Andrea Victoria Álvarez

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Soledades de metal

Las manos sudan
sus fragancias de verano.

El aroma inconfundible del mutismo
perturba el asfalto
con algún pachulí viajero.

Todos vamos
sobre la misma ruta.

Sobre los mismos rieles retraídos
del silencio.

Hay tanta gente aquí
que nuestras soledades
se estrellan.



 


 

 

 

ECOS DE CIORÁN

Marejadas de ausencia
sobrevuelan la estancia.

En océanos de insólito arrecife
sus estelas confundidas parpadean.

Un ensueño huye con sus gestos
por el iris noctámbulo de una mueca
y su aliento sostenido me perfora.

Giran violáceos los acordes del alma:

No somos más
que un dúctil eco de piel….
sin trascendencia.


 

 

 

 

Frente al espejo roto
la distancia es otra

AL REFLEJO

Segmentan los recuerdos:
Amputadas
     Presencias
          Refractadas
frente al reflejo
                       r
                       o
                       t
                       o.

El no regreso se anexa tangible
a sus segmentos.

Centuplican distancias a mis rostros.

Astillan trechos,
me desmenuzan
al reducido eslabón de otras prebendas.
Yo, paladeo sus acres trayectos.

Residuos de distancias
se han adherido al cuerpo
impregnando la entraña
que proscribe el recuerdo.
















- ¿Te ha sucedido alguna vez ver
una ciudad que se parezca a ésta? -
/Italo Calvino/

URBES INFINITAS

I

La procesión va por dentro
árbol de copas caídas, sin verdor.
Aquel hombre sin abriles, sin cabellos
arqueado al conjuro de los años, seco.

Vigías de las ciudades y sus humaredas.
Derramada savia del fruto ausente
en la corteza del recuerdo, adentro.

Mis raíces se enredan en sus corpúsculos de asfalto
viajan en sus hojas
al febril vaivén del pensamiento.

Inciden las vertientes,
cruces en que transmigran mis urbes
opacas y sin tiempo.

II

Me adentro en sus pupilas de argamasa,
por sus venas de sombras y luces amarillas.
Las luces ilustradas de las calles.

Sus faros nos aglutinan sobre sus rieles
como estación del metro,
suma de nuestros pasos, pienso:
Los que suben, los que bajan
y los que vamos quedando
en la cuenta inmaculada del calvario.

III

Desde éste pináculo de maquetas
mis urbes y sus mamposterías
tienen el diseño intacto y negligente
de un arquitecto de facto.

Las mismas soledades se repiten.
Idénticas sus casas aniñadas
con rictus de pobrezas en las manos.
Sus causes con más calles, con más carros, nos llevan
a ningún lado.

Mi ciudad es suma de vidas,
con sus luces, con sus huellas, nuestros pasos.
Un transeúnte más por las sendas intestinas del ocaso.

 

 

Andrea Victoria Álvarez. Escritora venezolana, nace en Caracas en 1956. Maestra normal. Es integrante del grupo cultural "Pie de Página", auspiciado por la Casa de la Cultura del estado Aragua. Publica en diversas revistas Web: Herederos del Caos. Resonancias Org, Argentina y Azul Arte, Inglaterra. Algunos de sus escritos han sido publicados en la revista digital literaria "Letralia". Y en papel, en las antologías "Poesía Iberoamericana del siglo XXI, tomos I y II; editadas en México por la Sociedad internacional de poetas y escritores "SIPEA". Y en URL www.sanesociety.org

Contacto:[email protected]

 

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II Antología digital de Poesía
"Una voz en el abismo"
2007