Destacamento en la construcción de un genuino Partido de los Comunistas en Argentina
y por la recomposición de las fuerzas revolucionarias marxistas en todo el mundo

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Las corrientes denominadas de izquierda 

1_        Al cabo de más de dos décadas de victorias contra las masas en todos los órdenes (económico, político, cultural, militar y sobre todo ideológico), el imperialismo desembocó en una situación de crisis de sobreproducción sin precedentes, caída de la tasa de ganancia, violenta centralización de capitales, polarización inédita de la riqueza, agudización extrema de las contradicciones interimperialistas e interburguesas, y desmantelamiento o debilitamiento profundo de todas las organizaciones políticas, sindicales y sociales conciliadoras entre capital y trabajo... con la consecuente liquidación de los fundamentos sobre los que se asentaron el control y el desarrollo imperialista luego de la Segunda Guerra Mundial. 

2_        La desarticulación del stalinismo y la exposición de su verdadero rostro ante las masas constituyó en un sentido una victoria histórica para la clase obrera mundial. Pero también, y a un mismo tiempo, la desaparición por todo un período de cualquier punto de unidad social y político desde el cual resistir la arremetida del capital mundial y sus representantes locales.

La suma de victorias del imperialismo produjo un efecto muy hondo en la conciencia de los trabajadores y las juventudes de todo el planeta, clausurando por un período la recomposición ideológica, política y organizativa de las masas explotadas y oprimidas.

3_        Aunque llevado por la crisis del capital el mundo ha entrado ya en una nueva situación, aquel dato esencial y determinante en las relaciones objetivas de fuerzas continua vigente. La suma de acontecimientos que registran avances en sectores del proletariado mundial y sus vanguardias –no podemos dejar de citar las gigantescas huelgas reivindicativas en Italia, España, Francia, Grecia en los últimos meses-, no constituyen hasta el momento un cambio cualitativo en el estado de confusión, disgregación y parálisis del movimiento obrero que caracterizó el período anterior.

            Por primera vez en poco más de dos siglos de hegemonía capitalista mundial, una crisis del sistema no encuentra frente a sí a las víctimas organizadas en estructuras sociales y políticas propias. 

4_        Para innumerables fracciones que se oponen al capital desde diferentes vertientes ha sido imposible conciliar las nociones de unidad social y política de las masas explotadas y oprimidas con la del partido revolucionario marxista. Aquello que la Internacional Comunista denominó en sus cuatro primeros congresos Frente Único Proletario y Frente Antiimperialista, son conceptos perdidos o desvirtuados para la mayor parte de la militancia marxista, la cual, empujada por esta carencia, oscila desde hace décadas entre el ultraizquierdismo y el oportunismo. 

5_        Desde los Frentes Populares en el primer cuarto del siglo pasado hasta las fuerzas que tratan de ajustarse a esa definición en la actualidad regional (PT en Brasil, FA en Uruguay), pasando por la Unidad Popular en Chile en los años 70, el capital cuenta con el recurso de ceder el gobierno a organizaciones y dirigentes de origen y definiciones a favor de las grandes mayorías sociales (por tanto capaces de garantizar, siquiera en un período inicial, el control político de la sociedad), pero distantes de una política anticapitalista efectiva.

            En el gobierno estas fuerzas defraudarán las expectativas de las grandes mayorías... y al cabo quedarán a merced del imperialismo y el gran capital asociado. 

6_        Esta política de conciliación de clases, se complementa con las abstracciones del ultraizquierdismo, cuyo punto de partida es que las masas obreras son revolucionarias y si no avanzan es por culpa de dirigentes traidores.

            Quienes en 1991 veían a las masas proletarias soviéticas avanzando hacia la verdadera revolución socialista, que se extendería a todo el mundo y, aunque ya no lo propaguen, todavía no han corregido aquel desvarío (prácticamente todas las organizaciones que gustan denominarse “trotskystas”), no pueden interpretar las relaciones de fuerzas hoy en juego, prever la dinámica y definir una línea de acción.

