Amparo Osorio

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INVENTARIO


Nada fue tuyo.
Sólo imaginaste una casa y la luna.
El fuego vacilante de la llama.
La mensajera noche
alta en la soledad de tus estrellas

La sombra perfecta y fiel dictando
el paso de las constelaciones.
La música del agua...
Ahora lo sabes.
Palidecen las manos.
Miras el tiempo de tu cuerpo,
el tiempo de los ríos,
el tiempo de las ruinas.

Basta que quisieras dormir
sin pronunciar la última palabra.
Que sólo desearas
ya no mirar y desatar los brazos.

Sólo eso bastaría...
Pero no sabes cómo.







 

 

 

ABISMO

Evocando al príncipe Hamlet


Morir, soñar, dejarse
extraviado en el sueño
sin despertarse nunca.

Morir con una rosa en la boca.
Pétalos congregados
sobre la piel liviana...
vencida ya,
cansada
de ser piel y su herida.
Extrañamente rosa,
extrañamente espina.
Cosmos indescifrable...

Partir
morir
dejarse
sin despedirse nunca

 

 

 

 

 


DESPOJOS


Sola,
como el grito de Orfeo
miras atrás.

Los despojados rostros
semejan
un carnaval de lluvia ensangrentada.
El invencible pájaro del tiempo
arrastrando falanges, calaveras,
el invencible pájaro...
devorador de sueños
siembra el cielo de llanto.

¡No puedes ya con la sangrante espina!
ni te cabe el olvido
y sin embargo
miras atrás e incrédula preguntas:
¿Hay un hombre? ¿Uno sólo
que no haya mutilado la hierba?
¿Hay alguien
que en la esquina nocturna de la duda
pueda mirar la luna sin traiciones?

No hay respuesta.

Sola,
habitarás la tierra
habitarás la herida de los otros.
Lo demás es buscar
a ciegas y en la noche
las pupilas de un muerto.

 

 

 

 

 

 


A LA DERIVA


Hubo un instante de pavor
en que el tiempo del nunca se detuvo
y el jamás devolvió sus manecillas
hasta el reloj de agua
de los ojos.

Antes iba el amor
alto, subiendo,
pero entraron rapaces
las mentirosas águilas nocturnas...

y entonces:
el olvido

 

 

 

 

 

LIBRO INTERIOR



...No era un árbol. Lo sabes.
Era apenas mi sueño que crecía.
Tenía nidos dispersos y ramas ondulantes
que tocaban de noche las estrellas.
Nunca lo vi llorar. Miraba al cielo
y lo dejaba irse como un río.
Estuvo desde siempre
volando más allá de todo viento.
Sus pasos trascendieron mirando mi ventana.
Él anidó mis sábanas
y cobijó mi pecho.
Su voz llegaba a veces fatigada.
Otras sedienta
como si un inventario de secretos no dichos
aguardara en sus lunas.
No era un árbol,
pero se estremecía
quizá evocando el ángel derruido
que acunaba mis sueños

Como si antes de todos los sonidos
conociera el fracaso
y la huella de muerte del camino,
un día huyó.

Mi voz quebró su música
mis ojos vacilaron.
Temblaron en mis labios las palabras.
Y para no perderlo
Mi sombra se hizo pájaro

 

 

Amparo Osorio (Bogotá, Colombia) Ha publicado los libros de poesía: Huracanes de sueños (1983); Gota ebria (Ediciones Embalaje, 1987); Territorio de máscaras (Hojas Sueltas, 1990); Migración de la ceniza (Editorial Magisterio, 1998); y Antología esencial (Colección Los Conjurados, 2001). Varios de sus poemas han sido traducidos al inglés, francés, italiano, portugués, húngaro, alemán y ruso. Es coordinadora editorial de la revista Común Presencia y de la colección internacional de literatura Los Conjurados. Obtuvo la primera Mención del concurso Plural de México (1989) y la beca nacional de poesía del Ministerio de Cultura (1994). Trabaja en la actualidad un libro de entrevistas a grandes creadores universales, realizadas durante la última década.

Contacto:[email protected] 

 

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II Antología digital de Poesía
"Una voz en el abismo"
2007