Sin llegar a lo invisible
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Para Isabel, a pesar de los desmanes.
A los poetas cantuteños para que nadie toque esa herida.
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SIN LLEGAR A LO INVISIBLE
En la actualidad el ser humano atraviesa por una serie de cambios que afectan su forma de vida, la cultura del terror, la violencia social con la que tiene que lidiar a diario lo lleva a dejar de ser un simple espectador, lo arroja a la acción, lo convierte en actor principal en el teatro de su vida; ante esta crisis personal el hombre opta por resistir, en el fragor de la lucha se torna insano, asceta, panteísta, etc., siempre con la esperanza de encontrar en algún resquicio una luz que lo redima de su abismo o su inminente fin.
“Sin llegar a lo invisible” del poeta peruano Paolo Astorga, Lima, 1987 (Editorial Electrónica Remolinos 2008), nos introduce a un mundo en el que se mezclan la desesperanza y la resignación, la soledad y la nada; la oscura cotidianidad retratada cual pintura expresionista, cual trágico titular colgado como res de algún puesto de periódicos; el poeta nos muestra la imagen de un mundo soterrado donde la plenitud no es posible, donde la vida se ensombrece a pesar de su lucha por encontrar el equilibrio:
…y acaso
todavía surge de este infierno una flor
(Primer Minuto)
En su desesperado intento por salvarse, el hombre busca en los basurales de la tierra, en la miseria humana, cree durante algún tiempo haber logrado su propósito, se auto destruye, se reinventa, luego se da cuenta que es imposible enterrar el pasado, deshacerse de la memoria, darle la espalda a la verdad; es imposible mudarse de esqueleto, cambiarnos de traje a mitad de la vida; al final el hombre enfrenta su cadáver, resignado a sólo reconocerse en sus solitarios huesos:
…No he
logrado encender inusitadas velas
y ya soy
el ser
(Idilio)
Astorga no está solo, canta su tragedia a un ser real o imaginado, recorre con ella la macilenta ciudad, ella es el soporte de sus desvaríos, de su locura callejera, ambos recorren el sub mundo gangrenado, sobreviven a la muerte, al horror de una sexualidad repleta de culpas, porque nada es más sublime que un amor sucio y enfermizo:
yo te
patearé el vientre
(Rock star)
El libro está escrito desde la idea de un mundo incompleto, violento e insensible en el cual el yo poético modula un discurso existencial, trágico y revelador, Astorga va exorcizando todos los lugares y recuerdos que atraviesa, las calles, puentes y ríos son los escenarios elegidos por el poeta, que nos advierte de la fugacidad del instante, de la inconsistencia del tiempo, porque nada sucede dos veces de la misma manera:
…cambia tu
rostro y vuelve al suave ruido que te busca
(Desnudo)
Hay un deseo constante de volver al orden, de hallarse en algún lugar donde aquella humanidad herida y agobiada pueda resarcirse de sus derrotas, un lugar donde no existan “praderas de cemento” ni “ángeles decapitados”, donde la calle no se convierta en recurrente cadalso o corredor fantasmal, donde el amor sea capaz de resucitar muertos:
y qué
duro,
(Muchacha de anteojos azules (3:45PM)).
Tras el andar poético en el que se develaron todas sus frustraciones y deseos, Astorga nos deja la imagen de un anti héroe que fracasa en su intento por encontrar el camino, de encender esa luz que ilumine las grises calles y develarnos por fin lo que no alcanzamos a ver, fue él quien deambuló sin éxito y que sobrevivió después a la depresión y el desamparo, el fallido suicida al borde del “desquicie” nos muestra que hay una ciudad dentro de otra ciudad etérea, y que su lucha no carece de sentido, la coherencia que extravió la humanidad obligándola a convivir y hacer cosa común de la barbarie y la violencia urbana lo ha llevado a subsistir entre dos paralelos, contrastantes y necesarios como su testimonial palabra acorde con estos tiempos deshumanizantes y autodestructivos.
…Yo quise
ser el mundo detrás de las paredes y los postes sin insomnio
…pero
ahora ya no soy la luz, ahora ya no soy el mundo
(Yo quise ser el mundo).
Raúl Heraud. Lima - 2008.
