Destacamento en la construcción de un genuino Partido de los Comunistas en Argentina
y por la recomposición de las fuerzas revolucionarias marxistas en todo el mundo

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Eslabón
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Unión de Militantes por el Socialismo
Textos del Segundo Congreso
(25 y 26 de septiembre de 1999)
Resolución sobre Situación Nacional

Introducción
En los años transcurridos entre el primer y este segundo Congreso de la UMS asistimos a la clausura del ciclo histórico dominado por las expectativas en la democracia burguesa, la falta de vigor en las clases sociales, la devaluación ideológica.
El agravamiento de la crisis capitalista, los bombardeos del imperialismo sobre Yugoslavia, la amenaza de intervención directa a Colombia, aceleraron varios fenómenos sociales en curso:
# polarización social
# declinación de los movimientos sociales (Derechos Humanos; de Mujeres, entre otros)
# fracaso político de la estrategia de conciliación de clases que destruyó no sólo los intentos de gestar una política independiente por parte de un sector de la vanguardia obrera (PPT-CTA), sino que operó como aniquilamiento de las figuras que encabezaron esos procesos.
# fracaso de las concepciones frentistas, dominantes en la izquierda, y del frentepopulismo. Por primera vez en el siglo vemos la desaparición de la izquierda como fuerza real y con capacidad de intervención en la sociedad.
Desde 1991, primero desde la revista Crítica y luego en los distintos documentos producidos por la UMS combatimos sistemáticamente la noción falsamente optimista de la posibilidad de un ciclo de crecimiento sostenido del mal llamado “capitalismo globalizado”.
No lo hacíamos por imbécil terquedad. Los datos más serios y fundados de la economía real, observados desde un análisis marxista, indicaban claramente que la economía mundial se encaminaba hacia una clara crisis de sobreproducción (v. Crítica Nº 1 y 18 ).
Florecieron tendencias reformistas que, en un claro ejemplo de pensar utópico (claro que no siempre desinteresado), ignorando y falseando las tendencias estructurales de la economía, y apoyadas en la situación de reflujo de las masas, aceptaban que el horizonte “posible” de las luchas sociales, debía respetar la necesaria adecuación a las condiciones impuestas por la burguesía nacional e internacional, para impulsar un nuevo ciclo de crecimiento, que se aceptaba como hecho indiscutible.
Lamentablemente estas posturas calaron hondo en militantes otrora combativos, y le carcomieron, en muchos casos, la claridad conceptual y la voluntad de lucha, o simplemente los sumieron en el desconcierto y la inacción.
La situación es sustancialmente distinta ahora: desde 1997 la crisis eclosionó en forma abierta y no se avizora su término. Se trata de discernir el marco de la acción política caracterizando el período que atraviesa el país.
La culminación de un ciclo político, el mal llamado menemismo, implica a la vez el fin de otro intento burgués de acumulación.
No sólo se trata de comprender las fluctuaciones económicas sino que para los comunistas es obligatorio extraer conclusiones políticas del análisis del ciclo.
Cuando se confrontan los aspectos de la realidad con los documentos anteriores de la UMS y sus previsiones, no se hace con un afán autorreferencial, sino con el simple criterio pedagógico que todos los compañeros puedan examinar nuestra línea de pensamiento, en forma más práctica que consultar archivos, y contribuir a la elaboración colectiva de un pensamiento autocrítico.
 
La crisis de la economía argentina
I- Desde el ler. Congreso de la UMS (Diciembre de 1997) las contradicciones de la estructura económica del capitalismo argentino, señaladas en el Documento Nacional allí aprobado, no han dejado de acumularse.
No se trata de enunciar una abstracta verdad general sino de análisis específico de una situación concreta, a la que se llega después de una década de supremacía absoluta de la burguesía en el país, en todos los órdenes.
II- Acosada en 1989, por el pico inflacionario más alto del siglo (superior al 3000 %), el conjunto de la burguesía argentina se vió obligada a optar por la única alternativa viable para su supervivencia sin comprometer la dominación de clase: iniciar un nuevo ciclo de capitalización que le permitiese acceder a otros mercados, fundamentalmente externos. Recuérdese el entusiasmo con el que los ideólogos de la burguesía defendían en esos años el llamado “modelo chileno”.
La única posibilidad de concretar esta política presuponía una amplia asociación con el capital financiero internacional, lo que equivalía a la aceptación de las condiciones impuestas por los organismos que representan a ese capital (FMI, Banco Mundial, consultoras varias, etc). (ver punto XV)
III- Atrás quedaban las fracasadas experiencias (por diferentes razones en las que aquí no entraremos) de la burguesía autóctona de asociarse con el capital financiero internacional para impulsar un nuevo modelo de acumulación capitalista en el país, impulsados alternativamente por Martinez de Hoz bajo la dictadura militar y por Sourrouille con su Plan Austral, en el gobierno alfonsinista.
De cada una de estas experiencias el país había salido más endeudado, los sectores explotados y oprimidos más empobrecidos, y se había acentuado el fraccionamiento de la burguesía en directa relación con el proceso de concentración del capital.
IV- La necesidad de bajar costos productivos para acceder a esos mercados exteriores imponía una reorientación global de la economía, que en el plano de la producción exigía aumentar la productividad (con la renovación de tecnología y mayor extracción de plusvalía relativa) y reducir el salario, tanto el directo como el diferido, ya seriamente deteriorado en ese momento. La previsible caída del consumo interno sería contrarrestada con la expansión del crédito (endeudamiento privado), facilitada por la estabilidad monetaria.
V- Tras una década de búsqueda de desarrollo en concomitancia con los capitales imperialistas, asistimos a un reiterado - y más grave- fracaso de los planes de los capitalistas locales.
Después de un período de inversiones, basicamente en las privatizaciones, entre 1993 y 1997 la fuga de capitales de nuestro país se reinició a un promedio de 4.415 millones de dólares anuales (superior a la época del gobierno de Alfonsín y comparable al proceso de descapitalización vivido bajo la dictadura con un promedio de fuga estimado en 5.230 millones anuales).
Entre 1990 y 1997 la inversión extranjera directa fue de 29.537 millones de dólares, la remesa de beneficios (sin contabilizar datos de 1990-91) alcanzó a 5.768 millones de dólares y la fuga de capitales subió a 16.543 millones. Claramente, hubo una salida global de capitales de 22.3ll millones con un saldo neto a favor del país para ese período de 7.226 millones. Esto representa menos del 50% de la necesidad de financiamiento externo que la Argentina requirió en uno solo de estos años.
Con el agravante que parte importante de esas declaradas inversiones fueron sólo nominales (contables), a través del mecanismo de capitalización de la deuda externa impulsado por el imperialismo desde 1985 1 .
Aunque no tenemos datos, es lícito pensar que esta tendencia se haya acentuado en 1998 en consonancia con la crisis financiera mundial. 2 
Compárese esta contundente realidad con las anunciadas expectativas de inversiones extranjeras que alentaba la burguesía para el período 1997/2000: 53 mil millones de dólares 3 
VI- Este último intento de desarrollo burgués del país conduce nuevamente, como en los reiterados intentos del último medio siglo, a una situación de deterioro de la estructura productiva argentina entre cuyos rasgos salientes podemos destacar:
1- Descapitalización neta del país
2- Crecimiento exponencial de la deuda externa, pública y privada.
3- Predominio creciente del capital financiero sobre el industrial
4- Creciente centralización del capital y ruina de los pequeños y medianos productores
5- Encarecimiento del crédito disponible, aún existiendo masa de capital disponible.
6- Aumento de la explotación absoluta y relativa y el ejército de reserva de desocupados.
7- Fase recesiva del ciclo económico que tiende a prolongarse.
A esta situación la denominamos, en estricto alineamiento con la teoría marxista, de crisis. Una crisis capitalista de sobreproducción de valores de cambio.
VII- Actualmente ningún sector de los capitalistas puede dejar de admitir esta realidad. La mayoría trata de reducirla a problemas de coyuntura, determinados por los vaivenes del mercado mundial. Otros sobredimensionan algunos de los caracteres de la crisis movidos por sus intereses inmediatos.