Para quienes entienden de esta manera la realidad social. lo único necesario es formar el “estado mayor” de un ejército conscientemente anticapitalista. Ese estado mayor es, claro está, el que comanda cada uno de los agrupamientos que sostienen tales posiciones. Los restantes son meras expresiones pequeño-burguesas, cuando no directamente contrarrevolucionarias. 

7_        De semejantes interpretaciones –derivadas de la aguda crisis ideológica, teórica, política y organizativa de las corrientes generalmente llamadas de izquierda, tanto en sus variantes populistas, como en las que explícitamente se asumen como marxistas- se desprende una línea ante las masas y un criterio de construcción partidaria: la clase obrera como fuerza meramente instrumental y el partido como aparato.

No es posible avanzar en la construcción de un partido revolucionario cuya divisa es ‘la emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos’ edificando una secta y educando a sus militantes como sectarios, en lugar de educar revolucionarios con pensamiento propio y capacidad de decisión en los momentos supremos de la confrontación de clases” (“Ser comunista en el siglo XXI” – L. Bilbao; 1999)

Tales conductas resultaron decisivas en más de una ocasión para que abortara una posibilidad de salto cualitativo en la situación de las masas obreras, transformándolo en victoria del enemigo de clase.

No es posible eludir la responsabilidad de los diferentes agrupamientos de este signo, sobre el actual estado de la clase obrera y la sociedad en su conjunto. 

8_        Amparados en la debacle de las experiencias anticapitalistas del siglo XX (con la excepción de Cuba), y bajo la máscara de la posmodernidad, proliferó también una sostenida militancia antimarxista, que apuntó a aniquilar la teoría de la construcción del partido para tomar el poder. Lo que equivale a demoler la conciencia y las bases para construir los instrumentos de emancipación del proletariado. Esta reencarnación timorata del anarquismo –aún con considerable peso entre la juventud estudiantil- propuso como fórmula, bajo la fachada del culto a la horizontalidad, “luchar por la revolución sin luchar contra el poder”. Expresión política que durante más de dos décadas emergió como depositaria de lo nuevo, y que en la mayoría de los casos, traduce intereses de clases y sectores de clases diferentes –y hasta opuestos- al proletariado.

Autodeterminación y Libertad es hoy la manifestación más clara de esta fuga utopista.

9_        La recomposición de fuerzas consecuentemente anticapitalistas –y esto resulta tanto más perentorio cuanto más se evidencia que el desarrollo objetivo de la crisis del sistema se ha acelerado vertiginosamente- además de inseparable es hoy extremadamente dependiente del tránsito del conjunto del proletariado hacia su unidad social tras un proyecto político propio.

            Hay por delante una nueva batalla, en muchos aspectos decisiva y de efectivo alcance internacional, por conquistar el corazón y la inteligencia de las masas explotadas y oprimidas. 

10_      Es ante esta responsabilidad que las fuerzas se tensan y cada organización que se proclama revolucionaria muestra sobre qué cimientos está construida.

            En oposición a la demagogia, el electoralismo y el agitativismo de buena parte de las filas anticapitalistas, para la UMS no hay margen de dudas: las masas no están a la ofensiva. No hay situación revolucionaria sin la movilización masiva de la clase obrera, que aún no se ha subido al escenario de la lucha social y política. Tal como afirma Eslabón Nº 38 “las numerosas y a menudo heroicas luchas de nuestra clase y nuestro pueblo están hoy limitadas a vanguardias con mayor o menor amplitud pero sin conexión política y orgánica con el conjunto social”.

            Peor aún, la izquierda es responsable directa –una vez más- de abortar la dinámica unitaria surgida tras la feroz represión del 26 de junio, cuando sucesivas movilizaciones mostraron que en las masas populares hay niveles importantes de reserva para la resistencia.

            Esa vanguardia social –endeble e inestable- fue criminalmente fraccionada en una hora crucial para Argentina y el continente. La llegada de Paul O´Neill como abanderado de la brutal embestida de Washington para transformar a nuestro país directamente en colonia, fue respondida con un par de actos contrapuestos y anémicos a contramano de la tarea de la hora: conformar la más amplia unidad contra el imperialismo. 

Los trabajadores desocupados, los piqueteros, ubicados como eje del accionar político

11_      El sector desocupado de la clase trabajadora está muy lejos de constituir una fuerza social hegemónica, no tiene ni puede tener por sí mismo una perspectiva política propia.