LAS NO FALSAS CONTEMPLACIONES DE PAOLO ASTORGA
Por: Bernardo Rafael Alvarez
No obstante su juventud, o tal vez gracias a ella, desde hace un buen tiempo Paolo Astorga viene desarrollando con inusitada intensidad y vehemencia una importante labor creadora y de difusión poética. Es estudiante de Literatura y Lengua Española en La Cantuta, tiene veintiún años de edad y hace dos dio a conocer -publicado en edición electrónica (léase: disco compacto)- su primer poemario, “Anatomía de un vacío”, que es un conjunto de breves textos bien escritos a través de los cuales se deja notar un justificado desencanto frente a una realidad, la que vivimos, que hiere la conciencia. Usando el valioso recurso que ofrece la Internet, presentó dos antologías, “La voz del Mundo” (2006) y “Una voz en el abismo” (2007), y edita y dirige la revista digital “Remolinos”. Ahora, por el mismo medio, pone ante nuestros ojos “Sin llegar a lo invisible”, su segunda colección de poemas en los que Lima es una ciudad con esquinas tumefactas por las que camina arrastrando un cuerpo herido. Poesía -o cuadros de una exposición- expresionista: “…un perro que expectora las siluetas acribilladas bajo un poste embarrado de saliva”. Poesía crispada donde la luz / es un ojo que sangra, y donde esta desolada generación tiene que asumir, irremediablemente, aquello que es una crónica certeza: el charco incólume, la patria durmiente. Este joven, sensible y lúcido poeta nació apenas un lustro antes de que se detuviera el flagrante drama de la violencia que lastimó con su infamia el corazón de nuestro pueblo; sin embargo, aunque ha logrado callar la enfurecida memoria de los pinos y los periódicos exponen nuevos titulares desgastando todas las memorias, no puede dejar de reconocer que aún hay papeles manchados de sangre y dinamita que como azules bestias marchitando una palabra son, al fin de cuentas, el testimonio y el estigma que, aunque no podamos eludir, no han de destruir la esperanza ni los sueños. Astorga lo dice enfáticamente: “no hay nadie arrodillado / aceptando su derrota”. Eso se llama optimismo, “buena onda”. Puedo, por ello, decir que esta desolada generación a la que pertenece y por la que habla y escribe nuestro joven poeta cantuteño, tiene la frescura de la alborada, y esto es bacán, señores: “fui feliz, comí un helado, burlé la muerte, fui cielo estrellado…”. Y, a pesar de todo lo adverso, nos informa que Lima, la horrible Lima, ha vuelto a ser la extraña humedad de un beso”. Es decir, el poemario de Astorga, que no es –me atrevo a contradecirle- el de las falsas contemplaciones, sabe a infierno y huele a cielo. Al admitir esto debemos aceptar o, mejor dicho, hacer caso al mandato que, parodiando al autor de 5 metros de poemas, nos espeta: “prohibido estar triste”. Con regocijo, entonces, tengo que decir que me gusta la limpieza sin embustes de su poesía (“Alzo mi mano y me destruyen los buitres, / Sabes que aún te espero / Pero igual cierra tu boca / Cuando veas mi rostro esperando una respuesta / Un sueño, una absurda soledad tratando de brillar en el vacío.”), y que, por ella, bien vale un brindis (claro, con pisco o grog; el frío desquiciado de nuestra ciudad obliga). ¡Salud, poeta!
Lima, 25 de agosto del 2008
Sin llegar a lo invisible de Paolo Astorga
Por Augusto Rodríguez Poeta ecuatoriano
He tenido la fortuna de venir leyendo poco a poco la poesía del joven poeta peruano Paolo Astorga y cada vez presiento que va encontrando su voz, se lo siente cada vez más maduro y redondo en el manejo del ritmo y de las imágenes. Este poeta no teme ni se amilana ante los grandes temas como el amor, la muerte, el tiempo, las relaciones humanas y el dolor. Se enfrenta a todo tipo de temas, como todo un verdadero poeta-todo-terreno. Ni se pierde en las descripciones superficiales ni menos en hermetismos innecesarios. Este poeta sabe ir al centro, a lo esencial. Sin llegar a lo invisible de Paolo Astorga (Lima, Perú, 1987) es un poemario diáfano, doloroso, sencillo pero caudaloso y estremecedor. Su poesía llena de humor e ironía se introduce en la urbe y sus desencantos y nos ofrece poemas bellos como Balada para Yeselyn:
Desnudo,
aquí me tienes, las sombras extrañándote otra vez y el corazón que se quejaba de un frío tremendo entre las sienes.
Escupiste
en medio de la pista
Este libro está dividido en cuatro partes. Cada sección es una apuesta a la luz y a la oscuridad. A la invisibilidad de sentimientos pero también a lo material y a la carne. Cuerpos nacen. Otros desaparecen. Otros están allí casi de una forma celestial, fantasmal o demoníaca. Pero siempre el tiempo hace lo que quiere con la piel y con los huesos; a veces el poema es el mejor homenaje a esos desposeídos. Con el paso del tiempo he llegado a entender que la poesía va cambiando de forma y de estación. Es difícil mimetizarla. Es difícil hallar una explicación única de la razón de la poesía. Ni porque existen en el siglo XXI jóvenes poetas en toda Latinoamérica escribiendo poemas con gran intensidad.
