Sin llegar a lo invisible

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Para Isabel, a pesar de los desmanes.

 

A los poetas cantuteños para que nadie toque esa herida.

 

 

 

SIN LLEGAR A LO INVISIBLE

 

 

 

 

 

En la actualidad el ser humano atraviesa por una serie de cambios que afectan su forma de vida, la cultura del terror, la violencia social con la que tiene que lidiar a diario lo lleva a dejar de ser un simple espectador, lo arroja a la acción, lo convierte en actor principal en el teatro de su vida; ante esta crisis personal el hombre opta por resistir, en el fragor de la lucha se torna insano, asceta, panteísta, etc., siempre con la esperanza de encontrar en algún resquicio una luz que lo redima de su abismo o su inminente fin.

 

“Sin llegar a lo invisible” del poeta peruano Paolo Astorga, Lima, 1987 (Editorial Electrónica Remolinos 2008), nos introduce a un mundo en el que se mezclan la desesperanza y la resignación, la soledad y la nada; la oscura cotidianidad retratada cual pintura expresionista, cual trágico titular colgado como res de algún puesto de periódicos; el poeta nos muestra la imagen de un mundo soterrado donde la plenitud no es posible, donde la vida se ensombrece a pesar de su lucha por encontrar el equilibrio:

 

…y acaso todavía surge de este infierno una flor
que nadie sabrá nombrar
sin antes haber ahogado en el río
el mismo ataúd que se ha enfrentado a la tarde
tan sólo para crear una palabra no menos luminosa
que una sonrisa distante, deformada por la niebla.

 

(Primer Minuto)

 

En su desesperado  intento por salvarse, el hombre busca en los basurales de la tierra, en la miseria humana, cree durante algún tiempo haber logrado su propósito, se auto destruye, se reinventa, luego se da cuenta que es imposible enterrar el pasado, deshacerse de la memoria, darle la espalda a la verdad; es imposible mudarse de esqueleto, cambiarnos de traje a mitad de la vida; al final el hombre enfrenta  su cadáver, resignado a sólo reconocerse en sus solitarios huesos:

 

…No he logrado encender inusitadas velas
absorbiendo el sangrado eterno
de una entraña lejana. (…)

y ya soy el ser
ya soy la ceniza
que empieza de nuevo.

 

(Idilio)

 

 

Astorga no está solo, canta su tragedia a un ser real o imaginado, recorre con ella la macilenta ciudad, ella es el soporte de sus desvaríos, de su locura callejera, ambos recorren el sub mundo gangrenado, sobreviven a la muerte, al horror de una sexualidad repleta de culpas, porque nada es más sublime que un amor sucio y enfermizo:

 

yo te patearé el vientre
hasta que te salgan bellas palomas
que cubran tu cuerpo, tu rostro, tu cintura, tu sexo,
y amanezca pronto,
para decirte que te amo, que no quise golpearte (…)

 

(Rock star)

 

El libro está escrito desde la idea de un mundo incompleto, violento e insensible  en el cual el yo poético modula un discurso existencial, trágico y revelador, Astorga va exorcizando todos los lugares y recuerdos que atraviesa, las calles, puentes y ríos son los escenarios elegidos por el poeta, que  nos advierte de la fugacidad del instante, de la inconsistencia del tiempo, porque nada sucede dos veces de la misma manera:

 

…cambia tu rostro y vuelve al suave ruido que te busca
que te acerca a las absurdas páginas de un diario
que te desmiembra la voz
y luego permanece de pie hasta morir,
morir
y volver a morir
mientras ya no tengas más que quitarte.

 

(Desnudo)

 

 

Hay un deseo constante de volver al orden, de hallarse en algún lugar donde aquella humanidad herida y agobiada pueda resarcirse de sus derrotas, un lugar donde no existan “praderas  de cemento” ni “ángeles decapitados”, donde la calle no se convierta en recurrente cadalso o corredor fantasmal,   donde el amor sea capaz de resucitar muertos:

 

 y qué duro,
qué duro es ahora escribir debajo de la tierra e imaginar un espejo
reflejando fugazmente una nueva oportunidad

 

(Muchacha de anteojos azules (3:45PM)).

 

Tras el andar poético en el que se develaron todas  sus frustraciones y deseos, Astorga  nos deja la imagen de un anti héroe que fracasa en su intento por encontrar el camino, de encender  esa  luz que ilumine las grises calles y develarnos por fin lo que no alcanzamos a ver, fue él quien deambuló sin éxito y que sobrevivió  después a  la depresión  y  el desamparo, el fallido suicida al borde del “desquicie”  nos muestra que hay una ciudad dentro de otra ciudad etérea, y que su lucha no carece de sentido, la coherencia que extravió la humanidad obligándola a convivir y  hacer cosa común de la barbarie y la violencia urbana lo ha llevado  a subsistir entre dos paralelos, contrastantes y necesarios como su testimonial palabra acorde con estos tiempos deshumanizantes y autodestructivos.

 

…Yo quise ser el mundo detrás de las paredes y los postes sin insomnio
me hablaron de poesía y de mujeres (…)

 

…pero ahora ya no soy la luz, ahora ya no soy el mundo
ni la sangre derramada que escupo, ni el triste rencor de los que jamás regresan (…)

 

(Yo quise ser el mundo).

 

 

 

 

Raúl Heraud.

Lima - 2008.


