continente, en un momento
en el que los revolucionarios tienen ante sí la exigencia de definir una
línea de acción común, una organización, una estrategia y una conducción
política a la altura del desafío histórico que América y el mundo
afronta en esta hora.
Buenos Aires, 8 de Octubre de 2002.
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