            Para peor, su sector activo (ínfimo en relación con los más de 4 millones de desempleados) ha sido irresponsablemente fraccionado por organizaciones y dirigentes que no quieren o no pueden comprender el valor de la unidad social y política de las masas explotadas y oprimidas.

            En una conducta ajena a la teoría y la práctica histórica de los revolucionarios marxistas, las corrientes de izquierda han creado sus propios aparatos tratando de imponer su conducción a esta franja social: el Partido Obrero montó rápidamente el Polo Obrero, el Partido Comunista al Movimiento Territorial Liberación, el PRL a la Coordinadora de Unidad Barrial, MAS-PRS-FOS coincidieron en la creación de la Federación de Trabajadores Combativos, y todos junto al Movimiento Teresa Rodríguez, conformaron el Bloque Piquetero Nacional; enfrentados al agrupamiento que conforman la Corriente Clasista y Combativa, brazo sindical del PCR (ya sin Castells, Delfini o Santillán), con la FTV/CTA –dirigida por el diputado provincial Luis D´Elia-. La fragmentación del movimiento se prolonga en otros grupos como: el Movimiento Barrios de Pie (Patria Libre), el Movimiento Sin Trabajo “Teresa Vive” –con la particularidad de haber sido expulsado del Bloque Piquetero al ser calificado como sello del MST-, el efímero Movimiento por la Coordinación Obrera ligado al PTS, el Movimiento Independiente de Jubilados y Desocupados (Castells), o la Coordinadora de Trabajadores Desocupados Aníbal Verón. 

12_      Este conglomerado de siglas se ha conformado y funciona según el concepto de “frentismo de izquierda”. Aunque cambien los nombres y las consignas suenen mucho más radicales, no hay nada nuevo como concepto de acción ante la realidad social y política del país. Se disputan el reconocimiento como “expresión auténtica de los que luchan”, pero también el manejo de los planes sociales: el resultado es una disgregación del ya de por sí disperso movimiento de desocupados y la separación cada vez más profunda con los trabajadores en actividad, todo lo cual redunda en debilitamiento extremo frente al Estado y las patronales.

            Simultáneamente el gobierno –combinando represión con asistencialismo- avanzó en el plan de subsidios para jefes y jefas de familia. Aún si no fuese verdad la información oficial según la cual más de un millón setecientos mil planes sociales están ya encaminados, es indudable que el proyecto –bendecido por la iglesia católica- marcha, y gana espacio la estrategia de desactivar las organizaciones que centraron su accionar en este sector social y en la obtención y administración de planes trabajar. 

13_      Por un lado el tandem  Délía-Alderete (FTV/CTA-CCC), integrado a los Consejos Consultivos que amalgaman punteros políticos, patrones, burócratas sindicales y hombres de la iglesia, encargados del reparto de los subsidios. Por el otro el Bloque Nacional Piquetero reuniéndose con la ministra de trabajo –Graciela Camaño de Barrionuevo-, reclamando la extensión de los planes y un incremento del valor de los subsidios, como reivindicaciones centrales.

            Las declaraciones de D´Elia (FTV-CTA)no dejan lugar a dudas: “Esto no calma totalmente a los desempleados” pero “es la primera vez que tenemos un proyecto universal que atienda a todos los desocupados de Argentina” (Clarín, 2 de abril 2002). Tampoco las de Amancay Ardera (coordinador nacional de la CCC), defendiendo el sistema de “puntaje” para repartir comida: “La persona que va a una asamblea tiene un punto, el que va a una movilización, otro, y el que participa en un corte de ruta se suma otro. Los compañeros están en un listado y se hace presentismo. Cuando hay que repartir se miran los cuadernos y en el caso que hablamos los primeros de la lista reciben la bolsa” (La Nación, 3 de marzo 2002).

