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Lluvia.
Lágrimas. Nadie.
Nadie aparece en la calle.
Ni caminantes que contrasten con mi aspecto.
Gotas de lluvia encajan en
mis lágrimas secas.
Soy un fantasma que se
asoma a las sombras.
La humedad sale de todos los pasillos
y se desliza por mis piernas como babosas.
La fatiga se ha quedado sentada en el umbral hirviente.
Mi vejiga convulsiona
y el orín se derrama como huellas
de algunos desorientados transeúntes.
Historias que se escriben con la sangre de miles de seres
honrados por el abismo del anonimato.
La ciudad desaparece en
pequeñas crueldades cotidianas:
culebras de piernas cortas
detrás de las columnas,
montañas de colchones malolientes,
trapos sucios y bolsos destripados entre la basura.
El ahora en fragmentos
como restos de un pasado que ya ni se recuerda.
7 de febrero de 2005
(A un mes…)
Pueblo sin
nombre.
"En un inmenso mar de fuego se ha
perdido la dicha."
Decidí dejar
mis intentos de buscarte.
Decidí no esperarte.
No sé si mi paciencia me sostenga.
No me imagino entre tejidos
como la fiel mujer de Ulises.
En la distancia de tus textos quisiera encontrarme.
Estar en alguna línea de tu último poema.
Este es un amanecer sin canciones.
Sin velas consumidas.
Sin copas vacías de buen vino.
Es una madrugada sin tu brazo encadenando en mi cintura.
Sin tus rodillas agazapadas en mis muslos.
Sin besos consumados.
Y me bebo los recuerdos para que mi boca no se seque.
La cama es un pueblo sin nombre.
He pasado la noche,
pacientemente.
Vi un rayo de luz que entró por la ventana.
Recordé la primera vez que nos amamos,
cuando atravesándose entre los dos,
el haz de luz se acomodó en la almohada.
Me veo caminando en la soledad de tu abandono.
Abrazo mis rodillas y me sueño a mí misma.
24 de marzo de 2005-
Aniversario 29 del golpe del 76.
Vamos por otra cosa.
Epígrafe de Juano Villafañe (Quito).
Pienso con lluvia
Estoy en el campo.
Llueve.
En el aire el silbato del tren
con la distancia de la ciudad nunca,
tan lejos.
El olor de la tierra
y de golpe, la lluvia es intensa
sobre el viento vuelve a pasar el tren.
El mundo es insonoro con
algún sonido.
Toda la noche se hace
lluvia.
Cuando el amanecer es un telón sumergido en las nubes
el escenario me envuelve en una cápsula de bruma.
Una espada dorada
y todo indivisiblemente, fosforece
el sol quiere imponerse y se desgarra en luz
un pájaro se expande.
El telón se corre, se
despliega la tormenta.
Yo antiguo,
y el espectáculo.
Serenata
a mis cosas.
(A todos los perseguidos.)
Hay paquetes de cigarrillos
abiertos por todos los rincones
a veces están vacíos.
poemas a medio hacer y
lapiceras que no tienen tinta,
desordenan mi vicio de poesía
tengo un cactus apoyado en la ventana,
crece a lo pavote.
tengo un perro debajo de la mesa,
está ahí para apoyar su hocico húmedo sobre mi pie izquierdo.
La mariposa con alas rosas y brillantina que adorna el cactus se mueve con
el
viento.
El cactus tiene cuatro pequeños penachos sobre su cabeza que lo hacen
parecerse a un indio emplumado.
Yo busco entre tantos pequeños objetos que me rodean el encendedor,
termino con los fósforos de la cocina.
Mi perro espera que mi pie se acomode,
y en la ventana el cactus,
quieto,
espera que algún rayo de sol le permita sentirse más a gusto.
Ahora está nublado, fumo,
el perro me acaricia con su lengua
mi mirada vuela sobre el aleteo de la mariposa de seda de la ventana,
y mi mano
se extiende buscando algo que no puedo encontrar.
Un
reglamento para dormirse.
"Rodéate de rosas, ama,
bebe
y calla, el resto es nada."
F. Pessoa
Recline la cabeza mirando el
cielo raso
sin hacer nada.
Busque alguna manchita.
Una parte va a querer dormir.
La otra planificar.
Desintegrar el descanso.
No dejarlo soñar. Sacudirlo. Darle vueltas.
Busque arañas en el techo.
Quiera su espacio vacío.
Siéntase despreocupado. Irresponsable.
Necesite cerrar los ojos
para llegar al pozo.
Y sin ausencias jugar con las sombras.
Usted quiere que debajo de sus ojos
cerrados
estén guardadas las imágenes.
Y que alguien lo despierte.
Hasta podría ser su gato.
31 de julio de 2005
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