Destacamento en la construcción de un genuino Partido de los Comunistas en Argentina
y por la recomposición de las fuerzas revolucionarias marxistas en todo el mundo

Congresos
Congreso Fundacional de la UMS
I Congreso de la UMS
II Congreso de la UMS
III Congreso de la UMS
IV Congreso de la UMS

 

Eslabón
Nº54 |55 | Nº 60 extra| Nº 61| Nº 62 | Nº 63 | Nº 64|Nº 66 Nº 67 | Nº 68 | Nº 69 |Nº 70 Nº 72 extra | Nº 73 | Nº 76
Nº Extra

 
Enlaces
Crítica de Nuestro Tiempo
Solidaridad con Cuba
Correio da Cidadania
América XXI
 
Contacto
 

 

Anteproyecto de resolución sobre situación internacional

 

El siguiente material debe ser leído como continuación de la Resolución sobre situación Internacional aprobada por nuestro IIIer Congreso, disponible en Eslabón N° 19 y en Crítica N° 25 (o en los correspondientes sitios de internet). Las tesis votadas por el Congreso son explícitamente continuación del material citado.

 

Introducción

Inauguraremos nuestro IV° Congreso en un marco de violentas turbulencias en todo el mundo. Se nos dice que es “la crisis del neoliberalismo”. Sabemos –y es nuestra tarea explicarlo incansablemente- que se trata de algo bien diferente: el agotamiento de la última ofensiva estratégica del capitalismo imperialista, lanzada hacia fines de los ’70, victoriosa en todos los planos a fines de los ’80 y reinante sin contraparte durante los ’90.

Vivimos el momento histórico del desencadenamiento de la crisis capitalista dentro mismo de los países imperialistas. A la fecha, Estados Unidos, la Unión Europea y Japón sufren una recesión simultánea, cuya perspectiva es de profundización sincronizada. Sobreproducción en todas las ramas de la industria, quiebras generalizadas, caída severa de la tasa de ganancia, deflación, lucha encarnizada por los mercados a escala planetaria, son los rasgos decisivos del cuadro global.

De aquí en más asistiremos a la radicalización social y política en el mundo imperialista y muy específicamente en Estados Unidos. Esto significa que, introduciendo un dato nuevo y decisivo en la realidad política mundial, la polarización social y la lucha de clases vuelve a gravitar de modo creciente en el seno de los países capitalistas altamente desarrollados. Ya la burguesía estadounidense ha tomado la vanguardia en esa radicalización. En el terreno internacional, tras haber apelado al chantaje militar y la guerra como primera respuesta urbi et orbi, su compromiso público con el golpe fascista en Venezuela indicó el nuevo rumbo adoptado. Fronteras adentro esa nueva política se manifiesta mediante la limitación creciente de las libertades democráticas. Terminó el período histórico en el que la burguesía imperialista estadounidense pudo mostrarse al mundo como principal defensora de la democracia burguesa. Con la permanente difusión de supuestas amenazas terroristas sobre objetivos claves en su propio territorio, los estrategas del capital no están haciendo otra cosa que abonar el terreno para recortar al extremo las libertades democrática y los derechos civiles dentro de Estados Unidos.

Esto tendrá un impacto enorme, trascendental, en todos los órdenes y en cada país del mundo. Los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 y la respuesta del gigante humillado trazan simbólicamente la frontera entre dos períodos que tienen en común la supremacía absoluta del imperialismo en general y de Estados Unidos en particular, pero se diferencian porque en el primero el imperialismo arrasó el planeta con la bandera de la democracia burguesa (el último aliento histórico de la gran Constitución estadounidense y sus trascendentales enmiendas); en el segundo, marcha tras el estandarte de la guerra. Y su ataque a las banderas históricas de la democracia ya no será sólo ni principalmente en nuestros países, sino fronteras adentro de Estados Unidos. El fin del “neoliberalismo” entendido como modelo económico será en realidad el fin del liberalismo como forma política de ejercicio del poder. Esto no ocurrirá de un día para otro. Pero ya ha comenzado el recorte brutal de las libertades civiles y los derechos democráticos en Estados Unidos y –subrayémoslo- en la Unión Europea. En ambas áreas el proletariado no ha salido a defender aquellas conquistas. Y en Europa tampoco lo ha hecho la intelectualidad y las capas medias. Pero en Estados Unidos han aparecido con formidable potencia signos de una reacción democrática y antimperialista en la intelectualidad y una franja importante de las capas medias. Estos datos nuevos, apoyados todos en la sistemática caída de la economía en los tres centros del imperialismo, son los factores sobresaliente de la coyuntura histórica que afronta hoy el mundo.

