Las corrientes denominadas de izquierda
1_
Al cabo de más de dos décadas de victorias contra las masas en
todos los órdenes (económico, político, cultural, militar y sobre todo
ideológico), el imperialismo desembocó en una situación de crisis de
sobreproducción sin precedentes, caída de la tasa de ganancia, violenta
centralización de capitales, polarización inédita de la riqueza,
agudización extrema de las contradicciones interimperialistas e
interburguesas, y desmantelamiento o debilitamiento profundo de todas
las organizaciones políticas, sindicales y sociales conciliadoras entre
capital y trabajo... con la consecuente liquidación de los fundamentos
sobre los que se asentaron el control y el desarrollo imperialista luego
de la Segunda Guerra Mundial.
2_
La desarticulación del stalinismo y la exposición de su verdadero
rostro ante las masas constituyó en un sentido una victoria histórica
para la clase obrera mundial. Pero también, y a un mismo tiempo, la
desaparición por todo un período de cualquier punto de unidad social y
político desde el cual resistir la arremetida del capital mundial y sus
representantes locales.
La suma de victorias del imperialismo produjo un
efecto muy hondo en la conciencia de los trabajadores y las juventudes
de todo el planeta, clausurando por un período la recomposición
ideológica, política y organizativa de las masas explotadas y oprimidas.
3_ Aunque llevado por la crisis del capital el mundo ha entrado
ya en una nueva situación, aquel dato esencial y determinante en las
relaciones objetivas de fuerzas continua vigente. La suma de
acontecimientos que registran avances en sectores del proletariado
mundial y sus vanguardias –no podemos dejar de citar las gigantescas
huelgas reivindicativas en Italia, España, Francia, Grecia en los
últimos meses-, no constituyen hasta el momento un cambio cualitativo en
el estado de confusión, disgregación y parálisis del movimiento obrero
que caracterizó el período anterior.
Por primera vez en poco más de dos siglos de hegemonía
capitalista mundial, una crisis del sistema no encuentra frente a sí a
las víctimas organizadas en estructuras sociales y políticas propias.
4_ Para innumerables fracciones que se oponen al capital desde
diferentes vertientes ha sido imposible conciliar las nociones de unidad
social y política de las masas explotadas y oprimidas con la del partido
revolucionario marxista. Aquello que la Internacional Comunista denominó
en sus cuatro primeros congresos Frente Único Proletario y Frente
Antiimperialista, son conceptos perdidos o desvirtuados para la mayor
parte de la militancia marxista, la cual, empujada por esta carencia,
oscila desde hace décadas entre el ultraizquierdismo y el oportunismo.
5_ Desde los Frentes Populares en el primer cuarto del siglo
pasado hasta las fuerzas que tratan de ajustarse a esa definición en la
actualidad regional (PT en Brasil, FA en Uruguay), pasando por la Unidad
Popular en Chile en los años 70, el capital cuenta con el recurso de
ceder el gobierno a organizaciones y dirigentes de origen y definiciones
a favor de las grandes mayorías sociales (por tanto capaces de
garantizar, siquiera en un período inicial, el control político de la
sociedad), pero distantes de una política anticapitalista efectiva.
En el gobierno estas fuerzas defraudarán las expectativas de
las grandes mayorías... y al cabo quedarán a merced del imperialismo y
el gran capital asociado.
6_ Esta política de conciliación de clases, se complementa con
las abstracciones del ultraizquierdismo, cuyo punto de partida es que
las masas obreras son revolucionarias y si no avanzan es por culpa de
dirigentes traidores.
Quienes en 1991 veían a las masas proletarias soviéticas
avanzando hacia la verdadera revolución socialista, que se extendería a
todo el mundo y, aunque ya no lo propaguen, todavía no han corregido
aquel desvarío (prácticamente todas las organizaciones que gustan
denominarse “trotskystas”), no pueden interpretar las relaciones de
fuerzas hoy en juego, prever la dinámica y definir una línea de acción.
Para quienes entienden de esta manera la realidad social. lo único
necesario es formar el “estado mayor” de un ejército conscientemente
anticapitalista. Ese estado mayor es, claro está, el que comanda cada
uno de los agrupamientos que sostienen tales posiciones. Los restantes
son meras expresiones pequeño-burguesas, cuando no directamente
contrarrevolucionarias.