La palabra es y seguirá siendo la mayor contemplación de los seres humanos. Los poetas solo tienen eso: la palabra como arma confiable para destruir lo que otros ni siquiera ven: el terror y el dolor de vivir en un mundo que no entendemos, pero con la constancia y la certeza de que moriremos y que tal vez nadie se acuerde de nosotros, más allá de algún lector curioso y amante de la poesía. Sólo eso vamos a heredar a nuestros descendientes en el futuro: libros y hojas llenas de tachones y poemas inacabados. Todo esto lo seguiré pensando mientras leo el poema en prosa La mujer del puente (6:02PM):
Bajo
el puente de Chosica el río se embalsa
Ella se vio las manos garabateadas de aves, rosas tatuadas en sus ovarios calientes, transita la figura enjuta de un perro que expectora las siluetas acribilladas bajo un poste embarrado de saliva. Cierras tus ojos; el sonido de una piedra ha estallado en el agua. Abres las piernas al viento de la infancia, abres tu cintura a las tristes bestias que no han podido ver el escondite de las tórtolas. Úteros sangran la ciudad, niños deformes corren tras los trenes antes de recordar el rostro de sus estériles madres muertas por el canto del flautista en busca de las ratas que piden piedad y oscurecen. Ella se mira en el agua mansa, suda nostalgia de flores secas y camina por la tenue luz que se ha olvidado de existir bajo el pecho extraño de las sombras. Sobre la tarde los dos miramos con incertidumbre el mismo vacío furibundo del tiempo que nos unge en su enardecido pecho iluminado.
Paolo Astorga comienza de a poco a ganar reconocimientos locales y en el extranjero y repito: su voz cada vez se va enriqueciendo y va ganando vida. Una respiración propia. Me imagino que debe ser muy estimulante para los poetas peruanos escribir en un país llenos de buenos poetas: César Vallejo, Martín Adán, Javier Sologuren, Jorge Eduardo Eielson, Blanca Varela, José Watanabe, etc., pero a la vez debe ser muy desafiante tratar de seguir o emular esa gran corriente de la poesía peruana. Pienso que Paolo Astorga tiene la edad suficiente y todo un mundo por delante. Veamos que dice el tiempo sobre su poesía, por el momento hay que leerlo y releerlo, aquí el poema Yo quise ser el mundo:
Otra vez
el charco incólume, la patria durmiente,
Yo quise
ser el mundo detrás de las paredes y los postes sin insomnio
Sin duda, es un bello poema casi al cierre de este libro electrónico que da la sensación de que cierra el círculo perfectamente. Ya no tengo ninguna duda, Paolo Astorga es uno de los más interesantes jóvenes poetas del Perú actual.
Para comenzar la espera
Cuando
amanezca si amanece estaré partiendo
No duerme nadie por
el cielo. Nadie, nadie. Federico García Lorca
PRIMER MINUTO
Arrastro
un cuerpo herido, mil voces maldecidas de quebranto,
Diosa mía,
mis ángeles te devoran, te desmiembran mientras cantan
FUGAZ OJO A LA DERIVA
Alzo mi mano y me revientan a patadas las estrellas He logrado callar la enfurecida memoria de los pinos Y la lúgubre sensación de volver a ser un retrato extraño Increpando un rumor lejano, la magnolia que desiste en su morir Y tal vez el deseo que aún nos clava su aliento en lo más profundo Del alma.
Una bella muchacha recolecta flores a media tarde Cruza un puente blanco Me mira, me desviste, me hace un dios encarcelado En la luz estupefacta apuñalando los nombres Mientras desciende la niebla.
Alzo mi mano y me destruyen los buitres, Sabes que aún te espero Pero igual cierra tu boca Cuando veas mi rostro esperando una respuesta Un sueño, una absurda soledad tratando de brillar en el vacío.
IDILIO
Buscar el
río a prisa de elefante y sortear esta pradera
Fuimos
niebla, pintura de labios
No he vuelto en busca del ser que destruí.