Nuestras caracterizaciones estratégicas, afirmadas desde el Congreso Fundacional, en octubre de 1994, hoy toman cuerpo en la realidad. Por eso en esta oportunidad no presentaremos al Congreso de la UMS un documento que avance sobre aquellas líneas y profundice en cada una de las áreas y países, completando, corrigiendo y adelantando nuestra visión de la marcha de la política mundial. Antes bien, corresponde que hagamos un repaso crítico de nuestras posiciones y de nuestra situación en el nuevo cuadro regional e internacional, como prólogo de un necesario salto cualitativo de nuestra organización en todos los terrenos.

Una organización revolucionaria no estudia y analiza la realidad económica y política mundial para hacer ostentación de sus conocimientos y mucho menos para dar lecciones a los revolucionarios de otra región del planeta. Estudia, analiza y debate para comprender con mayor exactitud el curso de la propia situación sobre la que actúa y para extender esa actuación tanto como le sea posible en términos geográficos y políticos. Ahora contamos con una base objetiva más extensa y sólida para afirmar nuestro conocimiento de la realidad internacional, regional y nacional. Y está planteada la exigencia de conocer, analizar y debatir con más rigor aún, y con la participación de más militantes, la situación internacional, pero sobre la base de intervenir directamente en ella, específicamente en el ámbito regional. Tanto en términos organizativos como en el plano individual, la UMS deberá reflejar la toma de responsabilidades para seguir la evolución de la región, país por país, mientras se redoblan los esfuerzos por ahondar en el conocimiento y la interpretación de los acontecimientos que dictan el curso del capitalismo mundial.

Una vez más, pero ahora en un nivel diferente y a escala mayor, la UMS deberá dar prueba de que no se deja arrastrar por la inercia de un período histórico en el que los revolucionarios, aislados y sin posibilidad de afirmar sus pies en la realidad, se transformaron gradualmente en profesores, pseudoprofetas o energúmenos, según los casos. Recordamos una vez más la frase de Marx que hemos citado tantas veces: en períodos de retroceso, las sectas tienen una justificación histórica; pero cuando las masas se ponen en movimiento, las sectas son reaccionarias en esencia...

La UMS remite a sus documentos fundacionales y a las resoluciones de sus tres congresos ordinarios. Lejos de pretender perfección e infalibilidad, se trata de afirmar una continuidad objetivamente fundada: nuestras caracterizaciones han sido corroboradas por el curso de los acontecimientos. Pero en todo caso, deben ser puesta nuevamente bajo la lupa, ahora en medio del desencadenamiento de la crisis, porque las decisiones políticas y organizativas que debemos tomar son de enorme trascendencia, afectarán de manera directa y muy honda la vida de todos nosotros y serán un factor en el combate histórico que afrontamos. 

Recesión, crisis política y guerra: Estados Unidos pierde la iniciativa en todo excepto el ejercicio de la violencia masiva

Cuatro acontecimientos mayores definen la situación mundial y regional al momento de nuestro IV° Congreso: la formal fractura de la burguesía imperialista ante la inminencia de una nueva agresión militar contra Irak; la caída de las bolsas en los tres centros del capital mundial, como expresión de una recesión que tiende a profundizarse en las tres áreas; la altamente probable victoria del PT en Brasil y el afianzamiento de la organización obrera y popular para enfrentar, respaldada por una mayoría de oficiales, suboficiales y soldados en las fuerzas armadas, la contrarrevolución en Venezuela.

En nuestro IIIer Congreso señalamos el fin del tan prolongado como ficticio auge en Estados Unidos. Tras hacer la correspondiente corrección de nuestra previsión anterior, errada en cuanto los plazos de duración de aquel auge, subrayábamos que los propios recursos utilizados para aquella prolongación ficticia tomarían el signo contrario en el período siguiente. A dos años de aquella afirmación basta observar la brutal caída de los índices en la Bolsa de Wall Street para comprobar el rumbo objetivo de los acontecimientos.

