E1 colofón de la última década de política latinoamericana no es incierto: es directamente malo y preocupante. Pese a todo el optimismo -recambios presidenciales en el Conosur, el castigo al Partido Revolucionario Institucional en México (PRI), la locomotora brasileña-, la corrupción y la crisis institucional son los fenómenos políticos emergentes en la región: Alberto Ftijiniori (Perú), como antes Carlos Andrés Pérez (Venezuela), Abdal Bucaram y Amil Mahuad (Ecuador), Femando Collor de Melo (Brasil), Carlos Salinas de Gortari (México) y el tendal que dejó la década menemista en la Argentina. Existen argumentaciones diversas sobre qué ocurrió primero, si la endeblez institucional o la globalización o la decadencia de los liderazgos. No se sabe si la corrupción fue a la crisis de la democracia, del orden del huevo o de la gallina. Hoy es la región andina la que concentra la crisis. La partida de Fujimori -de opereta, tan lejos del sobrio hara-kiri- recuerda el exito del presidente ecuatoriano Bucaram, en 1996. Pero el fenómeno irradia lejos. (¨Y si las vicisitudes eleccionarias en EE.UU. tuvieran que ver con esto? Una especie de "floridismo", un efecto latino" en la democracia m s aceitada del mundo. Hasta el presidente Bill Clinton se lamentó de no haber seguido a Fujimori en la reforma de la Carta Magna, con vistas a una re-reelección.) Si hay un tema que hoy ocupa a los politólogos del hemisferio americano es la corrupción -en tanto causa y efecto, Los círculos de estudios y las universidades latinoamericanas promueven la discusión de "lo que est pasando "Nuestra ciudadanía nunca accede a ese estatus, sigue siendo una clientela", sintetiza un observador. Tormenta andina El investigador Juan Gabriel Tolcatli n, de la Universidad San Andrés, de Buenos Aires, indica que se puede hacer una periodización con regiones m s agudas según las décadas. En los años 70, la región crítica de América latina era el Conosur: regímenes de facto y un militarismo expansionistas. (En los 80, esta problemática se desplazó a Centroamérica, con la guerrilla, la intervención estadounidense y la militarización de la vida social.) En los 90, los crujidos parten de los países Andinos, marcados por una caída institucional y la crisis de gobernabilidad. El politólogo peruano Julio CotIer, director del Instituto de Estudios Peruanos, dice que el gobierno que preside Valentín Paniagua está llevando a cabo un rápido desmantelamiento del autoritarisino fujimorista, "Pero la violenta recesión económica, que se prolonga por tercer año consecutivo ~agrega-, podría complicar lasituación política en los próximos meses. En ej-ecto, la dinámica de la globalización incidió poderosamente en la desarticulación social y política de Perú. Pero cada gobierno pone su sello: la extorsión, difamación, corrupción ftwron las marcas del fujimorismo. " En cuanto a la fragmentación partidaria, Cotler cree improbable que Perú pueda rehacer el viejo sistema partidario debido a la herencia de 1as dos décadas perdidas". Por el contrario, ve la enlergencia de dirigentes de movimientos electorales, corno Alejandro Toledo y ahora Jorge Santiestevan, el ex Defensor del Pueblo, entre otros muchos. "Para las elecciones de abril se postularán decenas, sino centenares de candidatos---, concluye. La proyección de otros países de la región, según Cotler, sirve de advertencia a los analistas. El peligro de la extrema fragmentación política en Ecuador, de la guerra civil en Colombia, y del populismo bolivariano de un Hugo Chávez son motivo para actuar con cautela, a fin de evitar una ,situación de ingobernabilidad como la que vivió Perú en los 80. De lo contrario, sintetiza, se corre el riesgo de pasar a ser regidos por el "protectorado internaciona" , vía la Organización de Estados Americanos, que desembocó en el derrumbe del fajimorismo. Entre agosto de 1996 y febrero de 2000, Ecuador tuvo cuatro presidentes. Abdalá Bucaram no llegó a 7 meses, destituido por incapacidad mental Luego vino el ínterin de Fabián Alarcón. Cuando Malitiad asumió la presidencia, en agosto de 1998, heredó un país que venía de una guerra con Perú, los estragos de la corrien~ te de El Niño y la caída histórica del precio del petróleo. La crisis económica lo llevó a medidas inéditas, corno la suspensión del pago de su deuda externa en Bonos Brady, Y la dolarización. El golpe que lo depuso había sido iniciado por un grupo de coroneles disidentes del ejército, con fuerte apoyo de los indígenas y la izquierda populista, e instauró un "Gobierno Popular de Salvación Nacional". El actual presidente es Gustavo Novoa. El politólogo Felipe Burbano de Lara, investigador de Flacso-Ecuador, sostiene en un artículo muy reciente que "las dirigencias partidistas