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Saltando por los tejados
Cada acorde me lleva lejos, muy lejos.
Hasta esas alturas donde no siempre entiendo
Qué hace un hombre en la tierra,
Por qué se aleja del mar
Con nostalgia de todo cuanto no tiene
Y sentimiento amargo de lo que conoce.
A veces miro al cielo
Y no hay cielo.
Y tardo en verlo dos, tres miradas
Que pueden distar días o corazones.
Y es que a veces el mundo es tan grande
Y yo tan pequeña a su lado
Que algo sin lugar ni cabida
Araña en cada rincón ilocalizable.
Y quisiera salir corriendo
Como una niña trepar a un árbol
Y esconderme en su cabaña de madera.
El viento llega a la gata
O a los balcones de vistas gastadas.
Y yo sigo aquí sin saber dónde,
Creciendo porque hay que crecer,
Saltando por los tejados.
Norma Jean
Cambió su nombre por otro,
Y las estrellas por las de neón y hotel.
Marilyn se alojaba
En las diminutas y encaladas
Habitaciones del corazón;
Se encerraba con flores.
Llevó la voz en eco
Cada vez que acallaba la memoria
O amaba a condición de
No dejar marca en la espalda.
Su leyenda no tenía cortinas.
Todo el mundo vio cómo se iba,
Nadie hizo nada.
Norma Jean (II)
No, Norma no fue una mujer lista
Y lloró tanto que se le secó el alma.
Ya nunca más quiso
Faldas, ni bisturís para el corazón
Que se estira.
Empapó su vida
Con cepos de desconexión automática.
Praia de Faro
¿Qué es un bote en la arena?
¿A qué rumor espera?
No es sino una cáscara dejada,
Vacía,
Enmohecida,
A la que no toca la marea,
Tanta luna,
Solo,
Como una sirena varada.
Tan roto, callado.
Tan a la deriva de los hombres de mar.
¿Qué marinero descuida su barco?
Con sus colores azules, y blancos,
Y su nombre escrito: "cigone".
Aquí descansa,
A la sombra del "ósala" y sus delfines pintados,
A vista de pájaro de los aviones
Que van y vienen
Al otro lado.
Hay un pescador en el agua.
Un muelle
Que habla de "solzinha".
Y pesca.
Y una vista más clara que espesa,
Zambullidos, sol, casi un bote.
Todo queda medio olvidado
-pienso.
Sin entender qué es un bote solo,
Tan solo,
En la arena sola,
Más sola entre algas.
Cinco estrellas (II)
A veces me pregunto
Qué apuesta va en tu cabeza,
Si son las estrellas de neón y soledad,
O las sin nombre que acanallan tu grito.
Tan solo, mentiroso y mentido,
Que tu silencio va de ida y vuelta,
Y me lleva lejos de un tiempo
Por caminos que tu voz no da.
Desnúdate del antifaz y acorde,
De la capa caída, de la red sin patera,
De toda vida y tiempo tocado.
Tu lengua en penar no se entiende.
Y dime, sencillo y en cueros
Si llueve en tu corazón de pensión.
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