Desde entonces desapareció hasta el concepto de “nueva economía”. En Frankfurt se llegó al punto de cerrar la Bolsa de esto que fuera presentado teórica y políticamente, como la salvación del capitalismo. La quiebra en cadena y las estafas siderales de grandes transnacionales puestas en evidencia en los dos últimos años son la prueba irrefutable de la crisis y de su carácter. Para el ciudadano común estadounidense la caída de Enron y los defalcos descomunales de grandes empresas tradicionales, han tenido un efecto más desestabilizador que los atentados terroristas del 11 de septiembre. El arco más amplio de analistas coincide en esta conclusión, que adquiere carácter clave para el desarrollo de la conciencia y la ubicación política de las masas en el país más poderoso del mundo.

Como expresión directa de la crisis de sobreproducción y caída de la tasa de ganancia, en los dos últimos años se ha agravado al extremo la confrontación interimperialista. La política belicista del gobierno estadounidense hizo patente su confrontación con la Unión Europea, cuya propia integridad y dinámica queda en cuestión por el alineamiento con Washington de Gran Bretaña, Italia y España.

La redefinición de la OTAN analizada en nuestro IIIer Congreso, aceleró la confrontación interimperialista en el terreno estrictamente militar. A partir de su reformulación y pese a las definiciones formales, la nueva OTAN dejó de ser el instrumento útil imprescindible para Estados Unidos. El último episodio de esta pugna feroz es el intento estadounidense de formar una “fuerza de reacción rápida” de la OTAN (FRO) de 21000 hombres, propuesta mientras se prepara la reunión de presidentes de la OTAN, en noviembre próximo en Praga, para formalizar el ingreso de siete nuevos estados a la estructura militar imperialista, y en paralelo con las arduas discusiones en la UE para formar un ejército propio, que tendría precisamente las mismas tareas que Washington quiere poner bajo su mando directo: el papel de polícía militar europeo frente al creciente agravamiento social en los países de la Europa Central y del Este.

En relación con China, debemos reconocer que el Comité Central de la UMS no logró cumplir con el cometido –votado en el IIIer Congreso- de estudiar minuciosamente la situación y evolución de ese país, así como tampoco logramos hacerlo respecto de India. No obstante, es posible registrar datos indicativos. China ha desplazado a Estados Unidos como potencia dominante en el mundo asiático. Ha sido protagonista de hechos en los cuales quedaron de manifiesto las líneas de confrontación estratégica con Estados Unidos en materia comercial y diplomática, ha delineado una alianza militar con Rusia que incluye a Irán y potencialmente a Irak y, más directamente ligado a nuestra realidad inmediata, ha tendido lazos comerciales y militares con América Latina en general y con Venezuela y Brasil en particular. Paralelamente, la introducción de la ley del valor en la economía china ha producido conflictos cuya extensión y profundidad no estamos en condición de evaluar con datos objetivos, pero que sin duda pesarán en el futuro cercano. En ese cuadro, en noviembre próximo se realizará el XVI° Congreso del PCCh, en el cual está previsto un significativo cambio de cuadros de su Comité Central y su Buró Político. Aun con plena conciencia de las dificultades objetivas y la magnitud de la tarea, la UMS debería votar nuevamente el compromiso de dedicar fuerzas para estudiar y analizar el curso económico, social, político y geoestratégico de este país.

Ante la militancia en Argentina, así como en diferentes Foros internacionales, la UMS ha sostenido que la singularidad de América Latina abría la posibilidad objetiva de que sea en esta área del planeta donde primero se produzcan cambios sociales y políticos de envergadura, que tuerzan el curso de las relaciones de fuerzas internacionales y planteen la posibilidad de apoyar social y políticamente la estrategia de recomposición de fuerzas marxistas a escala mundial. En un Congreso internacional sobre la vigencia del pensamiento de Marx, en 1995, presentamos la siguiente posición: “Es posible sostener que en América Latina hay fuerzas objetivas y subjetivas capaces de dar, en este nuevo ciclo histórico que comienza, un paso decisivo en pos de la recomposición del pensamiento y la organización marxistas (...) El colapso de los grandes movimientos nacional-populistas, la ausencia de grandes y estables aparatos reformistas clásicos (y, sobre todo, la probada imposibilidad de construirlos en el actual contexto), el carácter acuciante de la crisis, tienen además otro complemento diferenciador en relación con el resto de las regiones a nivel planetario, al cual le atribuímos un peso coyuntural e históricamente decisivo: el PT de Brasil y el PC de Cuba (...).