7_ De semejantes interpretaciones –derivadas de la aguda crisis
ideológica, teórica, política y organizativa de las corrientes
generalmente llamadas de izquierda, tanto en sus variantes populistas,
como en las que explícitamente se asumen como marxistas- se desprende
una línea ante las masas y un criterio de construcción partidaria: la
clase obrera como fuerza meramente instrumental y el partido como
aparato.
“No es posible avanzar en la construcción de un
partido revolucionario cuya divisa es ‘la emancipación de los
trabajadores será obra de los trabajadores mismos’ edificando una secta
y educando a sus militantes como sectarios, en lugar de educar
revolucionarios con pensamiento propio y capacidad de decisión en los
momentos supremos de la confrontación de clases” (“Ser comunista
en el siglo XXI” – L. Bilbao; 1999)
Tales conductas resultaron decisivas en más de una
ocasión para que abortara una posibilidad de salto cualitativo en la
situación de las masas obreras, transformándolo en victoria del enemigo
de clase.
No es posible eludir la responsabilidad de los
diferentes agrupamientos de este signo, sobre el actual estado de la
clase obrera y la sociedad en su conjunto.
8_ Amparados en la debacle de las experiencias anticapitalistas
del siglo XX (con la excepción de Cuba), y bajo la máscara de la
posmodernidad, proliferó también una sostenida militancia antimarxista,
que apuntó a aniquilar la teoría de la construcción del partido para
tomar el poder. Lo que equivale a demoler la conciencia y las bases para
construir los instrumentos de emancipación del proletariado. Esta
reencarnación timorata del anarquismo –aún con considerable peso entre
la juventud estudiantil- propuso como fórmula, bajo la fachada del culto
a la horizontalidad, “luchar por la revolución sin luchar contra el
poder”. Expresión política que durante más de dos décadas emergió como
depositaria de lo nuevo, y que en la mayoría de los casos, traduce
intereses de clases y sectores de clases diferentes –y hasta opuestos-
al proletariado.
Autodeterminación y Libertad es hoy la manifestación más clara de esta
fuga utopista.
9_ La recomposición de fuerzas consecuentemente anticapitalistas
–y esto resulta tanto más perentorio cuanto más se evidencia que el
desarrollo objetivo de la crisis del sistema se ha acelerado
vertiginosamente- además de inseparable es hoy extremadamente
dependiente del tránsito del conjunto del proletariado hacia su unidad
social tras un proyecto político propio.
Hay por delante una nueva batalla, en muchos aspectos
decisiva y de efectivo alcance internacional, por conquistar el corazón
y la inteligencia de las masas explotadas y oprimidas.
10_ Es ante esta responsabilidad que las fuerzas se tensan y cada
organización que se proclama revolucionaria muestra sobre qué cimientos
está construida.
En oposición a la demagogia, el electoralismo y el
agitativismo de buena parte de las filas anticapitalistas, para la UMS
no hay margen de dudas: las masas no están a la ofensiva. No hay
situación revolucionaria sin la movilización masiva de la clase obrera,
que aún no se ha subido al escenario de la lucha social y política. Tal
como afirma Eslabón Nº 38 “las numerosas y a menudo heroicas luchas
de nuestra clase y nuestro pueblo están hoy limitadas a vanguardias con
mayor o menor amplitud pero sin conexión política y orgánica con el
conjunto social”.
Peor aún, la izquierda es responsable directa –una vez más-
de abortar la dinámica unitaria surgida tras la feroz represión del 26
de junio, cuando sucesivas movilizaciones mostraron que en las masas
populares hay niveles importantes de reserva para la resistencia.
Esa vanguardia social –endeble e inestable- fue
criminalmente fraccionada en una hora crucial para Argentina y el
continente. La llegada de Paul O´Neill como abanderado de la brutal
embestida de Washington para transformar a nuestro país directamente en
colonia, fue respondida con un par de actos contrapuestos y anémicos a
contramano de la tarea de la hora: conformar la más amplia unidad contra
el imperialismo.
Los trabajadores desocupados, los piqueteros,
ubicados como eje del accionar político
11_ El sector desocupado de la clase trabajadora está muy lejos de
constituir una fuerza social hegemónica, no tiene ni puede tener por sí
mismo una perspectiva política propia.
