Alonso Lázaro Quispe

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SIEMPRE ME SABES SINCERO Y SOLO

 

Y todo ha sido una novelita de amor.
Lo sabemos.
Debo a tu corazón solamente una pirueta,
un pulpito donde se ponga a gritar mi tontería
como arlequín sin escafandra, fuera del mundo,
usando un trapecio mal colgado en mi garganta.

Segura, tú, de no ceder a la seducción de mi periplo,
de palabras alcohólicas amándote con la espuma,
y hacer de la mueca de tu boca
una golosina
que baje como luna en el iris de la comadreja.
¿No me oyes la sonata que te cocinan mis besos
en tu oído de cáliz?
¿No me oyes
la hipótesis que siguen mis oníricos poemas
viajando en una bolsa de loco?
De mí el pecado huyó a tu boca,
esa alondra de grana y pedestal.
Sólo busqué el amor en las frecuencias radiales,
una caricia de muslos y un beso de pájaros;
busqué a los astros en la oscuridad de tus pupilas
y debí parecerte un desorientado fénix,
un helado de cerveza indigerible y santo, sin embargo.

Mi abrazo se ocultará de otros cuerpos;
la pobre muerte de mi teísmo hará su huelga,
tu llanto aviario
rodará mil y una noches de adelante hacia atrás
y nuestras historias siameses no querrán separarse
nunca. Y nunca, porque
nos hemos querido las edades con alegría
nos hemos amado la misma sombra mutante
que hicimos andar, abrazados en la calle;
por supuesto, antes de hacerte mujer,
antes de hacerme poeta.

Como golpes de pugilistas arremetieron los años,
y ahora ¿te vas a casar?, será tu camino
para que no me veas morir en la bohemia.
Serás la novia de otro,
hermosamente violada por mi versolibrismo.
Cásate para no ser tú la última en darme la noticia.
Te abandono al amor y al cuerpo de los hombres;
prohibida en mí, que soy un gol peruano para gente pobre,
que soy…¿Qué soy?
La soledad suena a perrera
y no quiero que te asomes a mi destino, a una sola huella.
Deja que transite mi dolor, sin parachoques.
Oraré por esos hijos que te libertarán de mí…

No me llores, no me hundas dentro de tus ojos,
porque nunca supe cómo salir
sin tener la sed de amarte.
Ya lo sabes, si ahora río mal,
mejor dicho,
si lloro, igualmente mal porque nada entiendo;
ora tú también por nuestros nombres,
por nuestra amistad,
por la literatura, por tu novio,
por el arroz del valle, por el analfabeto a quien llaman Chicho,
por nuestros bailes tristes y felices,
por los pobres y los que los han hecho pobres,
por el sol y su parpadeo, por febrero,
por las monjas y los parroquianos, por los bufeos
que los cargueros han herido, por mis manos
y otras manos, por tu cabello ensortijado, por los sapos,
por las garzas que subieron la pata friolenta, por el vidrio
que pisó el pescado, por la madre y nuestras madres,
por el espíritu y su guitarra,
por el desayuno de los turistas que vendrán,
por las adolescentes de mi pueblo, por los 64 muertos del tsunami,
por el corazón de la estudiante suicida, por el camarón,
por mi novia futura,
por mis vicios, por la patria y su talento de llama,
por la perrera de los hombres solitarios,
por mis 14 años cuando conocí a Bécquer,
por la desembocadura del río, por el próximo verano,
por el mar, por Poseidón y por Hemingway,
por todo;
porque tengo muchísimo miedo de ser algo
cuando leas esta carta horas antes de tu boda
y me llores.














SOLITARIO BAJO UN FANAL

 

"Mi estado natural es vivir solo…"
Jaime Bayly

 

¡Oh, soledad! Veme muriendo en graneros a donde me confino,
veme vomitando pesadillas en los establos y los circos pobres.
No me gusta tu compañía de aburrida ramera,
de prensa solazando bruto, de jóvenes directores
cineastas de mi nación, de poetastro cuya belleza un pan
con siete hormigas le ha superado. Estoy solo.

¡Oh, soledad! Y vienen a mí tus sorderas
como flacas justicias de niñas ultrajadas,
como bándalos acuchillando mis intestinos felices,
como el callado de mendigos ciegos. Estoy vivo.
Soledad, eres falso ejercicio y ofensa de mi fuerza,
robo de sonrisas mientras bosteza la historia del mundo.
Pero es la noche y el amor mundial es un viejo cinema:
estoy solo y con vida, porque no distingo
un film de terror o de amor, ya que en todo respiro lo mismo
y aún no sé si es con mis pulmones o con mi tristeza.

 

 

Alonso Lázaro Quispe. Nací en la provincia de Camaná, Arequipa, el diecisiete de mayo de 1984. Realicé en esa provincia mis estudios primarios y secundarios, y aunque en un principio de mi adolescencia anhelaba ser pintor, no sé porque razón empecé a cambiar de opinión y me aferré a las letras. Actualmente trabajo en un colegio particular, mientras que en mis ratos libres (que son muy pocos) sigo escribiendo poemas y cuentos para algunos concursos. Ya anteriormente me antologaron en el I concurso internacional de poesía "VIÑA DEL MAR".

Contacto:[email protected]

 

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II Antología digital de Poesía
"Una voz en el abismo"
2007