Esta caracterización también está siendo confirmada por los acontecimientos. La derrota del imperialismo en Venezuela en abril pasado, el curso posterior de la lucha revolucionaria en aquel país, la posible victoria del PT en Brasil, e incluso la tan mal interpretada rebelión social en Argentina, entre tantos otros ejemplos, prueban esta afirmación. Podemos repetir por tanto ahora, a la luz de los acontecimientos: en medio de la crisis global del capitalismo y de una situación de extremo riesgo en todo el mundo, es en América Latina donde se vislumbra la posibilidad cierta de lograr avances sustantivos en la lucha contra el capital. Es en esta región del planeta donde el proletariado puede reconstituirse como fuerza consciente y organizada con objetivos explícitos de redención social a partir de la abolición del capitalismo.

Venezuela

Un ejemplo mayor es la posición, distante de la totalidad de las fuerzas de izquierda en Argentina, en nuestra interpretación de la Revolución Bolivariana. Ya en 1995 habíamos publicado las posiciones del entonces recién liberado ex militar Hugo Chávez. En consecuencia con ese posicionamiento, nuestro Comité Central votó el respaldo al Polo Patriótico en las elecciones de diciembre de 1998, que llevaron a Chávez a la presidencia. En esa oportunidad caracterizamos el fenómeno como un signo del desarrollo de la lucha antimperialista, como expresión del agotamiento irreversible de los partidos dominantes durante el siglo XX, como el inicio de una revolución cuyo curso dependería sobre todo de lo que ocurriera en el resto de América Latina pero que en ningún caso seguiría el derrotero “institucional” tan caro a centristas y reformistas de todo el mundo. Decíamos respecto de victoria de Chávez:

“la crisis mundial del capitalismo, su múltiple impacto en el plano regional, su manifestación en un país clave del continente, han producido un quiebre institucional irreversible.

“Sí, irreversible. Esto no se revierte por vías normales. No es que mañana tienen una nueva elección y gana un nuevo partido. Eso pudo ocurrir en Nicaragua, por ejemplo; o en Haití. Pero no ocurrirá en Venezuela. Es posible tener las mayores dudas respecto de lo que va a pasar en aquel país. Pero pesan ante todo algunas certezas determinantes: esto no se resuelve en términos institucionales”.

Conviene revisar la posición en ese momento de cada organización que se proclama revolucionaria, en Argentina y en el mundo. El resultado es un escándalo: de un extremo al otro del amplio arco definido como “izquierda”, se enfrentó –y en el mejor de los casos se desconoció- a la dirección de la naciente Revolución Bolivariana. Escándalo político, desde luego, como se vio el 12 de abril pasado, cuando esas mismas organizaciones explicaban las causas inevitables del derrocamiento de Chávez mientras las masas venezolanas lanzaban la contraofensiva que daría lugar al hecho sin precedentes de vencer a un golpe teledirigo por Estados Unidos (y mientras la UMS realizaba el único acto que en todo el mundo hubo ese día en respaldo a la Revolución Bolivariana, afirmando que el golpe no tendría chance). Pero ante todo escándalo teórico: si el arsenal conceptual de una organización no sirve para prever por dónde vendrá le hendidura del sistema, cuáles serán las fuerzas que ocuparán el centro del campo de batalla, quiénes serán los actores sociales y políticos de la confrontación, y si luego de no haber sido útil para prever el curso de los acontecimientos ese arsenal tampoco sirve para posicionarse correctamente cuando el fenómeno ocurre, es claro que no sirve para nada. La ceguera de tantos revolucionarios genuinos frente a la revolución en acto es resultado de una tergiversación total de la herramienta teórica, de la teoría marxista, esgrimida como ramas quebradizas de un árbol reseco.