 

 

 

 

 

LAS NO FALSAS CONTEMPLACIONES

DE PAOLO ASTORGA

 

 

 

Por: Bernardo Rafael Alvarez

 

 

 

No obstante su juventud, o tal vez gracias a ella, desde hace un buen tiempo Paolo Astorga viene desarrollando con inusitada intensidad y vehemencia una importante labor creadora y de difusión poética. Es estudiante de Literatura y Lengua Española en La Cantuta, tiene veintiún años de edad y hace dos dio a conocer -publicado en edición electrónica (léase: disco compacto)- su primer poemario, “Anatomía de un vacío”, que es un conjunto de breves textos bien escritos  a través de los cuales se deja notar un justificado desencanto frente a una realidad, la que vivimos, que hiere la conciencia. Usando el valioso recurso que ofrece la Internet, presentó dos antologías, “La voz del Mundo” (2006) y “Una voz en el abismo” (2007), y edita y dirige la revista digital “Remolinos”. Ahora, por el mismo medio, pone ante nuestros ojos “Sin llegar a lo invisible”, su segunda colección de poemas en los que Lima es una ciudad con esquinas tumefactas por las que camina arrastrando un cuerpo herido. Poesía -o cuadros de una exposición- expresionista: “…un perro que expectora las siluetas acribilladas bajo un poste embarrado de saliva”. Poesía crispada donde la luz / es un ojo que sangra, y donde esta desolada generación tiene que asumir, irremediablemente, aquello que es una crónica certeza: el charco incólume, la patria durmiente. Este joven, sensible y lúcido poeta nació apenas un lustro antes de que se detuviera el flagrante drama de la violencia que lastimó con su infamia el corazón de nuestro pueblo; sin embargo, aunque ha logrado callar la enfurecida memoria de los pinos y los periódicos exponen nuevos titulares desgastando todas las memorias, no puede  dejar de reconocer que aún hay papeles manchados de sangre y dinamita que como azules bestias marchitando una palabra son, al fin de cuentas, el testimonio y el estigma que, aunque no podamos eludir, no han de destruir la esperanza ni los sueños.  Astorga lo dice enfáticamente: “no hay nadie arrodillado / aceptando su derrota”.  Eso se llama optimismo, “buena onda”. Puedo, por ello, decir que esta desolada generación a la que pertenece y por la que habla y escribe nuestro joven poeta cantuteño, tiene la frescura de la alborada, y esto es bacán, señores: “fui feliz, comí un helado, burlé la muerte, fui cielo estrellado…”. Y, a pesar de todo lo adverso, nos informa que Lima, la horrible Lima, ha vuelto a ser la extraña humedad de un beso”. Es decir, el poemario de Astorga, que no es –me atrevo a contradecirle- el de las falsas contemplaciones, sabe a infierno y huele a cielo. Al admitir esto debemos aceptar o, mejor dicho, hacer caso al mandato que, parodiando al autor de 5 metros de poemas, nos espeta: “prohibido estar triste”. Con regocijo, entonces, tengo que decir que me gusta la limpieza sin embustes de su poesía (“Alzo mi mano y me destruyen los buitres, / Sabes que aún te espero / Pero igual cierra tu boca / Cuando veas mi rostro esperando una respuesta / Un sueño, una absurda soledad tratando de brillar en el vacío.”), y que, por ella, bien vale un brindis (claro, con pisco o grog; el frío desquiciado de nuestra ciudad obliga).  ¡Salud, poeta!

 

 

Lima, 25 de agosto del 2008


 

 

 

Sin llegar a lo invisible de Paolo Astorga

 

 

 

Por Augusto Rodríguez

Poeta ecuatoriano

 

 

 

 

 

He tenido la fortuna de venir leyendo poco a poco la poesía del joven poeta peruano Paolo Astorga y cada vez presiento que va encontrando su voz, se lo siente cada vez más maduro y redondo en el manejo del ritmo y de las imágenes. Este poeta no teme ni se amilana ante los grandes temas como el amor, la muerte, el tiempo, las relaciones humanas y el dolor. Se enfrenta a todo tipo de temas, como todo un verdadero poeta-todo-terreno. Ni se pierde en las descripciones superficiales ni menos en hermetismos innecesarios. Este poeta sabe ir al centro, a lo esencial. Sin llegar a lo invisible de Paolo Astorga (Lima, Perú, 1987) es un poemario diáfano, doloroso, sencillo pero caudaloso y estremecedor. Su poesía llena de humor e ironía se introduce en la urbe y sus desencantos y nos ofrece poemas bellos como Balada para Yeselyn:

 

Desnudo, aquí me tienes, las sombras extrañándote otra vez
han desafiado a todos los muros,
mientras él se preguntaba a qué hora abrirías tu sexo
como una boca que irremediablemente será triste, oceánica, infame,
qué tardío será el día,
me han destronado nuevamente los búhos de mi absurdo dolor
mientras escribo aplausos y voces de ovación
para que me arrastren los mismos placeres, la misma sonrisa fingida,
qué triste será el infierno al anochecer una promesa diluida en tus cabellos,
ya lo sabía, miro a tus manos purificando una memoria
y me dices qué asco, qué asco es verte,
pero tú ya sabes que mi ojo retumba como un violín atravesado por espadas
sabes que he llegado sucio y sudoroso a tu coronación,
eras un incendio, una gran ciudad imperceptible, deshabitada,
y yo quise tirarme de aquel quinto piso de un edificio blanco
un 28 de enero de 1999,
ya me veías, reías de mí, de mi fingida oscuridad

y el corazón que se quejaba de un frío tremendo entre las sienes.

Escupiste en medio de la pista
y me gritaste: “así pagamos las vírgenes”
La niebla te había hecho luz;
un extraño corazón
fuera del universo.

 

Este libro está dividido en cuatro partes. Cada sección es una apuesta a la luz y a la oscuridad. A la invisibilidad de sentimientos pero también a lo material y a la carne. Cuerpos nacen. Otros desaparecen. Otros están allí casi de una forma celestial, fantasmal o demoníaca. Pero siempre el tiempo hace lo que quiere con la piel y con los huesos; a veces el poema es el mejor homenaje a esos desposeídos. Con el paso del tiempo he llegado a entender que la poesía va cambiando de forma y de estación. Es difícil mimetizarla. Es difícil hallar una explicación única de la razón de la poesía. Ni porque existen en el siglo XXI jóvenes poetas en toda Latinoamérica escribiendo poemas con gran intensidad.

