Ana María Fuster Lavín

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El alma en fuga

 

 

Desde el desierto de las sombras

Estoy en el desierto de las sombras:
aquí, la muerte serena tomó café junto a mi reflejo,
una niña observa,
sólo queda la dorada huella de sus pies sin cuerpo
desde su boca de lágrimas navega el mar de los exilios.
Creí soñar con su mirada,
con sus manos al cielo, tan pequeñas,
que acurrucaron mis dolores y sonreían en mi aliento
danzar quise junto a su recuerdo,
pero, como siempre, huye.

Aquí, la noche es una ventana hacia el abismo.
Me asomo, me falta el aire
y un abandono de silencios duele en el alma
y la venganza es un eclipse de miedos deshabitados
Sigo aquí, aunque la soledad me hace el amor cada mañana...
no tengo miedo,
los minutos me aman en las noches.

Mi diario sobrevive con arena y versos ajenos;
secretos de nuevas risas, espejos y caricias.
Pero a página llega a su fin,
y pretendo morir bajo el árbol de su nombre de niña perdida
porque talaron hasta la última primavera de una ciudad sin cuerpos.

Recuperé la voz en el desierto de las sombras
fue tarde, demasiado tarde…
Mis palabras peregrinaron tras las huellas de sus ojos,
respiró el aire de mi sombra alejada en otro eco
y es que el tiempo jugó a la ruleta con un pirata,
muriendo sangres de manantiales deshidratados
y así como el poeta, tampoco me quedan muertes para nacer,
sólo unas cuantas botellas vacías y la espera…

 

 

 

Botella 1

Puedo huir del vacío
de los días sin rostro
las calles anónimas,
o de un manual de mentiras encadenadas.

Navego hacia mi silencio.
La soledad comienza a oscurecer.

Estoy aquí,
y la palabra ilumina mi sombra.

 

 

 

Botella 8

¿Nadie acompaña mi soledad? ¿Mi silencio quedará perpetuado tras el corcho de la nada?

Estuve sonámbula de pequeñas muertes, al despertar develé las verdades… Unas, polvo de luna; otras, sangre, hiel y néctar corporal. Esas verdades, como un bostezo de vida y muerte, necesarias para escoger el desayuno: café y pan tostado bajo mi sombra, luego un vino para calmar el alma y pasearmos tomadas de la mano.

Estoy sola:

ante un espejo y la palabra …

 

 

 

Botella 9

La isla desierta se llenó con tu mirada ciega
y mi sangre,
es la sombra de mi cuerpo poseído de nueve lunas.

Truena el silencio.

Una luna se torna rosácea

¿Habrá tormenta?

 

 

 

 

 

Desembarco


El desierto de las sombras cerró sus puertas
su letrero dice CERRADO
Beware.
escombros iluminados bajo la lluvia
que muerden sus mentiras,
y se columpian ante el adiós.
Beware…

Le damos la espalda.

Ahora,
un mundo de ojos se abre sobre el puerto,
llegamos,
y llueven dolores sobre la espalda del poeta,
como pétalos sobre las pupilas de un niño;
la mujer sonríe la última lágrima,
mientras la niña recoge corchos
y pinta sueños sobre maderas de barca.

Adiós melancolía,
adiós a los besos azules
y a los cerrojos de aquellas sábanas sin estrenar.

Sí, llegamos,
las alas aplauden a nuestro paso,
hubo muertes,
(mi hija muerta);
los silencios náufragos, fueron tantos,
como las margaritas crucificadas en noches de despedidas.
El mar engulle los exilios del miedo,
se los lleva, a todos y sus miserias,
también, nos devuelve las miradas.

Amanece….

 

 

 

Ana María Fuster Lavín, San Juan, Puerto Rico, 1967. Sus cuentos y poemas han sido traducidos al ingles, portugués e italiano Libros publicados: Verdades caprichosas (First Book Pub., 2002), cuentos, premio del Instituto de Literatura Puertorriqueña; Réquiem (Ed. Isla Negra, 2005), novela cuentada, premio del PEN Club de Puerto Rico; El libro de las sombras (Ed. Isla Negra, 2006), poemario; Leyendas de misterio (Ed. Alfaguara infantil, 2006), cuentos infantiles; Bocetos de una ciudad silente (Ed. Isla Negra, agosto 2007). Posee tres poemarios inéditos El jardín de la dama duende, El alma en fuga y Calendarios Bifurcados.

Contacto:[email protected] 

 

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II Antología digital de Poesía
"Una voz en el abismo"
2007