OTRA
VERSIÓN DE LA SOLEDAD
O, solitude, if I must with
thee dwell
John Keats
No es la taza de té, ni la
fugaz penumbra;
tampoco la tiniebla, no es el vino ni el vaso,
ni las cosas que tengo, ni las que tuve acaso,
ni el oro de las tardes que a veces se vislumbra.
La soledad no está siquiera en sitio alguno.
(su oscuro deambular regresa a lo perdido);
no es ni breve ni eterna; jamás roza el olvido;
la soledad no existe; pienso que acaso uno
la inventa. ¿A qué seguir su ambiguo juego entonces
de mirar las estrellas lejanas en la noche?
La soledad no es nunca aquel oscuro broche,
ni aquella extraña aldaba de silenciosos bronces
que a oscura casa abría y también encerraba,
y en la que yo esperaba sin saber qué esperaba.
CASA
EN RUINAS
Como la luna que al brillar
oculta
Su otra mitad en las tinieblas altas,
Silencioso me vuelvo hacia las sombras…
Irving Duncan
La oscura casa tan tranquila
guarda
En su interior las sillas, los objetos,
Ruecas, espejos, libros, relicarios
Y todo el viejo polvo acumulado
Sin que nadie jamás tocar quisiera.
Tan oscura la casa en su
misterio
Nos inunda de voces los pasillos.
Todo el silencio de la noche vuelve
Por la pared en sombras entrevista,
Buscando qué fantasmas solitarios,
Llamando a quién por qué improbables nombres.
CON
SU DISFRAZ DE VISITANTE TRISTE
Quién toca el aldabón de los
portones
Y muy quieto se queda así esperando
A nadie, ni a su sombra, ni al fantasma
De los pequeños seres silenciosos
Que ocultos en las sábanas lamentan
El fin inevitable de la noche,
Quién desanda, invisible, cabizbajo,
Esos vastos espacios de la sombra
En que le espero como a nadie nunca.
Quién observa tranquilo los vitrales
Y al mirar pareciera que no hay nadie
O quizás una sombra recogiéndose
Como un oscuro perro lloriqueando
La pérdida del amo que alimenta
Esos instantes en que el hambre viene
Con su disfraz de triste visitante,
De alguien que llega a un pueblo para siempre.
FINALES DE
DICIEMBRE, 1989
Cansancio de la tarde en oro
vuelto,
Antiguas soledades, muros grises,
Penumbras innombrables, dioses, ángeles,
El amor y el dolor en todo unido.
Nada ajeno me exalta. Vivo sólo
De andar por las tinieblas como un loco.
La sombra de una rosa ha de matarme.
Mi rostro me persigue en los espejos.
Soy como un rey dormido en alta torre.
La tarde me acontece con sus bestias.
Pequeñas perversiones me reclaman.
Los años me desgastan. Soy la estatua
Que de arena y de sal sueña otro tiempo
Y ante el agua sucumbe sin belleza.
OTRA
VERSION DE NERVAL
Yo soy el desdichado; soy el
triste y el loco
y también el oscuro que insomnes sombras besa.
¿Por qué no me conceden esa esquiva y traviesa
felicidad que tienen todos? Poco
de esplendor el pasado me ha ofrecido.
Ningún legado dejo. Ningún oro.
Siento la soledad como el tesoro
con el que azar me alcanza en el olvido.
Si una música escucho es ya lejana.
Si una mano descubro me ha negado.
No soy del alba ni de la mañana.
Soy de la tarde que invisible ha dado
sus eternas penumbras y un camino
que eterno va a la noche. Es mi destino.
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