Hay que decirlo ahora con la misma claridad con que siempre hablamos: esos revolucionarios genuinos dejarán de serlo si no sacan las conclusiones del caso: no estar a la vanguardia de un proceso de lucha real de las masas con el arma de la teoría es dejar al movimiento mismo librado a su suerte y al influjo de posiciones no revolucionarias, o con voluntad revolucionaria y sin fundamento teórico. Todos quienes han incurrido en este desvío que los colocó al margen y en la vereda de enfrente de la batalla de abril, culminada con una derrota histórica del imperialismo y las burguesías locales (no sólo las de Venezuela), están ante la exigencia de corregir de inmediato las causas profundas que provocaron ese alineamiento contra la revolución, so pena de quedar allí permanentemente, pero no en relación con Venezuela, sino en su propio ámbito de militancia directa. Este IV Congreso subraya que la UMS será consecuente con esta caracterización y esta exigencia en su militancia cotidiana.

Fue la interpretación respecto de la coyuntura internacional, del estado de desarrollo de las fuerzas en movimiento, así como del lugar objetivo y el papel subjetivo del proletariado en nuestros países en este momento, lo que permitió a la UMS ubicarse correctamente frente a la revolución viviente. Pero nuestra organización no se limitó a caracterizar el fenómeno. Intervino en él con el máximo de energía. Con legítimo orgullo el IV Congreso puede afirmar que fue nuestra organización la que rompió el manto de oscuridad y tergiversación que en la vanguardia y el conjunto de la sociedad pretendió mantenerse en relación con la Revolución Bolivariana. Y lo hicimos desde antes mismo de que ésta se desplegara con toda su fuerza y proyección continental e internacional, como está ocurriendo ahora a la vista de todos. La UMS destinó y continuará destinando cuadros y recursos de todo orden para contribuir a la tarea de ensamblar aquella experiencia crucial con las fuerzas revolucionarias y los movimientos sociales de todo el continente. Esta es nuestra manera de entender y practicar el internacionalismo. Y es a la vez nuestra manera de entender y practicar la lucha revolucionaria en nuestra área de intervención más inmediata.

En momentos en que preparamos nuestro Congreso, en Venezuela se profundiza minuto a minuto la lucha de clases. La contrarrevolución teledirigida por Washington no cede su presión. Y no cederá. Inexorable e ineludiblemente las fuerzas sociales en conflicto marchan hacia una confrontación decisiva. La UMS sostiene que la política implementada por el presidente Chávez está apuntada a obtener una victoria de las masas frente al imperialismo y sus títeres locales.

La batalla es extremadamente difícil y su resultado inmediato dista de ser inequívoco. Como en el resto del mundo (con la excepción de Cuba), las organizaciones que se definen revolucionarias marxistas carecen de penetración social suficiente y no están en condiciones de asumir la conducción de la confrontación. La organización de las masas en general y del proletariado en particular está llevándose a cabo merced al impulso espontáneo de la crisis y a la fuerza que le imprime al proceso el propio presidente Chávez. Sin partido, sin sindicatos, sin prensa revolucionaria de masas, con una demora significativa en los intentos de coordinación y unificación de las fuerzas que respaldan al gobierno, está llevándose a cabo sin embargo un vertiginoso proceso de organización de masas en torno a los círculos bolivarianos, una instancia de unidad social y política y, eventualmente, una base para enfrentar con las armas a la reacción junto con el sector militar alineado con Chávez. Se dan pasos efectivos en la creación de una central sindical clasista. Y se ha puesto en marcha un nuevo intento de centralización política para la acción de masas frente a la creciente ofensiva de la contrarrevolución, mediante la propuesta de unificar una cantidad de organizaciones sociales y políticas en un nuevo Movimiento Bolivariano Revolucionario-200.