 

La palabra es y seguirá siendo la mayor contemplación de los seres humanos. Los poetas solo tienen eso: la palabra como arma confiable para destruir lo que otros ni siquiera ven: el terror y el dolor de vivir en un mundo que no entendemos, pero con la constancia y la certeza de que moriremos y que tal vez nadie se acuerde de nosotros, más allá de algún lector curioso y amante de la poesía. Sólo eso vamos a heredar a nuestros descendientes en el futuro: libros y hojas llenas de tachones y poemas inacabados. Todo esto lo seguiré pensando mientras leo el poema en prosa La mujer del puente (6:02PM):

 

 

Bajo el puente de Chosica el río se embalsa
y es de sangre,
pero la sangre no me es creída.
José Watanabe

 

Ella se vio las manos garabateadas de aves, rosas tatuadas en sus ovarios calientes, transita la figura enjuta de un perro que expectora las siluetas acribilladas bajo un poste embarrado de saliva. Cierras tus ojos; el sonido de una piedra ha estallado en el agua. Abres las piernas al viento de la infancia, abres tu cintura a las tristes bestias que no han podido ver el escondite de las tórtolas. Úteros sangran la ciudad, niños deformes corren tras los trenes antes de recordar el rostro de sus estériles madres muertas por el canto del flautista en busca de las ratas que piden piedad y oscurecen. Ella se mira en el agua mansa, suda nostalgia de flores secas y camina por la tenue luz que se ha olvidado de existir bajo el pecho extraño de las sombras. Sobre la tarde los dos miramos con incertidumbre el mismo vacío furibundo del tiempo que nos unge en su enardecido pecho iluminado.

 

Paolo Astorga comienza de a poco a ganar reconocimientos locales y en el extranjero y repito: su voz cada vez se va enriqueciendo y va ganando vida. Una respiración propia. Me imagino que debe ser muy estimulante para los poetas peruanos escribir en un país llenos de buenos poetas: César Vallejo, Martín Adán, Javier Sologuren, Jorge Eduardo Eielson, Blanca Varela, José Watanabe, etc., pero a la vez debe ser muy desafiante tratar de seguir o emular esa gran corriente de la poesía peruana. Pienso que Paolo Astorga tiene la edad suficiente y todo un mundo por delante. Veamos que dice el tiempo sobre su poesía, por el momento hay que leerlo y releerlo, aquí el poema Yo quise ser el mundo:

 

Otra vez el charco incólume, la patria durmiente,
otra vez noche de asfalto y frontera,
escribo y el desierto hace hombres sin espaldas, estómagos andantes
bajo la frágil garúa que no te ha nombrado, que no te ha dado la Verdad
instalando al ser y la nada, el designio que oscurece un par de ojos vagos
y el tránsito pariendo lascivas estrellas y un muchacho quiso ser el mundo
y se tiró de un puente o salió del cine inflando sus pulmones
a contemplar forzosamente la ciudad y sus cuerpos interiores,
la máscara enjuta de un cielo reventado por las masas
qué sería de mí, sin mis dioses, sin maletines y corbatas,
sin los postes que han predecido en tus ojos un fuego extraño
que ni el sol podrá ver. Es el fin, chocan dos autos
aprieto el acelerador, Lima ha vuelto a ser la extraña humedad de un beso,
apariencia infinita de un abrazo, mirada extraviada soportando una memoria;
ya no hay segunda muerte después del otoño
ni otra muchacha con un sexo sin angustia.

Yo quise ser el mundo detrás de las paredes y los postes sin insomnio
me hablaron de poesía y de mujeres
de borrachos y muñequitas de goma,
pero ahora ya no soy la luz, ahora ya no soy el mundo
ni la sangre derramada que escupo, ni el triste rencor de los que jamás regresan
a la soledad que todos juzgan, violan, tiran al río y olvidan
al perderse la luna detrás de las ventanas
y las eternas velas que aún no terminan de encenderse tras la noche.

 

Sin duda, es un bello poema casi al cierre de este libro electrónico que da la sensación de que cierra el círculo perfectamente. Ya no tengo ninguna duda, Paolo Astorga es uno de los más interesantes jóvenes poetas del Perú actual.

 


 

 

 

 

Para comenzar la espera

 

 

 

 

 

 

 

Cuando amanezca si amanece estaré partiendo
A una ciudad donde las sombras no precisen de sus cuerpos

Jorge Luis Roncal

 

 

 

 

 

 

No  duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.

Federico García Lorca

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PRIMER MINUTO

 

 

 

 

Arrastro un cuerpo herido, mil voces maldecidas de quebranto,
arrastro un verbo silencioso, ardor de muelas detrás del infinito,
el árbol que canta tu ignorancia, la vereda encharcada nos dice lo mismo
volver a ser eternos nos será imposible y no habrá retroceso
para la carne que se aglutina en nuestros puños, voces, voces,
largas voces destruyeron falsas miradas de nostalgia,
he muerto por un miserable plato de comida
y digo salud a todos y digo salud a todos,
que mi carne es dulce y trato de correr detrás de los espejos
mi boca enllamada de soles finge sordera, finge soledad
abrí las piernas mujer, abrí las piernas,
dolorosas calandrias sucumbieron ante la sangre de los arbustos azules
Diosa mía, qué razón hay sin ti ni tus vestidos estrellados?

Diosa mía, mis ángeles te devoran, te desmiembran mientras cantan
que hemos perdido la batalla, que nos han cortado las manos
y acaso todavía surge de este infierno una flor
que nadie sabrá nombrar
sin antes haber ahogado en el río
el mismo ataúd que se ha enfrentado a la tarde
tan sólo para crear una palabra no menos luminosa
que una sonrisa distante, deformada por la niebla
.