Todos se cuidan meticulosamente de desnudar las raíces del mal: un régimen de producción asentado en la explotación del trabajo asalariado no puede existir sin expandirse, y no puede ampliarse sin una durísima lucha entre los capitalistas por el dominio de los mercados. Los capitalistas locales, en esta confrontación, están en total desventaja (tanto más cuanto menor sea su capital) frente al gran capital financiero, que en épocas de crisis económica internacional4  no pueden dejar de exacerbar su habitual tendencia a la expoliación de riqueza de los países en los cuales efectúa inversiones.
VIII- La crisis de la economía argentina, no es por tanto, un problema sólo asociado a la actual crisis financiera mundial, aunque se ve potenciada por ésta y su consecuencia más cercana: el fracaso del Mercosur. Se trata de un problema estructural de la economía argentina, donde se aunan la crisis de sobreproducción del capitalismo argentino con la situación de dependencia del país del capital financiero internacional, acentuada        en un grado cuyos antecedentes nos retrotraen a la llamada década infame.
IX- Asustados por la posibilidad de perder el mercado y desaparecer frente al capital más concentrado, ciertos sectores de la burguesía argentina han comenzado a reestructurar un gastado discurso “nacional” (del estilo del “compre argentino”) y encuentran sus corifeos en la burocracia sindical, tributaria histórica de sus patrones. Pasan por alto que durante este siglo, el capital imperialista no ingresó al país a los cañonazos como en China durante la guerra del opio, o en Paraguay y Cuba en el siglo XIX. El caballo de Troya mediante el cual el capital imperialista se adueñó de los bienes más importantes producidos en el país y del mercado, lo armaron una y otra vez , distintas fracciones de la burguesía, o con acuerdo de casi la totalidad, como en el experimento de la última década, para que oficie de financista de sus planes de crecimiento.
 Las tardías lágrimas de cocodrilo no pueden esconder que históricamente,  en función de sus intereses inmediatos la burguesía local, actuó subordinándose, reiteradamente al capital internacional. 5 
El predominio del capital imperialista en el país se explica, no sólo por el desarrollo capitalista del mercado mundial, sino por características específicas del surgimiento de la burguesía nativa, y no a la inversa. Sólo en la imaginación del izquierdismo no proletario o populista es posible rastrear algún rasgo de defensa de supuestos intereses históricos nacionales por la burguesía argentina, de los cuales habría desertado en aras de sus negocios cotidianos. 6 
X- En la medida que el dominio y predominio del capital internacional es el que impone el ritmo en la vida del país, y que aceleradamente sectores de las capas medias (explotadoras y no explotadoras) se ven arruinados, es previsible que se desarrolle un sentimiento antiimperialista que se extienda al proletariado y otros sectores asalariados y oprimidos.
En estas circunstancias es interés de los sectores perjudicados de la burguesía arrastrar al proletariado tras sus reclamos.
Una política proletaria exige tanto oponerse a esa manipulación, desnudando la responsabilidad de los partidos de la burguesía y sus aliados por la actual situación, como rechazar cualquier posición que desconozca o subestime el valor político de este genuino sentimiento antiimperialista en la población.7 
XI- En el marco de la crisis económica descripta, la necesidad de financiamiento externo para el próximo año, estimada por los especialistas en el orden de los 24.000 millones de dólares (aunque es posible que supere ampliamente esa cifra), tornan al período inmediato de un alto grado de inestabilidad, y prácticamente el conjunto de la burguesía acuerda (aunque en círculos reservados) en que la convertibilidad se hace insostenible y se prepara para la devaluación, por la grave dificultad en conseguir ese nivel de financiamiento externo. La reciente propuesta de adoptar el dólar como moneda, es un tácito reconocimiento oficial de esta situación.
La otra opción que discute la burguesía, adelantada hace meses por el economista liberal Lopez Murphy, sería una deflación generalizada, particularmente de los salarios.
Cualquiera de las dos alternativas que adopte el próximo gobierno (y esto no depende de la economía, sino de las relaciones de fuerza entre las clases y las fracciones de la burguesía) conllevan una conmoción social y la brutal redistribución del ingreso nacional, en el marco de una aguda recesión (La caída del PBI se estima que superará el 4 %).8 
Se puede afirmar que el fin del ciclo menemista deja al país en una crisis cualitativamente más grave que la de la hiperinflación.
 
Del gobierno de Menem
al próximo gobierno burgués
XII- Una reciente y publicitada fotografía conjunta de los más connotados economistas de los partidos burgueses, probables ministros de economía del futuro gobierno, rindiendo explicaciones en EE.UU, testimonia gráficamente esa relación de subordinación del conjunto de la burguesía argentina al imperialismo. La sustancial identidad de clase en sus posiciones frente al capital financiero internacional no puede enmascarar las profundas divergencias que se ocultan en su interior.
XIII- Es imprescindible para las corrientes proletarias comprender, que cuánto más se supedita la burguesía al imperialismo, más profundas son las escisiones que se producen en su seno y más agudos se tornan sus conflictos sectoriales. El desarrollo de la conciencia de clase del proletariado exige un correcto conocimiento de los intereses que alimentan estas rupturas, por cuanto permanentemente los defensores de estos intereses fraccionales los presentan en nombre de un supuesto beneficio general, y en esa condición, las distintas tendencias burguesas convocan a los trabajadores a sumarse a sus posiciones sectoriales.
El proletariado para dotarse de una política correcta, además de conocer el nivel y las causas de confrontación interna de la burguesía, debe tener capacidad, en cada momento, de encontrar líneas de acción que no lo coloquen a la zaga de circunstanciales coincidencias con los burgueses “opositores” de turno, renegando en los hechos, en su acción cotidiana, de los objetivos históricos de su lucha.
XIV- La existencia de un gobierno burgués que garantice la continuidad del sistema presupone dos condiciones insoslayables en el plano de las relaciones de clase: por un lado, la capacidad de subordinar y controlar al proletariado y otros sectores asalariados; por el otro – al interior de la propia clase dominante- una fracción burguesa con poder suficiente para ejercer un papel arbitral en las inevitables pujas internas, ejerciendo el control del estado.
El equipo peronista que accedió al gobierno en 1989, si bien pudo cumplir lo primero (por intermedio del aparato sindical burocrático), carecía en absoluto del segundo atributo. La alianza peronista con el gran capital monopólico local (ministerios de los hombres de Bunge y Born) fue un frustrado intento para asumir ese papel.
XV- La resignación forzada de la clase capitalista argentina a la función arbitral de equilibrio entre los intereses divergentes y las graves tensiones existentes en su seno ( propias de épocas de crisis), en favor de un hombre de paja del imperialismo, se materializó con el acceso de Cavallo al equipo gobernante, forzada por el segundo pico hiperinflacionario de 1990.
En la misma medida que la clase dominante se degradaba y escindía, adquiriendo cada vez más un carácter sectorial, en esa misma medida, el país aceleraba el tránsito a una regresiva e inédita situación de dependencia. La burguesía, carente de alternativa unificadora, no ya para la sociedad, sino para su propia clase, se subordinó y reagrupó sin vacilaciones tras el programa del capital financiero.
XVI- La salida de Cavallo del gobierno, enmascarada tras disputas de tipo grupal ( “mafias”), culmina un proceso que comienza a manifestarse con intensidad desde el desarrollo de la llamada “crisis del tequila” en 1994: las fisuras en el bloque burgués- imperialista que sustentaba al gobierno, generadas alrededor de
las divergencias de intereses en relación a las asociaciones por los procesos de privatizaciones, el acceso a fuentes externas de financiamiento, el distinto grado de dependencia del mercado interior y los procesos de concentración y absorción de empresas por los monopolios, cobró impulso cuando la crisis financiera internacional de ese año desnudó la endeblez del proyecto en curso.
XVII- La ausencia de un centro de equilibrio capaz de encausar los conflictos entre las fuerzas capitalistas que fue el rasgo que adquirió el poder a partir de ese momento, no contribuyó a que la burguesía adquiera mayor autonomía en relación al capital imperialista, sino a exponer un gobierno mucho más débil, con menor capacidad de maniobra y contención de las divergencias internas y externas. Esto se expresó tanto en el aparato partidario oficialista, en la virtual quiebra del bloque parlamentario peronista y en la posibilidad de estructuración y crecimiento de la oposición burguesa (encaramada en el descontento de las clases medias), que culminaría en 1997 en la conformación de la alianza y su triunfo electoral.