Más aún que las falencias propias en esta confrontación histórica gravitan sin embargo las relaciones de fuerzas a escala continental. La adopción de medidas decisivas que corten de raíz el poder de la contrarrevolución y transformen la profunda revolución política actual en revolución social, tiene enfrente una barrera internacional, específicamente latinoamericana. Toda la estrategia militar estadounidense en América Latina está apuntada contra Venezuela. Hemos dicho desde el primer momento que el llamado Plan Colombia (y luego el Plan Puebla-Panamá) es un plan de guerra para el conjunto latinoamericano, pero específica y primordialmente contra Venezuela. Una estrategia revolucionaria consecuente debe asumir la inexorabilidad de la respuesta imperialista y debe aprontarse para enfrentarla y vencerla. Con prescindencia de las mediaciones necesarias, la Revolución Bolivariana tiene como alternativa de la encrucijada actual una resolución anticapitalista (es decir, la expropiación de terratenientes y grandes burgueses, la planificación de la economía y el ejercicio del poder político por parte de los trabajadores, los campesinos y las grandes masas populares a través de sus organizaciones propias) o una contrarrevolución victoriosa. Pero esta afirmación categórica es inseparable de otras dos, que le dan carnadura a la coyuntura que atravesamos: si la lucha contra el imperio español requirió en el siglo XIX una visión continental, el combate contra el imperialismo contemporáneo requiere no sólo una interpretación y una línea de acción análogas, sino una organización, una estrategia y una conducción política de tales dimesiones, que además incluya a los trabajadores y los pueblos de Estados Unidos y Canadá en este combate estratégico.

Por eso la victoria del PT en Brasil, tanto más probable luego de la primera vuelta, supone un extraordinario salto adelante de la revolución en Venezuela. Si el golpe contra Chávez era imposible hasta ahora en términos clásicos, luego del 6 de octubre lo es incluso en la forma de una guerra prefabricada por Estados Unidos a partir de Colombia, como está delineada en las hipótesis de los estrategas del Departamento de Estado. No obstante, debe descartarse la idea de que Estados Unidos se resigne. Precisamente porque el punto de partida es una crisis capitalista que sólo podrá agravarse durante el próximo período histórico, el imperialismo en general y Estados Unidos en particular no pueden limitarse a mantener el statu quo, mucho menos retroceder sin combate. Washington puede aceptar una tregua si la dirección política venezolana da espacio para ello. Pero sólo como aliento para redoblar el accionar contrarrevolucionario a escala mayor. Y siempre con el recurso que le resta tras haber perdido la bandera de la democracia y los derechos civiles: la guerra.

Es en estos términos que el IV Congreso interpreta la situación continental. Podemos prever por tanto la eventualidad de una desaceleración en el curso de colisión entre el gobierno de Chávez y el imperialismo como derivación inmediata del nuevo cuadro mundial a consecuencia de la victoria del PT. Si esto ocurriera, aparecerá el coro de quienes no comprenden ni asumen la magnitud de la confrontación histórica que tenemos por delante. La UMS deberá enfrentar esas expresiones de espontaneísmo y cortedad de miras, así como deberá combatir la ilusión –que sin duda aparecerá- de una resolución acordada, por vía institucional y pacífica, de la crisis económica y social que sacude al continente y de la confrontación con el imperialismo.

Brasil

A lo largo de los años y desde el primer momento hemos seguido en detalle la evolución del Partido dos Trabalhadores de Brasil. Contra la opinión dominante a uno y otro flanco del arco de izquierda defendimos la experiencia brasileña y la lucha en Argentina por lograr formas análogas de unidad social y política. Contra las acusaciones de “copiar una experiencia extranjera” (esgrimida a menudo por algunos de quienes hoy desmayan aludiendo al “ejemplo brasileño”), sostuvimos que fue en Argentina donde por primera vez en América Latina plasmó un partido de los trabajadores: el Partido Laborista, cooptado primero, reprimido y destruido luego por la fuerza que tomaría su lugar bajo la denominación de “justicialismo”. Sostuvimos siempre que esa tradición organizativa y política reaparecería necesariamente, con su carga positiva y negativa. Con certeza la victoria del PT replanteará la posibilidad en un cuadro nuevo. Frente al sospechoso “petismo” hoy convertido en pandemia, nuestra caracterización de la situación posterior a la victoria electoral del PT excluye el exitismo y el oportunismo.

