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DESPEDIDA
Hoy, adiós, día primero, último de
cada mes.
El todo en la savia que asciende,
el todo en la savia que anuncia
el fatal acento de las palomas
que no pueden volar más que sus alas,
que no saben cantar
sus atroces melodías de presagio
durante una tarde entera,
una tarde llena de olores y cortinas blancas y voladas,
recogidas en la niebla de los gritos
sumergidos por tu cuerpo.
La erección que palpita
y palpitando quema la pupila, el sillón, tu falda,
el pesado óleo de tus besos jamás pintados
o tomados en serio,
el latir burlesco de algún hueso,
la clavícula etérea de tus ojos.
Aquí yazgo perdido,
acurrucado en tu seno,
adormilado en tu espalda,
mojado, quieto, taciturno,
violento cuando más quiero serlo
para besarte con lágrimas que invento
y llorarte con sudores tranquilos
que no me queden pequeños,
que invento para tenerte,
que tiendo una rosa en tu cama
y las espinas brotan de tu cuello
y me duermo cansado
porque tu voz ya se ha despedido
y mis pies, acaso temerarios,
despuntan el día, el viento,
y tu pelo languidece y atravieso
el monótono perfil de tu juego,
el furioso arrebato de tu sexo.
Aquí me tienes de una vez por todas
-rendido y apaciguado mortal-.
Cortadas las alas las palomas se resisten,
el canto salta, emerge, duele,
y tus manos acarician el día.
Mis brazos, hartos de quererte,
de despedirse cada año, cada siglo,
cada mes que me abandonas
y dejas las perchas vacías de la sala
y el comedor brillante de los cielos.
Me cuesta tanto y a la vez lo presiento:
El néctar se ha detenido.
No me mires, mas no te alejes.
Aquí te espero, me arrepiento...
pero no lo grito, me callo...
TETRALOGÍA
NOCTÁMBULA
-I-
Tantas veces tuve ante mí
la presencia perfecta de la noche.
Tantas veces pude haber completado
la esfera gris de tu silencio.
Tantas ocasiones
para la comunión
dejaron pasar mis años.
Tantas preseas que obtuve
por el deseo.
Una bifurcación de la lascivia,
un frenesí incólume
por alcanzar el mundo.
Tantas veces tuve en mis manos
el aroma breve,
la palabra,
la palabra breve;
el aroma de la tarde
capaz de absolverlo todo.
Tantas veces pudimos ver lo que hicimos,
tantas, que ahora
la noche no es presencia ni silencio:
tu mano acercándose a mi vientre,
mortal,
pequeña y mortal.
-II-
Debo descansar,
calmar,
descansar de estas levedades
que me aquejan.
Hace mucho no imaginaba
la magnitud,
la forma,
el candado que arman
desde mis ojos hasta mi vientre.
Debo hallar la forma de erradicar
estas horribles llagas
anudadas
alrededor
de mi cuello sagrado,
de mis labios heridos.
Tantos años han pasado
desde que me alcanzaste
y me diste espinas.
No pronunciaste tu nombre
y yo,
tan débil que soy,
te dije el mío.
Tropezar de vez en cuando
no puede ser tan malo.
He olvidado mi deber:
¿cuándo podré descansar?
-III-
Recuerdo haber dejado
las cosas en otro sitio.
Estoy seguro
de haber dejado todo
en otro lugar
muy distinto,
distante.
Otro lugar que no es este,
porque si fuera este
ya las habría encontrado.
Igual pude haberlas perdido,
pero sé por mi instinto
que no pueden haberse extraviado.
Recuerdo algunas de ellas
dibujadas en mi niñez,
preñadas de un color intenso.
Es una lástima
olvidar los colores,
la infancia perdida,
el teléfono ocupado.
¿Dónde podrán estar?
Es inútil buscar por más tiempo.
Debe ser el cansancio
o la timidez de buscar con más dedicación.
Pero, ¿qué es lo que falta?
Sería trágico haberlas perdido.
-IV-
En mi lecho de horas,
de días buscando mi niñez,
de amargas travesías de lo oscuro.
En mis horas halladas
o en mis pasos cortados.
No sé a dónde me dirijo
y esta lluvia no se detiene.
Nada en el mundo se detiene.
El agua corre y se desperdicia
y ella que no llega.
¿A qué hora dijo que llegaría?
¿Y si no llega?
Hace horas que espero.
Antaño las noches
eran más largas:
ahora me dedico a contarlas,
a narrar su profecía de nubes.
A parar he venido
donde
nada es igual y la noche,
las ventanas,
los grifos abiertos y chorreantes...
... debo aguardar el tañir del alba.
Antes de llegar: dormir.
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