XVIII- La supervivencia del equipo gobernante dependió de la decisión – más que antes- de los grandes grupos económicos que optaron por su sostenimiento ante la incertidumbre financiera de los mercados mundiales. Durante todo este período, el bloque de los capitales industriales, terratenientes y financieros, en el llamado “grupo de los 8”, actuó como el verdadero garante de la gobernabilidad. El fracaso de la intención reeleccionista de Menem tiene su explicación última en esa creciente debilidad del gobierno.
XIX- El desarrollo de la crisis señalado en el capítulo económico se viene expresando en términos de bloque de fracciones burguesas, en la ruptura de ese grupo de los 8, particularmente a partir de la crisis brasileña de este año, en el público y notorio enfrentamiento de sectores industriales con los sectores financieros; y en el reclamo agropecuario y de las cámaras comerciales al gobierno por subsidios y desgravaciones impositivas.
En estos días, bajo el nombre de “grupo productivo”, se estaría por conformar un nuevo bloque burgués integrado por industriales (UIA), un sector de la construcción, un sector de las cámaras de comercio y un sector agrario, apuntando contra la política del gobierno y el predominio del sector bancario y financiero.
XX- Los dos principales partidos políticos de la burguesía expresan esta subordinación del capital local al imperialismo. La conjunción con esos intereses imperialistas, adecuando sus propuestas electorales y su publicidad, se tradujeron en un creciente distanciamiento de las estructuras de esos partidos con sus bases sociales tradicionales, la clase obrera para el peronismo y las clases medias para el radicalismo.
La renuncia al viejo programa nacional burgués de otros tiempos 9  , en el momento de mayor explotación imperialista del país, es la pública confesión del fracaso de la clase que, en sus distintas vertientes, gobernó hasta el momento. Su pérdida de convocatoria a las fuerzas sociales es correlativa a su imposibilidad de plantear una alternativa distinta a la del capital monopólico.
XXI- Este proceso –que ya abarca un largo período— contribuyó a que el activismo y la militancia de esos partidos quede reducido a su mínima expresión y ahora la preeminencia en esas estructuras las tienen quienes cuentan con capacidad para solventar mano de obra mercenaria, transformándolos en enormes maquinarias electorales. Los fenómenos de descomposición que la sociedad percibe en estos aparatos, tienen su raíz más profunda en esta situación.
El estilo publicitario que adquirió la política, y la forma circense, y aún grotesca, que los hombres responsables de estos partidos desarrollan en su práctica cotidiana se corresponde con esta situación de repulsa y alejamiento de las grandes masas de la vida de esos partidos.
 Esta situación es útil a los intereses inmediatos de las clases dominantes porque incide en la conciencia de las masas como un elemento desmovilizador.
XXII- La burguesía es consciente que la inacción política resultante de esa escisión entre sus estructuras partidarias y las fuerzas sociales no es un fenómeno que puede sostenerse en forma permanente, e inevitablemente, estas últimas buscarán nuevos rumbos para expresar sus intereses dañados.
XXIII- El surgimiento del Frente Grande, devenido en Frepaso a poco andar, fue un intento inviable de dar un cauce transitorio a esa búsqueda de las masas.
Surgió bajo el predominio de sectores pequeñoburgueses, sin proyecto definido, asumiendo como propuesta una híbrida mezcolanza del programa que los partidos burgueses acababan de abandonar y el plan de Cavallo. La conjunción de cuadros sindicales, ex militantes de partidos de izquierda, militantes sociales y de derechos humanos y residuos de viejos aparatos partidarios en extinción, no pudieron ocultar (salvo para la miopía de algunos “marxistas” vernáculos) que la ausencia de una fuerza de clase hegemónica incapacitaba a esta coalición para estructurar una oposición, con visión estratégica contrapuesta a los intereses de la burguesía. En este marco era inevitable que la nueva agrupación política, en la medida que ganaba elecciones se volviese más funcional a la burguesía para controlar el brote opositor que se anunciaba, y aún para encausar probables rebeldías contestatarias.
No es la primera vez en el último medio siglo de vida política argentina que las mejores intenciones progresistas alumbran un engendro. No es la primera vez que supuestas izquierdas terminan generando fuerzas francamente derechistas. La “Carta a los argentinos” y la candidatura del conservador De la Rua fueron el acta de defunción para la efímera ilusión de numerosos y honestos militantes, que creyeron posible combatir a los monopolios sin quebrar la trampa del policlasismo.
XXIV- Alentado por otro sector del gran capital, necesitado de poner ciertas reglas de contención a la creciente presión de sus socios ( y competidores) imperialistas, el gobernador Duhalde encabeza un proyecto seudopopulista. El carácter de su discurso cumple la doble función de la demagogia hacia los sectores más empobrecidos de la sociedad y una tibia reivindicación de lo “nacional” como elemento aglutinante tras esas fuerzas capitalistas, de un heterogéneo arco ideológico y social. El proyecto duhaldista de reunir un conglomerado que arranca en lúmpenes que actúan de punteros barriales en las zonas más miserables del conurbano, retazos del aparato sindical burocrático, sectores decisivos de la iglesia, que se oponen al “capitalismo salvaje”, hasta culminar en hombres del capital más concentrado local como Perez Companc, provee de una estructura apta para cualquier intento fascista de la burguesía, si la crisis se descontrola.10 
La desconfianza del imperialismo hacia este equipo, y la falta de control de las corruptas burguesías provinciales que manejan el aparato electoral del PJ, se han constituido, hasta ahora, en una barrera que el duhaldismo no pudo cruzar. Los acercamientos con Cavallo tienden a dar garantías a los grupos financieros internacionales para lograr su apoyo a la candidatura de Duhalde.
XXV- Con la candidatura de De La Rua, la alianza ya se siente ganadora. Sus posibilidades de gobernar el país no son tan sencillas. Se encuentra sometida a una doble presión, que la crisis acentúa: por un lado el gran capital local e internacional es conocedor de la escasa o nula capacidad de control que un gobierno de este tipo puede ejercer sobre probables reacciones masivas contra una mayor explotación del país y del pueblo; por el otro, es notorio el esfuerzo que los dirigentes de esta coalición hacen para demostrarle a la burguesía que continuarán sustancialmente con la política económica actual. Con esto, cada vez tienen menos que ofrecer –salvo almibarada retórica contra la inmoralidad—, no ya al pobrerío del gran Bs.As., sino a sus empobrecidos votantes de las clases medias. Cada vez más cosechará votos con menos esperanzas; cada vez más aparece como la opción del mal menor; su distancia con la expectativa popular de lograr un respiro al ahogo que provoca la crisis, es cada día mayor. Su posibilidad de extender raíces en el cuerpo social ha decrecido en este año, a pesar del deterioro oficialista. Un gobierno burgués sin poder de control social, en un país inmerso en una situación de crisis como la actual, carece en absoluto de capacidad para ejercer como tal, es decir arbitrar en la pujas sectoriales interburguesas. El fantasma del desbarranque alfonsinista no es imaginación. Este es el motivo por el cual un gobierno aliancista no entusiasma a ningún sector de la gran burguesía , aún cuando esté dispuesto a aceptarlo.
XXVI- El próximo proceso electoral encuentra a la burguesía sin opciones económicas para enfrentar la crisis, con sus partidos débiles y fraccionados, con escasa capacidad para encausar la repulsa social que larvadamente se extiende y puede eclosionar en rebeldía más o menos duradera; la encuentra sin liderazgos reconocidos ni posibilidad de generarlos, y sometida a las máximas presiones imperialistas del último medio siglo, por lo menos.
Su último proyecto estratégico, el Mercosur, es prácticamente un formalismo que sobrevive, y nadie se anima a pronosticar su futuro. En cambio puede afirmarse con certeza que la intención de generar un mercado de casi 200 millones de personas que permita una expansión y estabilización de las economías de la región se ha mostrado, a poco andar, como una realización utópica bajo la dirección de las clases poseedoras.
XXVII- Cualesquiera de los dos candidatos que sea el ganador de los próximos comicios deberá conducir un gobierno asentado en una extrema fragilidad de las coaliciones que los sustentarán y sin ninguna posibilidad de apoyo de un sector de las masas. Antes bien: es previsible la tendencia hacia un incremento de las fuerzas centrífugas que ya se manifiestan (crisis de las economías regionales).