 

 

 

 

 

 

 

 

FUGAZ OJO A LA DERIVA

 

 

Alzo mi mano y me revientan a patadas las estrellas

He logrado callar la enfurecida memoria de los pinos

Y la lúgubre sensación de volver a ser un retrato extraño

Increpando un rumor lejano, la magnolia que desiste en su morir

Y tal vez el deseo que aún nos clava su aliento en lo más profundo

Del alma.

 

Una bella muchacha recolecta flores a media tarde

Cruza un puente blanco

Me mira, me desviste, me hace un dios encarcelado

En la luz estupefacta apuñalando los nombres

Mientras desciende la niebla.

 

Alzo mi mano y me destruyen los buitres,

Sabes que aún te espero

Pero igual cierra tu boca

Cuando veas mi rostro esperando una respuesta

Un sueño, una absurda soledad tratando de brillar en el vacío.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

IDILIO

 

 

 

 

Buscar el río a prisa de elefante y sortear esta pradera
de cemento, es hacer el día y la lluvia que atardece en un ojo.

Fuimos niebla, pintura de labios
y a veces cielo adelgazado por el mundo;
sigo de frente besando ángeles decapitados, mujeres-falda,
mujeres-víbora y no tengo antorcha ni estrella ahorcada
por un fantasma diluyendo su lengua entre las espaldas infieles
tras la calle.

 

No he vuelto en busca del ser que destruí.

No he logrado encender inusitadas velas
absorbiendo el sangrado eterno
de una entraña lejana.

 

Brilló mi mariposa dorada
brilló mi enclave con Dios,
mi cadena llena de goce,
y sigo caminando por la hierba,
la luna licua una pestaña
y ya soy el ser
ya soy la ceniza
que empieza de nuevo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

TORRE INCIERTA

 

 

 

Alguna vez los ríos fueron eternos como bellas manos
disueltas en el cielo.

Supe del grito atrapado en las veredas
y alguna vez volví como queriéndote abrazar en medio de la lluvia
sin mirar nada más que tu rostro
y mi corazón al borde de la histeria, recordando.

Supe de las inevitables brasas que aún existían en mi sueño
y la insomne oscuridad
que nunca pudo transformar mi programado cuerpo
para que lo toques y no te incendies
para que me desnudes sin perder tu sonrisa inhóspita
abrir violentamente las piernas de esta ciudad inacabable
y acaso sonar todavía una campana
que ya no existe en el desquicie.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ORACIÓN

 

 

Dame fuerza para encontrar esa mañana

Donde dejaste una paloma desecha por el tiempo,

Dame fuerza para dejar mis manos en aquellos árboles amarillos

Donde colgamos una sombra desnuda latiendo,

Dame el sigilo de los que no te temen,

Dame la hora precisa para asechar un revólver hecho de victoria,

Dame la luz, dame el sol, el cielo, el polvo,

Finge que me oyes

Pero dame un cuerpo,
¡Oh inmortal incendio...!

 

 

 

 

 

 

 

SENTADO EN UNA PIEDRA DE LA CALLE LOS CIPRESES

 

                          

 

Antes ya habías abierto aquí un pecho, el desearte fue tremendo

La luna increpaba su desprecio,
La misma ruptura entre la deformada primavera

Y esta soledad que derretía las sombras; sólo me acuerdo de ti,

Me duele estar de pie y cantar mis versos tratando de vestirte de fuego,

Mi oscura retina que avanzaba en su condena
Mientras tú seguías inventando un parque

Una vigilia de estrellas heredadas del silencio

Un nombre

Que ya no explicaba nada sobre esta absurda vereda
Que calcina una mirada imperceptible

Una vieja máscara que el viento arrastra

Y brilla mi gloria, brillan mis señales

La tristeza de esperarte todas las noches siempre desnuda y sin espejos

Mientras te detenías en mi pecho

Y todo era por fin un recuerdo

Una frontera que jamás terminaba de aventarnos al invierno

Para despertar sobre una piedra

Y oscurecer allí otro rostro negado por los árboles.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ENTRE PALABRAS

 

 

Dicen que aquí hubo una flor
un ojo
un labio sangrando
de miseria.

 

Qué difícil fue decirte
que me estaba muriendo
tras un árbol amarillo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Falsas contemplaciones

 

                                                                                                  

 

 

 

 

 

se necesita el don
para entrar en la charca

Blanca Varela

 

 

 

 

 

Solo sé que debo beber mi infancia
y desaparecer ante los millones de ojos
de aves rapiñas de esta ciudad.

Augusto Rodríguez

 

 

 

 

 

 

 

 

 

POEMA PARA UNA MUJER SIN ZAPATOS

 

 

 

Pútrido color sin halo, el absurdo tiritar de los caballos,
ya llega el día acostúmbrate máscara de hambrunas
los que te tocan juegan con la muerte y sigues así,
era la luz y yo sólo veía un corazón atravesado por espaldas
seguir leyendo esta condena desde mi tumba desierta,
quiero entender tu herida
dejar mis extrañas palabras en un inútil verano,
atrapado entre falaces bestias,
muevo mi cuerpo, muevo mis manos,
y el mundo quema, incendia relojes hasta olvidar
que fui feliz, comí un helado, burle la muerte, fui cielo estrellado,
canto sagrado de esquinas imperfectas,
mis entrañas esconden un destierro,
lunas suicidas, ¡Óiganme por favor!,
dulce será el sol si sólo abrimos la boca, dulce, dulce este instante,
mientras la sangre ya no refleje esa verdad que nos quema los labios
y nos hace aparentar un rumbo tras el viento.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PRELUDIO

 

 

 

Fumar, fumar tan lento el aleteo inusitado de la muerte
diluirse es echar raíces sobre el desierto más abrupto,
coger el llanto insuficiente
y oler el fugaz perfume de un cuerpo que mira a la nada.

