Francisco Javier Castro Hernández

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Prerrogativa de muerte


I
Necesito fuerzas para mover los dedos
que me ayudes
a enfilar sin tanta modorra y fascinación
por que no quiero que después digan,
que era bueno, trabajador
tres últimos respiros
los de verdad
uno para ti
mi familia
los míos :
los de ayer
esos que se bancaron la derrota
de este tipo que nace y desciende
como equipo de segunda
el descanso obrero que encandila hasta las moscas.


II
Necesito fuerzas para rehacerme
clavar la lija
pala por pala
casi muerto
como cuando era chico
y me arrancaba con los tarros
para ser un blanco fácil
y me quedo
por respeto a los cantaros
al décimo quinto verso:
no serán las animas de este cuerpo
las que sobrevivan
los rezos, las dudas
destruirían cualquier esbozo de cimiento.

Un bicho en el parque me enseña a caminar.

III

Por que ahora necesito
vendré por más
a los potreros
donde se urde el quintal para el pan
el fervor de la siembra
la ciega quietud que entrega el bronce.

IV
Una cuadrilla se opone a la salida del sol
y el arado descubre como si fuera memoria
las lonjas que dejaron mis dedos sobre la piedra
el retrato intimista de un tipo que cuelga en la muralla.

 

 

 

 

 

 

 

I

Me gustaría mirar fotos y no reconocer a nadie
leer el obituario y pasarme horas pensando en los muertos
caminar por la alameda
como si hubiese incendiado el vaticano
un apuro benigno que no levanta ciudadelas pero que entristece.

También me gustaría ser parte de los que amordazan infieles
perder el lustre que dan mis dientes
rehuir el jurado
como lo haría un asesino
mezclarme con los viejos y saber que los avergüenza
vencer el trote de mis dedos.

II
Llevo el tono de una partitura imprecisa
el golpe exacto en el hombro
y la fuerza que lo concede
oigo voces como quién oiría el parpadeo de la luz
un papel amarrado en la mano me da de comer.

III
Traga tierra
coge la fusta y obedece
que no hay mesa
que la once no está servida
mi libertad perece
como el credo de un barco encerrado en la botella.

 

 

 

 

 

 

80s

A Gonzalo C.

I
¿Qué fue lo último que escribí o pensé?
ya ni me acuerdo
creo que fue sobre los 80
ese acertijo que desmembró nuestras vidas
y que no fueron más que semillas pal arado
esperando un grito de patrón de fundo
pero ahí estábamos
como becerros que se mueven por el viento
auscultándonos
esperando que la teta se dé por vencida
y que nos largue
a jugar
que no hacía hambre
mucho menos frío.

II
En ese tiempo todavía éramos 6
como cierta epopeya que cuenta los días para su final
no éramos felices pero éramos 6 en total
un número par
todo era sencillo
es raro
nunca sé muy bien qué escribir sobre este trozo que queda
podría decir que fue de lo más duro
pero no se escucha así
podría decir que puse mi horma y mi vida en aquel hombre
pero tampoco es lo justo
ni para él ni para mi
fuimos violentados como familia
y no fueron los milicos, ni Dios, ni el destierro
son los 80 hermano mío los que todavía te recuerdan
como un hombre que se aferraba a la alegría
pero que sabía ser maricón cuando había que ser maricón
(como todo hermano grande)
un hombre que apostaba por tener un lugar en este cuento
el ticket
lo guardamos los cinco que quedan.

 

III
De los 80 me quedan:
un desvarío y muchas sobras
una herida en falso y virutilla gruesa
un país perro
una llamada de teléfono porque no teníamos teléfono
una dirección particular
una casilla
un código postal
(de niño siempre soñé con tener código postal)
una obra gruesa de difuntos y flores
una cara de asalto que ni te explico
un espejo que muta de vez en cuando mi cara
una prestobarba oxidada
un bicho encerrado en un frasco
como pidiendo perdón.

IV
31 de diciembre de 1989
finaliza la tronadura de una hinchada triste y olvidadiza
el cierre de una vocal muda
una época de cactus
por que eso es lo que fuimos
cactus que se erguían como para no caerse
animales que se esconden en la manada
y que hasta hoy no encuentran su condena.

 

 

 

 

 

 

De lo que ya se escribió

No es fácil hablar de lo que más duele
de lo que se precisa romper
por que somos ratas
ratas que insisten en apropiarse de lo que no sirve.

****

En el piso de arriba se cuecen habas
y una vieja de la cruz roja que ya parece hospital
cuenta las manchas de sangre en su delantal
se frota las manos
se entiende
para ella la diversión acaba de empezar.

****


a J. P.

Un animal despierta y es enviado a la selva
a probarse
a simular ruidos que desconoce
a encontrar su propia guillotina.

****

Anoche soñé con New Orleáns
con su mueca sucia
su olor a cal
la zozobra humana detiene hasta el más fuerte
¿ que hacía yo el 23 de septiembre aquel ?
de seguro nada
comerme las uñas
ocupar el lugar de otro en el paradero

 

 

Francisco Javier Castro Hernández (Santiago, 1973). Ha participado en el taller de Rossana Byrne, taller "La Trastienda" de Alejandra Basualto, taller de poesía en la SECH y ha sido publicado en la antología "Hojas de poesía" (Taller Acuario Papel) , "Sometidos a Proceso"(Editorial La Trastienda) y "Antología Poética Santa Rosa 57 "(Editorial Alquimia) así como en "Simpson 7", la revista de la Sociedad de Escritores de Chile, actualmente reside en Isla de Pascua.

Contacto: [email protected] 

 

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II Antología digital de Poesía
"Una voz en el abismo"
2007