La fragmentación que se observará en el nivel de las instituciones del estado por la forma como quedará repartido el poder entre los dos grandes partidos es un elemento superestructural que contribuirá a esta tendencia a la dispersión.
La burguesía, que presupone la debilidad del próximo gobierno, está empujando hacia un gobierno de “unidad nacional”, cuyo punto de encuentro sería el parlamento y su objetivo inmediato garantizar la transición. Esta intención choca con los impedimentos materiales de la economía y con la ausencia de una fuerza claramente hegemónica. Es de presumir, que el reciente encuentro entre Menem y Alfonsín apunta hacia ese objetivo.
XXVIII- Es por todos conocidos que la última razón del poder burgués es la fuerza. En la Argentina, el fin de la dictadura militar significó una crisis del aparato militar, de la cual no se ha recuperado, y no hace más que fraccionarse día a día. No ha dejado de ocurrir ni bajo el gobierno de Alfonsín ni bajo el de Menem. La razón más profunda de este hecho deben buscarse en las mismas causas que fraccionan a los diferentes sectores burgueses.
Si bien su capacidad operativa está garantizada como elemento represivo contra eventuales desbordes masivos, en tanto estos sean localizados y no adquieran formas políticas de poder alternativo,   crece su incapacidad para cualquier intento bonapartista de sustituir a los partidos en el ejercicio del poder. Frente a crisis de magnitud institucional es previsible que los desgarramientos que anidan en su interior eclosionen con fuerza y públicamente.
XXVIII bis- En los años 80, el aparato represivo, aún sin ser desmantelado, quedó aislado, con descrédito y repudiado por la mayoría de la población. En los 90, la autocrítica formal del general Martín Balza fue el intento político más importante de ese aparato para reubicarse frente a la sociedad, y logró el apoyo, tanto del progresismo, como de otros sectores sociales que confluyeron en los partidos del recambio burgués: Frepaso y UCR.
La represión ordenada por el gobierno en los estallidos sociales del 97, que cruzaron de Salta a Tierra del Fuego, contaron con la explícita aprobación de estos partidos. Los años siguientes, 1998 y 99 tuvieron a los radicales, allí donde gobernaban, como ejecutores directos de la represión, e incluso recurriendo a métodos fascistas de enfrentamiento a las movilizaciones de empleados públicos, como en Río Negro.
El tema de la seguridad, generado por el aumento de la delincuencia, sirvió de sustento a una embestida para restituir los limitados recortes logrados en estos años a la represión policial, y se expresó en diferentes planos desde fines del 98 y comienzos de 1999.
Las marchas y contramarchas en los debates por el Código de Convivencia en el gobierno aliancista de la Capital; la ofensiva racista contra los inmigrantes de países limítrofes, indocumentados o no, y el montaje de la delincuencia como escena casi única en los medios de comunicación, sirvieron de pretexto para desplegar gendarmes, policías y la prefectura, como fuerza de ocupación en las calles.
Las reuniones vecinales para armarse (particularmente en los barrios burgueses); la demanda de mayor represión; el crecimiento de la propuesta fascista del candidato a gobernador Luis Patti de formar milicias en los barrios, y el discurso del candidato a la gobernación por el PJ Carlos Ruckauf alentando a «meter balas a los delincuentes», encuentran ahora resonancia en sectores cada vez más amplios de la sociedad, una situación impensable en el período posterior a la dictadura.
XXIX- Distinta es la capacidad de la iglesia como armazón ideológica y fuerza de contención social del sistema capitalista argentino. Puede decirse que en este decenio, y en la misma medida con que se ha esfumado la convocatoria social de los partidos burgueses, ha crecido el peso político de la iglesia entre las masas. En este sentido es un obstáculo a vencer para la estructuración de una fuerza proletaria de masas.
La iglesia no puede ocultar su papel histórico: desviar las luchas y el descontento social, comprometerse con la represión legal y parapolicial cuando sea preciso. El ejemplo reciente del desalojo de los desocupados en la catedral de Mar del Plata es un anuncio y una definición.
 
XXX- Casi dos décadas de democracia formal dejan como saldo inocultable el descreimiento de las más amplias masas en las ideas, programas y dirigentes de los partidos patronales. Ni la renovación de las imágenes avejentadas de los líderes partidarios mediante adecuadas cirugías, les devolverá el lugar histórico que como clase abandonaron hace muchos años: la posibilidad de encabezar un proyecto de país que garantice trabajo y dignidad a todos sus habitantes. Para realizar tal proyecto la burguesía se ha transformado en un obstáculo insalvable.
Presintiendo esta situación, pero sin plena conciencia de ello, las más amplias masas oprimidas y explotadas expresan su inconformismo bajo la forma de la protesta aislada y sectorial, o simplemente bajo la más negativa de la inacción.
Quienes debieran ser el sector más consciente del proletariado, los comunistas, no han sabido estructurar aún la respuesta adecuada para encabezar un proceso superador de reorganización política de los trabajadores.
 
Situación de la lucha de clases
XXXI- En las tesis del ler. Congreso, a fines de 1997, señalaba la UMS : “La única fuerza actual de las clases dominantes es la ausencia política del proletariado” 12 . Esta afirmación adquiere en la actualidad mayor fuerza que entonces.
En primer lugar porque, como se explicó en los puntos precedentes, el desenvolvimiento de la crisis debilitó políticamente a las fuerzas burguesas. El segundo factor, los enfrentamientos sociales que se produjeron en este lapso, tuvieron una dinámica donde primó lo sectorial y defensivo antes que las tendencias hacia una lucha más general del conjunto de los trabajadores. En este sentido, las luchas de 1997 que se orientaban hacia una generalización 13  fueron desviadas y contenidas por la burguesía.
XXXII- Las puebladas de 1997 fueron un serio alerta para la burguesía, pero no pudieron consolidarse en organizaciones de masas que dieran continuidad a los inevitables reflujos de las luchas espontáneas. Numerosos sectores de la sociedad simpatizaron con las acciones de los piqueteros porque en ellas se reflejaban un sentimiento general (aunque difuso) de rechazo al plan económico-social. La fractura existente entre las masas, en particular los más jóvenes, con los aparatos políticos, descriptas anteriormente, allí se exteriorizó.
XXXIII- Estas luchas sólo podían sostenerse y alcanzar la continuidad necesaria en el tiempo como para infligir una derrota a la política gubernamental, si se lograba la participación de los trabajadores insertos en la producción, es decir si el conflicto salía de las rutas y las calles y entraba a las fábricas; si se transformaba de pueblada espontánea en acción de clase consciente, si entraba al corazón productivo del capitalismo. Antecedentes en la historia de nuestro movimiento obrero no faltan. Pero la inevitable desesperación de los sin trabajo y el temporario, pero manifiesto, atraso de los trabajadores ocupados, en particular el proletariado industrial, se expresó como una contradicción, una brecha que se profundizaba con la radicalización del movimiento.
La experiencia de lucha –aún regional- marcaba un momento de transición en la conciencia de las masas, insuficiente para hacer retroceder en forma inmediata al gobierno, pero sólido punto de partida para que alumbrasen nuevas organizaciones, nuevos dirigentes reconocidos por el conjunto, y lo que es tanto o más importante: un programa de las masas para dar respuesta a la crisis capitalista en curso. Nuestra propuesta de Asamblea Nacional de Trabajadores se orientaba en este sentido (cualquiera fuese la forma de concretarse).
XXXIV- La dinámica general de clases en ese momento, seguía favoreciendo ampliamente al capital. Trastocar esa situación exigía apoyarse en la voluntad espontánea de lucha para alterar la situación al interior de nuestra propia clase; dar pasos firmes de la fragmentación hacia la unidad, para –sin obviar las exigencias reivindicativas- convocar a una acción política diferenciada de la burguesía, única manera posible de materializar a corto plazo los reclamos más perentorios en un país en crisis; plasmar la unidad en organización con ese programa aceptado por amplios sectores de trabajadores, superador del marco corporativo al que quiere limitar siempre el tradeunionismo (aunque sea de izquierda); desprenderse de la tutela ideológica de la concertación de clase (o posibilismo como lo llaman ahora), que como un fantasma interior sofoca y condiciona las acciones de nuestras filas. No se trataba sólo de mayor o menor voluntad de lucha o voluntad revolucionaria; se trataba de comprender que era imprescindible orientar las luchas hacia una perspectiva política y organizativa que fructifique en la autonomía de las masas, para clausurar el largo y agónico ciclo de conciliación de clases.