 

El cielo ha varado
tiburones con esquirlas de eclipse,
blandas flautas ultrajadas de espaldazos,
no me agita ya la sangre derramada
la absurda brillantez de un ojo que vomita
su corona sobre mi sombra conjugando más postes,
más lobos en la garganta para destruir el laberinto
y hacer perpetuo este desastre.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PUESTO DE PERIÓDICOS

 

 

 

Renacuajo de espasmos matutinos, te incendia mi mirada
el comer dolor y aplastarlo todavía más allá como un brujo que emprende
un viaje sin morder el ojo insuficiente, despreciado por el tiempo,
lobos plateados en un óvulo fantástico de esperma que encabrita lunas,

árboles, rasguños de cielo, casas vacías donde parieron mi enorme huella
abstraída de la nada, un cuadro de hermosos sexos ostentosos
como el deseo de patear una pelota a media tarde
y llorar después de comer rostros,
objetos que no abren sus turbias almas y comer en símbolo,
flameando un  pecho, un ¡Viva el Perú carajo!
Y continuar con la yugular reteniendo el universo,
comer en símbolo un accidente de tránsito sin escribir cuántos murieron,
cuántos aún me escupen a la cara por decirles que los amo
y que muy en el fondo apuñalo grotescamente su silencio,
la hipócrita sombra escondida
diseñando una mañana en el desquicie del resentimiento
y un nuevo titular desgastando todas las memorias
.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

UNA MUJER MARRÓN AL ATARDECER

 

 

 

Qué desastre más grande andar con las piernas abiertas
y sangrarlo todo
mientras el sol atraviesa mis ojos y devela a los muertos rubios
que me lamen con violencia y soy presa de los semáforos
y las angostas calles que me han arruinado el maquillaje.
La calle está dura y me he salido aprisa de los bares
cogida de los brazos y de espaldas como una sombra que no existe.

Qué desastre, nunca fui la niña de cabellos dorados
y bonitas faldas recorriendo un parque tardío.

Oscuros batracios menean sus cuerpos como fingiendo tener sed
y me miran lo absurdo, lo extraño, la escena muriente de casas plateadas
y dolorosas cenicientas vomitando sus terribles esqueletos
mientras pasan riendo
después de haberse mirado en el espejo.

Abro los ojos, abro las manos, qué inútil soy,
mi boca grita, mis huellas gritan, mis pechos gritan,
una turba violenta se acerca a mí, me arrancan los ojos,
las manos, los pechos, está prohibido estar triste,
mientras pasas por aquí y no te incendias
y no te incendias
jamás como yo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PASA RÁPIDO, LIMA

 

El recuerdo no es del viento que pasa, sino
que viene
Carlos Oliva

 

 

Oscurece el tránsito en una pierna sudorosa

Los buitres sienten mi apellido

Nadie habla mientras agoniza el tiempo,

Como un cráneo que parte al más allá;

Y cumplo con la vida mordiendo cinturas espectrales

Esquinas tumefactas, hinchadas bestias tratando de asfixiar

Su cúpula infinita.

Ya sabes de mí, que corro tras el viento

Hipócrita sombra, dulce cangrejo inmolado de ambulancias

Sordera tras sordera

Yo he de fijar mi palabra en tu sien

Sordera tras sordera

Una bala, un viejo hueco en medio de la calle

Desnudará todos tus vacíos

Y seguirás soñando
Pródigo al asecho de los semáforos y los botes de basura

Muriendo, absorbiendo toda la niebla,

Absorbiendo el silencio de adolescentes engullidos

Por el despojo que domina un cráneo delirante

Seguirás soñando
Seguirás

Torpe, aún impenetrable.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ROCK STAR

 

para A.H.

 

 

 

Hastío vocal de estridencia y soledad

Eres EMO? Le dice Bukowski a la mitad de mi cuerpo
y la otra mitad se llena de tristeza
pero sabe muy bien que debe aguardar al suicidio
aquel día en que mariposas busquen en tus piernas
un juego no más extraño
que la misma certeza que nos deja abrir los ojos
y entender nuestras ropas raras y nuestros labios pintados.

Me verás tan triste y yo te patearé,
patearé tus espaldas mientras lloro y canto que somos eternos
que somos inmortales, sólo los dos
en una habitación oscura y sin más ruido que Leu
zemia o Marilyn Manson
yo te patearé el vientre
hasta que te salgan bellas palomas
que cubran tu cuerpo, tu rostro, tu cintura, tu sexo,
y amanezca pronto,
para decirte que te amo, que no quise golpearte,
que soy un tonto, etc., etc...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DESMORONAMIENTOS

 

 

 

Un elefante camina por la calle.
Una mujer escultural es devorada por el elefante.
El elefante mira el horizonte
y camina muy despacio.

 

Si sólo pudiéramos hablar
si sólo pudiéramos coger nuestros cadáveres
y arrancarnos la ceniza que ha memorizado los días,
no seríamos aquellos hombres como ahora
aplaudiendo con fuertes vivas
la victoria del elefante
alejándose en medio de la multitud
que vomita sus grilletes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DESNUDO

 

 

 

quítate la piel

las tripas los ojos

y ponte un alma

si la encuentras
Blanca Varela

 

 

Quítate el puñal clavado en tu espalda
quítate el polvo fétido que carcome tu piel
desnúdate el pecho
cambia tu rostro y vuelve al suave ruido que te busca
que te acerca a las absurdas páginas de un diario
que te desmiembra la voz
y luego permanece de pie hasta morir,
morir
y volver a morir
mientras ya no tengas más que quitarte.

 

Quítate la sombra de encima
destroza tu foto pegada en espejo
no llores
no seques tus lágrimas imperfectas en esta desolada generación
que ha llamado a renacer
en un palacio de cenizas
y caras cortadas, planeadas para devolver tus huesos húmedos
y tristes
a la misma caja de zapatos
donde alguna vez soñaste que te crecían tibias alas
entre tus cabellos manchados de sangre aún equivocada.