            Pero poco más puede esperarse de los sectores reagrupados como “izquierda de las fuerzas piqueteras”, cuando uno de sus principales ideólogos vocifera: “las jornadas pasadas (19 y 20 de diciembre) no sólo fueron una revolución popular; la clase que, entre todas, jugó un papel dirigente fue la clase obrera. En primer lugar, porque el movimiento piquetero está dirigido por delegados históricos de la clase obrera que se encuentran desocupados, pero que continúan la representación histórica del movimiento obrero combativo de la Argentina”. Señalando como elemento central del levantamiento popular: “... el desarrollo extraordinario del movimiento piquetero en la ciudad de Buenos Aires, su repercusión en la legislatura y la formación del Polo Obrero porteño, bajo la influencia del equipo legislativo del partido Obrero” (Jorge Altamira, “La espontaneidad de las masas / ignoran una década de lucha piquetera”, Palabra Obrera Nº 735).

            Como no podía ser de otra manera estas corrientes no logran, ni aún en la terminología, superar el espontaneísmo de las fuerzas genuinas que produce la crisis, pero tampoco tienen su vigor y potencialidad. Peor aún: los representantes directos del movimiento real no sólo no encuentran respuestas a sus necesidades políticas y organizativas, sino que ven en ese tipo de afirmaciones un factor de confusión y división. 

14_      Sólo la demanda de “trabajo para todos” tiende a unir las filas del movimiento obrero –a los desocupados con los trabajadores en actividad- contra el régimen capitalista. Del “ejército industrial de reserva”, considerando necesario por los capitalistas para tirar abajo el precio de la mercancía fuerza de trabajo (el salario), surgió una exigencia que sólo puede conseguirse con la incorporación en masa de los desocupados a la producción: “trabajo para todos”. No hay manera de concretar esta reivindicación más que repartiendo las horas de trabajo entre todos los brazos disponibles.

            Un programa de emergencia que además incorpora la demanda por una “reforma agraria reparto de tierras a todos los desocupados” y un “plan alimentario nacional”, permitiría conformar la más amplia unidad de los trabajadores contra el hambre y la desocupación. 

Debates en torno a la Asamblea Constituyente

15_      Una consigna hoy dominante en el amplio espectro de las siglas que se disputan el patrimonio de la izquierda es la de Asamblea Constituyente.

            Desde una multiplicidad de variantes –“soberana”, “con poder”, “revolucionaria”- cada corriente recurre a todo tipo de artificios tratando de ajustar la realidad concreta a su estrategia.

            Así para Jorge Altamira en Prensa Obrera de febrero de 2002: “Cuando todavía no están reunidas las condiciones para oponer los explotados a la burguesía en términos de capitalismo o socialismo, o de dictadura burguesa versus dictadura proletaria, sirven a ese propósito fundamental las consignas de la democracia, como la Asamblea Constituyente soberana. Estamos reconociendo con ello el carácter transicional de la situación política y de la evolución de las masas, no es una consigna que ata al pueblo al Estado capitalista en descomposición, sino que lo ayuda a enfrentar y a derrocar a ese Estado... sirve para plantear el problema del poder en las condiciones concretas de la crisis...

Desde la otra vertiente de la izquierda, el informe del Comité Central del PCR (29 y 30 de diciembre de 2001) tras reseñar las luchas que culminaron en el “argentinazo” del 19 y 20 de diciembre –entre ellas “la manifestación del viernes 14 donde más de tres mil partidarios del coronel Seineldín reclamaron su libertad”-; y las expectativas en las “medidas reformistas y nacionalistas” del efímero gobierno de Rodríguez Saá; concluye afirmando: “Sólo tal tipo de gobierno será capaz de tomar todas esas medidas que requiere la emergencia y convocar a una Asamblea Constituyente Soberana que sea la que decida, con el efectivo protagonismo de las masas populares, el futuro del pueblo y de la Patria. Para esa Constituyente Soberana los comunistas revolucionarios propugnamos nuestro Programa para la revolución democrático-popular, agraria y antiimperialista, en marcha ininterrumpida al socialismo”.

La convocatoria a una Asamblea Constituyente –en esencia un Parlamento democrático burgués- desconoce el rechazo masivo al sistema político vigente expresado por millones a través del voto protesta en las elecciones legislativas del pasado 14 de octubre, y posteriormente en las jornadas insurreccionales de diciembre. Donde la abrumadora mayoría de la población anunció su disposición a enfrentar las políticas de las clases dominantes; y se niega a hacerlo mediante los grandes partidos patronales. Descree del Congreso mismo como ámbito para obtener las respuestas que la crisis exige.