XXXV- La mayoría de la izquierda y de los cuadros medios del sindicalismo más honesto no comprendieron las posibilidades que para el futuro inmediato abría este momento de cambio, en la conciencia de las masas. Esta incomprensión derivó en impulsar acciones contrapuestas a las tendencias objetivas que surgían del seno del propio movimiento.
Si bien era absolutamente posible que las explosiones adquiriesen mayor alcance, las corrientes que veían en el descontento fogonero el preludio de un incendio generalizado, orientaban la acción creando falsas ilusiones en una posible derrota y sustitución del gobierno.14  En esa concepción, le atribuían a los grupos que cortaban las rutas y resistían a la represión, el carácter de potenciales soviets, lo cual era tan cierto e irreal como confundir la semilla con la planta.
 Otros, creyeron llegado el momento de la huelga general y que el único obstáculo entre el sur neuquino y el conjunto de los trabajadores radicaba en la (indiscutible) voluntad capituladora de la burocracia sindical en todas sus vertientes. La necesidad de tender un puente entre los trabajadores insertos en la producción (los que realmente harían la huelga) y la urgencia de los desocupados era absolutamente ignorada.
Muchos sindicalistas conociendo esa situación de desmovilización de sus bases e imposibilitados de garantizar una acción más general, se refugiaron en una solidaridad verbal, sin comprometerse en crear alternativas para intentar cambiar la situación de la clase.
En tanto la burguesía sólidamente estaba organizando su oposición política, mientras templaba el aparato represivo.
XXXVI- En el período posterior, esas luchas de mediados de 1997 no pudieron trascender ni en extensión, ni en significación política. Ni por las reclamos exigidos, ni por las formas de organización que adoptaron, ni por el nivel y masividad que adquirieron, ni por la presencia política del proletariado en el conjunto social, hubo una superación de esa experiencia. Aún en los aspectos más subjetivos (aparición de cuadros dirigentes nuevos, radicalización de esos cuadros, etc), se notó el estancamiento.
XXXVII- El resultado inmediato fue una mayor dispersión del activismo, lo que sumado al total alineamiento de las distintas estructuras sindicales tras las distintas fracciones burguesas, se tradujo en un descenso de las luchas, incluso las espontáneas. 15  No era imprevisible que esto sucediese, y de hecho la UMS lo previó16 
Los cortes de rutas continuaron, localizados, pero fueron en la mayoría de los casos expresiones testimoniales del activismo, con escasa o nula repercusión en sectores sociales. Al mismo nivel quedaron reducidas las convocatorias hechas por los aparatos sindicales (a excepción de una de las marchas docentes).
Las acciones de masas ocurridas en las provincias, por la quiebra de los aparatos estatales, no invalidan el signo general del período. Terminaron controladas, mediante el recambio burgués (a veces del mismo partido gobernante) con la intervención activa de la iglesia, sin dar solución a los problemas sustanciales que padecen los trabajadores.17 
XXXVIII- Sin embargo todas estas experiencias transcurridas están dejando un sólido sedimento de enseñanzas que se traduce en los problemas que están comenzando a discutir los sectores más activos del movimiento obrero.
La imposibilidad de dar solución aún a los más elementales reclamos, sin una respuesta en el terreno de la política, y no del sindicalismo, aparece cada vez con mayor claridad. Los límites de la antigua táctica de “presionar” a la burguesía con las movilizaciones callejeras (proveniente de la burocracia), sin un horizonte político destinado a cambiar las relaciones entre las clases, apareció en toda su impotencia. La adhesión que concitó en numerosos cuadros el neopacifismo de carpas y ayunos, sale de esta etapa seriamente cuestionado. Igualmente de cuestionadas aparecen las estrategias que invocan a las luchas sociales para negarse la organización política, que les de trascendencia, así como los intentos de poner el centro de la acción política en los desocupados.
 XXXIX- Los comunistas no tenemos porqué edulcorar la realidad, ni siquiera la de nuestras propias fuerzas; no tenemos porqué alentar un fácil optimismo, sino conocer las debilidades de nuestra clase para poder accionar conscientemente contra ellas. Para un destacamento comunista, como la UMS, de reducido nivel de inserción, no es fácil hacer apreciaciones correctas sobre los cambios en el desarrollo de la conciencia de las masas, hasta que estos se exteriorizan en acción. Por eso toda apreciación es falible.
Pero no es simple casualidad que sectores cada vez más amplios de la militancia comiencen a discutir nuevas bases para una intervención política, tras el inexcusable fracaso al que condujo las seudoteorías de los “bloques sociales”, con las que la dirección de la CTA justificó su postura tras la alianza. Formulaciones como las de PT y HPT, que habían sido dejada de lado en los debates, reaparecen ahora con frecuencia entre el activo, independientemente de la falta de energía que condiciona sus comportamientos políticos.
XL- El movimiento de masas más significativo de este período fue la reciente movilización de la juventud en defensa del presupuesto estudiantil . Tanto por su nivel de convocatoria, que se extendió incluso a sectores de estudiantes secundarios, y se manifestó en regiones donde no hay tradición de lucha estudiantil; por su repercusión en todos los sectores sociales (de la burguesía al proletariado); por la espontaneidad, que desbordó a las estructuras estudiantiles formales (centros, FUA); y fundamentalmente por la aceptación generalizada de una consigna antiimperialista (no pago de la deuda externa), indicando una nueva situación en la relación entre las clases. Es expresión de la crisis en los sectores menos estructurados de la sociedad, y en particular el distanciamiento político de las capas bajas de la pequeña burguesía con el bloque del gran capital.
Que esta ruptura (aunque transitoria e inestable) asuma la forma de un movimiento democrático (defensa de la enseñanza gratuita) y un rechazo directo a la opresión del capital financiero internacional presuponen la posibilidad de una radicalización de futuras movilizaciones.
Históricamente, en nuestro país, las movilizaciones juveniles tuvieron profundas repercusiones en el seno del proletariado. En las actuales circunstancias, donde numerosos estudiantes también presentan la condición de explotados o marginados, las próximas movilizaciones de la juventud abrirán el camino de la clase obrera.
XLI- Como ya se señaló la crisis precipitó la fractura entre distintos sectores de la burguesía. Las recientes movilizaciones de los sectores rurales y camioneros expresan ese proceso. Ejemplifican cual será la dinámica de los sectores más pobres de las clases medias si el proletariado no puede asumir un papel de dirección en la crisis: servirán de base social para los reclamos de la gran burguesía para intentar poner un freno al capital imperialista.
 
Por una Organización
 política de los trabajadores
XLII- Quebrar la relación actual de las clases favorable al capital, implica crear condiciones para confluir en una convocatoria política desde sectores genuinos de trabajadores, que permitan superar la actual situación de dispersión. Las pautas para esa convocatoria deberán tener en cuenta los siguientes aspectos:
 lº- sostener ( en la propaganda y en la acción) un programa de emergencia frente a la crisis, cuyos ejes partan de la idea central de suspender el pago de la deuda externa y sus intereses y bajar la desocupación; 2º- desterrar sustancialmente la idea que los trabajadores pueden defender los intereses vitales de los explotados desde cargos obtenidos a través de los partidos burgueses, no para retroceder a un apoliticismo amarillo o semianarquista, sino para intervenir en los problemas centrales del estado mediante formas realmente democráticas, es decir de representación directas y no mediatizadas o delegadas; 3º- exigir para la sociedad la más absoluta libertad de opinión y garantizar la misma al interior de sus propias organizaciones; 4º- trabajar por la unidad de los trabajadores no en base a criterios de uniformidad ideológica sino por su condición de explotados y oprimidos; 5º-combatir la falsa idea (proveniente de la burguesía) de acumular espacios institucionales (aunque sea en las estructuras sindicales), porque para los trabajadores lo importante es ganar conciencias y aunar voluntades de lucha tras una propuesta de este tipo; 6º- desterrar una visión estrechamente corporativa de la reivindicaciones, de la que están prisioneros incluso honestos militantes que se dicen clasistas.