 

Pues ahora un sonido, cualquier sonido
te hace desaparecer,
desaparecer para siempre.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Parecía una luz tras el sendero

 

 

 

 

 

 

                                                                                                                                   

su costumbre de caminar por los puentes
al final de la tarde y su extraño corazón,
semejante a un árbol fuera del universo.
Carlos Guevara

 

 

 

 

 

Todo permanece.

La belleza es algo que no existe.

Miguel Ildefonso

 

 

 

 

 

 

INSTANTÁNEA

 

 

Nunca he llegado al llanto
ni al silencio
ni a decirte el mito de mi vientre
colmado de estrellas.

 

Mi gran error
fue crear un paraíso entre tus ojos y los míos
y nunca, nunca
haber podido ingresar en él.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

KM. 33

 

 

 

El caballo era unicornio
pero la mañana nos detiene
y uno de nosotros tiene que morir
y tú lees mis poemas
y la vieja ventana del autobús que te llama
a cerrar los ojos
y cebarte este último suspiro
enterrarte bajo la carretera de cisnes
el asiento enlutado de recuerdos
mientras un hombre trata de protegerse de la humedad
de un par de labios llenos de policías y ambulancias rojas
El caballo era unicornio
mientras cuidábamos el cuerpo
como si mañana ya no existiera el mañana,
pero uno tiene que morir,
la nada en las pupilas
intentando gritar nuestra risa desinflada
el frío pasamanos oxidado
donde vomitamos la alucinada realidad de nuestras voces
y quizás una caricia indiferente bajo tu vestido blanco
para dejar este poema entre los rieles
del tren que se aleja
dejando
un corazón
atropellado entre las chacras.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

HUARANGO

 

 

 

Piedra sobre piedra, ahogado pez de barro,
volví decapitado buscando una ciudad no más grande que mi sombra
y sólo fui el desierto de tus deseos tras el fugaz intento de crear
un atardecer bajo las flores y acaso a un par de jóvenes
que siguen allí todavía mirando el secreto de la sangre que se extraña
o simplemente el largísimo camino que nos condena
a idear siempre un paraíso
tras la niebla.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA MUJER DEL PUENTE (6:02PM)

 

 

Bajo el puente de Chosica el río se embalsa
y es de sangre,
pero la sangre no me es creída.

José Watanabe

 

 

 

Ella se vio las manos garabateadas de aves, rosas tatuadas en sus ovarios calientes, transita la figura enjuta de un perro que expectora las siluetas acribilladas bajo un poste embarrado de saliva. Cierras tus ojos; el sonido de una piedra ha estallado en el agua. Abres las piernas al viento de la infancia, abres tu cintura a las tristes bestias que no han podido ver el escondite de las tórtolas. Úteros sangran la ciudad, niños deformes corren tras los trenes antes de recordar el rostro de sus estériles madres muertas por el canto del flautista en busca de las ratas que piden piedad y oscurecen. Ella se mira en el agua mansa, suda nostalgia de flores secas y camina por la tenue luz que se ha olvidado de existir bajo el pecho extraño de las sombras. Sobre la tarde los dos miramos con incertidumbre el mismo vacío furibundo del tiempo que nos unge en su enardecido pecho iluminado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SED

 

Vendrás a confundir mis palabras
a no dejarme vivir sin crueldad.

María Julia de Ruschi Crespo

 

 

Buscabas en los ríos quizá
a la majestuosa mujer que fuiste.

 

Escondías tus temores bajo una piedra ensangrentada,
era todo noche
mugre, soledad.

 

El agua
era tu más íntimo deseo.

 

En el silencio de las piedras,
tus ojos ya no resistían el cielo
tan azul
que condenaba a sonreír.

 

Te bebes en el agua
y la muerte
ronda tras de ti
como una sombra inalcanzable.

 

Tu cuerpo
nunca fue una llave.

 

 

 

 

 

 

 

 

ELEGÍA

 

 

 

Íbamos a la escuela
todas las tardes antes de crujir una cicatriz
inalcanzable.

 

Gorriones en la niebla azul
pudieron ser un amor detrás del invierno
o quizás sólo un amor
que nunca pude ver a los ojos.

 

Sin embargo
íbamos a la escuela
y entre muchos rostros y faldas escocesas
nunca pude olvidar jamás el extraño centro de la tarde.

 

(Esa tarde me rompieron la cara
por haberte besado el vientre
otra vez, sin permiso
.)

 

Íbamos a la escuela
y muy rápido aprendimos
a quemar sombras en el alba
y a odiar todas las tardes,
la escabrosa intimidad de una presencia
tratando de retroceder su abandono.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

MUCHACHA DE ANTEOJOS AZULES (3:45PM)

 

 

 

El río no es un esqueleto de la tarde
ni un caparazón eterno tratando de crear una certeza.

Quizás todo lo que quiero es dormir
y ya me ves aquí entre preámbulos
y azules bestias marchitando
una palabra enterrada en las entrañas,
mi córnea que es tu corazón
y la piel de aquellos tristes infantes ilusionados,
vestidos de un rostro extraño
imitando, irritando, induciendo,
la misma música tan común entre las piernas
y qué duro,
qué duro es ahora escribir debajo de la tierra e imaginar un espejo
reflejando fugazmente una nueva oportunidad
un cuerpo arrodillado sobre una sonrisa, unos cabellos,
un pasaje de regreso,
y el deseo que empalidece los árboles, el cuerpo, la sangre,
mientras me miras
y ya no te la crees.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

MUJER DEL BOSQUE

 

para P.

 

 

 

 

Sé que ustedes no tienen temor a morir
a que mañana los asalte la duda tras una sombra a media calle
y se pregunten por la luz que les borra el semblante y el recuerdo.

 

Sé muy bien que hay más en sus mentes
que asfalto enloqueciendo o lentas nostalgias
de la infancia.