No he
logrado encender inusitadas velas
Brilló mi
mariposa dorada
TORRE INCIERTA
Alguna vez
los ríos fueron eternos como bellas manos
Supe del
grito atrapado en las veredas
Supe de
las inevitables brasas que aún existían en mi sueño
ORACIÓN
Dame fuerza para encontrar esa mañana Donde dejaste una paloma desecha por el tiempo, Dame fuerza para dejar mis manos en aquellos árboles amarillos Donde colgamos una sombra desnuda latiendo, Dame el sigilo de los que no te temen, Dame la hora precisa para asechar un revólver hecho de victoria, Dame la luz, dame el sol, el cielo, el polvo, Finge que me oyes
Pero dame
un cuerpo,
SENTADO EN UNA PIEDRA DE LA CALLE LOS CIPRESES
Antes ya habías abierto aquí un pecho, el desearte fue tremendo
La luna
increpaba su desprecio, Y esta soledad que derretía las sombras; sólo me acuerdo de ti, Me duele estar de pie y cantar mis versos tratando de vestirte de fuego,
Mi oscura
retina que avanzaba en su condena Una vigilia de estrellas heredadas del silencio Un nombre
Que ya no
explicaba nada sobre esta absurda vereda Una vieja máscara que el viento arrastra Y brilla mi gloria, brillan mis señales La tristeza de esperarte todas las noches siempre desnuda y sin espejos Mientras te detenías en mi pecho Y todo era por fin un recuerdo Una frontera que jamás terminaba de aventarnos al invierno Para despertar sobre una piedra Y oscurecer allí otro rostro negado por los árboles.
ENTRE PALABRAS
Dicen que
aquí hubo una flor
Qué
difícil fue decirte
Falsas contemplaciones
se necesita el don Blanca Varela
Solo sé que debo
beber mi infancia Augusto Rodríguez
POEMA PARA UNA MUJER SIN ZAPATOS
Pútrido
color sin halo, el absurdo tiritar de los caballos,
PRELUDIO
Fumar,
fumar tan lento el aleteo inusitado de la muerte
El cielo
ha varado
PUESTO DE PERIÓDICOS
Renacuajo
de espasmos matutinos, te incendia mi mirada
árboles,
rasguños de cielo, casas vacías donde parieron mi enorme huella
UNA MUJER MARRÓN AL ATARDECER
Qué
desastre más grande andar con las piernas abiertas
Qué
desastre, nunca fui la niña de cabellos dorados
Oscuros
batracios menean sus cuerpos como fingiendo tener sed
Abro los
ojos, abro las manos, qué inútil soy,
PASA RÁPIDO, LIMA
El
recuerdo no es del viento que pasa, sino
Oscurece el tránsito en una pierna sudorosa Nadie habla mientras agoniza el tiempo, Como un cráneo que parte al más allá; Y cumplo con la vida mordiendo cinturas espectrales Esquinas tumefactas, hinchadas bestias tratando de asfixiar Su cúpula infinita. Ya sabes de mí, que corro tras el viento Hipócrita sombra, dulce cangrejo inmolado de ambulancias Sordera tras sordera Yo he de fijar mi palabra en tu sien Sordera tras sordera Una bala, un viejo hueco en medio de la calle Desnudará todos tus vacíos
Y seguirás
soñando Muriendo, absorbiendo toda la niebla, Absorbiendo el silencio de adolescentes engullidos Por el despojo que domina un cráneo delirante
Seguirás
soñando Torpe, aún impenetrable.
ROCK STAR
para A.H.
Hastío vocal de estridencia y soledad
Eres EMO?
Le dice Bukowski a la mitad de mi cuerpo
Me verás
tan triste y yo te patearé,
DESMORONAMIENTOS
Un
elefante camina por la calle.
Si sólo
pudiéramos hablar
DESNUDO
quítate la piel las tripas los ojos y ponte un alma
si la
encuentras
Quítate el
puñal clavado en tu espalda
Quítate la
sombra de encima
Pues ahora
un sonido, cualquier sonido
Parecía una luz tras el sendero
su costumbre
de caminar por los puentes
Todo permanece. La belleza es algo que no existe. Miguel Ildefonso
INSTANTÁNEA
Nunca he
llegado al llanto
Mi gran
error
KM. 33
El caballo
era unicornio
HUARANGO
Piedra
sobre piedra, ahogado pez de barro,
LA MUJER DEL PUENTE (6:02PM)
Bajo
el puente de Chosica el río se embalsa
Ella se vio las manos garabateadas de aves, rosas tatuadas en sus ovarios calientes, transita la figura enjuta de un perro que expectora las siluetas acribilladas bajo un poste embarrado de saliva. Cierras tus ojos; el sonido de una piedra ha estallado en el agua. Abres las piernas al viento de la infancia, abres tu cintura a las tristes bestias que no han podido ver el escondite de las tórtolas. Úteros sangran la ciudad, niños deformes corren tras los trenes antes de recordar el rostro de sus estériles madres muertas por el canto del flautista en busca de las ratas que piden piedad y oscurecen. Ella se mira en el agua mansa, suda nostalgia de flores secas y camina por la tenue luz que se ha olvidado de existir bajo el pecho extraño de las sombras. Sobre la tarde los dos miramos con incertidumbre el mismo vacío furibundo del tiempo que nos unge en su enardecido pecho iluminado.