XLIII- Esta línea de construcción –estratégica para la UMS- que está en debate desde hace una década entre una parte de la militancia, tiene ahora más sustento objetivo para concretarse, por razones ya expuestas (ver XXXIX) , cualquiera sea la forma bajo la cual se consolide. Incluso el nombre de Herramienta Política de los Trabajadores, que tuvo su origen en una formulación deliberadamente abstracta, ha comenzado a ser asumida por un amplio conjunto, aunque tras ese nombre no siempre hay coincidencias de objetivos.
La situación de desmovilización del movimiento obrero y la falta de cuadros sindicales y luchadores sociales con suficiente reconocimiento de las masas hace improbable que este proceso sea inmediato. Los recientes encuentros promovidos para este fin 18  mostraron que la pervivencia de fuertes criterios de frenteizquierdismo, aparatismo y electoralismo, en militantes provenientes de la diáspora de las sectas seudomarxistas, son dificultades adicionales para dar pasos concretos.
Luego de los procesos inconclusos del 92 al 96, del reflujo de los dos últimos años, analizamos a comienzos de 1999, que el panorama internacional y la acentuación de la crisis político-institucional, abría una nueva posibilidad para que los trabajadores, la juventud y sectores oprimidos, edifiquen una herramienta política de masas. Veíamos base objetiva para encarar el reinicio de una salida política independiente. El triunfo de De la Rúa en la interna de la Alianza, la aceleración de la crisis, debates en la CTA impulsados por cuadros trabajadores, daban indicios,aunque incipientes, de una búsqueda unitaria y nuestra línea de masas aparecía en una discusión mayor entre el activismo sindical y político.
Sobre este fundamento definimos una táctica en distintos planos: intervención en el Congreso de la CTA, impulsar Encuentros Sindicales y discusiones con contactos. La actividad se tradujo en la convocatoria a un Encuentro el 2 de abril en la Universidad de los Trabajadores, para impulsar y contribuir todo proceso de reagrupamiento por un PT; encarar una labor de propaganda, elaboración de materiales y participación en Mar del Plata.
La práctica realizada hasta este Congreso permite extraer algunas conclusiones. Si bien hay margen objetivo para una construcción de masas, la parálisis e inmovilidad de la clase obrera impide avanzar de manera consistente.
Los intentos de búsqueda unitaria, al no penetrar en el proletariado, quedan enmarcados en el activismo y grupos desmembrados por la dispersión de la izquierda, movidos en muchos casos por urgencias de aparato y la propia supervivencia. Esta realidad genera mayor fragmentación social, degradación ideológica, maniobrerismo en los métodos
XLIV- La necesidad de esta construcción, asumida por algunos cuadros del sindicalismo (no necesariamente dirigentes), la decisión de profundizar en el debate de estos conceptos y la discusión en las bases del movimiento obrero, que –en definitiva- debe ser quien sancione y sostenga la realización del programa y la política, son requisitos insustituibles para una amplia tarea de reorganización de los trabajadores.
Necesariamente el esfuerzo inicial depende de la convicción del activismo. Esta deberá ser una tarea prioritaria para los militantes de la UMS, que sin ningún sectarismo, deberemos impulsar en el próximo período, junto con quienes estén dispuestos a encararla, aportando militancia, experiencia y conocimientos
XLV- La posibilidad cierta de la reaparición de movilizaciones de mayor magnitud frente a la debilidad del próximo gobierno 19  potenciaría el desarrollo de un proceso de reagrupamiento de masas, definiendo el carácter de las organizaciones que surjan, sus dirigentes y la mayor o menor radicalidad de sus programas. A la vez la consolidación de un proceso de este tipo daría continuidad a las fluctuaciones de las movilizaciones (más o menos espontáneas), y plantearía la lucha en un nuevo nivel de desarrollo; cerraría la brecha entre los desocupados y los trabajadores empleados, y facilitaría en el sector industrial del proletariado generar un punto de referencia político, que estimule y contenga a quienes enfrentan a los aparatos sindicales más cerrilmente capituladores y represivos.
 XLVI- La posibilidad de transformación de las movilizaciones en lucha política, lucha de clases, está íntimamente unido a la organización política de las masas por las bases. Eludir esta tarea significa dejar sin respuesta al fenomenal salto que debe dar nuestra clase para superar la dispersión y aparecer en el escenario político nacional.
En este sentido la UMS está retrasada en buscar, realizar, y estudiar, nuevas formas de organización política en las bases de los trabajadores.
XLVII- En esta ya prolongada lucha por el surgimiento de una HPT, en el plano de las ideas, el combate no es sólo contra las arraigadas concepciones de conciliación de clases.
También muestran incomprensión en relación a una construcción política de masas, militantes combativos para quienes la tarea necesaria consiste en estructurar corrientes sindicales clasistas (lo cual en sí no es equivocado), y remiten la acción política a quienes estén dispuestos a sumarse a la estructuración de un partido revolucionario y a los vínculos e influencia –mediante los militantes- de ese partido con esas agrupaciones clasistas. En esta línea de pensamiento, dejan sin resolver el hecho que la inmensa mayoría de los trabajadores no pueden sumarse a ese partido, y que la única posibilidad de estructurarse como clase es en el plano de la acción política, libremente decidida y de la cual se sientan parte, y no “influenciados”.
XLVIII- La fragmentación sindical no podrá superarse (antes bien tenderá a agravarse), si previamente el conjunto del movimiento obrero no cambia su orientación política y encuentra su punto de unidad en este terreno. La actual organización sindical está en crisis porque hace más de 25 años que entró en crisis la idea de acuerdos de clase, que la definió y condicionó.
 Todo el andamiaje jurídico-institucional montado cuidadosamente por la alianza entre la burocracia y la burguesía no podrá ser trastocado, en primer lugar sin un salto en la conciencia de los propios trabajadores. La circunstancia que, eventualmente, alguna tendencia clasista pueda acceder a una dirección sindical, no invalida lo anterior.
La táctica de intervención de los militantes de la UMS en las estructuras sindicales debe estar presidida por estas consideraciones, y por la necesidad de mantener vínculos con el conjunto de los trabajadores, aunque estos cada vez menos se expresan por esas estructuras. Pese a su extrema debilidad, en situaciones de movilización o conflicto, son estos aparatos los que utilizan – hasta ahora- los trabajadores para las confrontaciones.
De ninguna manera deberemos sumarnos a los intentos de crear sindicatos paralelos, si estos no parten de una real situación de movilización de los trabajadores (caso de la Fiat Córdoba) y de superación del marco político que los estimula, oponiéndonos a todo intento de sindicalismo amarillo.
XLIX- En los últimos meses la UMS ha comenzado a romper el círculo de aislamiento (con los consiguientes riesgos sectarios) que las circunstancias del 98 nos impusieron. A poco de desarrollarse las tendencias al reagrupamiento, aunque de manera muy pobre, hemos podido comprobar que estamos capacitados teórica y políticamente para tener un papel central en la construcción de una organización política de masas.
L- En las próximas elecciones no habrá alternativas para los trabajadores y los sectores explotados. La ausencia política de los trabajadores, que le facilita el manejo de la crisis a la burguesía, no puede menos que expresarse en lo electoral, en la simétrica ausencia de una propuesta que los identifique.
La anunciada presencia de listas de algunas organizaciones de izquierda (IU, PO), en nada modifica este cuadro. Es comprensible que estos partidos intenten medir sus fuerzas y crecer; no es comprensible que ignorando la situación de dispersión de la clase obrera pretendan teorizar que es una forma de acumulación para la clase obrera. En todo caso muestran que la idea de la necesidad de unidad política de los trabajadores está alejada de sus prácticas políticas. En realidad queda al desnudo una estrategia que, más allá de cualquier verbalización, tiene su punto de vista puesto en la aproximación paulatina a los parlamentos burgueses.
La UMS estima absolutamente necesario la participación en el proceso electoral. Participar en las elecciones no implica hacerlo del modo y a la manera que pretende la burguesía: para consagrar algún candidato. Si el obstáculo de estos años que debe superar la clase trabajadora es su falta de acción política, la intervención en las elecciones debe tener como objetivo fundamental y único contribuir a afirmar su presencia, diferenciada de la burguesía y a dar pasos para construir su unidad. La táctica electoral del voto protesta siempre fue entendida en función de la necesidad de la construcción de masas de los trabajadores. Nunca como una acción testimonial o limitada a los sectores de la militancia.   