 

Debí hacerme ya pájaro en la frontera animal
que trató de salvar a mi monstruo hecho máscara de piel,
sé que ustedes se verían eternos
con mis palabras etéreas o sólo mi alma
apuntalando sus razones
para luego incendiarlas en un cuerpo sin destierro.

 

Sé que hay un ánima más perfecta
que mi ignorada presencia,
sé muy bien
qué misión es la que me toca
tras el último sonido
de las flautas.

 

Al lado de las paredes trituradas de inclemencia
yace mi estatua:
Voces
que me enseñaron a huir tardíamente
de la sinfónica oscuridad
que aún excita mis vacíos
noche tras noche.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAMPO AZUL

 

 

 

 

Una roca desmiembra al día, al incólume pasado

De una sombra que vagaba esta ciudad empozada de presagios

Y cuerpos tan blancos como una huella puesta sobre los tejados.

Yo también fui un amanecer de espinas subterráneas, manos incapaces

De retornar a la criatura, ojos que nunca sanan heridas,

Me dirás loco, maldito, tétrico acoso de los labios,

Pero sabes bien que yo no soy el suicida detrás de la ventana

No soy el asesino que ha trasmutado su sombra en tu pecho sudoroso

A medianoche bajo el agua oscura del río.

Una roca desmiembra un corazón

Ahora sí, me dices, ahora sí,
la mandrágora alucinando un farol entre la niebla

Dictará las horas y ya no me verás con aquel rostro sucio

Que dejé frustrado mientras te deseaba aquella noche tan preciada

Donde aún algo parecía hablarme, desnudando sus alas,

Desnudando sus alas, desnudando el revólver que nos ha de crecer

Junto a la memoria de los buitres
Otra vez sintiendo una voz infame a través de la mañana.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sin llegar a lo invisible

 

 

 

 

 

 

 

la manera de terminar un poema

como este

es quedarse de pronto

callado.
Charles Bukowski

 

 

 

Yo he venido tan sólo a conocer sus desolados muros
y a morir en ellos, sin sombrero y dorado como el día.

Jorge Eduardo Eielson

 

 

 

 

 

 

PRIMERA ANUNCIACIÓN

 

 

 

El puente azul bajo esta noche
será el pretexto
para prenderle fuego a mi carne.

 

El río corre, corre fuerte
trae consigo
miembros viriles, mariposas subterráneas
y un sueño.

 

Me tiraré pronto,
muy pronto.

 

Está noche cualquier puerta
podrá ser una salida.

 

Mas mi niña duerme tierna
sobre esta medianoche
donde escapar de la pesadilla
aún me es imposible.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

AMANECER EN PUENTE LOS ÁNGELES

 

 

 

La niebla es un cuerpo
detrás del infierno

puedes ser tú
volver al interior de las cosas

quedarte en silencio

morir más tarde

y saber inútilmente
la Verdad:

 

Hace frío

y la luz
es un ojo que sangra
a lo lejos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

TARGET

 

para B.G.

 

 

Mi cuerpo amaneció hundido en el río.


Miles de mujeres empezaron a llorar
sobre la ropa recién lavada,
los niños jugaban a tirarse barro a la cara
y tú
muy al fondo
reías con mi acto de ilusionismo
aplaudías desnuda una y otra vez.

 

Te creíste mi victoria,
quizás por eso
tu cartera está repleta
y mi cuerpo fue mordido
por la extraña niña que se quitó el esqueleto
para gritar que ella también tuvo una máscara;
un blanco garabato en el vientre

 

 

 

 

 

 

 

 

 

BALADA PARA YESELYN

 

 

 

 

Desnudo, aquí me tienes, las sombras extrañándote otra vez
han desafiado a todos los muros,
mientras él se preguntaba a qué hora abrirías tu sexo
como una boca que irremediablemente será triste, oceánica, infame,
qué tardío será el día,
me han destronado nuevamente los búhos de mi absurdo dolor
mientras escribo aplausos y voces de ovación
para que me arrastren los mismos placeres, la misma sonrisa fingida,
qué triste será el infierno al anochecer una promesa diluida en tus cabellos,
ya lo sabía, miro a tus manos purificando una memoria
y me dices que asco, que asco es verte,
pero tú ya sabes que mi ojo retumba como un violín atravesado por espadas
sabes que he llegado sucio y sudoroso a tu coronación,
eras un incendio, una gran ciudad imperceptible, deshabitada,
y yo quise tirarme de aquel quinto piso de un edificio blanco
un 28 de enero de 1999,
ya me veías, reías de mí, de mi fingida oscuridad

y el corazón que se quejaba de un frío tremendo entre las sienes.

Escupiste en medio de la pista
y me gritaste: “así pagamos las vírgenes”
La niebla te había hecho luz;
un extraño corazón
fuera del universo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA TERQUEDAD DE LAS VEREDAS

 

 

 

Ya llega el día, mi pierna partida, dolor de búhos
esqueleto maloliente, fuga, incontenible furor de semáforos latiendo,
oigo tu voz y me descuelgo del cielo áspero
y sigo esperando y me petrifico entre cristales marrones,
infinitos ceniceros secando mi piel purificada por los cuervos,
botellas vacías que degradan el limbo,
mi muerte ya no tiene palabras
gestos dispares, una caricia tras el charco amniótico
de tu sueño, no hay más sangre que desnude la arbitraria muerte
de hombres que pasan raudos como lluvia
que ya no respiran las paredes
atolondrado corazón estrangulado, frío, danzante,
esta mañana yo asistiré a tu intento de suicidio
jugaré a juntar música y miel dulcísima debajo de los puentes
no me valdrá de nada alucinar una mujer desnuda a media tarde
a un perro flaco y ojeroso rasgando las distancias,
para llamarte, para latir, para hacerme un gris amanecer,
o sólo odiar mis cicatrices
y despegar un grito inhallable,
para tomarte, para estrellarte, para absorberte entre mis manos
y me haga falta más que un día, una voz que me enreda a los abismos,
el preludio, la misma realidad regada de orillas y de máscaras
y el fantasma eterno y deformado
y el ósculo trágico
y el silencio en la piel que ya no quiero y acaricio,
que aún nos guiña el ojo
y se sube la falda
para que nadie vuelva a la inocencia sin incendiarse primero
con la verdad de una amarilla memoria
que acaso aún camina bajo la terrible lluvia
donde alguna vez perdí mis alas y mi voz.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CHACLACAYO EN MI YUGULAR

                      

                                    

 

Ella ha roto el pozo tierno de la noche y ha disparado un alma

Detrás de la luna.
Qué fácil es abrirte la blusa Durmiente mía, qué fácil,
Decirte las palabras más hermosas a través de una avenida sin desierto.