Nuestro Comité Central votó formalmente el apoyo al PT en las elecciones, debatir el informe del XII° Encuentro Nacional del PT, realizado en diciembre de 2001. Luego la dirección hegemónica del PT fue más allá aún e hizo el acuerdo con el Partido Liberal y la iglesia evangélica. Registramos esos desvíos de seguras consecuencias negativas, pero mantuvimos el respaldo a un voto de unidad social y política de las grandes masas explotadas y oprimidas. Las sectas que tomaron un rumbo contrario han firmado su sentencia de muerte: la victoria del PT en primera vuelta y la altamente probable resolución positiva en la segunda es un hecho objetivo que produce, incluso antes de consumarse formalmente, un drástico desplazamiento de fuerzas en detrimento del imperialismo y el gran capital, conducido por una dirección política centrista hegemonizada por la socialdemocracia, con base obrera y campesina de dimensiones gigantescas. Se acelera así en Sudamérica el proceso de realineamiento social y político a gran escala. Este fenómeno, que comienza ahora mismo a desarrollarse en la región, gravitará incluso sobre el naciente proceso de radicalización en curso en Estados Unidos. Pero tendrá un impacto directo, múltiple e inmediato sobre la realidad política argentina.

El primer aspecto de ese impacto será altamente positivo: la conciencia de la posibilidad de alcanzar lo que las masas viven como una victoria, la asunción de la noción de partido de masas, el choque objetivo contra las pseutoerías contrarrevolucionarias que llaman a trabajadores y jóvenes a no organizarse y a no luchar por el poder político, la incorporación objetiva de la noción “partido de los trabajadores”. Simultáneamente se afirmará la noción de unidad latinoamericana –bajo el marbete del Mercosur ampliado- y la dinámica de pensar formas unitarias en los terrenos político, económico, comercial, diplomático y hasta monetario y militar. Los revolucionarios marxistas no necesitan argumentos para comprender la formidable potencialidad histórica de estos factores nuevos que pesan ya en nuestra realidad regional.

Junto a esto, sin embargo, se traducirá el hecho no menos objetivo de que el PT llevó como vicepresidente a un gran capitalista, jefe de un partido reaccionario, es decir, la noción de conciliación de clases. En Argentina esta idea tiene carnadura propia de casi un siglo en los partidos Socialista, Comunista y luego el peronismo que lo absorbió todo. De manera que la oleada brasileña convergerá con una realidad profunda de raigambre histórica. 

Todo ello se apoyará, en Brasil, sobre un campo minado: la crisis económica más grave de Sudamérica en el país de mayor poblamiento y gravitación subcontinental, donde la situación social de obreros, campesinos y desocupados es sencillamente imposible de sostener por más tiempo con sólo los recursos de la democracia burguesa. La actual situación económico-financiera de Argentina es un pálido adelanto de lo que le espera a Brasil. Para afrontar esa realidad, el nuevo gobierno tendrá su primer problema en su propia composición. Más allá de las mediaciones –para las cuales los políticos brasileños tienen impar habilidad- ninguno de los problemas sociales y económicos de fondo se resolverá en Brasil mientras no se imponga de manera terminante una hegemonía incontestable en el propio gobierno. La lucha de clases estará ante todo dentro mismo del Palacio del Planalto, con Lula y Alencar como actores de una trama cuyo guión se escribe en la inmensa geografía brasileña y en los centros de poder mundial. El curso de la lucha antimperialista y anticapitalista en el resto de Sudamérica y específicamente en Argentina y Venezuela gravitará con enorme fuerza en el desenlace de este combate histórico.

La UMS continuará su labor interna, regional e internacional sobre los lineamientos trazados desde su fundación. Sólo que esa labor se desarrollará en un terreno que ya no será el espacio virtual de una previsión teórica, sino el combate real donde la fractura del imperialismo, la lucha de los obreros en los países centrales, la lucha antimperialista y la lucha de nuestra clase en cada uno de nuestros países sometidos al yugo imperial se encadenará y combinará en un complejísimo proceso de constante aceleración. La constitución efectiva de un Bloque antimperialista continental, como propusimos en el primer Encuentro del Foro de Sao Paulo, tiene hoy la posibilidad concreta de realizarse, con punto de apoyo en Caracas, Brasilia y La Habana. Pero la conformación de una dirección revolucionaria marxista en cada país y a escala internacional está todavía distante. Si hasta ahora ha sido teórica y prácticamente muy difícil elaborar y aplicar una línea de acción revolucionaria marxista, de aquí en adelante lo será más aún. La exigencia se redoblará en todos los planos. Y la necesidad de dar pasos efectivos en la recomposición de fuerzas marxistas aquí y en la región sobre la que actuamos tendrá un carácter más perentorio.  