 
La recomposición
de fuerzas marxistas
LI- Desde sus orígenes, la UMS, se diferenció tajantemente de la concepción y la práctica (sectaria) que partía de una visión, según la cual, el desarrollo del partido revolucionario sería el desarrollo acumulativo y paulatino de un núcleo original, supuestamente armado con la teoría correcta de la revolución.
Por el contrario, definió el centro de la construcción de un partido comunista como un proceso de reagrupamiento de núcleos y cuadros militantes militantes, provenientes de distintas experiencias y rupturas anteriores. Una unidad dialéctica de confluencias y rupturas, determinado por el curso y las etapas de la lucha de clases, que implicaba a la vez el reconocimiento y superación de las limitaciones teóricas y materiales, afirmando en cada paso los principios del marxismo revolucionario.
LII- Reconocer, y trabajar por esta necesaria recomposición de las fuerzas, es reconocer una tendencia objetiva del curso de desarrollo de la conciencia histórica del proletariado, cuyas raíces se relacionan tanto con la particular experiencia de nuestro país, como con la evolución internacional de la crisis de las distintas corrientes marxistas.
LIII- La necesidad de afianzar la UMS, que se autodefinió como un destacamento de un partido aún sin existencia real, estaba en función de esa recomposición de fuerzas revolucionarias, lo cual contenía implícito el criterio de su existencia como momento transitorio de un largo proceso del desarrollo de un partido comunista.
LIV- Este proceso de recomposición exige un debate teórico, donde no debe haber lugar a ningún eclecticismo, pero debe entenderse como un hecho político. Esto quiere decir que tanto el contenido del debate teórico, como su ritmo, y la forma que adopte, debe estar determinado por las necesidades centrales de la situación de la lucha de clases (lo que no es sinónimo de lo inmediato ni de lo táctico).
LV- El nuevo marco político, distinto al de 1994, sienta bases materiales para que esta tendencia pueda ser comprendida por un creciente número de grupos provenientes de distintos orígenes, sea cual fuere el camino por el cual arriban a esta conclusión.
Si bien las intenciones unitarias siempre existieron, la diferencia entre la situación actual y el período anterior radica en que ha sido abandonada la idea de unir a las fracciones de común origen para restaurar, remozado, el antiguo tronco. En el fondo esa utópica aspiración implicaba una negativa al proceso de recomposición, una negativa a la superación de serias limitaciones conceptuales.
En este sentido podemos decir que actualmente se ha registrado un avance en relación al anterior período.
Pero también es cierto que ese progreso se da sobre la base de cuadros en los que convive, la búsqueda de un camino con el escepticismo, por el largo proceso de deterioro de las organizaciones de las que provienen, y la propia situación contradictoria de la lucha de clases.
LVI- La ausencia del proletariado de la lucha política, que se deja sentir en toda los aspectos de la vida del país, también deja su impronta en este proceso de recomposición de fuerzas. Al no surgir con energía un eje social, guía del debate, estos se referencia más al pasado (incluso lejano) que a la urgencia de orientarse en la lucha política. Esto abre espacio para que el debate sea más difuso y a las orientaciones que tienen propensión a un abstracto teoricismo.
Estos avances y debilidades han encontrado expresión en los recientes encuentros.
LVII- Es indudable que un paso concreto en este terreno, en las actuales circunstancias políticas, obraría como un acelerador de todas las tendencias al agrupamiento en los sectores de la militancia, y daría a la fracción comunista un notable peso para incidir en la constitución de una fuerza de masas.
La propuesta de la UMS de marchar a corto plazo a un Congreso fundacional del Partido de los Comunistas, no sólo es una respuesta factible, en tanto se entienda la necesidad de la recomposición de fuerzas como una tendencia objetiva, sino una urgencia determinada por la crisis e inestabilidad del país, que en ausencia del proletariado, abre un cauce a la derecha fascista.
LVIII- Si en el período anterior el surgimiento de mesas de enlace no pudo concretarse, la situación actual para el desarrollo de un proceso de recomposición de fuerzas marxistas no sólo es más favorable, sino que debemos entenderla como una tendencia que se ha afianzado, en la medida que, han entrado en una caída sin retorno las construcciones de sectas, y en la medida que el pleno desarrollo de la crisis capitalista obliga a los más jóvenes a volver la mirada hacia el marxismo.
Esto no significa hacer pronósticos sobre los tiempos que demande este proceso para su consolidación. Significa marcar las tendencias en movimiento, contrastar nuestra estrategia con esas tendencias en curso y verificar, como hemos constatado, que la UMS está en condiciones políticas de jugar un papel significativo en este proceso.
 
Tareas de la UMS como destacamento comunista
LIX- Si en el período anterior la UMS debió soportar un largo período de aislamiento – no por decisión propia -, manteniendo con firmeza su estrategia de construcción, sin ceder a las presiones por la “unidad de la izquierda” 20  (forma engañosa de quebrar esa situación), para el período próximo debe preparase para la posibilidad dar los primeros pasos importantes en ambas direcciones: la construcción de una organización de masas y la recomposición de las fuerzas revolucionarias.
En los últimos meses han empezado a expresarse esas tendencias, y mas allá de las notorias (y aún graves) debilidades de todos los intentos, el hecho central es que ese es el curso hacia el cual nos encaminamos.
Atento a esta situación, la UMS debe estar preparada no sólo para tener una decisiva intervención, sino estar dispuesta a los más amplios sacrificios para que estas tendencias se concreten.
LX- Hay dos elementos centrales que alentarán este camino: 1º- La posibilidad cierta de movilizaciones de masas frente a la crisis y la debilidad del futuro gobierno; 2º- La aparición y desarrollo de una nueva oleada antiimperialista en A. Latina.
En este sentido toda nuestra política de intervención en esas movilizaciones debe estar indisolublemente unida a la estrategia de construcción política, única forma de alterar la dinámica de clases (ver punto XLII). Esta exigencia nos obliga a tener para cada caso una política precisa (en el nivel que nos permita nuestra inserción y elaboración), combatiendo toda forma de propagandismo abstracto.
La UMS debe estar preparada políticamente para resistir las presiones oportunistas a toda forma de “unidad”, que no se asiente en una expresión real de las masas (no siempre fácil de reconocer para una pequeña organización).
LXI- Nuestra posibilidad de intervención en estos procesos de reagrupamiento, cualquiera sean la formas y el ritmo con el que se produzca, exige un fortalecimiento de la UMS en todos los niveles de su actividad y la necesidad de aunar fuerzas con compañeros con los cuales compartimos perspectivas estratégicas, coincidencias en análisis y tareas comunes.
La preparación de la UMS para una mayor intervención en la lucha política nos obliga a mejorar nuestra actividad en las tres tareas permanentes de una organización marxista: propaganda, organización y educación.
Es necesario precisar esas tareas en función de los distintos frentes de trabajo.
LXII- En consonancia con las caracterizaciones de este documento, el desarrollo del trabajo político en el seno de la juventud será tarea prioritaria de la UMS en el próximo período. En este ámbito nuestro retraso es notorio. Este frente no se debe reducir al movimiento estudiantil, aunque este sector es el más dinámico de la juventud.
Es necesario que la militancia en este frente no quede reducida a los jóvenes, sino que, con las limitaciones pertinentes, sea asumida por el conjunto de la UMS.
Particular importancia debemos darle a las previsibles crisis que se producirán después de las elecciones, tanto en la izquierda electoralista por sus magros resultados, como en sectores integrantes de la alianza. Esta situación puede provocar escisiones, particularmente entre los jóvenes. Hacia ellos debemos tener una actitud unitaria, con el único requisito de un compromiso de trabajo democrático y de respeto a la autonomía del movimiento de masas (lo que es harto difícil dado su habitual práctica y concepción de utilizar a esos movimientos), y de una clara denuncia de la penetración imperialista.
LXIII- Las dificultades para el desarrollo de la tarea política en el seno del proletariado industrial no serán superables a corto plazo, en tanto comiencen a aparecer signos de una nueva situación. Esto no significa de ninguna manera que debamos desistir de esta tarea central, sino que debemos adecuar y sistematizar nuestra militancia en este frente.