Para peor, su sector activo (ínfimo en relación con los más
de 4 millones de desempleados) ha sido irresponsablemente fraccionado
por organizaciones y dirigentes que no quieren o no pueden comprender el
valor de la unidad social y política de las masas explotadas y
oprimidas.
En una conducta ajena a la teoría y la práctica histórica de
los revolucionarios marxistas, las corrientes de izquierda han creado
sus propios aparatos tratando de imponer su conducción a esta franja
social: el Partido Obrero montó rápidamente el Polo Obrero, el Partido
Comunista al Movimiento Territorial Liberación, el PRL a la Coordinadora
de Unidad Barrial, MAS-PRS-FOS coincidieron en la creación de la
Federación de Trabajadores Combativos, y todos junto al Movimiento
Teresa Rodríguez, conformaron el Bloque Piquetero Nacional; enfrentados
al agrupamiento que conforman la Corriente Clasista y Combativa, brazo
sindical del PCR (ya sin Castells, Delfini o Santillán), con la FTV/CTA
–dirigida por el diputado provincial Luis D´Elia-. La fragmentación del
movimiento se prolonga en otros grupos como: el Movimiento Barrios de
Pie (Patria Libre), el Movimiento Sin Trabajo “Teresa Vive” –con la
particularidad de haber sido expulsado del Bloque Piquetero al ser
calificado como sello del MST-, el efímero Movimiento por la
Coordinación Obrera ligado al PTS, el Movimiento Independiente de
Jubilados y Desocupados (Castells), o la Coordinadora de Trabajadores
Desocupados Aníbal Verón.
12_ Este conglomerado de siglas se ha conformado y funciona según
el concepto de “frentismo de izquierda”. Aunque cambien los nombres y
las consignas suenen mucho más radicales, no hay nada nuevo como
concepto de acción ante la realidad social y política del país. Se
disputan el reconocimiento como “expresión auténtica de los que luchan”,
pero también el manejo de los planes sociales: el resultado es una
disgregación del ya de por sí disperso movimiento de desocupados y la
separación cada vez más profunda con los trabajadores en actividad, todo
lo cual redunda en debilitamiento extremo frente al Estado y las
patronales.
Simultáneamente el gobierno –combinando represión con
asistencialismo- avanzó en el plan de subsidios para jefes y jefas de
familia. Aún si no fuese verdad la información oficial según la cual más
de un millón setecientos mil planes sociales están ya encaminados, es
indudable que el proyecto –bendecido por la iglesia católica- marcha, y
gana espacio la estrategia de desactivar las organizaciones que
centraron su accionar en este sector social y en la obtención y
administración de planes trabajar.
13_ Por un lado el tandem Délía-Alderete (FTV/CTA-CCC), integrado
a los Consejos Consultivos que amalgaman punteros políticos,
patrones, burócratas sindicales y hombres de la iglesia, encargados del
reparto de los subsidios. Por el otro el Bloque Nacional Piquetero
reuniéndose con la ministra de trabajo –Graciela Camaño de Barrionuevo-,
reclamando la extensión de los planes y un incremento del valor de los
subsidios, como reivindicaciones centrales.
Las declaraciones de D´Elia (FTV-CTA)no dejan lugar a dudas:
“Esto no calma totalmente a los desempleados” pero “es la
primera vez que tenemos un proyecto universal que atienda a todos los
desocupados de Argentina” (Clarín, 2 de abril 2002). Tampoco las de
Amancay Ardera (coordinador nacional de la CCC), defendiendo el sistema
de “puntaje” para repartir comida: “La persona que va a una asamblea
tiene un punto, el que va a una movilización, otro, y el que participa
en un corte de ruta se suma otro. Los compañeros están en un listado y
se hace presentismo. Cuando hay que repartir se miran los cuadernos y en
el caso que hablamos los primeros de la lista reciben la bolsa” (La
Nación, 3 de marzo 2002).
Pero poco más puede esperarse de los sectores reagrupados
como “izquierda de las fuerzas piqueteras”, cuando uno de sus
principales ideólogos vocifera: “las jornadas pasadas (19 y 20 de
diciembre) no sólo fueron una revolución popular; la clase que, entre
todas, jugó un papel dirigente fue la clase obrera. En primer lugar,
porque el movimiento piquetero está dirigido por delegados históricos de
la clase obrera que se encuentran desocupados, pero que continúan la
representación histórica del movimiento obrero combativo de la Argentina”.