ALCA - Mercosur

Si se confirma la victoria del PT en segunda vuelta el continente estará ante una múltiple derrota de Estados Unidos. La segunda de gran envergadura en cuatro meses en Sudamérica. La burguesía brasileña había trazado ya con el gobierno de Fernando Henrique Cardoso una línea roja contra el ALCA. Esa línea se engrosará a partir de ahora, pese a que un sector del PT está, desde hace tiempo, a la derecha del actual gobierno en relación con este dilema estratégico.

La lucha contra el ALCA debe ser cuidadosamente definida porque allí se presenta el punto en el que la lucha antimperialista en sus términos más amplios es tangencial a la política de conciliación de clases. Para los revolucionarios marxistas la oposición a la unificación continental que plantea el imperialismo estadounidense no tiene el mismo carácter, la misma dinámica ni el mismo contenido puntual que tiene para las burguesías regionales. Además de la fractura que las divide entre socios menores de Washington y defensores de la industria y el mercado propios, éstas se dividirán en el próximo período entre quienes adoptarán un discurso nacionalista y quienes, con la Unión Europea detrás, pretenderán sostener el marco liberal. Esta será una prueba de fuego para los revolucionarios marxistas, que tendremos que defender la nación frente a lo que sin duda será una cada día más acentuada presión imperialista –que antes de no mucho se traducirá abiertamente en el terreno militar- y al mismo tiempo tendremos que levantar el estandarte de la democracia de masas como continuidad dialéctica de la democracia liberal burguesa.

Para nosotros lo opuesto al ALCA no es el Mercosur. Esa noción, hoy popularizada en filas de izquierda, carece de todo y cualquier fundamento desde el punto de vista de la clase obrera. Lo contrario al ALCA es hoy la defensa de todo aquello que contribuya a instaurar una dinámica en cuyo desenlace histórico aguarda la creación de una Confederación Socialista de las Américas. El Mercosur puede sí ser un ámbito en el que se abroquelen las burguesías regionales para resistir la embestida de un Estados Unidos minuto a minuto más acuciado por su crisis económica. La coincidencia antimperialista, sin embargo, deberá proyectarse en una estrategia y un conjunto de tácticas propias, todas contrapuestas en fundamento y diferenciada en la acción ante las masas a los intereses y políticas burguesas. Es dudoso que el PT pueda resolver eso correctamente en una primera fase. Lo más probable es que se limite a la diplomacia de “un Mercosur ampliado”. Esto deberá ser apoyado por los revolucionarios marxistas, pero entendido como vía de transición hacia formas políticas (Confederación, moneda única) y económicas (planificación de grandes emprendimientos comunes) de asociación sudamericana en la cual la clase obrera deberá constituirse como tal y disputar el poder político a esa escala. De modo que, además de bregar con el máximo de nuestras capacidades por darle forma concreta a un bloque antimperialista continental –es decir, que incluya a los trabajadores y los pueblos de Estados Unidos y Canadá, como también propusimos cuando participamos en la fundación del Foro de Sao Paulo), debemos asumir esas dos magnas tareas históricas: la constitución de la clase obrera latinoamericana como clase para sí, y la conformación de todos los instrumentos necesarios para la lucha por el poder.

Ese camino no vamos a comenzar a recorrerlo ahora. Es el que venimos trazando y andando desde nuestra fundación. En este nuevo cuadro podremos en cambio afirmar estamos a un paso de afirmar otra gran conquista en ese terreno, con la participación en un órgano de prensa continental, destinado a armar teórica y políticamente a decenas de millares de cuadros revolucionarios. Es un enorme desafío, que le costará a la UMS la cesión de cuadros y fuerzas. Pero no existe siquiera la posibilidad de vacilar ante la tarea: se trata de contribuir a en una batalla política, cultural e ideológica, desde nuestras definiciones, en un momento en que la confrontación con el imperialismo y sus representantes toma cuerpo concreto en todo el continente, en un momento en el que los revolucionarios tienen ante sí la exigencia de definir una línea de acción común, una organización, una estrategia y una conducción política a la altura del desafío histórico que América y el mundo afronta en esta hora.

Buenos Aires, 8 de Octubre de 2002.


Hosted by www.Geocities.ws

1