Es obligación de la UMS encontrar el camino hacia el proletariado. La proletarización –un objetivo básico- de nuestra organización, no significa (aunque no descarta) que los militantes no proletarios trabajen en la producción, ni significa lucha sindical. Significa que se asuma la tarea de organización política de los trabajadores, en las unidades productivas, en los barrios (principalmente del gran Bs.As.)
Debemos insistir en la necesidad de organizar círculos de propaganda y educación, con los trabajadores, en su lugar de trabajo o vivienda, prepararlos para la lucha política, círculos en los cuales participen otros compañeros, aunque no sean de nuestra organización, pero que embrionariamente se orienten hacia posiciones anticapitalistas.
Nuestra capacidad de movilizarnos está en relación directa al desarrollo de esta tarea.
LXIV- Los graves déficits en nuestra tarea de propaganda, que no ha podido ser superado pese a reiterados debates en el CC, debe inexorablemente encontrar solución. Sin esta corrección se compromete la posibilidad de éxito en todas las otras tareas.
Es impracticable una mayor intervención en la acción política con esta carencia. La relativamente poca exigencia del período anterior, y la orientación general de nuestra política, nos permitió sobrellevar la ausencia de una tarea propagandística sistemática. De subsistir esta falencia, para el tiempo que viene, será un elemento potencial de crisis.
La necesidad que los compañeros más capacitados asuman con rigor esta tarea, no niega la necesidad que se sumen a la misma, nuevos compañeros en forma perentoria.
LXV- Este Congreso deberá adecuar los aspectos organizativos de la UMS para poder cumplir con las tareas propuestas, en la perspectiva de la construcción de un partido de los comunistas.
LXVI- La clausura de un período siempre es, para los marxistas, el momento del necesario balance autocrítico. Es indiscutible, que aunque se mantuvo firme en sus convicciones y su estrategia, e intervino en la lucha política con una orientación general correcta, las debilidades de la UMS le impiden actuar en consonancia con las respuestas acorde a las exigencias de la crisis que cruza al país.
Estas debilidades comienzan en primer lugar por su dirección, el CEN, y para que la autocrítica no sea un formalismo, ni un estéril “mea culpa” debe rastrear en las bases materiales y políticas de esa endeblez.21 
Dentro de ese marco político-organizativo es necesario que cada organismo, y cada militante individualmente, examine su propia actividad, y su nivel de compromiso, así como las alternativas para que en el próximo período podamos alcanzar – en lo que depende de nosotros- los objetivos propuestos, y a la hora del próximo balance exista una instancia superadora de la UMS, en todos los planos: teórico, político y organizativo.
La disposición militante de cada uno de los integrantes de la UMS será un factor central para emprender con éxito este camino.       
 
 
1 Estos datos fueron reproducidos por Página 12 del 24 de Enero de 1999, en artículo de H.Verbitsky quien los referencia a un estudio hecho por FLACSO. Sin dar datos tan concretos, en el mismo sentido se referencia un reciente trabajo del economista Aldo Ferrer: De Cristóbal Colón a Internet: América Latina y la globalización
 2 Posterior a la redacción de este documento, Clarín cita un informe del FMI del flujo de capitales privados para los países “emergentes”, corroborando esta apreciación. Por ej. Para A.Latina las inversiones retrocedieron de 87.300 millones de dólares en 1997 a 69.000 para el año citado. (- 20,6 %) 9-9-99
 3 ver Documento Nacional aprobado por el 1er Congreso de la UMS, publicado en ESLABON Nº 10 pag. 21
 4 Para más detalles sobre las características de la crisis remitimos al documento sobre Situación Internacional.
 5 Esta afirmación general, corroborada por la experiencia de los últimos cincuenta años, y válida en términos de análisis político, no niega la necesidad de conocer las formas específicas que en cada momento adoptaron las inversiones extranjeras en el país, y por tanto las vinculaciones del capitalismo local con el internacional. Así en el período llamado desarrollista (bajo el gobierno de Frondizi), esas inversiones contribuyeron a la formación de bienes de capital y a la expansión del proletariado. Hasta la década del 80 las inversiones directas se orientaban fundamentalmente al sector industrial. En el último período esas inversiones se dirigieron preferentemente a los más rentables sectores privatizados de servicios públicos, comercialización, fuentes energéticas, e inversiones territoriales (por los menores precios relativos de las tierras argentinas en relación a otras regiones mundiales de igual potencial productivo).
 Sobre la valoración política global de los efectos de la subordinación del país al capital imperialista, la UMS definió claramente su posición desde el momento de su fundación (ver Crítica Nº 10 pag 233 ) y en su ler Congreso, Doc.Nac. Cap.I Tesis 9 y sig. Ver ESLABON Nº 10 pag 20
6Para la discusión de este punto ver p.ej. los precursores trabajos de Milcíades Peña de la década del 60
 7 En el terreno de los programas propuestos, la inconsistencia de sus ideas expresan su decadencia como clase. La burguesía local, constantemente en este plano, muestra su endeblez: distintos sectores capitalistas exigen medidas prácticas contradictorias con sus enunciados generales. Así, entusiastas defensores del proceso de ventas de las empresas del estado a precio vil (dilapidando la acumulación del país de más de un siglo), ponen el grito en el cielo cuando son desplazados del mercado, obligados a vender a las multinacionales sus propias empresas, también centenarias en algunos casos; defendieron a rajatabla la convertibilidad, pero ahora se quejan que el dólar está muy barato; aturdieron hasta el cansancio con la necesidad de privatizar los servicios públicos por su “ineficiencia” y ahora reclaman por las tarifas de esos servicios privatizados. Sistemáticamente defensores de la apertura de los mercados, piden protección arancelaria cuando ven la caída de sus ventas. Y así de seguido.
 8 Aunque pronostican una caída mayor del PBI, economistas burgueses como A.Canitrot, remiten la posibilidad de una depresión a un descenso del orden del 20 %. Es evidente que, refugiándose en definiciones académicas para no parecer alarmistas, no pueden soslayar que tal descontrol de la economía es un elemento a ser considerado. (ver Clarín 30/8/99).
 9 En los inicios de la campaña electoral el ex presidente Alfonsín intentó esbozar un tono levemente antiimperialista (con más precisión antiyanqui), pero la presión de su partido, la UCR, prontamente lo hizo desistir.
 10 El potencial peligro fascista en el país, como continuación previsible de la democracia burguesa en época de crisis, ya fue señalado en el documento del 1er Congreso de la UMS. (ver ESLABON Nº 10 pag 20, pto 13). El intento duhaldista busca darle forma a esta tendencia existente en la realidad argentina.
 12 ver. ESLABON Nº 10 p. 24
 13 Situación ésta que, aunque fue capitalizada por la burguesía opositora, obligó a la burocracia de las 62 a convocar a un paro nacional, conjuntamente con la CTA.
 14 Estas corrientes continúan centrando su accionar en esa estrategia, que supone que existen condiciones para que la resistencia estalle con tal fuerza que terminará por cuestionar la continuidad del gobierno.
 15 Para un detalle de los conflictos de este período ver capítulo sobre Situación del Movimiento Obrero
 16 ver Doc.sobre Situación Nacional 1er Congreso puntos 20(bis) y 21 ESLABON Nº 10 pag.21
 17 Pretender que el recambio de algunos gobiernos provinciales (Jujuy, Corrientes) es la antesala del curso que tomará en lo inmediato el país, es pasar por alto la extrema endeblez de esas fracciones burguesas provincianas corruptas, totalmente dependientes del poder central, el que decidió no sostenerlas más y aceptar su decapitación.
 18 Para una valoración de estos encuentros ver capítulo sobre Situación del Movimiento Obrero
 19 Si como se anuncia triunfa De la Rua en los próximos comicios, hay que preveer el paso a la “oposición” de la burocracia cegetista como elemento transitorio que puede alentar movilizaciones.
 20 En relación a la izquierda, la UMS salió de su 1er Congreso con una actitud táctica claramente definida, en consonancia con su estrategia de construcción. Puede verse aquí la importancia que tienen las caracterizaciones, particularmente en momentos adversos de la lucha de clase. Ver ESLABON Nº 10 ,pag 24
 21 El Balance de actividades que la Secretaría General debe presentar al Congreso tendrá que cumplir esa función

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