Señalando como elemento central del levantamiento popular: “... el
desarrollo extraordinario del movimiento piquetero en la ciudad de
Buenos Aires, su repercusión en la legislatura y la formación del Polo
Obrero porteño, bajo la influencia del equipo legislativo del partido
Obrero” (Jorge Altamira, “La espontaneidad de las masas / ignoran
una década de lucha piquetera”, Palabra Obrera Nº 735).
Como no podía ser de otra manera estas corrientes no logran,
ni aún en la terminología, superar el espontaneísmo de las fuerzas
genuinas que produce la crisis, pero tampoco tienen su vigor y
potencialidad. Peor aún: los representantes directos del movimiento real
no sólo no encuentran respuestas a sus necesidades políticas y
organizativas, sino que ven en ese tipo de afirmaciones un factor de
confusión y división.
14_ Sólo la demanda de “trabajo para todos” tiende a unir
las filas del movimiento obrero –a los desocupados con los trabajadores
en actividad- contra el régimen capitalista. Del “ejército industrial de
reserva”, considerando necesario por los capitalistas para tirar abajo
el precio de la mercancía fuerza de trabajo (el salario), surgió una
exigencia que sólo puede conseguirse con la incorporación en masa de los
desocupados a la producción: “trabajo para todos”. No hay manera
de concretar esta reivindicación más que repartiendo las horas de
trabajo entre todos los brazos disponibles.
Un programa de emergencia que además incorpora la demanda
por una “reforma agraria reparto de tierras a todos los desocupados”
y un “plan alimentario nacional”, permitiría conformar la más
amplia unidad de los trabajadores contra el hambre y la desocupación.
Debates en torno a la Asamblea Constituyente
15_ Una consigna hoy dominante en el amplio espectro de las siglas
que se disputan el patrimonio de la izquierda es la de Asamblea
Constituyente.
Desde una multiplicidad de variantes –“soberana”, “con
poder”, “revolucionaria”- cada corriente recurre a todo tipo de
artificios tratando de ajustar la realidad concreta a su estrategia.
Así para Jorge Altamira en Prensa Obrera de febrero de 2002:
“Cuando todavía no están reunidas las condiciones para oponer los
explotados a la burguesía en términos de capitalismo o socialismo, o de
dictadura burguesa versus dictadura proletaria, sirven a ese propósito
fundamental las consignas de la democracia, como la Asamblea
Constituyente soberana. Estamos reconociendo con ello el carácter
transicional de la situación política y de la evolución de las masas, no
es una consigna que ata al pueblo al Estado capitalista en
descomposición, sino que lo ayuda a enfrentar y a derrocar a ese
Estado... sirve para plantear el problema del poder en las condiciones
concretas de la crisis...”
Desde la otra vertiente de la izquierda, el informe
del Comité Central del PCR (29 y 30 de diciembre de 2001) tras reseñar
las luchas que culminaron en el “argentinazo” del 19 y 20 de diciembre
–entre ellas “la manifestación del viernes 14 donde más de tres mil
partidarios del coronel Seineldín reclamaron su libertad”-; y las
expectativas en las “medidas reformistas y nacionalistas” del efímero
gobierno de Rodríguez Saá; concluye afirmando: “Sólo tal tipo de
gobierno será capaz de tomar todas esas medidas que requiere la
emergencia y convocar a una Asamblea Constituyente Soberana que sea la
que decida, con el efectivo protagonismo de las masas populares, el
futuro del pueblo y de la Patria. Para esa Constituyente Soberana los
comunistas revolucionarios propugnamos nuestro Programa para la
revolución democrático-popular, agraria y antiimperialista, en marcha
ininterrumpida al socialismo”.
La convocatoria a una Asamblea Constituyente –en
esencia un Parlamento democrático burgués- desconoce el rechazo masivo
al sistema político vigente expresado por millones a través del voto
protesta en las elecciones legislativas del pasado 14 de octubre, y
posteriormente en las jornadas insurreccionales de diciembre. Donde la
abrumadora mayoría de la población anunció su disposición a enfrentar
las políticas de las clases dominantes; y se niega a hacerlo mediante
los grandes partidos patronales. Descree del Congreso mismo como ámbito
para obtener las respuestas que la crisis exige.