SED
Vendrás a confundir mis palabras María Julia de Ruschi Crespo
Buscabas
en los ríos quizá
Escondías
tus temores bajo una piedra ensangrentada,
El agua
En el
silencio de las piedras,
Te bebes
en el agua
Tu cuerpo
ELEGÍA
Íbamos a
la escuela
Gorriones
en la niebla azul
Sin
embargo
(Esa
tarde me rompieron la cara
Íbamos a
la escuela
MUCHACHA DE ANTEOJOS AZULES (3:45PM)
El río no
es un esqueleto de la tarde
Quizás
todo lo que quiero es dormir
MUJER DEL BOSQUE
para P.
Sé que
ustedes no tienen temor a morir
Sé muy
bien que hay más en sus mentes
Debí
hacerme ya pájaro en la frontera animal
Sé que hay
un ánima más perfecta
Al lado de
las paredes trituradas de inclemencia
CAMPO AZUL
Una roca desmiembra al día, al incólume pasado De una sombra que vagaba esta ciudad empozada de presagios Y cuerpos tan blancos como una huella puesta sobre los tejados. Yo también fui un amanecer de espinas subterráneas, manos incapaces De retornar a la criatura, ojos que nunca sanan heridas, Me dirás loco, maldito, tétrico acoso de los labios, Pero sabes bien que yo no soy el suicida detrás de la ventana No soy el asesino que ha trasmutado su sombra en tu pecho sudoroso A medianoche bajo el agua oscura del río. Una roca desmiembra un corazón
Ahora sí,
me dices, ahora sí, Dictará las horas y ya no me verás con aquel rostro sucio Que dejé frustrado mientras te deseaba aquella noche tan preciada Donde aún algo parecía hablarme, desnudando sus alas, Desnudando sus alas, desnudando el revólver que nos ha de crecer
Junto a la
memoria de los buitres
Sin llegar a lo invisible
la manera de terminar un poema como este es quedarse de pronto
callado.
Yo he venido tan
sólo a conocer sus desolados muros Jorge Eduardo Eielson
PRIMERA ANUNCIACIÓN
El puente
azul bajo esta noche
El río
corre, corre fuerte
Me tiraré
pronto,
Está noche
cualquier puerta
Mas mi
niña duerme tierna
AMANECER EN PUENTE LOS ÁNGELES
La niebla
es un cuerpo
Hace frío
TARGET
para B.G.
Mi cuerpo amaneció hundido en el río.
Te creíste
mi victoria,
BALADA PARA YESELYN
Desnudo,
aquí me tienes, las sombras extrañándote otra vez y el corazón que se quejaba de un frío tremendo entre las sienes.
Escupiste
en medio de la pista
LA TERQUEDAD DE LAS VEREDAS
Ya llega
el día, mi pierna partida, dolor de búhos
CHACLACAYO EN MI YUGULAR
Ella ha roto el pozo tierno de la noche y ha disparado un alma
Detrás de
la luna. He cumplido con la vida, incendiado mis riquezas, Hablo de ti, de las piedras absolutas que parten un cielo vagabundo
Y sigo
diciéndote Y el austero recuerdo de tus manos complicando las nubes. Ella ha roto el pozo, su nombre me recuerda al verano, Escarbo entre impertinentes búhos mi historia, Éste era mi incendio, el polvo que danza, que se revela
Que abre
tu blusa oh Durmiente mía, He perdido la levedad de las mañanas, ya no río como tú Encarcelada entre los parques mientras escupes un garabato
Que
llamarás amor, murciélago, gran depresión, Desnuda, ya nadie te entiende. Dile adiós a la pampa Vístete
No me
digas jamás que fuiste
LA OTRA ANATOMÍA
Dos de la
mañana, apesta a cielo oscuro aún,
NAKED (5:47AM)
Estas
calles no son bellas, ni hay un sol eterno,
YO QUISE SER EL MUNDO
Otra vez
el charco incólume, la patria durmiente,
Yo quise
ser el mundo detrás de las paredes y los postes sin insomnio
AQUÍ SOY YO
No me
queda sino
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