He cumplido con la vida, incendiado mis riquezas,

Hablo de ti, de las piedras absolutas que parten un cielo vagabundo

Y sigo diciéndote
Que tengo un alma roja tratando de ligar algo entre tus ojos

Y el austero recuerdo de tus manos complicando las nubes.

Ella ha roto el pozo, su nombre me recuerda al verano,

Escarbo entre impertinentes búhos mi historia,

Éste era mi incendio, el polvo que danza, que se revela

Que abre tu blusa oh Durmiente mía,
Queda claro que soy lo que se aleja

He perdido la levedad de las mañanas, ya no río como tú

Encarcelada entre los parques mientras escupes un garabato

Que llamarás amor, murciélago, gran depresión,
Hoy no, hoy no, que me duele la cabeza.

Desnuda, ya nadie te entiende.

Dile adiós a la pampa

Vístete

No me digas jamás que fuiste
Un insomne recuerdo
Antes de cruzar el oscuro umbral de lo jamás nombrado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA OTRA ANATOMÍA

 

 

 

Dos de la mañana, apesta a cielo oscuro aún,
las almas cubren su cuerpo de los búhos,
me friega este silencio
y voy escondiéndome entre la hierba,
la angustia se desliza, sabe a rayos
a cabezas solitarias en busca
de húmedas sombras caminando somnolientas
por la calle sin ángeles.
Me toca patear los tachos de basura, no manchar mis labios
con tu silueta inútil,
no encuentro mi vereda,
mi cuerpo se ha confundido en los carteles,
sonrío entre la gente que se desnuda, pasa rápido,
cruza el puente y adiós ya acabó,
papeles manchados de sangre y dinamita,
pétalos fugaces, rabo de paja,
cayó lentamente y nadie ha visto nada, emborrachados,
los murmullos de esa vieja, ya vendrá mi hora,
mutilados pies que han descendido
al barranco, a la playa absurda que remeda sus olas,
señalas tu ombligo inusitado,
lo cubres con tu lengua, dos de la mañana, la pala,
el signo de un beso, ruégale ahora,
se ha vaciado la inmunda alborada,
la culpa no fue tuya, esparce un puñado de claveles,
finge que duermes,
que has subido hasta su cuarto, y sólo la has mirado,
mirado solamente esa inoportuna puerta entreabierta
que es la luz
y quizás tus ojos turbios han soñando otra vez
un amanecer sin más lágrimas
paridas en tu sexo...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

NAKED (5:47AM)

 

 

 

Estas calles no son bellas, ni hay un sol eterno,
no sabré nunca en qué tristeza volveré a existir
si mi boca es un trauma insuflado de acoso,
metí la pata entre los cerros
y ahora las palomas se clavan en mis ojos,
picotean mi camisa
y acaso desenterré el mismo insomnio,
la misma tumba que has de nombrar
sobre la inútil penumbra que ya ha heredado tu cuerpo.
Le perteneces a la nada,
te desespera saber de mis heridas,
por dónde me ha de sangrar la cicatriz
la agonía
el olvido,
pero no hay más que un canto
lo que en estas calles he de alzar como una antorcha rebelde
y que tras el ojo final se abrirá y tú y yo, y nadie más verán el amanecer
y claro
la pastilla roja susurrando otra vez nuestros nombres
con sensualidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

YO QUISE SER EL MUNDO

 

                                   

 

Otra vez el charco incólume, la patria durmiente,
otra vez noche de asfalto y frontera,
escribo y el desierto hace hombres sin espaldas, estómagos andantes
bajo la frágil garúa que no te ha nombrado, que no te ha dado la Verdad
instalando al ser y la nada, el designio que oscurece un par de ojos vagos
y el tránsito pariendo lascivas estrellas y un muchacho quiso ser el mundo
y se tiró de un puente o salió del cine inflando sus pulmones
a contemplar forzosamente la ciudad y sus cuerpos interiores,
la máscara enjuta de un cielo reventado por las masas
qué sería de mí, sin mis dioses, sin maletines y corbatas,
sin los postes que han predecido en tus ojos un fuego extraño
que ni el sol podrá ver. Es el fin, chocan dos autos
aprieto el acelerador, Lima ha vuelto a ser la extraña humedad de un beso,
apariencia infinita de un abrazo, mirada extraviada soportando una memoria;
ya no hay segunda muerte después del otoño
ni otra muchacha con un sexo sin angustia.

Yo quise ser el mundo detrás de las paredes y los postes sin insomnio
me hablaron de poesía y de mujeres
de borrachos y muñequitas de goma,
pero ahora ya no soy la luz, ahora ya no soy el mundo
ni la sangre derramada que escupo, ni el triste rencor de los que jamás regresan
a la soledad que todos juzgan, violan, tiran al río y olvidan
al perderse la luna detrás de las ventanas
y las eternas velas que aún no terminan de encenderse tras la noche.

 

 

 

 

 

 

 

 

AQUÍ SOY YO

 

 

No me queda sino
volver al orificio de la bala
y aplaudir
para que sepas que no hay nadie arrodillado
aceptando su derrota.

 

 

 

 

 

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