El punto más grave sin embargo es la ausencia absoluta de un
análisis riguroso de la relación de fuerzas entre las clases. La
Asamblea Constituyente es levantada en este momento por las
organizaciones de izquierda tradicionales, por sectores reformistas y
por partidos patronales. Ante la necesidad de diferenciarse, quienes se
autodenominan “revolucionarios” apelan a la adjetivación: Asamblea
Constituyente con poder; AC revolucionaria. En la actual correlación de
fuerzas sociales, el llamado a una Constituyente queda entrampado en la
iniciativa burguesa, ellos serán quienes manejen el proceso y la
definición. Para los agrupamientos de izquierda podrá implicar una
cierta ampliación de la cantidad de diputados y cargos, sin que esto
implique un salto cualitativo en la conciencia y organización de las
grandes masas de la población.
Una Asamblea Constituyente debe ser el resultado de un
proceso de acumulación política de masas, para que sea la clase
trabajadora y los sectores populares quienes asuman la dirección del
movimiento hacia una Constituyente. El primer paso es afirmar los
cimientos de una herramienta política de masas, como única garantía para
provocar una verdadera conmoción política y social. En síntesis sólo es
posible convocar a una Asamblea Constituyente después de una revolución
social o en el marco de una tensión de fuerzas de tal magnitud que
convulsionen todos los parámetros institucionales y de poder, como es el
caso actual de la Revolución Bolivariana de Venezuela.
16_ La profundización de la crisis económica viene acompañada por
signos estremecedores de derechización y ha instaurado una dinámica
política internacional de sistemáticos ataques a los derechos
democráticos en todos los órdenes. Esta embestida claramente visible en
nuestro país, plantea un peligro que no podría ser exagerado. La
indeferenciación entre los conceptos de democracia burguesa y democracia
de los trabajadores, da lugar a que la furia que crece en las masas
contra la brutal expoliación imperialista y la vergonzosa entrega del
patrimonio nacional por parte de las burguesías locales, tiende a
identificarse con el odio a los regímenes políticos –las
democracias burguesas, que aplican esos programas antipopulares-, en
lugar de transformarse en odio al sistema capitalista y voluntad
de lucha por una sociedad socialista.
Si con la bandera de la democracia se superexplota,
se hambrea, se entrega la soberanía y se reprime; y si las fuerzas
políticas genuinamente democráticas y populares no se ponen a la cabeza
de la denuncia y la acción contra esos regímenes, mostrando hasta las
últimas consecuencias la diferencia entre la democracia burguesa y la
democracia de los trabajadores, y encontrando el camino para defender
las libertades democráticas sin convivencia alguna con la burguesía y el
imperialismo, y sin concesiones al chantaje de estos entornos de las
banderas de la democracia, inexorablemente las masas confundidas
respaldarán a demagogos populistas o directamente fascistas. Que con ese
apoyo dividirán las filas populares, derrocarán a los frágiles gobiernos
democrático-burgueses (en muchos casos con la colaboración activa de
esos mismos gobiernos) y arrasarán con las libertades y los derechos de
las masas.
Por ello resulta obligada la diferenciación entre
democracia burguesa y democracia de los trabajadores y el reconocimiento
de que entre una y otra media una revolución. Y no apenas una revolución
política, sino una revolución social que cambie la naturaleza del
Estado. Cuba es hoy el ejemplo vigente de estado democrático de los
trabajadores.
17_ Se trata de articular un programa que anude la lucha por las
libertades democráticas con la lucha antiimperialista, por la soberanía
y la justicia social.
Pero no basta con empeñarse en dar vida a ese programa en
nuestro país. En esta etapa histórica de crisis del capitalismo y en
esta particular coyuntura internacional, la defensa de las libertades
democráticas a lo largo del continente, requiere la formulación de un
programa de lucha continental contra el imperialismo y una enérgica
labor destinada a constituir un bloque antiimperialista desde Alaska
hasta Tierra del Fuego que unifique a todos los partidos, agrupamientos
y personalidades comprometidas con la defensa de la libertad y la
democracia, con el derecho a la soberanía y a la elemental dignidad
humana que el imperialismo hoy le niega a nuestros pueblos.
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