            El punto más grave sin embargo es la ausencia absoluta de un análisis riguroso de la relación de fuerzas entre las clases. La Asamblea Constituyente es levantada en este momento por las organizaciones de izquierda tradicionales, por sectores reformistas y por partidos patronales. Ante la necesidad de diferenciarse, quienes se autodenominan “revolucionarios” apelan a la adjetivación: Asamblea Constituyente con poder; AC revolucionaria. En la actual correlación de fuerzas sociales, el llamado a una Constituyente queda entrampado en la iniciativa burguesa, ellos serán quienes manejen el proceso y la definición. Para los agrupamientos de izquierda podrá implicar una cierta ampliación de la cantidad de diputados y cargos, sin que esto implique un salto cualitativo en la conciencia y organización de las grandes masas de la población.

            Una Asamblea Constituyente debe ser el resultado de un proceso de acumulación política de masas, para que sea la clase trabajadora y los sectores populares quienes asuman la dirección del movimiento hacia una Constituyente. El primer paso es afirmar los cimientos de una herramienta política de masas, como única garantía para provocar una verdadera conmoción  política y social. En síntesis sólo es posible convocar a una Asamblea Constituyente después de una revolución social o en el marco de una tensión de fuerzas de tal magnitud que convulsionen todos los parámetros institucionales y de poder, como es el caso actual de la Revolución Bolivariana de Venezuela.

16_      La profundización de la crisis económica viene acompañada por signos estremecedores de derechización y ha instaurado una dinámica política internacional de sistemáticos ataques a los derechos democráticos en todos los órdenes. Esta embestida claramente visible en nuestro país, plantea un peligro que no podría ser exagerado. La indeferenciación entre los conceptos de democracia burguesa y democracia de los trabajadores, da lugar a que la furia que crece en las masas contra la brutal expoliación imperialista y la vergonzosa entrega del patrimonio nacional por parte de las burguesías locales, tiende a identificarse con el odio a los regímenes políticos –las democracias burguesas, que aplican esos programas antipopulares-, en lugar de transformarse en odio al sistema capitalista y voluntad de lucha por una sociedad socialista.

Si con la bandera de la democracia se superexplota, se hambrea, se entrega la soberanía y se reprime; y si las fuerzas políticas genuinamente democráticas y populares no se ponen a la cabeza de la denuncia y la acción contra esos regímenes, mostrando hasta las últimas consecuencias la diferencia entre la democracia burguesa y la democracia de los trabajadores, y encontrando el camino para defender las libertades democráticas sin convivencia alguna con la burguesía y el imperialismo, y sin concesiones al chantaje de estos entornos de las banderas de la democracia, inexorablemente las masas confundidas respaldarán a demagogos populistas o directamente fascistas. Que con ese apoyo dividirán las filas populares, derrocarán a los frágiles gobiernos democrático-burgueses (en muchos casos con la colaboración activa de esos mismos gobiernos) y arrasarán con las libertades y los derechos de las masas.

Por ello resulta obligada la diferenciación entre democracia burguesa y democracia de los trabajadores y el reconocimiento de que entre una y otra media una revolución. Y no apenas una revolución política, sino una revolución social que cambie la naturaleza del Estado. Cuba es hoy el ejemplo vigente de estado democrático de los trabajadores. 

17_      Se trata de articular un programa que anude la lucha por las libertades democráticas con la lucha antiimperialista, por la soberanía y la justicia social.

            Pero no basta con empeñarse en dar vida a ese programa en nuestro país. En esta etapa histórica de crisis del capitalismo y en esta particular coyuntura internacional, la defensa de las libertades democráticas a lo largo del continente, requiere la formulación de un programa de lucha continental contra el imperialismo y una enérgica labor destinada a constituir un bloque antiimperialista desde Alaska hasta Tierra del Fuego que unifique a todos los partidos, agrupamientos y personalidades comprometidas con la defensa de la libertad y la democracia, con el derecho a la soberanía y a la elemental dignidad humana que el imperialismo hoy le niega a nuestros pueblos.


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