han desarrollado un mecanismo perverso para salir del bloqueo y las crisis: buscar la destitución del presidente de la República." En su opinión, se ha instaurado un sistema que, en rigor, es lo menos parecido a un sistema. Dice: "la democracia ecuatoriana recrea un círculo vicioso: el desgaste de los presidentes por los efectos de la crisis económica y el deterioro Instituciones se produce tan rápidamente que los partidos to inmediatamente distancia del gobierno. Con ello contribuyen al aislamiento del presidente y a producir los vacíos de gobernabilidad donde se propician las intervenciones militares y los relevos constitucionales. " No sólo hay que mirar los golpes y autogolpes. A propósito de los "protectorados internacionales" al estilo OEA, Tokatlián recuerda el caso sintomático del presidente colombiano Ernesto Samper, en 1996. Al ganar las elecciones colombianas, en junio del 94, Samper fue acusado de haber financiado su campaña con dinero del narcotráfico. En junio de 1996, el Congreso lo absolvió de culpa y cargo. Pero en julio de ese año los Estados Unidos le negaron la visa a Samper, acusándolo abiertamente de haber tenido estrechos vínculos con los carteles de la cocaína. En otras palabras, Washington obró como una segunda instancia judicial. Sumido en la guerra civil y embarcado en el Plan Colombia, de ayuda logística masiva de los EE.UU. para acabar con el narcotráfico -y en el mismo tiro, con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC)-, el país es hoy, antes que cualquier otra cosa, el segundo, después de uno africano, que produce desplazados interiores. El 80 por ciento de todos los secuestros registrados en el mundo se produce en Colombia. Para un observador argentino, el estilo del presidente Chávez tiene reminiscencias del peronismo clásico. Sin embargo, su manera de anudar alianzas -recientemente en Oriente Medio, o con Fidel Castro- trae lo nuevo. (¿U n rebelde de la modernidad vendría a ser un líder antiguo, o uno más moderno?) Con un tono claramente opositor, el director del Centro de Investigaciones de Política Comparada (Universidad Los Andes-Mérida), Alfredo Ramos Jiménez refunde la problemática política de su país: no nos llega la política de ciudadanos, seguimos siendo vistos como clientela. "Dada la necesidad de profesíonalizarse, la dírigencia se fue apartando de la población y sus intereses. Chávez mismo muestra desprecio por su partido, el que fue el portaaviones de todos los candidatos y óportunístas. Ramos Jiménez coincide en que efectivamente la globalización aceleró la pulverización de los partidos. "Es que con la globalización, los gobiernos gobiernan me nistas. Ramos Jiménez coincide en que efectivamente la globalización aceleró la pulverización de los partidos. "Es que, con la globalización, los gobiernos gobiernan menos. Y la soberanía, las invocacíones de la retórica nacional, a las que apela Chávez, son un concepto anacrónico. "(nuestra organización-"UNIA"-, no esta de acuerdo con lo que dice el artículo respecto de Chavez, a quien vemos como un patriota y un luchador por la grandeza de su país) Los dirigentes que siguieron a los fundadores de los partidos, explica, fueron de un nivel marcadamente mediocre. A partir de la primera presidencia de Andrés Perez se produjo una sensible baja de la calidad de liderazgo. Se expandió la política clientelar. Los partidos mantenían la disciplina pero se despolitizaron, perdida la mentalidad del bien común. La "coronación" de Carlos Andrés Perez, como se llama a su segunda presidencia, en 1989, se produjo con el 56 por ciento de los votos y un 16 de abstención. En 1998 Chavez tuvo los mismos votos, con una abstención del 40 por ciento. Ramos Jimenez se lamenta de que los votantes ungieron a Chávez como su chance contra la corrupción, y que en dos años de gobierno, no se haya producido una sola investigación con resultados: "En la actualidad, la política tiene una mayor provisionalidad de las soluciones. Los partidos se han convertido en empresas que gestionan intereses corporativos. La receta clásica de los tanques de ideas estadounidenses es que se debe aumentar el poder de la sociedad civil. Yo no creo en eso, sino en la necesidad de repolitizar la sociedad. Nada podremos hacer con una sociedad apática, que sufre de "fatiga cívíca" y se desentiende de la política. " Lo cierto es que la tríada nociva que conforman la globalización (con la partida de defunción de los Estados Nacionales de los países emergentes), la corrupción estructural del poder político y la irrupción de los partidos gerenciales conforman la mayor etapa de crisis que la democracia latinoamericana haya conocido en tiempos de paz.

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