Los Tres Angulos
del Apocalipsis
J.Aristobulo Del Prado
Al lector:
Luego de la Segunda Guerra Mundial a pesar de invocar los aliados que era Adolfo Hitler quien impedía la lectura de libros e incluso los quemaba, se ha dado en la realidad una situación inversa. Cualquier libro que no convenga a los intereses de los ganadores de la guerra, es prohibido u sacado de circulación.
El autor de la página web tiene en su Biblioteca libros editados con anterioridad a la guerra, uno de ellos es una obra bastante objetiva, y por lo tanto, aleccionadora y educativa de "quien es quien" referente a nazis, fascistas, comunistas, judíos, etc.
En diferentes entregas en esta página Web se irán trascribiendo páginas de este libro que ha recolectado bastantes hechos historicos de nuestro país, de Rusia, de Alemania, y de Italia anteriores a la II Guerra Mundial.
Como es dificil, por no decir imposible conseguir este tipo de literatura histórica, es que nos hemos tomado el esfuerzo de ponerlas a disposición del lector.
Dice el autor del libro don Aristóbulo Del Prado:
"Las páginas que forman este libro no son propiamente una pieza de polémica, ni tampoco una propaganda sobre ideas de sociología política contemporánea.
Se puede advertir que en la exposición de hechos, ideas y programas que esboza, ilustrando a los que desconocen en esencia la evolución actual de los regímenes de gobiernos en pugna, no existe el propósito del argumento sectario, como las acciones jurídicas que implican un interés.
Al escribirlo, he tratado de colocarme en la situación del caminante que, después de recorrer "in mente" los fenómenos sociales que agitan al mundo, sentado en una piedra y descansando de la fatiga, me he tomado la tarea -modesta desde luego - de presentar hechos, de analizarlos sin ningún preconcepto interesado y sí ante el horizonte que marca en la hora presente; el enorme interrogante al porvenir.
Con el lente preciso, percíbese una lucha que podría decirse se concreta en dos grandes símbolos: uno, que repecha la cuesta escarpada de la democracia liberal, para substituirla con el fascismo cuyo centro es Roma, la ciudad eterna y con Berlín como punto de apoyo; y el otro, el comunismo, con su torre indicadora de Moscú.
El espectáculo de España guarda cierto simil con los días aurorales de al revolución francesa, lucha de clases que dibujan en lontananza gruesos
nubarrones, como pregoneros de un nuevo período en la historia social, política y económica del mundo.
¿Se realizará el sueño de los utopistas, de los teorizadores, que, cuales nuevos alquimistas buscan la piedra filosofal de una vida colectiva mejor, o en cambio, la reacción demo~liberal perfeccionará sus métodos alarmantemente en decadencia, para salvarse de una amenaza mortal?
La cuestión es grave, y sobre los términos del gran problema, vivimos horas de angustiosa espectativa.
El nacionalismo responde según sus profesantes - a necesidades históricas y perentorias.
Pero su base - la fuerza solo sirve para mantener ese régimen en los países en decadencia material cuando no existen razones supremas y ocurre una paradoja: la violencia y la privación de la libertad, en vez de corregir los defectos de las democracias (electoralismo y demagogia), conduce a los pueblos a conflictos que la misma crea, y su resultado - las pseudo dictaduras constructivas - traen aparejados con su disciplina, su jerarquía y su orden; ciertos privilegios que también resultan odiosos a la opinión pública.
Se llega así a la eterna división de clases, a la cual parecen concurrir con igual ahínco el Centro, la Izquierda y la Derecha.
Dos siglos y medio de práctica democrática crearon el sentimiento nacional en todos los países centristas y formaron el régimen capitalista actual. Este último, arbitrario por cierto, dados sus "prerrogativas y los intereses que allega", hácese difícil modificarlo. Sin embargo, nada es imposible, y en este caso hago mía la teoría del señor Adolfo Hitler: el Capital debe servir a la nación y no dominar a la nación. En cuanto a lo político, el solo hecho de pensar en romper ese sistema, para convertir el sufragio más o menos universal de que gozan dichos países; cuyos ciudadanos muchas veces votan pero no eligen, o bien demuestran con frecuencia su incapacidad para el ejercicio del voto secreto, debe ser obra de máxima atención.
Quiera el lector interpretar el momento y calcular las posibilidades del mañana antes de emitir un juicio o una opinión ligera, llevado tal vez por sus simpatías sociales o políticas de la hora actual por que atraviesa el mundo.
El Autor".
En esta entrega solo se transcribe el prefacio, pero no tengan dudas de que este libro es una obra apasionante, objetiva y describe horribles y alucinantes hechos ocurridos a principios del siglo XX en Rusia, Alemania, Italia y Argentina.
Hasta la próxima entrega.
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