Lucevan Vagh Owen Berg

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Supuesta armonía


Hablando de los tres elementos en armonía,
(imagen, argumento y trascendencia)
busca el símil a su alrededor.

Rodea con la mirada su cuarto,
y analiza, como en una película,
los tres elementos:

La imagen, es austera.
Son colores llamativos
y casi en orden.

El argumento marca la historia
de un ser libre,
de personalidad infantil,
aferrado a cosas absurdas
que evocan sus ensoñaciones.

Trascendencia, no la hay;
la casa es ajena
y eso significa
que está obligado a migrar…

 

 

 

 

 


Mangle: Retazos mnemónicos


Alguna vez en el recuerdo…
vi plantas sucias,
todas juntas y pasivas;
casi marchitas si fuese que se movieran,
aunque ese mover,
a veces leve… a veces sinuoso…
les recordaba dónde estaban
y los ponía incordios a luz roja.

Una música lejana entonces…
el olor a fármacos y sed
era el ambiente a diario;
el cielo, de piedra y blanco,
tan ajeno como el cuerpo,
y la voluntad impropia
del ser suspendido, agobiado.

También los golpes de Zeus en los sesos,
también la pesadilla viva, encarnada,
consciente de no poder moverse,
de tener amarrada la desesperación,
mas no la voz, mas no el llanto, mas no el miedo,
que corre por la sangre y con la sangre,
adentro, sin detenerse,
hasta tocar voces de ultranza,
y no más.

Paz… quietud… espasmos en la oscuridad;
la consciencia, sigue despierta y escucha,
sólo la consciencia sigue despierta y escucha;
la fuerza es de nadie, siempre es de nadie,
y cuando se abren los ojos irritados,
todo es nuevo en el letargo
para el sorbo que humedece los labios,
y que poco a poco se vuelve plomo en la garganta,
amargo en la garganta,
mientras los ojos, inquietos, buscan en la realidad.

El calendario está presente pero no existe,
el reloj está presente, pero no existe,
la gente que conocí, está presente, pero no existe.
y no hay cuenta de los respiros sostenidos,
de la memoria desgastada, no hay cuenta,
porque todo es difuso entre ovillos de pelo
a la orilla de la cama calcinada.

Alguna vez en el recuerdo…
vi plantas sucias;
Yo fui uno de ellos entre ellos,
yo fui un mangle,
con tiempos devastados de consciencia amorfa
para ser firme en el mundo real,
en el que la soledad de los vivos,
se mezcla con la soledad de los muertos,
donde la existencia de la mala memoria
muestra las manos que se aferran a la tierra,
rasguñando al pasado en el presente,
oscilando en la angustia de no saber,
en dónde terminar de recordar.

 

 

 

 

 

 


Fatalidad…


Hasta las más vivas plantas
parecen muertas en la casa vacía.

Su verdor inmóvil
no se inquieta con la soledad que le rodea
con el cansancio que le rodea
con el moribundo aliento
que le rodea.

¿Dónde están los golpes,
que hacen sentir a uno vivo?

La condena viste al alma.

Y hasta la piedra más inerme
tuvo dolor alguno
en su cuerpo rígido, fragmentado.

Y aun así respira
de las voces de algunas aves
que se apiadan de ella.

Y aun así respira
de las contenidas emociones
que la selva reducida, le entrega.

Y aun así, la piedra respira
de la soledad
del silencio
del aliento moribundo
cuando tose polvoriento
dando muestras de estar viva,
y está viva.

Donde están los golpes,
que hacen sentir a uno vivo
si no soy piedra
ni tengo la caricia del viento
que ella espera,
ni el calor pesado
que circunda como niebla,
invisible y leve,
en la casa vacía.

La condena viste al alma;
no es el cuerpo
ni las ropas
o por alguna estrella violada,
suelta, sin nombre,
como flor traslucida y demente.

La condena viste al alma,
y es la casa tan vacía
la que entra por la nariz…
por los ojos… por los oídos…
y el verdor inmóvil
y la fiable piedra
y las aves religiosas
en el hablar de los sentires
que no se sienten,
cuando grande es el puño
que encierra
la ancha pregunta aérea,
suelta nuevamente
para responderse sola.

¿Dónde están los golpes,
que hacen sentir a uno vivo?

La condena viste al alma.

 

 

 

 

 

 

 


Estado Quimérico


Un tren en mis orejas
muy cerca
muy fuerte;
los ojos apretados y conscientes
mientras…
hurgan en mis órganos,
siento cosquillas
y acarician mi rostro;
vuela un grito sin alas
que desgarra el sueño
y despierto
no ocurre nada
todo es oscuro
todo es silencio,
nadie,
solo
aparentemente solo
muy solo.

 

 

 

 

 


Absorbiéndose en lo Poético




Si le insultas y luego lloras porque no lo entiendes…
si te aferras a creer conocerlo
a creer admirarlo y adorarlo,
a creerlo único sin comprenderlo…

Si vez la tristeza en sus ojos,
esa que no existe
esa que oculta del mundo
esa que el mundo muestra…

Si sabes que carga con todas las sangres,
con todas las alegrías
con todas las congojas…

Si sabes que su libertad,
es estar solo
y a la vez con todos sin violar su soledad…

Si sabes que te aleja,
para luego acercarse
como ave emigrante…

Si sabes que algún día se irá,
sin decir algo
sin dejar algo,
sólo el recuerdo de que pudo ser…

Entonces,
¿Por qué lo abrigas de ser fiel a ser fiel;
pretendiendo que es un ser ordinario?

El se irá sin duda…

Y si alguna vez
lo ves deambulando,
terriblemente irreconocible…

Si alguna vez te cruzas
con aquel hombre insufrible…

¡Míralo!, reconócelo
y reconoce la vida que eligió,
y no temas de que haga mal,
porque el espera que te acerques
y veas su felicidad…

 

 

 

Lucevan Vagh Owen Berg. (1978, Lima – Perú.) Poeta autodidacta, discípulo fiel de las eximias obras de los Poetas de toda  filiación. Es autor de escritos de estructura poética, simple, compleja; donde encarna  el sentimiento profuso, plasmándolos en versos muy propio de estilo místico humanista. Es Pacifista, de vida bohémica, solitaria, austera, de una formación donde  la creencia de si mismo está en la búsqueda de la libertad propia, en el equilibrio del consciente y el subconsciente. Libre pensador amante de la tinta y el papel, que busca comprender al mundo, despojándose de la formación ajena, encontrando su propia perceptibilidad e idealismo sensible.
Contacto:[email protected]

 

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II Antología digital de Poesía
"Una voz en el abismo"
2007